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Un Mafioso en el Convento

Un Mafioso en el Convento

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Mafia / Amor eterno / Completas
Popularitas:33.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Gizelly Ladislau

Dante Herrera es el jefe de la mafia más temida de España: frío, implacable, dueño de todo lo que desea. Hasta que una emboscada lo deja al borde de la muerte y el destino lo arroja al último lugar donde alguien como él debería aparecer… el patio de un convento.

Quien lo encuentra medio muerto es Mary, una novicia de dieciocho años criada entre rezos, huérfana y entregada por completo a Dios. Ella jura salvarlo. Nunca imaginó que, al hacerlo, pondría en peligro lo único que creía intocable: su fe, sus votos y su propio corazón.

Él aprendió a sobrevivir en un mundo de sangre y traición. Ella aprendió a amar sin pedir nada a cambio. Entre ellos hay un abismo —el altar y el crimen, el cielo y el pecado— y una atracción que ninguno de los dos sabe cómo detener.

Pero los enemigos del pasado no olvidan, y una venganza silenciosa se acerca a la familia Herrera. Cuando la guerra estalle, Mary tendrá que decidir hasta dónde está dispuesta a llegar por un hombre que jamás debió amar.

NovelToon tiene autorización de Gizelly Ladislau para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11 — Un Mafioso en el Convento

Mary Méndez:

Aquel día el cuarto parecía más pequeño.

Tal vez porque mis maletas ya estaban sobre la cama.

Tal vez porque, por primera vez en dieciocho años, me preparaba para dejar el lugar que siempre llamé hogar.

Pasé los dedos por el crucifijo colgado en la pared y respiré hondo.

Todavía costaba creerlo.

Roma.

Un hospital infantil.

La oportunidad de estudiar medicina pediátrica.

Todo aquello parecía un sueño lejano, algo que imaginaba solo durante mis oraciones más silenciosas.

Un golpe en la puerta interrumpió mis pensamientos.

—Adelante.

Natalia entró sin esperar respuesta.

Detrás de ella vinieron Bárbara y Graziela.

—Así que es esto —dijo Bárbara, sentándose en la cama—. De verdad nos vamos a Italia.

—Todavía no lo creo —admití.

—Yo sí —respondió Natalia—. Y ya decidí que voy a comer todas las pastas italianas posibles.

—Piensas en comida en cualquier situación —comentó Graziela.

—Es un talento.

Nos reímos.

Por primera vez desde la reunión con la Madre Superiora, los nervios se calmaron.

Miré a mis amigas.

Mis hermanas del alma.

Muchachas con las que crecí.

Con las que estudié.

Con las que compartí alegrías, castigos, secretos y sueños.

Ahora estábamos a punto de cruzar el océano juntas.

—¿Tienen miedo? —pregunté.

La sonrisa de Bárbara se apagó.

—Un poco.

—Yo también —confesó Graziela.

Natalia se cruzó de brazos.

—Mucho.

La miramos fijo.

—¿Qué? —preguntó—. Soy valiente, no loca.

Las cuatro soltamos una carcajada.

El sonido resonó por el cuarto.

Por unos segundos nos olvidamos de la despedida.

Nos olvidamos de la mudanza.

Nos olvidamos de la nostalgia.

Pero volvió cuando sonó la campana de la capilla.

Silencio.

Aquel sonido me apretó el corazón.

Porque significaba que se acercaba la hora.

Hora de despedirme de los pasillos donde aprendí a caminar.

De la biblioteca donde pasé horas estudiando.

Del jardín donde solía rezar cuando estaba triste.

Del convento que me acogió cuando no tenía a nadie.

—Vamos a extrañar este lugar —murmuró Graziela.

—Sí —concordé.

Poco después nos llamaron al patio principal.

Todas las hermanas estaban reunidas.

La Madre Superiora nos esperaba.

Cuando nos acercamos, esbozó una sonrisa orgullosa.

—Mis niñas.

La emoción en su voz casi me hizo llorar.

—Van a comenzar una nueva etapa de sus vidas.

Me tomó las manos.

—Mary, nunca dejes de cuidar a las personas con ese corazón bondadoso que Dios te dio.

Los ojos se me llenaron de lágrimas.

Después abrazó a Natalia.

A Bárbara.

A Graziela.

Una por una.

No había una sola hermana sin los ojos húmedos.

Entonces se oyó el ruido de los vehículos que llegaban.

La familia Herrera.

Los autos se detuvieron frente al convento.

Y, por primera vez, aquello significaba el comienzo de un nuevo camino.

Observé mientras todos bajaban.

La señora Consuelo sonrió al vernos.

Su esposo mantuvo el gesto serio.

Pietro, Kevin y Giovanni parecían entusiasmados con el viaje.

Y entonces mis ojos se encontraron con los de él.

Dante Herrera.

Solo por unos segundos.

Pero fue suficiente.

Se lo veía distinto.

Más callado.

Más pensativo.

Como si cargara preguntas que no sabía responder.

Desvié la vista de inmediato.

El corazón se me aceleró sin motivo aparente.

O quizá había un motivo.

Un motivo que aún no quería admitir.

—¿Están listas? —preguntó Consuelo con amabilidad.

Miré a mis amigas.

Después al convento.

A la Madre Superiora.

Al lugar que me crió.

Respiré hondo.

—Sí —respondí.

Y en ese momento entendí que mi vida estaba a punto de cambiar para siempre.

Creí que estaba lista para partir.

Pensé que lograría sonreír, agradecer por todo y subir al auto sin dificultad.

Pero me equivocaba.

Me equivocaba por completo.

Cuando me giré para mirar el convento una vez más, mis piernas simplemente se detuvieron.

Aquel no era solo un lugar.

Era mi casa.

El único hogar que había conocido.

Allí aprendí a leer.

Allí aprendí a rezar.

Allí lloré cuando tuve miedo.

Allí sonreí cuando encontré una familia en las personas que Dios puso en mi camino.

No tenía recuerdos de mis padres.

No tenía fotografías.

No tenía historias que contar.

Todo lo que era se había construido dentro de aquellos muros.

Y ahora me iba.

Las lágrimas llegaron antes de que pudiera contenerlas.

Una tras otra.

Silenciosas.

Dolorosas.

La Madre Superiora se dio cuenta enseguida.

—Ven aquí, mi niña.

Abrió los brazos.

Y me lancé a ellos como una niña.

Lloré.

Lloré como no lloraba en años.

Sentí su mano acariciarme el cabello.

El mismo gesto que hacía cuando tenía pesadillas de pequeña.

El mismo gesto que usaba cuando me enfermaba.

El mismo gesto que decía sin palabras que no estaba sola.

—No quiero olvidar este lugar —susurré entre lágrimas.

—Y nunca lo vas a olvidar.

—¿Y si cambio?

—Eso es parte de la vida.

—¿Y si las decepciono?

Me tomó el rostro entre las manos.

—Mary Méndez, has sido una bendición para este convento desde el día en que llegaste.

Se me hizo un nudo en la garganta.

—La niña asustada que entró por aquellos portones se convirtió en una joven extraordinaria.

Las lágrimas caían sin control.

A mi alrededor, varias hermanas también lloraban.

Hasta Natalia se secaba los ojos con disimulo.

Lo cual era un acontecimiento histórico.

—Las quiero —dije.

—Y nosotras a ti.

La Madre Superiora me besó la frente.

—Ve a vivir los sueños que Dios puso en tu corazón.

Miré a mi alrededor.

Reconocí cada rostro.

A cada hermana.

A cada persona que me ayudó a crecer.

A sor Clara, que me enseñó a cocinar.

A sor Beatriz, que me enseñó matemáticas.

A sor Helena, que me animó a estudiar medicina.

Todas sonreían entre lágrimas.

Y entonces pasó algo inesperado.

Los niños del orfanato aparecieron corriendo.

—¡HERMANA MARY!

El corazón casi se me detiene.

En segundos estaba rodeada.

Bracitos que me abrazaban.

Manitas que se aferraban a mi hábito.

Vocecitas que lloraban.

—¡No te vayas!

—¡Usted prometió enseñarme a dibujar!

—¿Quién va a contar historias ahora?

—¡La voy a extrañar!

Caí de rodillas.

Llorando junto con ellos.

Abrazando a cada niño que alcanzaba.

Me dolía el pecho.

Porque aquellos niños entendían exactamente lo que yo sentía.

Ellos también sabían lo que era perder a alguien importante.

—No los estoy abandonando —dije con la voz temblorosa.

—¿Lo prometes?

—Lo prometo.

—¿Vas a volver?

—Siempre que pueda.

Uno de los más pequeños, Miguel, de apenas cinco años, sacó del bolsillo un dibujo arrugado.

—Lo hice para ti.

Me temblaban las manos cuando recibí el papel.

Era un dibujo sencillo.

Yo tomada de la mano de varios niños.

Y sobre nosotros había un corazón enorme.

No pude contener el llanto.

Abracé al niño con toda mi fuerza.

—Gracias.

Al levantarme, noté un silencio distinto.

Miré al frente.

Y encontré a Dante Herrera observándolo todo.

Su mirada estaba fija en mí.

Pero no había arrogancia.

Ni frialdad.

Ni la postura intimidante que solía mostrar.

Solo había emoción.

Una emoción que parecía estar tratando de esconder.

Por un instante nuestros ojos se encontraron.

Y algo dentro de mí se sintió extraño.

Cálido.

Confuso.

El corazón me latió más fuerte.

Demasiado rápido.

Desvié la vista de inmediato.

—¿Vamos? —preguntó Consuelo con amabilidad.

Respiré hondo.

Miré el convento por última vez.

Los árboles.

Los jardines.

La capilla.

Las ventanas del dormitorio.

Cada rincón guardaba un recuerdo.

Cada piedra cargaba una parte de mi historia.

Me llevé la mano al pecho.

Recé en silencio.

Y entonces di el primer paso.

Un solo paso lejos de la vida que conocía.

Sin imaginar que aquel viaje a Roma no cambiaría solo mi futuro.

Cambiaría mi destino.

Y quizá...

El destino de Dante Herrera también.

1
Angela Santillan
que bella novela!!!! felicitaciones y muchas BENDICIONES 🙏🙏
Princesa
A los hermanos les pasa todo al tiempo jejeje
Yrma Laya
gracias me gustó mucho
Princesa
Se está enamorado
Princesa
La señora Herrera, es increíble
Princesa
Esto se está poniendo bueno jejeje
Princesa
Los hermanos están todo que ver 🥰🥰
Princesa
Presiento que van a terminar enamorados 🥰🥰
Jenny Jimenez
Más guapas las amigas que la protaginista
Ines Arce
sienpre Dios te pone en el camino ka indicada
Ines Arce
me facina consuelo q mama mas conpinche super chebere🥰
Ines Arce
q lindo q sra mas conpinche buenusimis
Alexandra Muñoz
no me dan los cálculos de las edades de madre e hija ?
Maris Benitez
interesante comienzo, creo que la monjita va a colgar los hábitos 🫠🤭🤭
Maris Benitez
UPS 🫪 sr irán a enamorar 😍
Graciela Saiz
excelente 👏👏👏👏👏
Graciela Saiz
🤭🤭😂😂 tremenda la suegra 🤭😂😂😂,cuando se entere la madre superiora ! 😂😂😂😂les corrompió a las cuatro monjas 😂😂😂😂😂😂😂😂😂😂😂😂
Graciela Saiz
cómo así, saben que son mafiosos? y la madre como que las recibió al llegar, así ella venía con ellas , 🫣🤭😂
Graciela Saiz
pero que pensarán las monjas si se enteran que son mafiosos 🤷
Graciela Saiz
pero lo que no sabes Consuelo , es que la monja será transferida 🤷
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