Dante Valero nunca fue un hombre bueno. Solo fue tolerante.
Durante años permitió que su familia viviera de su fortuna, soportó las manipulaciones de su primo Mateo y cedió una y otra vez para evitar que el enfermizo muchacho sufriera una crisis. Incluso aceptó que su prometida, Valeria Zorich, lo abandonara momentáneamente por él.
Pero el día de su boda, Mateo cruzó la última línea.
Dante dejó el altar, rompió el compromiso y abrió las puertas de un poder que todos creían dormido. Lo que nadie sabía era que el único heredero del imperio Valero jamás había sido débil. Simplemente se había contenido.
Ahora sus enemigos descubrirán lo que significa enfrentarse al verdadero Dante.
Mientras las familias que lo traicionaron caen en deudas, escándalos y ruinas, Elena Cruz, la única mujer que siempre conoció su verdadera naturaleza, regresa a su lado.
Él perdió una novia.
Ellos están a punto de perderlo todo.
NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
NEGOCIOS, LIBROS Y TÚ
Los viajes de negocios siempre habían sido particularmente intensos para Dante, y a veces hasta aburridos. Ir de un lugar a otro, escuchar a viejos que siempre querían verle la cara de tonto e intentaban engañarlo con cifras falsas, tener que descubrirlos en sus mentiras y luego negociar descuentos, plazos, condiciones… siempre era lo mismo. Por eso, esta vez había decidido llevarse a Lía. Al menos así tendría algo agradable y suave esperándolo al regresar de esas reuniones interminables.
A la mañana siguiente, antes de salir, le dijo:
— Te acompañará él —señaló al guardaespaldas que esperaba en la puerta—. A donde quieras ir de París, él irá contigo para protegerte. No conoces esta ciudad, y es fácil perderse o que te pase algo.
Ella lo miró con gratitud sincera.
— Gracias, Dante. ¿Y tú a qué hora podré verte?
Él le sonrió, acariciando su mejilla.
— No te preocupes. En las noches siempre podrás contar conmigo. Y si tengo tiempo libre, coincidiremos para almorzar o cenar. Te avisaré. ¿De acuerdo?
— De acuerdo —asintió ella, radiante—. Que te vaya bien.
💼 EL TRATO
Esa tarde tuvo una reunión decisiva: la adquisición hostil de un conglomerado de alimentos. Los dueños se resistían, ponían excusas, miraban a otro lado… pero Dante, con su agudeza fría y su conocimiento absoluto del mercado, los arrinconó sin dudar.
— Si yo no los compro, lo hará otro —les dijo, con voz calmada pero implacable—. Y créanme, ese otro no les pagará ni la mitad de lo que yo les estoy ofreciendo. Mi oferta termina en tres… dos… uno…
— ¡Está bien, está bien! —gritaron, rindiéndose—. ¡Firmamos!
Dante sonrió, esa sonrisa segura, casi lobuna, que aparecía cuando ganaba.
— Bien. Así me gusta. Negocios claros, todos salimos felices.
Sabía que estaba siendo demasiado generoso en su propuesta, pero también sabía que eso lo haría dueño absoluto de todo sin complicaciones. El tiempo también era dinero.
📚 LOS CANELONES Y ELLA
Llegó al departamento y la encontró ahí, sentada en el sillón, leyendo apaciblemente, con la luz de la tarde bañándola desde la ventana. Al verlo, sus ojos se iluminaron de inmediato, cerró el libro y se levantó de un salto.
— ¡Llegaste! —dijo, acercándose a él—. ¿Cómo te fue? ¿Qué hiciste?
Dante se desabotonó el saco mientras la miraba, sintiendo cómo la tensión del día se desvanecía solo con verla.
— Cerramos un trato, pequeña. ¿Y tú? ¿Qué hiciste tú?
— Fui a una librería —contó ella, emocionada—. Compré unos libros para mis clases. Y también compré esto —dijo, sacando una caja pequeña y entregándosela—. Me dijeron que son muy típicos de aquí, canelones de canela. Seguro no has comido nada pensando solo en negocios. Toma.
Dante la observó. Si no estuviera ahí, parada frente a él, tan dulce y tan preocupada por él, definitivamente la poseería ahí mismo, sobre el piso. Ya no le importaba nada, pero tenía que contenerse. Todavía no debía conocer esa faceta animal de mí, pensó. Seguro se asustaría. Y no quiero asustarla. Quiero seguir disfrutando de esta niña suave e inocente.
Tomó el canelón, lo probó, y asintió con genuino agrado.
— Está muy rico. Gracias, Lía. ¿Y no compraste nada más? ¿Ropa? ¿Un bolso? ¿Qué mujer viene a París y no compra algo de ropa? Estamos en la capital de la moda. ¿No tenías curiosidad?
Ella arrugó la nariz, pensativa, y negó con la cabeza.
— La verdad… no. Más bien sí quería ir a un par de museos, tomarme unas fotos y comprar más libros en otra librería. ¿Se puede?
Dante la miró, fascinado. Esta jovencita que soñaba con ser maestra de primaria… es de otro mundo, pensó. No le importaba el lujo por el lujo. No buscaba lo material. Buscaba conocimiento, belleza, cosas que no se compran con dinero. Era única.
— Claro que se puede —le dijo, acercándose más—. Y si quieres… puedo conseguir boletos para la ópera para ir juntos mañana por la noche. ¿Te interesa?
Ella sonrió, brillando de felicidad.
— ¡Claro que sí! ¿Cómo podría negarme?
Ya no pudo contenerse más. La tomó en brazos de golpe, haciéndola gritar sorprendida.
— ¿Dante… qué pasa? —preguntó ella, riendo nerviosa.
— No pasa nada —murmuró él, llevándola directo a la habitación—. Solo te quiero. Ahora.
🔥 SUYA, UNA VEZ MÁS
La depositó suavemente sobre la cama y empezó a desnudarla con manos ansiosas pero cuidadosas. La besó con una pasión que no intentaba frenar, recorriendo cada rincón de su piel, saboreándola, haciéndola suya una y otra vez. Lía no se resistía, al contrario: se entregaba con la misma intensidad, abrazándolo, respondiendo a cada beso, a cada caricia, con gemidos suaves y sinceros que lo volvían loco.
Tras cada suspiro, cada movimiento, él sentía la necesidad de dejar su marca en ella, de impregnar su esencia, de que supiera que era suya, completamente suya. No sé qué nos depara el futuro, pensaba mientras la amaba, mientras ella se aferraba a él como si él fuera su refugio. Pero en este momento… en este instante… eres mía. Y nada más importa.
Cuando terminaron, quedaron abrazados, el uno contra el otro, recuperando el aliento, con la respiración entrecortada y las pieles brillantes de sudor. Lía acurrucó su cabeza en su pecho, y él la rodeó con fuerza, besando su frente.
— Eres mi paz, Lía —susurró en la oscuridad—. Y mi placer. Todo junto.
Ella levantó la vista, lo miró a los ojos, y le acarició la barbilla con ternura.
— Tú eres mi mundo, Dante. Y no cambiaría esto por nada.