BL!!
¿Castigar a tu lobo por llamar destinado al vampiro que se casará con tu hermana?
¿Negar el instinto , los celos y la decepción de un lobo?
Para Nyx que su lobo llame destinado a Lazarus es un error, solo es un chupasangre engreído que se casara con su hermana por el bien de ambos reinos , ¿porque importarle?
Lo mejor sería negarlo y solo proteger su reino de la amenaza externa que advierte que le quitarán su alma……
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El vampiro insoportable
Nyx estaba cabreado.
Muy cabreado.
Y, para su desgracia, Lazarus parecía disfrutar cada segundo de ello.
Desde que la alianza había comenzado, el príncipe vampiro parecía haberse propuesto una misión personal: no dejar a Nyx en paz.
Si Nyx iba al patio de entrenamiento, Lazarus aparecía.
Si Nyx estaba en la biblioteca, Lazarus encontraba alguna excusa para entrar.
Si Nyx salía a revisar las fronteras…
—Qué casualidad encontrarte aquí.
Nyx apretó los dientes.
—No es una casualidad.
Lazarus sonrió.
—No, probablemente no.
—¿Me estás siguiendo?
—Quizá.
Nyx se giró para enfrentarlo.
—Eres insoportable.
—Me lo han dicho.
—¿Y nunca intentaste cambiar?
—No.
—Claro que no.
Nyx continuó caminando.
Lazarus caminó a su lado.
—¿A dónde vamos?
—Yo voy a inspeccionar el bosque.
—Perfecto.
—Tú no vienes.
—Ya estoy aquí.
Nyx se detuvo.
—Vete.
Lazarus se detuvo también.
—No.
—¿Por qué?
—Porque estamos investigando juntos.
—Puedo investigar solo.
—Y yo puedo acompañarte.
—No quiero que me acompañes.
—Eso no significa que no pueda hacerlo.
Nyx lo miró con incredulidad.
—¿Siempre eres así?
—¿Encantador?
—Molesto.
—También.
Nyx soltó un gruñido.
Lazarus sonrió.
—Ahí está.
—¿Qué?
—El lobo.
—No empieces.
—No he dicho nada.
—Pero lo estás pensando.
—Tal vez.
Nyx continuó caminando.
No quería admitirlo, pero tener a Lazarus cerca estaba empezando a ser agotador.
No porque fuera peligroso.
Eso sería más fácil.
Lo que realmente lo irritaba era que el vampiro parecía saber exactamente cómo provocarlo.
Y, peor aún…
Nyx no podía dejar de percibir su aroma.
Cada vez que Lazarus estaba cerca, su lobo reaccionaba.
No violentamente.
No con hostilidad.
Todo lo contrario.
Como si quisiera acercarse.
Como si reconociera algo que Nyx se negaba a aceptar.
—Deja de hacer eso —murmuró.
Lazarus lo miró.
—¿Qué cosa?
—Estar tan cerca.
El vampiro se quedó en silencio durante unos segundos.
Después dio un paso hacia él.
Nyx retrocedió automáticamente.
—¿Así?
—Más lejos.
Lazarus dio otro paso.
Nyx volvió a retroceder.
—Lazarus.
—¿Sí?
—Te estoy advirtiendo.
—Y yo estoy comprobando algo.
—¿Qué?
Lazarus inclinó ligeramente la cabeza.
—Que no parece que tu cuerpo esté de acuerdo contigo.
Nyx se quedó inmóvil.
—¿Qué dijiste?
—Retrocedes cuando me acerco, pero no te vas.
Nyx frunció el ceño.
—Porque quiero saber qué estás haciendo.
—Claro.
—No pongas esa cara.
—¿Qué cara?
—Esa.
Lazarus sonrió.
—No puedo evitar ser encantador.
Nyx soltó un bufido y se alejó.
—Voy a buscar pistas.
—Yo también.
—Pero tú vas por el otro lado.
—¿Por qué?
—Porque quiero silencio.
Lazarus lo observó.
—Qué cruel.
—Sobrevivirás.
—Eso espero.
Nyx se internó entre los árboles.
Por fin estaba solo.
O eso creyó.
Después de unos minutos escuchó pasos.
Se giró.
Lazarus apareció entre los árboles.
Nyx cerró los ojos.
—No puede ser.
—Te escuché.
—¿Qué haces aquí?
—Encontré algo.
Eso consiguió que Nyx se calmara.
—¿Qué?
Lazarus le mostró un pequeño objeto.
Era un trozo de tela.
Negra.
Con un símbolo bordado en hilo plateado.
Nyx lo tomó.
Su expresión cambió.
—Esto no pertenece a ningún lobo.
—Tampoco a un vampiro.
Nyx observó el símbolo.
Una cruz.
Atravesando la silueta de un lobo.
Sintió un escalofrío.
—Lo he visto antes.
Lazarus lo miró.
—¿Dónde?
Nyx levantó la mirada.
—En los informes de los cuerpos.
El vampiro dejó de sonreír.
—Entonces tenemos nuestra primera pista.
Nyx asintió.
Pero antes de poder decir algo más, un ruido proveniente de los arbustos llamó su atención.
Ambos se giraron.
Nada.
Nyx olfateó el aire.
—Hay alguien.
Lazarus también lo percibió.
—Humano.
Nyx llevó la mano a su espada.
—Está cerca.
Unos segundos después, una figura salió corriendo entre los árboles.
Nyx reaccionó de inmediato.
—¡Alto!
Salió detrás de él.
Lazarus desapareció en un movimiento veloz.
Nyx apenas tuvo tiempo de verlo antes de que el vampiro apareciera delante del fugitivo y lo derribara.
El hombre cayó al suelo.
Nyx llegó segundos después.
Lazarus lo sujetaba por el cuello de la camisa.
—¿Quién eres? —preguntó Nyx.
El hombre no respondió.
Solo sonrió.
Y entonces dijo:
—Él ya sabe que ustedes están juntos.
Nyx frunció el ceño.
—¿Quién?
El humano levantó la mirada.
Sus ojos estaban llenos de miedo.
—El que va a quitarte lo único que todavía te hace ser un lobo.
Nyx sintió que la sangre se le helaba.
Su lobo gruñó.
Y por primera vez desde que comenzó aquella alianza, Lazarus dejó de sonreír.
El hombre permaneció inmóvil.
Lazarus todavía lo sujetaba de la ropa, mientras Nyx observaba cada uno de sus movimientos.
—¿Quién es él? —repitió Nyx.
Nada.
—¿Quién te envió?
Silencio.
Nyx se agachó frente a él.
—Acabas de decir que alguien quiere quitarme mi lobo. Quiero saber quién.
El humano sonrió.
No era una sonrisa de diversión.
Era una sonrisa de alguien que ya había aceptado su destino.
Lazarus lo notó.
—Nyx…
—¿Qué?
—Apártate.
Nyx frunció el ceño.
—¿Por qué?
El hombre comenzó a respirar con dificultad.
Lazarus reaccionó inmediatamente.
—¡Su boca!
Demasiado tarde.
El humano había mordido algo escondido entre sus dientes.
Nyx abrió los ojos.
—¿Qué…?
El hombre cayó hacia un lado.
Lazarus lo sostuvo antes de que golpeara el suelo.
—Veneno —dijo.
Nyx se arrodilló junto a ellos.
—¡Haz algo!
—Ya es demasiado tarde.
—¡Eres un vampiro!
—Precisamente.
Lazarus acercó los dedos al cuello del hombre.
Nada.
No había pulso.
Nyx se quedó mirando el cuerpo.
—No…
Golpeó el suelo con el puño.
—¡Maldita sea!
Habían encontrado una pista.
Y la habían perdido en cuestión de segundos.
Lazarus permaneció en silencio.
Su expresión había cambiado completamente.
Ya no había rastro del vampiro juguetón que llevaba toda la mañana provocando a Nyx.
Solo quedaba el príncipe.
Frío.
Calculador.
—No era un soldado cualquiera —dijo.
Nyx levantó la mirada.
—¿Cómo lo sabes?
—Tenía veneno preparado.
—Eso no significa nada.
—Sí significa.
Lazarus señaló el cuerpo.
—Un hombre dispuesto a morir antes que hablar no está actuando por miedo.
Nyx observó el símbolo de la tela que todavía tenía entre los dedos.
La cruz.
El lobo.
—Está dispuesto a morir por su causa.
—O por la persona que está detrás de ella.
Nyx guardó el pedazo de tela.
—Tenemos que regresar.
—Sí.
Caminaron unos metros en silencio.
Pero Nyx no podía dejar de pensar en las últimas palabras del humano.
El que va a quitarte lo único que todavía te hace ser un lobo.
Su mano se cerró alrededor de la tela.
Su lobo gruñó.
Peligro.
Nyx se detuvo.
Lazarus también.
—¿Qué ocurre?
—Nada.
—Otra vez esa palabra.
Nyx lo miró.
—¿Qué?
—Siempre dices “nada” cuando ocurre algo.
—No es asunto tuyo.
Lazarus dio un paso hacia él.
—Si alguien está intentando quitarte el lobo, sí es asunto mío.
Nyx sintió nuevamente aquel extraño tirón en el pecho.
Lo ignoró.
—No necesito que me protejas.
—No he dicho que quiera hacerlo.
Nyx arqueó una ceja.
Lazarus sonrió ligeramente.
—Aunque sería bastante divertido.
—Eres imposible.
—Y tú sigues aquí.
Nyx abrió la boca para responder.
Pero entonces ambos escucharon algo.
Un cuerno.
A lo lejos.
Una señal del castillo.
Nyx se giró.
—¿Qué significa?
Lazarus se puso serio.
—Que tenemos otro problema.
—¿Cuál?
—Ese sonido solo se utiliza cuando alguien cruza la frontera.
Nyx sintió que su lobo se erizaba.
—¿Quién?
Lazarus miró hacia el bosque.
—Todavía no lo sabemos.
Y, sin perder más tiempo, ambos comenzaron a correr hacia el castillo.
Sin saber que, mientras ellos seguían una pista falsa…
alguien ya había entrado en territorio Hestrongord.