Morir en una balacera de la mafia y despertar como la villana tonta de una novela de época no estaba en mis planes. Ahora soy Elara de Valois, y todos esperan que llore, que ruegue por el amor del Príncipe Heredero o que muera a manos de mi prometido, el temible Archiduque Killian.
Los rumores dicen que es un asesino despiadado, pero cuando cruzo miradas con él, solo veo a alguien de mi especie. Él cree que soy una damisela de cristal a la que puede romper fácilmente. Qué gran error. No sabe que bajo este vestido de seda se esconde la mente de una criminal profesional.
Dos lobos en un mismo territorio no pueden convivir en paz... a menos que decidan incendiar el imperio juntos.
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Capítulo 21
ELARA:
Las antorchas del patio principal parpadean con violencia bajo el azote del viento nocturno y el sonido del metal choca contra el metal mientras los soldados de la vanguardia terminan de asegurar sus armaduras y revisan los suministros médicos y las raciones.
Killian da órdenes directas al comandante Ivan junto a las pesadas puertas, con su capa de lobo ondeando de forma amenazante.
Yo permanezco en el piso superior, observando el despliegue con los brazos cruzados.
Mi decisión está tomada desde el momento en que el príncipe firmó el tratado. No voy a quedarme encerrada en este castillo tejiendo encajes mientras mi hierro y mis soldados marchan a una guerra que yo misma voy a financiar… Bueno el príncipe.
Me doy la vuelta y camino con paso firme hacia el despacho, donde Killian entra unos minutos después para recoger sus mapas tácticos.
Al verme vestida con botas altas de cuero y una capa de viaje oscura, sus cejas se juntan y sus ojos rubíes se clavan en mí con una seriedad aplastante.
—¿Qué significa esta vestimenta Archiduquesa?
Pregunta Killian deteniéndose en seco frente a mí.
—El carruaje para el príncipe y su acompañante saldrá hacia la capital al amanecer, pero tú te quedas en el castillo bajo la protección de la guardia interna.
Me acerco a él, acortando la distancia entre nuestros cuerpos, sin dejarme intimidar por su imponente estatura ni por su aura de comandante.
—No me voy a quedar a esperar los informes de un mensajero, Killian.
Respondo sosteniéndole la mirada con absoluta firmeza.
—Mañana salgo hacia la frontera con el grueso del ejército. Es mi hierro el que forjó esas armaduras y son mis estrategias de suministro las que mantendrán vivos a esos hombres. Mi lugar está donde pueda vigilar las inversiones y asegurar la victoria.
Killian apoya ambas manos sobre mis hombros, apretando con una fuerza contenida que delata su creciente frustración y su mandíbula se tensa al límite.
—No vas a ir a la frontera.
Suelta Killian con una voz tan grave que vibra en mi pecho.
—Esto no es un juego de poder en un salón de baile, Elara. Es una guerra real contra bárbaros que no respetan títulos ni linajes… El frente es un lugar sangriento y peligroso y no voy a permitir que arriesgues tu vida de esa manera. Mi deber es protegerte, incluso de tu propia terquedad.
Suelto una risa suave retirando sus manos de mis hombros con un movimiento lento pero firme, dando un paso hacia el mapa sobre el escritorio.
—Te equivocas, Archiduque.
Respondo clavando mis ojos morados en los suyos.
—Tu deber es gobernar el norte a mi lado, no actuar como mi carcelero. Fui desterrada, humillada por la capital y sobreviví armando una red que ahora controla las finanzas de este ducado. Si crees que me voy a esconder detrás de los muros de piedra mientras tú arriesgas el ejército que nos dará la corona, es que todavía no me conoces… Voy a ir con tu permiso o sin él.
Killian da un paso hacia mí, acorralándome contra el borde de la mesa de madera, su respiración es tensa y sus ojos brillan con una mezcla de furia militar y una fascinación salvaje que no puede ocultar.
—Eres una mujer exasperante.
Murmura Killian inclinándose hasta que sus labios casi rozan mi oído.
—Si cruzas esa puerta hacia el norte, no habrá carruajes de lujo ni comodidades de la capital. Dormirás en tiendas de campaña sobre la nieve y respirarás el olor de la sangre y el acero ¿Estás dispuesta a soportar eso solo por orgullo?
—No es orgullo, es control.
Respondo girando la cabeza para mirarlo directamente a los ojos, sintiendo la peligrosa cercanía de su cuerpo.
—Y te aseguro que puedo soportar el frío del frente mucho mejor que esa mosquita muerta… Prepara a tu caballo esposo, porque mañana cabalgamos juntos.
Killian se queda en silencio durante unos largos segundos midiendo la absoluta determinación en mi rostro y finalmente una sonrisa de medio lado, cargada de orgullo y resignación aparece en sus labios mientras niega con la cabeza.
—Ivan se va a desternillar de la risa cuando te vea en la línea de mando.
Dice Killian alejándose un paso, aunque sus ojos rubíes siguen fijos en mí con una posesividad absoluta.
—Está bien, vendrás. Pero no te separarás de mi lado ni un solo segundo en el campamento, si un solo enemigo se acerca a ti, me encargaré de que experimente por qué el imperio me teme.
—Me parece un trato justo.
Respondo ajustando los broches de mi capa con una sonrisa de victoria.
Al bajar al patio principal poco antes del amanecer, el comandante Ivan nos espera junto a los caballos y al verme con el equipo de viaje y notar la expresión derrotada pero imponente de Killian, el comandante suelta una carcajada limpia que resuena entre las tropas.
—Vaya jefe, parece que la Archiduquesa manda más que el emperador en este territorio.
Dice el comandante Ivan divertido, guiñándome un ojo.
—Bienvenida a la campaña del norte, mi señora. Los muchachos pelearán el doble sabiendo que la reina de las finanzas cuida sus espaldas.
A lo lejos, cerca del carruaje imperial que se prepara para regresar a la capital, la amante del príncipe nos observa desde la ventana con una mirada llena de odio y envidia al ver que yo marcho al lado del verdadero poder militar, mientras ella es enviada de regreso como una carga inútil jajaja.
El viento del norte ruge con más fuerza anunciando la tormenta, pero mientras monto mi caballo al lado de Killian, sé que el verdadero peligro para el imperio vecino no son los bárbaros, somos nosotros.
Ragnar
necesito fotos de ese guardián 🤭