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Me Enamore De Mi Sobrina

Me Enamore De Mi Sobrina

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance / Malentendidos
Popularitas:5.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Esta historia comienza con Daniela y Marcos.

Según la gente, ellos son tío y sobrina. Así los llaman y así los ven desde siempre.

Por eso, cuando empiezan a surgir sentimientos entre ellos, todos creen que es un amor prohibido, porque piensan que Daniela y Marcos son familia y que no pueden estar juntos.

Pero la verdad es otra.

Marcos no es su tío. No existe ningún parentesco familiar entre ellos y no llevan la misma sangre. Él simplemente es amigo de la mamá de Daniela y, como se he criado a Daniela ella comenzo a llamarlo “tío”.

Pero para Daniela y Marcos, la verdad siempre fue diferente: él no es su tío, solo es el amigo de su mamá.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19 — Mi único delito fue amar

Después de que los policías me sacaron de la casa, me llevaron para hacer el procedimiento correspondiente.

Yo todavía tenía en la cabeza la imagen de Daniela llorando.

No podía dejar de pensar en ella.

En nuestro bebé.

En la promesa que le había hecho.

Cuando llegamos, un funcionario me indicó que tenía que entregar mis pertenencias personales.

—Ponga todo sobre la mesa.

Respiré profundo y empecé a sacar las cosas.

Primero entregué mi celular.

Después saqué el dinero que llevaba en la billetera.

—¿También esto? —pregunté.

—Sí.

Dejé la billetera sobre la mesa.

Después vinieron mis joyas.

Me quité una cadena, una pulsera y un anillo.

Luego entregué mi reloj.

—El reloj también.

Me lo quité y lo dejé junto a las demás cosas.

Después me señalaron el cinturón.

—Quítese el cinturón.

Lo desabroché y lo puse sobre la mesa.

Finalmente me pidieron que me quitara los cordones de los zapatos.

—¿Los cordones también?

—Sí.

Me agaché y los saqué.

Ahí entendí que no podía conservar prácticamente nada.

También retiraron otros objetos que no estaban permitidos dentro del lugar, como objetos metálicos innecesarios, algunos artículos electrónicos, objetos de valor y cualquier cosa que pudiera estar restringida por las normas del establecimiento.

Todo quedó registrado.

Yo miraba la mesa.

Mi celular.

Mi dinero.

Mis joyas.

Mi reloj.

Mi cinturón.

Los cordones.

Mis cosas personales estaban ahí, frente a mí, mientras yo me sentía cada vez más vacío.

Después me llevaron a otro lugar para continuar con el procedimiento.

Yo caminaba en silencio.

Sentía que todos me miraban como si hubiera cometido algo terrible.

Pero yo no había robado.

No había lastimado a nadie.

No había hecho nada de lo que normalmente uno piensa cuando escucha la palabra delincuente.

Mi único problema había sido enamorarme.

Me senté y bajé la mirada.

Pensé en Daniela.

La imaginé todavía llorando después de que me sacaron de su casa.

Pensé en la forma en que me había agarrado de la camisa porque yo tenía las manos esposadas detrás de la espalda.

Todavía podía sentir sus manos.

Todavía podía escuchar su voz diciéndome:

“Te amo, mi vida.”

Cerré los ojos.

—Yo también te amo, Dani.

Me quedé en silencio.

Después pensé en algo todavía más importante.

Nuestro bebé.

Mi hijo.

O mi hija.

Todavía no sabíamos.

Me llevé una mano al pecho.

—Voy a volver por ustedes.

Aunque en ese momento no sabía cuánto tiempo tendría que esperar.

Me habían separado de Daniela.

Me habían quitado mis pertenencias.

Y ahora ni siquiera tenía mi celular para poder llamarla.

Sentía una impotencia horrible.

—¿Cómo terminé en esto? —murmuré.

Miré mis manos vacías.

Ya no tenía mi reloj.

Ya no tenía mi cadena.

Ni siquiera tenía los cordones de mis zapatos.

Todo lo que llevaba conmigo había quedado registrado y guardado.

Me sentía como un delincuente.

Pero dentro de mí sabía que había una diferencia.

Yo sabía por qué había hecho lo que hice.

Me había enamorado de una mujer adulta.

Daniela era adulta.

No era mi sobrina.

No era mi hija.

No compartíamos sangre.

Pero para Lisbeth, la historia era diferente.

Ella me veía como un hermano.

Y por eso sentía que la había traicionado.

Tal vez esa era la parte que más me dolía.

No quería perder a mi mejor amiga.

Pero tampoco podía dejar de amar a Daniela.

Recordé la última promesa que le había hecho.

“Cuando salga, yo te voy a buscar.”

Apreté los puños.

—Te lo prometí, mi reina.

No sabía cuánto iba a durar aquello.

No sabía qué iba a pasar conmigo.

No sabía cuándo volvería a verla.

Pero sí sabía una cosa.

Podían quitarme el celular.

El dinero.

Las joyas.

El reloj.

El cinturón.

Los cordones.

Podían quitarme todas mis pertenencias.

Pero no podían quitarme lo que sentía.

Miré al suelo y respiré profundo.

—Mi único delito fue amar.

Y con ese pensamiento, entendí que lo único que me quedaba era esperar y mantener viva la promesa que le había hecho a Daniela.

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Deyda Ninorca Sanchez Batista
porque no lo visitaste
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