Hay amores que llegan demasiado tarde.
Y otros que nunca debieron llamarse amor.
***
Cinco años atrás, Lizzie cometió un error con James.
Una noche.
Un secreto.
Y una despedida antes de que él pudiera decirle que, para él, nunca había sido un error.
Ahora Lizzie tiene veinticinco años, un prometido perfecto y una boda esperándola. James debería ser solamente un recuerdo… hasta que la enfermedad de su padre lo convierte en el único hombre capaz de salvar el legado de su familia.
Trabajar juntos no estaba en sus planes.
Volver a desearse, mucho menos.
Porque James sigue siendo el hombre que no debería tocar.
Y Lizzie sigue perteneciendo a un futuro en el que él no tiene lugar.
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Capítulo 21. Esta vez no
James volvió a besarme.
Ya no hubo palabras.
Sus manos regresaron a mi cintura y me acercaron a él mientras las mías subían hasta su cuello. Lo besé sin la desesperación de antes, disfrutando por primera vez de no tener que apartarme cuando quería quedarme.
La lluvia golpeaba los ventanales. Mi anillo seguía sobre la mesa.
Mis dedos encontraron los botones de su camisa.
Desabroché el primero lentamente.
Después otro.
James bajó la mirada hacia mis manos, pero no hizo nada por ayudarme. Me dejó continuar hasta que abrí el último y pude deslizar las palmas sobre su pecho.
Su respiración cambió bajo mis manos.
Eso me hizo sonreír.
Aparté la camisa de sus hombros y la dejé caer al suelo.
James me observó durante un instante antes de acercarse otra vez. Sus dedos encontraron el borde de mi ropa húmeda y se detuvieron allí.
Lo miré.
Asentí.
La prenda terminó junto a la suya.
De pronto fui demasiado consciente de estar frente a él.
James también se quedó quieto.
Su mirada recorrió lentamente mi rostro antes de descender y volver a mis ojos. No hubo prisa en ella. Ni siquiera deseo solamente.
Había algo mucho más íntimo en dejarme mirar.
Y en mirarlo a él.
Me acerqué y lo besé.
A partir de ahí, la ropa fue desapareciendo poco a poco. Una prenda entre un beso y el siguiente. Sus manos sobre mi espalda. Las mías recorriendo su piel. Alguna sonrisa nerviosa que desaparecía en cuanto nuestras bocas volvían a encontrarse.
Cuando James tomó mi mano y comenzó a caminar, lo seguí.
Subimos las escaleras juntos.
No conocía su habitación.
Era amplia, sencilla, demasiado ordenada para sorprenderme. Apenas tuve tiempo de observarla antes de sentir sus brazos rodearme desde atrás.
Sonreí.
Sus labios rozaron mi hombro.
Después mi cuello.
Cerré los ojos y apoyé la cabeza contra él.
—James...
Su nombre salió más bajo de lo que esperaba.
Me giré entre sus brazos.
El beso siguiente fue lento.
Sus manos recorrieron mi cuerpo sin apuro, como si quisiera descubrir cada reacción. Yo hice lo mismo. Quería tocarlo. Sentirlo. Aprender todas esas pequeñas cosas que hasta entonces solo había podido imaginar.
Llegamos hasta la cama entre besos.
James se detuvo cuando me recosté.
Lo vi buscar mis ojos.
Tomé su mano y tiré suavemente de él.
—Ven.
Eso fue todo.
James volvió a besarme.
La cercanía de su cuerpo hizo que mi respiración se acelerara. Sus labios descendieron por mi cuello mientras sus caricias despertaban un calor que se extendió lentamente por todo mi cuerpo.
Me aferré a sus hombros.
No quería pensar.
Solo sentir.
Y sentí.
El peso cálido de su cuerpo junto al mío. Sus manos sosteniéndome. Mi respiración rompiéndose poco a poco mientras el placer crecía hasta hacerme cerrar los ojos.
Había olvidado cuánto podía desarmarme.
Cuánto me gustaba sentirme así con él.
Mi cuerpo parecía reconocer la intimidad antes incluso de que pudiera pensar en ella. Esa cercanía absoluta. El vértigo de entregarme sin mantener una parte de mí a salvo.
Busqué su boca.
James me besó.
Mi nombre escapó entre su respiración y la mía.
Abrí los ojos.
Él estaba mirándome.
Sentí algo apretarse dentro de mi pecho.
Lo abracé con más fuerza.
El placer siguió creciendo hasta que dejé de intentar contenerlo. Escondí el rostro junto a su cuello, respirando contra su piel mientras James me sostenía.
No sé cuánto tiempo pasó antes de que todo volviera a quedarse quieto.
Solo recuerdo la calma.
James a mi lado.
Su mano recorriendo lentamente mi espalda.
Mi respiración recuperando poco a poco su ritmo.
Me acomodé sobre su pecho y cerré los ojos.
Él besó mi cabello.
Sonreí.
—¿Qué?
—Nada.
—Estás sonriendo.
Levanté la cabeza.
—Tú también.
James no lo negó.
Me acerqué y le di un beso corto.
Por primera vez en toda la noche no había urgencia.
Solo ganas de quedarme allí.
James apartó un mechón de mi rostro y lo acomodó detrás de mi oreja.
Lo observé unos segundos.
Había una cosa que sí necesitaba decir.
—Nunca fue un error.
La sonrisa desapareció lentamente de su rostro.
No necesitó preguntar de qué hablaba.
Su mano llegó a mi mejilla.
—Lo sé.
Negué suavemente.
—Yo no.
Hice una pausa.
—Ahora sí.
James me miró durante un largo momento.
Después me acercó y besó mi frente.
Volví a acomodarme contra él.
Abajo seguía mi anillo.
Mañana tendría que enfrentar todo lo que aquella noche acababa de cambiar.
Pero mañana todavía no había llegado.
Me abracé un poco más a James.
Y me quedé.