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Amar Al Chico Equivocado

Amar Al Chico Equivocado

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Amor eterno
Popularitas:761
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Todo comenzó cuando una joven se enamoró de un muchacho con un pasado lleno de errores. Él era conocido por meterse en problemas y vivir al margen de la ley, pero ella decidió creer que podía cambiar. Poco a poco, su amor logró transformar su manera de ver la vida, aunque el destino los puso a prueba cuando él terminó en la cárcel. Mientras él cumplía su condena, ella decidió esperarlo. Su amiga no dejaba de advertirle: «Mija deje ese hombre, usted está sufriendo demasiado». Pero, a pesar de las dudas y los obstáculos, y relaciónes íntimas aquel amor demostró ser más fuerte que cualquier distancia.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 23 — Mi hijo

Estaba sentado en aquel lugar, tratando de pasar otro día más, cuando escuché que me llamaban.

—Cristian, tiene visita.

Me levanté de una.

—¿Quién?

—Una señora.

Cuando llegué al lugar de visitas, la vi.

Era mi suegra.

—Buenas tardes, mijo —me dijo.

—Buenas, señora. ¿Cómo está?

—Bien. Le traje unas cositas.

Me entregó una pequeña bolsa con algunas cosas que Leidy y ella habían preparado.

—Muchas gracias, señora.

Ella sonrió y luego sacó una hoja doblada.

—Y esto también se lo manda Leidy.

La recibí sin imaginarme lo que había dentro.

—¿Una carta?

—Sí, mijo.

Sentí un pequeño nudo en la garganta.

—Gracias.

Mi suegra me miró unos segundos.

—Léala cuando esté tranquilo.

—Sí, señora.

Nos despedimos y ella se fue.

Yo regresé a donde estaba antes con la bolsa en una mano y la carta en la otra.

Cuando me quedé completamente solo, me senté.

Miré aquella hoja.

Por alguna razón me daba nervios abrirla.

Respiré profundo y comencé a leer.

Apenas vi las primeras palabras, reconocí inmediatamente la forma en que Leidy escribía.

"Hola, amor..."

Me quedé mirando la hoja.

—Ve...

Seguí leyendo.

Cuando llegué a la parte donde decía que ya había nacido nuestro bebé, sentí que el corazón me golpeaba fuerte.

—¿Ya nació?

Seguí leyendo rápidamente.

Y entonces lo vi.

El nombre.

Cristopher.

Me quedé completamente quieto.

—Cristopher...

Lo repetí varias veces.

Después leí que Leidy había escogido ese nombre en honor a mí, porque era una combinación entre Cristian y Christopher.

No sabía qué decir.

Me pasé una mano por la cara.

—Parce...

Sentí que los ojos se me llenaban de lágrimas.

Ella había decidido ponerle a nuestro hijo un nombre que tuviera algo mío.

Después llegué a la última parte de la carta.

Decía que me mandaba una foto para que pudiera conocer a mi pequeño.

Miré debajo de la hoja.

Ahí estaba.

La fotografía.

La tomé con cuidado.

Cuando vi la imagen, me quedé sin palabras.

Era mi hijo.

Estaba acostadito sobre una cama, con sus ojitos cerrados y completamente tranquilo.

Me quedé mirando aquella foto durante varios segundos.

No podía apartar los ojos.

—Ese es mi hijo...

Mi voz salió quebrada.

Acerqué la fotografía un poquito más.

Nunca lo había visto.

Nunca había podido cargarlo.

Nunca había podido estar junto a Leidy cuando nació.

Pero ahí estaba él.

Mi hijo.

Nuestro Cristopher.

Las lágrimas comenzaron a caerme sin que pudiera detenerlas.

—Hola, campeón...

Sonreí entre lágrimas.

—Soy tu papá.

Me quedé mirando la foto.

Pensé en todo lo que me estaba perdiendo.

Yo quería haber estado afuera cuando naciera. Quería haber escuchado la noticia de primera mano. Quería haberlo cargado y conocerlo personalmente.

Pero no había podido.

Y ahora lo estaba conociendo por una fotografía.

Apreté los labios tratando de contener el llanto, pero fue imposible.

—Perdón, hijo.

Bajé la mirada.

—Perdón por no estar ahí.

Volví a mirar la fotografía.

—Tu mamá es una berraca. Ella sí estuvo contigo desde el primer día.

Sonreí.

—Y mirá ese nombre... Cristopher.

Me reí bajito entre las lágrimas.

—Leidy sí salió con unas ocurrencias, pues.

Volví a leer la carta.

Cada palabra me hacía sentir más cerca de ellos.

Por un momento olvidé dónde estaba.

Solo existíamos nosotros tres.

Leidy.

Mi hijo.

Y yo.

Guardé la carta con muchísimo cuidado y puse la fotografía encima.

No quería que se doblara ni se dañara.

—Te voy a conocer, hijo.

Miré nuevamente sus ojitos cerrados en la foto.

—Así sea por ahora por esta foto, ya sé que sos lo más importante que tengo.

Me quedé sentado durante un largo rato.

Aquella fotografía era pequeña, pero para mí significaba muchísimo.

Era la primera imagen que tenía de mi hijo.

Y aunque todavía no podía cargarlo entre mis brazos, por primera vez podía mirarlo y decir con certeza:

—Ese es mi niño.

Cristopher.

Mi hijo.

Mi mayor razón para querer hacer las cosas de otra manera cuando algún día pudiera volver a verlo.

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