Ella reencarna en un mundo mágico. Una familia militar, pero ella solo quiere verse linda y leer.. y sobre todo ser feliz.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Antony Parisi 3
Antony le mostró dónde se encontraban algunos de los cofres y le explicó que Stefan guardaba allí diferentes materiales para sus trabajos mágicos.
Había recipientes de cristal, bolsas de tela, frascos cuidadosamente cerrados y cajas de madera con pequeñas etiquetas.
Ellie observó todo con curiosidad.
—¿Su cuñado siempre trabaja con tantos materiales?
—Por lo que he visto, sí. Aunque debo admitir que no entiendo demasiado de magia.
—Yo tampoco. Pero me parece fascinante.
Antony la miró de reojo.
—¿Y qué espera conseguir con su poción?
Ellie sonrió.
—Ya se lo dije. Quiero verme todavía más bonita.
—Cierto. ¿Y considera que necesita ayuda para conseguirlo?
La joven abrió mucho los ojos.
—¡Por supuesto que no!
Antony levantó las manos con fingida inocencia.
—No pretendía ofenderla.
Ellie se llevó una mano al pecho.
—Mi belleza natural es indiscutible, señor Parisi. Simplemente considero que una mujer debe aprovechar las herramientas que tiene a su disposición.
—Una postura muy razonable.
—Me alegra que esté de acuerdo.
Antony se inclinó ligeramente hacia ella.
—Aunque, si me permite decirlo, no parece necesitar demasiada ayuda.
Ellie se quedó inmóvil.
Un segundo.
Dos segundos.
¡Tres segundos!
[¡¿Qué acaba de decir?!].
El hombre mantenía una expresión tranquila, pero había una sonrisa evidente en sus labios.
La joven sintió un calor inesperado en las mejillas.
No estaba acostumbrada a que un hombre le hablara de aquella manera tan directa y, al mismo tiempo, tan educada.
En su vida anterior, los cumplidos habían sido ocasionales. Ahora, desde que había despertado en el cuerpo de Ellie, había recibido elogios de su familia, pero aquellos eran diferentes.
Antony no hablaba como un hermano orgulloso ni como un padre cariñoso.
La estaba mirando como a una mujer.
Y eso resultaba... interesante.
—Tiene usted una manera muy peculiar de conversar, señor Parisi
Él sonrió.
—¿Peculiar?
—Peligrosamente halagadora.
Antony soltó una risa baja.
—Entonces procuraré tener cuidado.
Ellie inclinó la cabeza.
—Le recomiendo hacerlo.
Se miraron.
Y ambos sonrieron de nuevo.
La conversación había adquirido un tono que ninguno de los dos parecía dispuesto a abandonar.
Ellie olvidó por completo que debía buscar una bolsa determinada dentro de un cofre determinado.
Antony, por su parte, tampoco pareció tener demasiada prisa por despedirse de ella.
Y así, entre preguntas sobre Vagur, comentarios sobre libros y cumplidos cada vez menos disimulados, Ellie comenzó a revisar los recipientes que había sobre la mesa.
—El señor Müller me dijo que la poción estaba en un cofre negro, dentro de una bolsa verde
Antony se acercó para ayudarla.
—Hay varios cofres aquí. Quizá podamos encontrarlo más fácilmente si revisamos las etiquetas.
Ellie asintió distraídamente.
—Sí, eso sería lo más razonable.
Pero justo entonces Antony le preguntó si conocía alguna historia interesante sobre su familia.
Ellie giró el rostro para responder.
Comenzó a contarle una anécdota sobre Emma y un entrenamiento militar que había terminado de una manera bastante embarazosa.
Antony se rio.
Ella también.
Y, mientras hablaba, Ellie abrió un cofre verde.
Dentro había varias bolsas.
Tomó una de color negro
La combinación le pareció perfectamente lógica.
[Eh.. si estas deben ser, me dijo negro y verde].
Abrió la bolsa.
En su interior encontró un polvo fino, de un tono claro, que desprendía un aroma agradable.
Ellie acercó la nariz.
Olía bien.
No tenía un olor desagradable ni parecía contener nada extraño.
De hecho, le recordó a algunas preparaciones cosméticas que había utilizado en su vida anterior.
[¡Perfecto!].
No se le ocurrió comprobar la etiqueta.
Tampoco recordó que Stefan había mencionado un cofre negro.
Ni que la bolsa verde debía encontrarse dentro de él.
Estaba demasiado ocupada conversando con Antony.
Y, por supuesto, demasiado ocupada disfrutando de sus ojos verdes.
—Creo que ya encontré lo que buscaba
Antony miró el polvo.
—¿Eso es una poción?
Ellie frunció ligeramente el ceño.
—Parece más bien un preparado en polvo. Quizá se mezcla con algún líquido.
El hombre observó el contenido con curiosidad.
—¿Su primera poción?
—Asi es.
Antony pareció encontrar divertida la idea.
—Entonces espero que el resultado sea satisfactorio.
Ellie lo miró de arriba abajo.
Después sonrió con una expresión peligrosamente traviesa.
—En realidad, estaba pensando que quizá usted también podría beneficiarse de ella.
Antony arqueó las cejas.
—¿Yo?
—Sí, usted.
La joven se acercó un poco, examinando su rostro con una seriedad fingida.
—Tiene unos ojos preciosos, un cabello muy bonito y unas facciones interesantes. Pero quizá un pequeño tratamiento podría mejorar todavía más su apariencia.
Antony soltó una carcajada.
—¿Está intentando venderme su poción, señorita Viceroy?
—¡En absoluto! Estoy ofreciéndole un servicio gratuito.
—Qué generosa.
—Lo soy.
El hombre negó con la cabeza, todavía sonriendo.
—No creo necesitarlo.
Ellie fingió decepción.
—¿Está seguro?
—Completamente.
—Qué lástima.
La joven observó el polvo una vez más.
Después miró a Antony.
Y, antes de que él pudiera imaginar lo que pretendía hacer, levantó un dedo, tomó una pequeña cantidad del preparado y le dio un ligero toque justo en el entrecejo.
Antony se quedó inmóvil.
—¿Qué...?
Ellie sonrió con satisfacción.
—De nada.
El hombre la miró, incrédulo.
Después bajó los ojos hacia la bolsa.
—¿Acaba de ponerme una poción en la cara?
—Un poquito.
—¿Sin preguntarme?
Ellie ladeó la cabeza.
—Le pregunté si quería probarla. Usted dijo que no necesitaba usarla. No dijo que no pudiera recibir una pequeña muestra.
Antony se quedó mirándola.
Luego soltó una carcajada tan sincera que Ellie comenzó a reírse también.
—Señorita Viceroy, es usted una mujer extraordinaria.
Ella hizo una reverencia exageradamente elegante.
—Lo sé.
Antony todavía se estaba riendo cuando Ellie miró la pequeña cantidad de polvo que quedaba en sus dedos.
[En realidad, huele bastante bien].
Se examinó las manos.
Después, sin pensarlo demasiado, se pasó un poco por las mejillas. Y saco un poco mas para ponerse en ambos lados del rostro.
—¡Listo! Ahora sí estamos compartiendo el tratamiento.
Menos mal que no saben lo que pasó entre ellos, aunque mientras más restringidos se pongan su padre y Erick, siempre buscarán la manera de encontrarse a solas🤣