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Te Encontré En Mis Sueños

Te Encontré En Mis Sueños

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / Malentendidos / Romance
Popularitas:685
Nilai: 5
nombre de autor: inkdreams

Unidos por sueños compartidos y separados por oscuras mentiras, Alexander y Alana deberán luchar contra la traición para descubrir que el amor verdadero siempre encuentra el camino a la realidad.

NovelToon tiene autorización de inkdreams para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1: Seis meses

Punto de vista: Alana

El calor de su piel contra la mía era tan abrumador que me resultaba imposible recordar que todo esto solo ocurría dentro de mi cabeza.

Sus manos firmes, de palmas cálidas y dedos largos, se aferraban a mis caderas con una posesión desesperada mientras su cuerpo musculoso se hundía en el mío con un ritmo lento, profundo y abrasador.

Un gemido agudo se me escapó entre los labios, perdiéndose contra su cuello mientras enredaba mis piernas alrededor de su cintura de 1.90m. Sentía cada fibra de sus músculos tensarse, el roce suave de su torso desnudo contra mis pechos y esa embriagadora mezcla de sándalo y lluvia fresca que mi propio cerebro había diseñado para él.

Él ahogó un gruñido grave contra la curva de mi hombro, acelerando el embate mientras sus labios buscaban los míos en un beso hambriento, lleno de una lengua exigente y una pasión que me dejaba sin aliento. Sus dedos se clavaron con fuerza en mis muslos, elevándome un poco más contra la pared de cristal de esa terraza imaginaria suspendida entre nubes doradas. Todo en él se sentía demasiado real: la textura de su cabello castaño claro deslizándose entre mis dedos, el sudor sutil que perlaba su piel blanca y la mirada azul como el mar profundo que me devoraba con una fiera intensidad.

—Ah... me estás volviendo loco, preciosa —susurró contra mis labios, rozando la punta de su nariz contra la mía mientras se movía dentro de mí con una cadencia que me hacía temblar entera.

—Tú eres el que no me deja en paz —respondí entre jadeos, arqueando la espalda para pegar mi pecho al suyo, sintiendo el latido desbocado de su corazón martilleando al mismo ritmo que el mío—. Cada noche apareces aquí...

—Porque mi mente no sabe cómo liberarse de ti durante el día —admitió él con una risa baja y rasposa, sujetándome el rostro con ambas manos para obligarme a mirarlo a esos ojos azules imposibles—. Seis meses ideando la fantasía perfecta. Eres el mejor refugio que mi cabeza pudo haber creado.

Sonreí con cierta amargura, rozando con el pulgar la línea marcada de su mandíbula.

—Pienso exactamente lo mismo de ti... —murmuré—. Una proyección perfecta de mi subconsciente. Un hombre impecable, alto y apasionado para escapar del estrés de la carrera. Qué lástima que no existas en la vida real.

Él entornó la mirada, bajando la cabeza para morder suavemente mi labio inferior antes de profundizar embestidas que me sacaron un grito ahogado de placer.

—Si no existo... ¿por qué te hago sentir esto? —provocó con una sonrisa arrogante y oscura contra mi piel, haciéndome arder de la cabeza a los pies.

—Porque mi imaginación es maravillosa —bromeé con la voz rota por el deseo, estrechándolo con fuerza mientras el clímax empezaba a amenazar con rompernos a ambos en mil pedazos—. Pero siempre me despierto antes de ponerte un nombre.

—Prueba a decírmelo esta vez —exigió él, aumentando la velocidad de sus movimientos, llevándome al borde del abismo mientras el paisaje a nuestro alrededor comenzaba a temblar con esa conocida inestabilidad—. Dime cómo me llamo en tu mente, preciosa. Dime cómo me llamas cuando estás a sola.

—Te llamo... —articulé, apretando mis dedos contra su espalda marcada, intentando forzar a mi mente a inventar una palabra, una etiqueta para él.

Pero la ilusión, como siempre, comenzó a fracturarse. El calor sofocante de su cuerpo comenzó a enfriarse, la textura de su piel se volvió intangible bajo mis dedos y el contorno de su rostro se difuminó entre destellos de luz helada.

—¡No te salgas de la fantasía todavía! —alcanzó a pedir él con una voz distante y desesperada, intentando sujetar mi mano mientras el plano del sueño se desmoronaba—. ¡Solo dime quién soy para ti!

Un pitido molesto y estridente rompió la bruma de mi cerebro.

Abrí los ojos de golpe, soltando una bocanada de aire helado mientras mi habitación en Ciudad de México volvía a tomar forma a mi alrededor. El techo blanco, la luz dorada de la mañana filtrándose por la ventana y el sonido del despertador: 6:30 AM.

Me llevé las manos al pecho, sintiendo las pulsaciones desbocadas de mi corazón y una pulsación cálida entre mis piernas que delataba lo vívido del encuentro. Me pasé los dedos por el labio inferior, casi esperando sentir el rastro de sus mordiscos, pero solo encontré mi piel fría.

—Seis meses... —susurré para mí misma, frotándome el rostro con frustración—. Seis meses creando la misma fantasía. Qué patética eres, Alana.

Me senté en la cama y miré mi reflejo en el espejo del tocador. El cabello castaño oscuro caía en ondas desordenadas hasta mi cintura y mis ojos color ámbar lucían brillantes, cargados de la confusión de siempre. Mi cerebro estaba jugando un juego extraño conmigo: había creado a un tipo de 1.90m, musculoso, con cara de modelo y ojos azules, simplemente para canalizar mi soledad y la enorme presión del último año de Arquitectura. Un personaje de ficción interna.

Un hombre que no existía en ningún lugar del planeta.

Me duché rápidamente, dejando que el agua fría borrara la calidez fantasmal de sus manos. Me vestí con unos jeans cómodos, una blusa sencilla, tomé mi computadora y mis tubos de planos, y salí hacia la universidad.

Al llegar a los pasillos de la facultad, la figura familiar de Mateo me cortó el paso con una sonrisa radiante y un par de cafés en las manos.

—¡Buenos días, futura arquitecta estrella! —saludó Mateo, entregándome el vaso humeante.

Mateo lucía impecable: su complexión atlética destacaba incluso bajo su chaqueta casual y su cabello negro rizado caía rebelde sobre su frente. Esos ojos café cálido me miraron con el afecto incondicional que me brindaba desde el primer día de la carrera.

—Gracias, Mateo. Lo necesitaba despierta o muerta —sonreí, dando un sorbo al café mientras caminábamos hacia el taller de diseño urbano—. ¿Cómo vas con la entrega?

—Terminada desde las tres de la mañana —presumió con un guiño pícaro—. Aunque mi padre sigue insistiendo en que pierdo el tiempo con maquetas teniendo los negocios familiares esperándome. Ya sabes cómo es.

Mateo provenía de una familia con una posición económica privilegiada en México, pero jamás presumía de ello. Era talentoso, protector y el amigo más leal que podía tener. Aunque a veces no podía evitar notar cómo sus ojos se demoraban en los míos un segundo más de lo normal... con un sentimiento oculto que yo fingía no ver para no arruinar nuestra amistad.

—Tu papá estará orgulloso cuando vea tu nombre en grandes proyectos, vas a ver —lo animé.

—O cuando nos vea a los dos trabajando en alguna firma importante en el extranjero —añadió él, mirándome de reojo—. Por cierto... ¿hoy no daban los resultados de la beca de Hale Developments?

El estómago se me apretó por los nervios.

—Sí... dijeron que enviarían el correo al mediodía —admití—. Solo hay un lugar para México en ese programa en Los Ángeles, Mateo. Es casi un imposible.

Mateo se detuvo en seco, tomándome suavemente por los hombros para mirarme a los ojos.

—Alana, eres la mejor de la generación. Vas a ganar esa beca. Y si te la dan... yo mismo voy a pagar mi pasaje y mi estancia allá para entrar al programa de pasantías por mi cuenta. Mi papá no tendrá problema en costearlo. No pienso dejar que te vayas sola a Los Ángeles.

Le sonreí, sinceramente conmovida.

—Eres el mejor amigo del mundo, Mateo.

—El mejor amigo... sí —murmuró él con una mueca ligera de resignación, aunque recuperó la sonrisa de inmediato.

A las doce en punto, mientras estábamos sentados en las bancas del patio central, mi teléfono vibró. Un correo de Hale Developments International Talent Program.

Mis manos temblaron al abrirlo.

«Estimada Alana Mendoza:

Nos complace informarle que ha sido seleccionada como la ganadora de la Beca de Excelencia Internacional para integrarse al equipo de diseño de Hale Developments en Los Ángeles, California...»

—¡Lo ganaste! —gritó Mateo, rodeando mi cintura para levantarme del suelo en un abrazo efusivo.

—¡Me voy a Los Ángeles! —reí emocionada, abrazándolo por el cuello.

—Nos vamos a Los Ángeles —corrigió él con una chispa de entusiasmo en sus ojos oscuros—. Muevo mis papeles hoy mismo para ingresar al grupo de pasantes. Nos vamos juntos, Alana.

Sonreí, sintiendo que mi futuro profesional por fin despegaba. Lo que no tenía forma de imaginar era que en esa torre de cristal en Los Ángeles no solo me esperaba un imperio inmobiliario... sino el mismo hombre de ojos azules que creía haber inventado en mis noches.

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