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Ni de rodillas te perdono

Ni de rodillas te perdono

Status: Terminada
Genre:Mujer poderosa / Venganza / Venganza de la protagonista / Venganza de la Esposa / Juego de roles / Completas
Popularitas:153.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Leslie Michelle Gonz

Renata Linares pasó tres años en prisión por un crimen que jamás cometió. Maximiliano Bracamonte, el hombre al que amaba, creyó las mentiras de Bianca Sáenz, le destrozó la muñeca, la llamó asesina y la entregó a la policía por un supuesto aborto que nunca existió.
Cuando Renata recupera la libertad, ya no es la joven dispuesta a soportarlo todo por amor. Su abuelo le dejó el control de Grupo Linares y una oportunidad para recuperar el apellido, la fortuna y la dignidad que le arrebataron.
Mientras Renata reconstruye su imperio y reúne las pruebas para limpiar su nombre, las mentiras de Bianca empiezan a derrumbarse. El embarazo fue una farsa. El accidente que unió a Maximiliano con ella también. Incluso la mujer que le salvó la vida años atrás no fue Bianca, sino Renata.
Cuando Maximiliano descubre la verdad, ya es demasiado tarde. La mujer que destruyó por confiar en la persona equivocada ya no lo necesita.
Ahora él está dispuesto a enfrentarse a su familia, renunciar a su poder y arriesgar la vida para recuperarla. Pero Renata no salió de prisión para volver a ser la mujer que lo perdonaba todo.
Esta vez, Maximiliano tendrá que demostrar que su arrepentimiento vale más que sus palabras.
Y Bianca todavía guarda una última mentira capaz de acabar con ambos.

NovelToon tiene autorización de Leslie Michelle Gonz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9

Capítulo 9: Recuperar la mansión

Salí del hospital una semana después, con la fiebre vencida y una resolución provisional en la mano que el licenciado Ortega había conseguido en tiempo récord: mientras se resolvía la sucesión completa, yo era, legalmente, habitante reconocida de la mansión Linares. Nadie podía volver a mandarme al cuarto de servicio.

—No es la victoria final —me advirtió por teléfono—. Es un paso. Guárdelo como tal.

Lo guardé. Y seguí caminando, aunque cada paso todavía me costara un poco: el brazo seguía vendado, y la mano mala se me dormía con el frío de las mañanas de diciembre, un recordatorio constante de que la victoria legal no borraba lo que ya me habían hecho.

Doña Meche, ya sin disimular ante nadie, empezó a contarme todo lo que veía en la casa: qué documentos sacaba tío Raúl de la caja fuerte por las noches, con quién hablaba por teléfono a puerta cerrada, cuándo llegaban visitas que él no quería que yo viera.

—Anoche recibió una llamada que lo puso pálido, niña Renata —me dijo una mañana, mientras me servía café en la cocina, la única habitación de la casa donde todavía me sentía en confianza—. Colgó y se sirvió un whisky a las siete de la mañana. Eso, en veinte años que llevo aquí, nunca lo había visto.

—Averigüe qué puede, doña Meche. Sin arriesgarse.

—Usted no se preocupe por mí. Yo sé cómo moverme en esta casa sin que nadie me vea. Llevo veinte años siendo invisible para esta familia. Ahora por fin me sirve de algo.

Le apreté la mano un segundo, agradecida más allá de las palabras. Doña Meche había estado ahí, en las sombras de esa casa, desde antes de que yo naciera, sirviendo a gente que nunca la vio de verdad. Que ahora usara esa invisibilidad a mi favor me parecía, de algún modo, la primera justicia pequeña de esta guerra.

—————

Me presenté en las oficinas de Grupo Linares esa misma semana, por primera vez desde mi salida. El edificio era el mismo que recordaba de niña, cuando mi abuelo me llevaba los sábados y me sentaba en su escritorio a jugar con los sellos de goma mientras él firmaba papeles. Ahora, al entrar, sentí decenas de ojos sobre mí: empleados antiguos que reconocían mi apellido, algunos con curiosidad, otros con la misma lástima disfrazada de mi tía.

Un hombre mayor, de traje gastado por los años más que por la moda, se acercó cuando me vio parada frente al elevador, insegura por primera vez desde que crucé la puerta.

—Señorita Linares —dijo, y me tendió la mano—. Trabajé con su abuelo treinta y un años. Soy accionista fundador, uno de los pocos que quedan. Me alegra verla de vuelta.

—Gracias, señor...

—Me llamo Rentería, pero no importa el nombre. Lo que importa es que su abuelo, en los años que trabajamos juntos, nunca tomó una sola decisión de la que después se arrepintiera. Y esta última, la del testamento, no va a ser la excepción. Importa que su abuelo confiaba en mí, y yo confío en su sangre. —Bajó la voz—. Hay varios aquí que dudan de usted por lo de la cárcel. No les haga caso. Yo la voy a respaldar en la próxima junta, dígalo así, con esas palabras.

Ese pequeño gesto —una mano tendida en un pasillo, sin pedir nada a cambio— pesó más que cualquier discurso que hubiera podido dar yo misma. Me senté, después, en la oficina pequeña que me asignaron sin ventana ni nombre en la puerta, y por primera vez desde que salí de la cárcel sentí que estaba construyendo algo con mis propias manos, no solo defendiéndolo de otros.

Revisé carpetas viejas que nadie había tocado en años, aprendí de memoria organigramas, memoricé nombres de directivos que algún día tendría que enfrentar. No tenía todavía autoridad real —eso vendría después, cifra a cifra, como bien sabría meses más tarde— pero tenía algo mejor: tiempo, y la paciencia que la cárcel me había enseñado a cultivar como nadie más en esa empresa.

Pasé el resto de la semana instalándome de nuevo: recuperando mi antigua recámara sin que Daniela se atreviera a decir una palabra más, revisando de lejos las cuentas de la empresa que todavía no podía tocar del todo, aprendiendo otra vez a caminar por los pasillos de mi propia vida como si tuviera derecho a estar ahí.

Cerré esa semana instalada de nuevo en mi cuarto, decidida a no volver a dejarlo. Tío Raúl había estado extrañamente callado esos días, sin la arrogancia habitual, y hasta se cuidaba de cruzarse conmigo en los pasillos. Lo tomé por miedo a la resolución del licenciado Ortega. No se me ocurrió, ni por un segundo, que su silencio pudiera tener un nombre distinto, uno que yo todavía no estaba preparada para oír.

—————

Esto es algo que yo no vi entonces, y que solo até después, uniendo lo que doña Meche me contó con lo que confesó, meses más tarde, alguien que estuvo presente.

En su despacho, con la puerta cerrada y las cortinas corridas, tío Raúl recibió esa semana una visita que no anotó en ninguna agenda. Maximiliano Bracamonte entró sin secretaria que lo anunciara, se sentó frente al escritorio sin que se lo ofrecieran, y dijo una sola palabra antes de que mi tío alcanzara a preguntar el motivo de la visita.

—Renata.

Tío Raúl, que llevaba días buscando un aliado con el poder suficiente para frenarme, sintió que el cielo se le abría.

—Lo que usted necesite, señor Bracamonte —dijo, casi con entusiasmo, inclinándose hacia adelante—. Yo me encargo de ella. Dígame nada más qué necesita que haga.

—¿Encargarse cómo? —preguntó tío Raúl, ansioso, cuando Max no aclaró nada más—. ¿Quiere que la presione legalmente? ¿Que la desacredite con la prensa? Dígame y lo hago, señor Bracamonte, con todo gusto.

Max no explicó por qué quería tenerme cerca, ni de qué lado de esa guerra pensaba estar de verdad. No dijo si quería protegerme, hundirme, o simplemente tener otro hilo del que jalar. Se quedó en silencio un momento largo, con esa cara que nunca revelaba del todo lo que pensaba, mirando por la ventana del despacho hacia la ciudad, y al final solo asintió, sellando un acuerdo cuyo alcance ni él mismo, quizás, tenía del todo claro.

Salió del despacho sin despedirse. Y tío Raúl, satisfecho, se sirvió un whisky más a media mañana, sin sospechar que acababa de atarse a un hombre cuyas verdaderas intenciones nadie, ni siquiera yo, entendería todavía por un buen tiempo.

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Ana Cortes
deberia cambiarle el título a la novela porque a pesar de todo lo que le hizo Mark a Renata ella si lo perdono y se caso con él muy larga la novela y muy estúpida la protagonista y credula hasta el final de muy poco le sirvió los tres años en la carcel
Ana Cortes
A Renata hay que hacerle un machitun porque por dios que le pasan desgracias como que me esta cansando de seguir leyendo
Ana Cortes
esta Renata ya se esta pasando de ingenua a estúpida creerle a su prima
Olinda Elena Almeron Muñoz
Ya como que la han alargado más de la cuenta. Tal parece que el protagonista fuese medio gafo😂😂
Olinda Elena Almeron Muñoz
Ya como que la han alargado más de la cuenta. Tal parece que el protagonista fuese medio gafo😂😂
Daisy Mendez
ni yo tampoco, esta escritora como que no recuerda la secuencia de lo que ha escrito de la novela, hay muchas inconsistencias
Daisy Mendez
yo tampoco entiendo porque no saca a luz ese secreto de una vez, si con eso la desenmascara y prueba su inocencia
Romina
cayo redonditlo, patético
Ricarda Gomez
Me gustó este capítulo asta que por fin le dio donde le dolió a bianca🥰
Romina
si con todas las sospechas no entendiste... es que vivías en otro mundo
Mercedez Peréz
bueno deje su his


buenoo dejo su historia o mejor dicho lei muy poco y busque el ultimo capitulo para ver si algo cambio pero su protagonista igual de tonta bueno espero leer algo mejor de ud y no tan larga si no tiene un buen tema
Mercedez Peréz
pero escritora siempre lo mismo esta mujer ya cansa
Mercedez Peréz
ñla verfad ya cansa esta mujer es tonta o se ase no aprendio nada mucho bla bla y no ase nada
Mercedez Peréz
ssi es mary se supone que tendria que saber defenderse pero se ve que ez.bastante tonta..cualquiera la srrincona y no ase.nada no siempre la.vsn a defender. bueno leere.un.poco mas porque sigue.lo mismo dando buelta en lo mismo como va a.ser que descubrio tremendo robo del tio y quedo como aqui no paso nada
Olinda Elena Almeron Muñoz
No soy amiga de criticas negativas,pero realmente están pintando a los protagonistas como tarados mentales
Mercedez Peréz
bueno ya. bamos escritota como todas su protagonista empieza de nuevo con el y a otro con el ccuento.rdpero.que no y este equivocada
Romina
amiga 10 párrafos arriba decías que viajaron juntos 🤦🏻‍♀️
todavia no entiendp proqur sigo leyendo
Romina
haciéndose pasar?
vos te pasas de tarada
Romina
es evidente que la autora se olvidó que Daniela ya le había hecho lo mismo
Romina
corriendo ojo si tiene una bota por dios
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