Vladimir Volstok murió después de dedicar toda su vida a su familia.
Fue el hijo perfecto. El hermano que siempre sacrificaba todo por Raúl, el elegido de la familia y el héroe destinado a tenerlo todo. Pero cuando llegó su final, Vladimir descubrió la verdad: su bondad solo había servido para que todos lo utilizaran.
Entonces el destino le ofreció una segunda oportunidad.
Pero no regresaría como Vladimir Rojas.
Regresaría como Vladimir Volstok: el villano de la historia.
Su misión era sencilla: destruir a todos los héroes.
Vladimir aceptó con una sonrisa.
Porque él conocía el futuro.
Sabía quiénes serían los héroes, quiénes serían sus aliados, qué mujeres amarían y qué oportunidades los convertirían en leyendas.
Y decidió robárselo todo.
Su primera jugada será Miranda, la novia de Raúl.
Primero le robará su amor.
Después, su futuro.
Y cuando Raúl descubra que Miranda espera un hijo de Vladimir, comprenderá demasiado tarde qu
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El primer error del destino
La casa de los Rojas nunca había sido un lugar de silencio incómodo. Siempre había risas, planes, conversaciones que se cruzaban entre sí. Pero esa noche, el silencio pesaba tanto que se podía tocar. La noticia de que Miranda había dejado a Raúl por Vladimir Volstok había recorrido su círculo como una sombra, y nadie sabía muy bien qué decir. No había una pelea que lamentar, ni un error claro que señalar. Solo había un vacío donde antes estaba el futuro que todos habían imaginado para él.
Raúl estaba sentado en el borde del sofá, con las manos entrelazadas entre las rodillas, mirando un punto fijo en el suelo. No lloraba. Pero sus ojos tenían esa mirada perdida de quien no entiende cómo el mundo que conocía ha cambiado de repente. Su madre lo observaba desde la cocina, con esa expresión de preocupación que siempre se convertía en responsabilidad. Se acercó despacio, se sentó a su lado y le puso una mano en el hombro.
—No puedes dejar que esto te derrumbe, hijo —le dijo con suavidad, pero con esa firmeza que siempre usaba cuando creía saber lo que era mejor para todos—. Miranda es una buena chica, pero… parece que se ha dejado deslumbrar por cosas que no importan de verdad. El dinero no da la felicidad. Tú tienes algo que ese hombre jamás podrá comprar: integridad. Corazón. No te rindas. Si ella valora lo que tiene dentro, volverá. Solo necesita tiempo para darse cuenta de lo que ha perdido.
Raúl asintió, pero no sintió consuelo en sus palabras. Porque en el fondo, la voz de Vladimir seguía resonando en su cabeza: ¿Crees que volverá a conformarse con ser la segunda opción? Y lo peor era que no encontraba una respuesta que pudiera silenciarla.
—No sé si volverá —admitió en un susurro—. Y lo que más me asusta… es que no sé si debería esperarla. Si de verdad prefiere estar con él… ¿quién soy yo para pedirle que regrese?
Su padre, que había estado escuchando desde la entrada, frunció el ceño.
—No te pongas en su lugar, Raúl. No tienes por qué disculparte por ser quien eres. Ese Volstok es peligroso. No sabemos qué quiere con nosotros, pero no es buena persona. Las personas buenas no arrebatan lo que aman a otras solo por poder hacerlo. Tienes que mantenerte firme. No dejes que él cambie quién eres. Eso es lo que él quiere: que dudes de ti mismo. Que te rompas por dentro.
Raúl respiró hondo. Sus palabras tenían razón. Debía mantenerse fiel a sus principios. Debía ser fuerte. Pero ser fuerte pesaba más que nunca.
Mientras tanto, a kilómetros de distancia, en la cima de la torre Volstok, Vladimir contemplaba las luces de la ciudad extendiéndose bajo sus pies. Estaba de pie frente al ventanal completo, con una copa de vino en la mano que apenas había tocado. No celebraba ruidosamente. Su victoria era silenciosa, profunda, como una raíz que crece donde nadie la ve.
Entonces el Sistema del Villano parpadeó en su campo de visión, brillando con letras doradas sobre el paisaje nocturno:
[¡HITO IMPORTANTE ALCANZADO!]
[El hilo principal del destino se ha roto parcialmente]
[Raúl Rojas ha perdido su apoyo emocional fundamental]
[Su carisma natural ha disminuido un 15% — Las personas que antes acudían a él con confianza ahora dudan antes de buscarlo]
[Su capacidad de inspirar a otros ha comenzado a debilitarse]
[+10.000 Puntos de Villano acumulados]
[Nivel actual: Villano Novato (25.000/100.000)]
Vladimir sonrió. No era solo un número. Era confirmación. Lo que había hecho era real. El destino no era inamovible. Se podía romper. Y lo que más le gustaba de todo era que Raúl no se daba cuenta de que su mayor fortaleza —su bondad— se estaba volviendo su mayor debilidad. Porque cuando uno es demasiado bueno, espera que los demás también lo sean. Y esa espera… era la trampa perfecta.
Pero entonces la pantalla cambió, y el tono se volvió más serio:
[⚠️ ADVERTENCIA DEL SISTEMA ⚠️]
[El destino busca restablecerse. Los hilos rotos no desaparecen; buscan nuevos caminos para cumplir su propósito original]
[Posibles consecuencias: Nuevas alianzas, encuentros inesperados, personas que antes no eran relevantes podrían acercarse a Raúl para llenar el vacío dejado]
[El guion no se deja reescribir sin luchar. El destino contraatacará. Mantente alerta, Vladimir. Cada paso que das lo acerca a él también.]
Vladimir leyó el mensaje dos veces antes de apartar la mirada. Lo tomó no como una amenaza, sino como un desafío. Que el destino intentara repararse significaba que lo que estaba haciendo importaba. Significaba que tenía miedo.
—Que venga —murmuró al aire, con una determinación fría y absoluta—. Que intente recomponer lo que rompo. Yo estaré allí, esperando para cortarlo de nuevo. No importa cuántas piezas intente poner en su lugar. Todas las voy a quitar. Una por una.
Guardó el sistema en su mente y tomó su teléfono. La pantalla iluminó con un solo nombre: Miranda. Marcó su número, y cuando ella respondió, su voz suave y cálida llenó el silencio de su oficina.
—¿Estás ocupada? —le preguntó, con esa calma que siempre lograba transmitirle—. Tengo ganas de verte. Solo tú y yo. Lejos de todo y de todos.
—Sí —respondió ella al instante, sin dudarlo—. Por favor, ven. Necesito salir de aquí. Todo se siente… demasiado.
—Ya voy. No tardaré.
Colgó, dejó la copa sobre la mesa y se dirigió hacia la salida. Antes de salir del despacho, se detuvo un segundo frente al retrato del verdadero Vladimir Volstok que colgaba en la pared. Un joven arrogante que creía que el dinero lo era todo. Alex Rojas había muerto creyendo que ser bueno dolía. Vladimir Volstok vivía demostrando que ser poderoso era mucho más efectivo.
—Descansa —le dijo al retrato—. Yo haré lo que tú nunca fuiste capaz de hacer. Voy a ganar. Y cuando termine… nadie recordará que alguna vez hubo otro camino.
Cerró la puerta tras de sí, y la oficina quedó en silencio, como un templo esperando que su dios regrese con más trofeos. El destino podía planear lo que quisiera. Vladimir ya tenía la ventaja más poderosa de todas: sabía cómo terminaba la historia original. Y ahora… estaba escribiendo una nueva. Una donde el héroe caería, y el villano… se alzaría con todo.