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La Primera Vez Que Te Vi

La Primera Vez Que Te Vi

Status: Terminada
Genre:Romance / Amor prohibido / Fantasía épica / Completas
Popularitas:204
Nilai: 5
nombre de autor: TaquitoFLs

Una historia de Dos personas que no pueden destruirse en una historia donde tienen que hacerlo. Hay dificultades, hay deshonras y traiciones que llevarán a atraerse el uno al otro y será el momento perfecto en el que demuestren que el amor no es más que simples palabras, si no las acciones que demuestren una redención de los pecados que cometieron. Spin off de las series originales: El ascenso de un linaje.

NovelToon tiene autorización de TaquitoFLs para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4: El peso de la sangre pura

La base de Ray X no tenía ventanas. Nunca las había tenido — según él, la luz del sol era una debilidad que ningún hijo suyo necesitaba, y la oscuridad constante de aquel palacio tallado en roca volcánica era, a su manera retorcida, un recordatorio permanente de quién mandaba ahí.

Una vez al mes, sin embargo, ordenaba que todos sus hijos se reunieran a cenar juntos. No por costumbre, ni por cariño — Ray X no conocía esa palabra —, sino porque le gustaba tenerlos a todos frente a él, midiendo en silencio cuál de ellos seguía siendo digno de su sangre.

Blanck llegó último, como siempre, directo de una misión que había terminado horas antes de lo que reportó — el tiempo extra, nadie lo sabía, lo había pasado en The Hero.

—Miren quién decidió honrarnos con su presencia —dijo Alex, sin levantar la vista del plato, la voz cargada del mismo tono competitivo de siempre—. ¿Cuántos pueblos sometiste esta vez, hermanito? ¿O te quedaste corto otra vez con el tiempo?

—El suficiente para que padre esté satisfecho.

—Padre siempre está satisfecho contigo. —Alex por fin lo miró, algo parecido al resentimiento asomándose apenas—. Es curioso cómo funciona eso.

Igna, sentado al otro extremo de la mesa, observaba todo con la misma atención clínica con la que observaba cualquier cosa — como si estuviera memorizando cada gesto para usarlo después.

—Alex solo está celoso porque tú tardaste la mitad del tiempo que él en la última campaña.

—Nadie te preguntó, Igna.

—No hacía falta que me preguntaran. Es evidente.

Coco se rió desde su lugar, una risa aguda que no encajaba del todo con la conversación.

—Ninguno de los dos entiende lo que de verdad importa. La fuerza no se mide en tiempo. Se mide en cuánto puedes soportar antes de romperte. —Se examinó las manos con un interés casi obsesivo—. Yo podría perder cada extremidad de mi cuerpo y seguir de pie. Eso es fuerza real. Lo demás son número.

—Qué encantador tema de conversación para la cena —dijo Rita, con esa voz suave que siempre parecía estar jugando con algo detrás de cada palabra—. Coco, cariño, deberías considerar hablar de otra cosa que no sea desmembramiento durante las comidas. Asustas a las visitas.

—No hay visitas.

—Es una forma de hablar.

Ray X, en la cabecera de la mesa, observaba todo con la calma de quien ya sabe exactamente cómo va a terminar cada conversación antes de que empiece.

—Suficiente. —No levantó la voz. No hacía falta—. Blanck, siéntate. Tu hermana Isolde te guardó un lugar.

Isolde, la única que no había dicho una sola palabra desde que Blanck entró, le hizo un espacio a su lado sin mirar a nadie más. Era, de los cinco, la más callada — no por timidez, sino por una especie de cautela constante, como quien ha aprendido que hablar de más en esa mesa rara vez trae algo bueno.

—Gracias —dijo Blanck, sentándose junto a ella.

—Llegas tarde —murmuró Isolde, tan bajo que solo él pudo escucharla—. Más de lo habitual.

—El terreno era complicado.

—Siempre dices eso. —Lo miró de reojo, algo parecido a la sospecha cruzando su expresión—. Hueles distinto.

Blanck se tensó, apenas un instante, pero lo suficiente para que Isolde lo notara.

—¿Distinto cómo?

—No lo sé. —Bajó la vista a su plato—. Distinto a como hueles cuando vuelves de matar gente.

No fue una acusación. Fue, si acaso, algo parecido a la envidia disfrazada de observación — como si Isolde reconociera en él algo que ella también quisiera tener, sin saber todavía qué era.

La cena continuó con la misma tensión de siempre — Alex y Coco discutiendo sobre quién había causado más destrucción en su última campaña, Igna interviniendo solo para señalar los errores de ambos, Rita entreteniéndose en provocar a quien fuera que estuviera más cerca. Ray X observaba todo con la satisfacción distante de un hombre viendo crecer su propio imperio en miniatura, sentado a su mesa.

—Padre —dijo Coco, en algún momento, con un entusiasmo que no cuadraba con lo que estaba a punto de decir—, ¿es cierto que hay rebeldes organizándose en las tierras del sur? Me encantaría encargarme de ellos personalmente.

—A su debido tiempo. —Ray X cortó su comida con precisión quirúrgica—. La paciencia también es una forma de pureza, hija. Los que actúan sin pensar terminan como los que intentaron oponerse a nosotros la semana pasada.

—¿Y qué les pasó a esos? —preguntó Rita, con una sonrisa que ya conocía la respuesta.

—Ya no importa. —Ray X no cambió el tono ni una sola vez—. Nada que se opone a la sangre pura sobrevive lo suficiente para importar.

Isolde bajó la mirada a su plato. Blanck, sentado a su lado, sintió la tensión en su hermana antes de verla — el mismo tipo de rigidez que él mismo cargaba cada vez que su padre hablaba así, como si la palabra "pureza" fuera algo digno de admirar en vez de una excusa para cualquier crueldad.

—¿Estás bien? —le preguntó, en voz baja, cuando la conversación general se dispersó de nuevo entre sus otros hermanos.

—Siempre estoy bien. —Isolde no lo miró al decirlo—. Es lo único que se espera de nosotros aquí.

Blanck no supo qué responder a eso. Pero algo en la forma en que ella lo dijo, sin ningún dramatismo, como si fuera simplemente un hecho aceptado hace mucho tiempo, se le quedó grabado el resto de la noche.

Cuando la cena terminó y cada uno de sus hermanos se dispersó hacia sus propios aposentos, Isolde se quedó un momento más en el pasillo, esperando a que Blanck saliera.

—¿Puedo preguntarte algo? —dijo, cuando estuvieron finalmente solos.

—Siempre.

—¿Alguna vez piensas que hay algo mal en todo esto? —Su voz bajó todavía más, casi como si temiera que las paredes mismas la escucharan—. No lo digo por debilidad. Lo digo porque a veces, cuando padre habla de pureza, de dominación, de todo lo que "merecemos"... algo en mí no encaja con eso. Y no sé si soy la única que lo siente.

Blanck la miró un largo momento, sopesando cuánto podía decir, cuánto era seguro decir, incluso a su propia hermana.

—No eres la única.

Fue todo lo que dijo. Pero fue suficiente para que Isolde, por primera vez en mucho tiempo, sintiera que no estaba completamente sola en aquel palacio sin ventanas.

—Guárdame el secreto —le dijo él, antes de irse—. Y yo guardaré el tuyo.

Isolde asintió, sin preguntar a qué secreto se refería exactamente. Pero mientras lo veía alejarse por el pasillo oscuro, algo en ella empezó a preguntarse si, algún día, encontraría también su propia forma de escapar de aquella mesa, de aquella sangre, de aquel nombre que cargaba como una condena más que como un honor.

No sabía todavía que la respuesta a esa pregunta tardaría siglos en llegar, y que cuando por fin llegara, sería de la peor forma posible.

Continuará...

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