Una élite de valientes mujeres soldados deberá enfrentar al crimen organizado que intentará matarlas para evitar ser descubiertos. Todo iniciará cuando una capitana del ejército es asesinada de un certero balazo disparado por un francotirador y el misterioso crimen destapa una poderosa mafia que intenta robar las ojivas nucleares que se almacenan en el cuartel, según descubre una chica policía designaba a resolver el extraño homicidio. Ella descubrirá además que esa despiadada mafia involucra a los altos mandos militares quienes a su vez, están vinculados sentimentalmente, entre ellos, complicando aún más las investigaciones. La mujer policía deberá desarticular la mafia y salvar el honor de la división blindada femenina "Las lobas" que maneja los poderosos tanques del ejército. Ellas se verán implicadas en el robo de las ojivas nucleares y de otras armas que son sustraídas sistemáticamente de los hangares militares. Paralelamente la mujer policía deberá definir su vida sentimental, pues su novio es un tipo muy violento, metido siempre en problemas extremadamente celoso y prepotente, y entre otros hombres que la pretenden. Traición, venganza, acción, suspenso, mucho amor, humor y romance se barajan en ésta emocionante historia, "Crimen en el ejército" que atrapará al lector de principio a fin.
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Capítulo 24
El hangar era enorme y habían muchísimas cajas sospechosamente embaladas sin sellos, registros ni código de barras o de QR. -Cada solicitud de armas pasa rigurosas etapas de selección, señora-, me dijo sin embargo Ferguson tratando de mostrarse sereno. -Las armas que nos llegan son clasificadas, ordenadas, seleccionadas y se disponen para ser entregadas a los nuevos reclutas o reemplazar a las deterioradas de los soldados no solo de Fort Green sino de todo el ejército-, siguió diciéndome. -Se deben firmar muchas formas, nada se hace al azar-, me contó tratando de disimular lo irregular de esos embarques.
Me acerqué con curiosidad a una de las cajas de embalaje donde estaban almacenadas las armas y tomé una de las XM7 de estreno. Primera vez que tenía una de esas automáticas en mis manos. En homicidios aún usamos la M16 porque es práctica, dócil, manuable, eficaz y precisa, pero la XM7 tenía mucho encanto, magia y me era increíble, igual si tuviera un arma sacada de una película de la guerra espacial.
-¿Está cargada?-, pregunté jalando el seguro entretenida de la ductilidad y firmeza de la XM7.
-Ninguna de las armas está cargada, capitana. Nosotros entregamos las balas cumpliendo miles de formas muy estrictas en cuanto al uso de los rifles de reglamento-, insistió Ferguson.
-¿Quiénes son los responsables de la entrega de las armas?-, me paseé entre las cajas, tratando de descubrir algo sintomático en los embalajes. -El soldado de puerta, el sargento de escritorio, luego yo, el coronel, el responsable de la unidad que solicita las armas y finalmente, si fuera el caso, el capitán a cargo de los nuevos reclutas-, empezó a enumerarme Ferguson.
Me detuve frente a las ametralladoras M240 y M249. Eran impresionantes, enormes y amenazantes. Las armas tenían sus cordones de balas acomodadas en las cajas.
-"Las lobas" usan las ametralladoras M240 y M249, se entrenan para manejarlas, pero también practican constantemente con las XM7, son sus armas de reglamento, capitana-, me detalló Ferguson. -Ellas tripulan los tanques M1 Abrams-, agregó. Eso yo ya lo sabía.
Revisé las formas de entrega y en efecto habían muchas firmas. En uno de los renglones estaba la firma de la capitana Marcus.
-¿Marcus pidió armas?-, quedé desconcertada.
Ferguson me pidió incrédulo los documentos y los revisó con detenimiento. -Ahh, sí, sí, sí, sí claro, eso fue hace un mes, me dijo que tenía dos rifles estropeados, sí, por supuesto, ella pidió dos fusiles-, me enfatizó abanicando sus ojos. El propio Ferguson ya me había dicho que perder un arma significaba sanciones, pero ahora no recordaba ese detalle. Eso sí que era raro.
-Gracias por todo, teniente-, le dije a Ferguson y me marché con Cannon con destino a mi carro que estaba en el estacionamiento de la unidad blindada.
Curiosa me volví y vi entonces que Ferguson y Scott se hablaban con gestos y ademanes y se recriminaban, como si estuvieran reprochándose mutuamente de algo. Era obvio que esos tipos estaban implicados en el tráfico de armas en el cuartel de la unidad blindada y que yo había descubierto que las cajas embaladas no tenían los códigos de ley.
-La veo muy pensativa, capitana-, lo notó de inmediato Cannon. Ya les dije que yo soy muy suspicaz y perspicaz a la vez. Yo me rascaba los pelos intrigada por todo lo que me había dicho Ferguson. Me detuve junto a mi carro abrí la puerta y me volví donde Cannon. -¿Por qué Ferguson se refirió a "Las lobas"? ¿Por qué me subrayó que esas chicas usan las XM7? Yo no le pregunté acerca de ellas-, junté los dientes.
-Ferguson sabe que usted está investigando el asesinato de la capitana Marcus y que fue ultimada con una XM7, me imagino-, pensó Cannon.
-No, no, no, el crimen de Marcus lo pudo cometer cualquiera y tampoco nadie sabe qué arma usaron, sin embargo Ferguson está enterado de todo-, alcé mi naricita y sonreí pícara y traviesa.
-Creo que hay algo grande detrás de todo esto, capitana-, me dio la razón Cannon.