Gustav Lindström es un empresario sueco de éxito: frío, controlado, impenetrable. Ella es una joven cálida y generosa que trabaja cuidando a su media hermana Lilly, una chica frívola y calculadora que, tras seducir a Gustav en una fiesta, queda embarazada de manera deliberada.
Cuando Lilly muere en el parto dejando gemelos prematuros, las vidas de Gustav y Ella se cruzan de manera inesperada. Él, frente a la imposibilidad de criar solo a los bebés y la codicia de los suegros, le propone a Ella un contrato matrimonial: ser la madre de los niños a cambio de seguridad económica. Ella, que ya se ha encariñado con los gemelos y no tiene a nadie más, acepta.
Lo que empieza como un acuerdo frío va transformándose. Gustav descubre que Ella es todo lo que nunca tuvo: honestidad, calor, entrega sin condiciones. Ella, criada por una madre que nunca la amó, aprende por primera vez lo que significa ser elegida. Entre ellos nace un amor que ninguno de los dos supo anticipar.
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CONSULTA
LILLY
Dios mío… este embarazo es un infierno.
Duele, cansa, pesa, en el cuerpo y en el alma. Estoy agotada, irritada, frustrada. Hay días que solo quiero desaparecer, esfumarme.
Hoy, por fin, voy al obstetra. Ni sé por qué voy. Quizás para ver si esta pesadilla tiene un final próximo. Cuánto quisiera sacármelos… Pero ya es demasiado tarde para eso.
La verdad, no me siento madre. No me siento preparada. En absoluto.
Mi mamá vino conmigo. Claro, cómo no. Fingimos ser normales durante el trayecto. Ella hablaba de lo mucho que necesitaba "portarme bien", y yo solo quería silencio.
Llegamos al consultorio: ese aire acondicionado helado, olor a alcohol en el ambiente. Tenía náuseas. El médico entra, simpático. No hago ningún esfuerzo por parecer entusiasmada. Me manda recostarme.
Médico: Vamos a hacer un ultrasonido, ¿de acuerdo?
Solo asentí, impaciente. Quería que terminara rápido.
El gel frío me hizo estremecer, y él comenzó a deslizar el aparato por mi barriga. El monitor parpadeaba emitiendo sonidos que me llenaban de ansiedad.
Entonces se detuvo. La mirada fija en la pantalla, la expresión cambiando poco a poco.
Médico: Está esperando mellizos.
Lilly: ¿Qué? ¿Cómo que mellizos? Si fue solo una noche...
Mi voz salió más alta de lo que debía.
Médico: Pero debo ser honesto… Los bebés no se están desarrollando como deberían. Están por debajo del peso, y los latidos son débiles. Vamos a necesitar un seguimiento intensivo. El cuadro es delicado.
Mi mamá se llevó la mano a la boca, impactada, y apretó la mía intentando mantener la compostura.
Estela: Vamos a hacer todo bien a partir de ahora. Nos vamos a ocupar de esto.
Todo a mi alrededor pareció girar.
Lilly: ¿Mellizos? ¿Débiles?
No lloré. No grité. Solo sentí un vacío enorme. Un agujero negro creciendo dentro de mí, tragándose cualquier rastro de racionalidad. Lo único que quería era empujar a esos bebés lejos, como si todo esto no tuviera nada que ver conmigo.
Lilly: ¿Y si no sobreviven? Mamá… tienen que sobrevivir.
Esa frase no salió del amor ni de la preocupación. Era miedo. Miedo de perder el único as que me quedaba. Miedo de haber pasado por todo esto en vano.
Ellos eran mi seguro. Mi boleto de oro. Mi oportunidad de atar a Gustav a mi vida.
El médico hizo una pausa y me miró con una paciencia que me irritó.
Médico: Tranquila, mamá. Vamos a iniciar un tratamiento. Por ahora puede quedarse en casa, pero si los bebés no responden, va a necesitar internarse.
Me incorporé de golpe, olvidándome del gel en la barriga.
Lilly: ¿Qué?! ¿Tratamiento? Pero voy a… ¿engordar?! Con estos dos bebés dentro de mí.
Él frunció el ceño, sin saber muy bien si era broma. Mi mamá me lanzó una mirada cortante, pero me importó poco.
Lilly: No estoy lista para convertirme en un globo. ¿Esto va a durar mucho? ¿No hay algo que se pueda tomar para acelerar?
Médico: La prioridad ahora es la salud de los bebés. Vamos a hacer seguimiento semana a semana. Necesitamos que coma bien, descanse, evite el estrés…
Lilly: ¿Evite el estrés? ¿Cómo, si mi vida se convirtió en una telenovela de mal gusto?
Apoyé la cabeza en la camilla y cerré los ojos por un momento. Por fuera, parecía preocupada. Por dentro, solo había cálculo. Tiempo, ventaja, imagen.
Lilly: Estos bebés... Tienen que vivir.
El médico explicó todo lo que era importante.
En el carro, camino a casa, el silencio dominaba el ambiente. Mi mamá manejaba con los ojos fijos en la calle, pero yo sabía que su cabeza estaba lejos de ahí, llena de pensamientos. Los suyos y los míos parecían nunca encontrarse.
Estaba recostada en el asiento del copiloto, con la mano sobre la barriga, no por ternura, sino por incomodidad. Como si desde afuera pudiera controlar lo que por dentro parecía fuera de control.
Lilly: ¿No vas a decir nada?
Estela: ¿Y qué quieres que diga? ¿Que todo está bien? No lo está. Pero tampoco sirve de nada entrar en pánico ahora.
Lilly: Ellos van a estar bien. Tienen que estarlo.
Estela: Si haces lo que el médico indicó… Este tratamiento es caro. Una inversión pesada. Vamos a tener que contárselo a Gustav. Le voy a pedir a tu padre que concrete una reunión con él. Aunque haya dinero, no es sencillo.
Suspiré hondo, y ella completó con esa voz fría y calculadora que solo ella sabía usar.
Estela: Más vale que no lo arruines todo, Lilly. Llegaste demasiado lejos para perder ahora.
me agradaria leer otra novela suya.
me agradaria leer otra novela suya.