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Entre Dimensiones Y Destino.

Entre Dimensiones Y Destino.

Status: En proceso
Genre:Viaje a un mundo de fantasía / Mundo de fantasía / Aventura
Popularitas:128
Nilai: 5
nombre de autor: Rosearia

En un mundo donde la magia determina el valor de una persona, Eryan ha aprendido desde pequeño que sobrevivir es más importante que vivir.
Abandonado cuando apenas era un bebé, terminó en el Orfanato Santa Lucía, un lugar que aparentaba proteger a niños sin familia. Pero detrás de sus enormes puertas se escondía una realidad mucho más cruel: los niños eran vendidos como esclavos a nobles, mercenarios y organizaciones clandestinas.
Eryan creció entre golpes, hambre, miedo y trabajos que ningún niño debería conocer.
Sin embargo, desde que tiene memoria, hay algo extraño en él.
Cuando siente miedo, las sombras se mueven.
Cuando se enfada, el espacio parece romperse.
Y algunas noches escucha una voz que le susurra:
«Este mundo no es tu hogar.»
A los diez años, Eryan descubre accidentalmente un secreto que cambiará su vida para siempre.
Existen otras dimensiones.
Durante años creyó que el mundo en el que vivía era el único que existía. Ahora sabe que hay incontables mundos....

NovelToon tiene autorización de Rosearia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10 — El mundo de las tres lunas

El rugido volvió a escucharse.

Esta vez mucho más cerca.

Eryan permaneció inmóvil.

El viento movía lentamente la hierba alrededor de ellos, haciendo que el campo pareciera un océano verde bajo la luz de las tres lunas.

No había edificios.

No había caminos.

No había ninguna señal de que alguien viviera cerca.

Solo el bosque.

Y aquellos ojos rojos escondidos entre los árboles.

Lina se acercó a Eryan.

—Dime que sabes qué hacer.

Eryan tragó saliva.

—No tengo idea.

—Perfecto.

—¿Qué?

—Nada.

Kael observaba el bosque.

Su rostro había perdido el color.

—No son animales normales.

Eryan lo miró.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque no se mueven como animales.

Unas ramas se quebraron.

Crac.

Los tres retrocedieron.

Entonces una criatura salió lentamente del bosque.

Eryan abrió los ojos.

Era enorme.

Tenía cuatro patas largas, cubiertas por un pelaje oscuro. Su cuerpo parecía una mezcla entre un lobo y algún animal que Eryan jamás había visto.

Pero tenía dos pares de ojos.

Uno encima del otro.

Y entre sus colmillos brillaba una especie de energía azul.

Lina susurró:

—Eso definitivamente no estaba en Arven.

La criatura bajó la cabeza.

Los observó.

Eryan sintió que el corazón le golpeaba el pecho.

—No corras.

—¿Por qué?

—Porque quizá eso sea exactamente lo que quiere.

La criatura gruñó.

Kael dio un paso atrás.

—Hay más.

Eryan miró hacia el bosque.

Tenía razón.

Otros ojos aparecieron entre los árboles.

Uno.

Dos.

Cinco.

Diez.

Eran una manada.

Lina agarró el brazo de Eryan.

—Tenemos que hacer algo.

Eryan miró sus manos.

Recordó la energía que había utilizado en el orfanato.

La puerta.

La luz.

El símbolo.

Quizá podía volver a utilizarla.

Extendió una mano.

—¡Aléjense!

Una pequeña luz violeta apareció en sus dedos.

La criatura se detuvo.

Los demás animales también.

Eryan sintió esperanza.

—Funcionó.

Pero la esperanza duró apenas unos segundos.

La criatura más grande comenzó a avanzar nuevamente.

Eryan intentó aumentar la energía.

Nada.

—Vamos...

La luz desapareció.

—No.

La criatura saltó.

Eryan levantó los brazos por instinto.

Una barrera apareció frente a ellos.

¡BOOM!

La criatura chocó contra ella.

Eryan salió despedido hacia atrás.

Cayó sobre la hierba.

—¡Eryan!

Lina corrió hacia él.

—Estoy bien.

Se levantó.

Pero la barrera comenzó a agrietarse.

Eryan sintió dolor en el pecho.

No entendía cómo había creado aquella defensa.

Ni cómo mantenerla.

—No puedo controlarlo...

La criatura volvió a golpear.

La barrera se rompió.

Eryan cayó de rodillas.

—¡Corre! —gritó Lina.

Los tres comenzaron a correr.

---

El bosque era mucho más oscuro de lo que parecía desde fuera.

Las ramas golpeaban sus rostros.

Las raíces hacían que tropezaran.

Eryan no sabía hacia dónde iban.

Solo sabía que tenían que alejarse de la manada.

—¡Por aquí! —gritó Kael.

—¿Estás seguro?

—¡No!

—¡Entonces no grites como si lo estuvieras!

Kael siguió corriendo.

Lina iba detrás.

Eryan podía escuchar a las criaturas.

Estaban cerca.

Demasiado cerca.

Entonces vio una luz.

—¡Allí!

Corrieron hacia ella.

Entre los árboles apareció un camino de piedra.

Eryan frenó.

Había una pequeña estructura junto al camino.

Parecía una antigua torre.

La puerta estaba abierta.

—¡Dentro!

Los tres entraron.

Eryan cerró la puerta.

Los rugidos continuaron afuera.

Durante unos segundos nadie habló.

Solo respiraban.

Lina se apoyó contra la pared.

—Creo que voy a morir.

—No vas a morir.

—¿Seguro?

Eryan la miró.

—No.

—Eso no ayuda.

Kael soltó una pequeña risa.

Fue la primera vez que Eryan lo escuchó reír.

El momento de tensión disminuyó ligeramente.

Pero solo durante unos segundos.

Porque entonces escucharon una voz.

—¿Quiénes son ustedes?

Los tres se giraron.

Había una niña detrás de ellos.

Parecía tener unos once o doce años.

Tenía el cabello blanco, largo hasta los hombros.

Sus ojos eran verdes.

Llevaba una capa marrón y una pequeña bolsa colgada de la cintura.

Sostenía un arco.

Y una flecha apuntaba directamente a Eryan.

—No se muevan.

Eryan levantó lentamente las manos.

—No queremos hacerte daño.

La niña entrecerró los ojos.

—Eso dicen todos.

—Venimos de otro lugar.

—Eso ya lo sé.

Eryan se quedó quieto.

—¿Cómo?

La niña bajó lentamente el arco.

—Porque nadie de este mundo llega por una puerta dimensional sin dejar una marca.

Eryan sintió un escalofrío.

—¿Qué marca?

La niña señaló su pecho.

Eryan miró hacia abajo.

Debajo de su ropa, una luz violeta comenzaba a aparecer sobre su piel.

Una marca.

Nunca había estado allí.

Parecía un círculo atravesado por tres líneas.

El mismo símbolo.

La niña palideció.

—No puede ser.

—¿Qué?

Ella dio un paso atrás.

—Ese símbolo desapareció hace más de cien años.

Eryan frunció el ceño.

—¿Qué significa?

La niña bajó el arco.

—¿Cuál es tu nombre?

Eryan dudó.

Por primera vez no sabía qué responder.

—Eryan.

La niña negó.

—Ese no es tu nombre.

Lina la miró.

—¿Cómo lo sabes?

La niña señaló la marca.

—Porque conozco el símbolo.

Miró directamente a Eryan.

—Y también conozco el nombre que está asociado a él.

Eryan sintió un escalofrío.

—¿Cuál?

La niña respondió:

—Aeryn.

---

Durante varios segundos nadie habló.

Eryan miraba a la desconocida.

—¿Quién eres?

La niña guardó el arco.

—Mi nombre es Neria.

—¿Vives aquí?

—A veces.

—¿Qué significa eso?

Neria se encogió de hombros.

—Significa que este lugar no es seguro.

Eryan miró hacia la puerta.

Las criaturas seguían afuera.

—¿Qué eran esas cosas?

—Bestias de sombra.

Lina palideció.

—¿Y comen personas?

Neria pensó.

—Sí.

—¡Eso no me tranquiliza!

Neria soltó una pequeña sonrisa.

—Pero no entrarán.

Eryan miró alrededor.

—¿Por qué?

Neria señaló las paredes.

Había símbolos grabados por toda la torre.

—Esta estructura pertenece a los antiguos Guardianes del Umbral.

Eryan sintió que el corazón se aceleraba.

—¿Los Guardianes?

—Sí.

—¿Sabes quiénes eran?

—Por supuesto.

Neria lo miró.

—Pero no entiendo qué haces tú aquí.

Eryan bajó la mirada.

—Yo tampoco.

---

Neria encendió una pequeña lámpara.

La habitación era más grande de lo que parecía desde fuera.

Había una mesa, algunas estanterías y varios mapas.

Eryan se acercó.

Los mapas mostraban territorios que jamás había visto.

Ríos.

Montañas.

Ciudades.

Y algo que llamó especialmente su atención.

Un enorme círculo dibujado en el centro de uno de ellos.

Neria lo notó.

—Ese es el Bosque de Elar.

—¿Estamos ahí?

—Sí.

—¿En qué mundo?

Neria lo miró.

—Lumeria.

Eryan repitió el nombre.

—Lumeria...

Sonaba completamente diferente a Aetherya.

—Entonces realmente estamos en otro mundo.

Neria asintió.

—Sí.

Eryan miró a Lina y Kael.

Los dos parecían impresionados.

Habían cruzado una dimensión.

Ya no había ninguna duda.

Pero algo no encajaba.

—¿Lumeria tiene dos lunas?

Neria negó.

—Tres.

Eryan miró hacia la ventana.

Las tres lunas brillaban en el cielo.

La plateada.

La azul.

Y una tercera de color rojizo.

—En mi mundo solo hay dos.

Neria lo observó.

—¿Tu mundo?

Eryan asintió.

—Aetherya.

Neria se quedó inmóvil.

—Entonces vienes de Aetherya.

—Sí.

—Eso es imposible.

—¿Por qué?

Neria se acercó lentamente.

—Porque Aetherya desapareció.

Eryan sintió que se le helaba el cuerpo.

—¿Qué?

—Hace más de cien años.

Lina intervino.

—Pero nosotros vivimos allí.

Neria la miró.

—¿Cuándo fue la última vez que estuvieron allí?

Lina pensó.

—Hoy.

Neria negó.

—No puede ser.

Eryan sintió que algo no estaba bien.

—¿Qué quieres decir?

Neria tomó uno de los mapas.

—Según nuestros registros, la dimensión llamada Aetherya colapsó hace ciento treinta y siete años.

Eryan miró el mapa.

—Entonces...

Neria terminó la frase.

—Si realmente vienen de Aetherya...

Los observó con preocupación.

—...significa que su mundo no desapareció.

Eryan sintió un escalofrío.

—¿Qué significa eso?

Neria señaló la marca de su pecho.

—Que alguien pudo haberlo ocultado.

---

La conversación quedó interrumpida por un ruido.

BOOM.

La torre tembló.

Neria tomó inmediatamente su arco.

—No.

—¿Qué ocurre? —preguntó Lina.

—Las bestias se están acercando.

Eryan se levantó.

—Pero dijiste que no podían entrar.

—No deberían poder.

Otro golpe.

Esta vez más fuerte.

Una grieta apareció en la pared.

Neria palideció.

—Alguien las está controlando.

Eryan sintió que la piedra rota comenzaba a calentarse.

—¿Quién?

Neria lo miró.

—No lo sé.

Una tercera explosión.

La puerta comenzó a deformarse.

Eryan extendió las manos.

—Yo puedo ayudar.

—¿Puedes controlar magia?

—No.

—¿Entonces qué puedes hacer?

Eryan pensó.

—No lo sé.

Neria lo miró con incredulidad.

—Eres un chico extraño.

—Me lo han dicho antes.

La puerta se rompió.

Una bestia entró.

Neria disparó una flecha.

La flecha golpeó a la criatura.

Pero apenas consiguió detenerla.

Eryan levantó las manos.

La energía apareció.

Violeta.

Esta vez más intensa.

Una barrera se formó.

La bestia chocó contra ella.

Eryan apretó los dientes.

—¡No puedo mantenerla!

Neria disparó otra flecha.

Lina encontró una piedra y la lanzó.

Kael extendió las manos.

Una pequeña luz plateada apareció entre sus dedos.

Todos se quedaron sorprendidos.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó Eryan.

Kael no respondió.

La luz aumentó.

La criatura retrocedió.

Neria abrió los ojos.

—Él también tiene poder.

Kael parecía tan sorprendido como los demás.

—Yo no sabía...

La criatura huyó.

El bosque quedó en silencio.

Eryan dejó caer los brazos.

Estaba agotado.

—¿Kael?

El niño miró sus manos.

La luz desapareció.

—No sabía que podía hacer eso.

Neria los observó a ambos.

Primero a Eryan.

Después a Kael.

Su expresión cambió.

Ya no parecía sorprendida.

Parecía preocupada.

—Ahora entiendo.

—¿Qué?

Neria guardó lentamente su arco.

—Ustedes no llegaron aquí por accidente.

Eryan sintió un escalofrío.

—¿Qué quieres decir?

Neria señaló a Eryan.

—Tú tienes la marca del Umbral.

Después señaló a Kael.

—Y él tiene la luz plateada.

Eryan miró a Kael.

—¿Qué significa?

Neria respondió:

—Que probablemente no sean los únicos.

---

Aquella noche, los tres permanecieron en la torre.

Neria les preparó algo de comida.

Pan duro.

Frutas.

Y una bebida caliente hecha con hojas.

No era mucho.

Pero después de todo lo ocurrido, Eryan lo agradeció.

Lina se quedó dormida primero.

Kael poco después.

Eryan salió al exterior.

Neria estaba sentada en una roca.

Miraba las tres lunas.

—¿No duermes?

—No.

—Yo tampoco.

Eryan se sentó.

Durante un rato observaron el cielo.

—Neria.

—¿Sí?

—¿Crees que podré regresar?

Ella no respondió inmediatamente.

—No lo sé.

Eryan bajó la mirada.

—Quiero volver por la directora.

—¿La mujer que te protegió?

—Sí.

—¿Y por qué?

—Porque no puedo dejarla atrás.

Neria lo observó.

—¿Y quieres regresar por algo más?

Eryan pensó en Kael.

En Lina.

En Aldren.

En todos los niños.

—Sí.

Neria asintió.

—Entonces necesitarás hacerte fuerte.

Eryan recordó la promesa que había hecho.

—Eso es lo que quiero.

Neria sonrió ligeramente.

—Entonces quizá pueda ayudarte.

Eryan levantó la mirada.

—¿De verdad?

—Sí.

—¿Por qué?

Neria observó la marca violeta que brillaba débilmente sobre su pecho.

—Porque conozco una historia.

—¿Cuál?

Neria respiró profundamente.

—La historia de un niño que apareció hace más de cien años en Lumeria.

Eryan frunció el ceño.

—¿Otro niño?

—Sí.

—¿Qué ocurrió con él?

Neria lo miró.

—Se convirtió en el último Guardián del Umbral.

Eryan permaneció en silencio.

—¿Y qué pasó después?

Neria bajó la voz.

—Desapareció.

—¿Dónde?

—Nadie lo sabe.

Eryan miró las estrellas.

—¿Y qué tiene que ver conmigo?

Neria no respondió.

Solo señaló su pecho.

La marca brillaba nuevamente.

Y, por primera vez desde que había llegado a Lumeria, Eryan sintió algo distinto al miedo.

Sintió que quizá estaba comenzando a encontrar las respuestas.

Pero todavía no sabía que aquella historia escondía una verdad mucho más peligrosa.

Porque el último Guardián del Umbral no había desaparecido.

Y alguien, en algún lugar de Lumeria...

todavía lo estaba buscando.

Continuará...

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