June escapa del prostíbulo al que fue vendido por tener rasgos femeninos, decidido a recuperar su libertad. En su camino conoce a Ángel, un hombre rico con el corazón hecho pedazos. Dos almas heridas, dos mundos distintos y un mismo anhelo: encontrar el amor. Juntos deberán enfrentarse a las sombras de su pasado y descubrir si, incluso después de tanto dolor, es posible volver a amar sin miedo.
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4
La primera vez que estuve con un hombre me sentí destruido. ¿Y qué fue? ¿Cómo logré sobrevivir? Estar expuesto y a pleno tacto, fue algo que le reproché a mi cuerpo muchas veces. ¡Después lo superé! Al comienzo, quitarme la ropa interior frente a otra persona era algo que me hacía sentir nervioso, vulnerable y roto. ¡Después se volvió algo vacío! Desnudarme se convirtió en una costumbre fría para mi corazón.
Aprendí que desnudar mi cuerpo era solo eso. Mostrar piel, causar excitación en el sexo de los clientes y muchas veces, solo duraba unas fracciones del tiempo. En otras ocasiones, solo era fumar y escucharlos hablar de lo miserables que se sentían. ¡Yo era su confidente! Se desahogaban conmigo sobre sus problemas personales, laborales y románticos. ¡Un completo desastre!
¡Era cierto! No me gustaba para nada ser un prostituto pero complejamente, muy en el fondo de mi ser, una parte mía si lo disfrutaba. ¡Qué calamidad! Me sentía como una basura, un objeto simple, muy insignificante y sin valor. ¡Pero me sentía completo también! ¿Te has sentido así?
Después del sexo y de los diferentes clientes que me tocaban, yo siempre necesitaba ánimo al final de la jornada. ¿Quién me lo daría? ¿Quién se sentaría junto a mí para animarme a no rendirme? Así comprendí que mi cuerpo desnudo era algo que pertenecía de forma fugaz a los clientes que pagaban por verme sin ropa, pero, mis sentimientos y emociones eran algo que no podía y no debía desnudar ante ellos. ¡Era de hielo ante sus labios!
¡Sí! Aprendí a ser el deseo, las caricias y los gemidos de muchas sensaciones. Aprendí a llorar en secreto y a reconstruirme en los peores momentos. Fui un profesional al fingir que disfrutaba de algo que sencillamente no causaba en mí ninguna chispa de placer pero que de forma completa me hacía sentir con vida. Al final, mi esperanza estaba puesta en qué algún día lograría salir de ese lugar horrible y entonces, cuando eso sucediera podría desnudar mis sentimientos y emociones sin miedo alguno.
¡Sí! Yo también quería tener la oportunidad de darle por primera vez mi corazón a alguien. ¡Por eso le di mi collar!
Aquella cadena de plata era la promesa que él me hacía de que se esforzaría por cumplir estar a mi lado.
—Un día estaremos lejos de aquí y entonces todo será diferente —dijo él.
Me había traído algo de comer. Teníamos algunos minutos para platicar.
—¿Huiremos juntos? —Pregunté.
Román era mi vigilante, mi custodio, mi confidente. ¡Mi corazón le pertenecía en modo secreto! Su mirada me quitaba el miedo.
—Supongo que podríamos hacerlo. Pero ¿a dónde iríamos?
Bueno, han pasado algunos años desde que tuvimos esa plática. Y ¿dónde estamos ahora? ¿Qué sentimos? ¿Qué puedo pedirle a la vida? De pronto, nuestros planes se convirtieron en el humo de cristal que se esfuma con el viento.
¿Y dónde estará él?
...🌺🌺🌺...
Me encontraba frente a un espejo enorme, la luz de la habitación hacía lucir muy bien el tono claro de mi piel, por qué sí, mi piel apiñonada no se tostaba por completo con el comal de los hombres.
—Iremos a la fiesta de compromiso de mi hermana —dijo cuando estábamos en el comedor.
Después del desayuno, Ángel me llevo a comprar algo de ropa. Eligio comprarme un traje de color negro, aunque una parte de mí, pensaba en pedirle un vestido porque regularmente eso es lo que yo vestía en el burdel. ¡Ya sabes! Aunque biológicamente nací varón, mi cuerpo estaba lleno de rasgos femeninos. ¡Y sí! En el motel solían referirse a mi como mujer, allí, yo era una chicas trans. ¿Y qué debo ser aquí?
La tela del pantalón se ajustaba a mi cintura y ahí, en la curva de mis caderas el pantalón era un reflejo a la perfección de la silueta de mi gran culo. Los zapatos eran color negro. ¡Sí! Mi color favorito es el negro, negro como el color de mi alma. También me llevó a la barbería y recortaron mi cabello a un nivel menos greñudo.
Para peinarme, usé un peine enorme y como mi cabello era algo abundante, preferí peinarme de librito. Terminé poniendo un poco de bálsamo en mis labios y perfume. Parecía estar listo. ¿Qué había pasado con la niña que yo solía ser? El único detalle es que no sabía cómo colocarme la pajarita para el moño.
A la hora de bajar, me sorprendió verlo a él, se veía tan contento, de pie, esperando a que yo bajará. Vestía un traje de color gris, una corbata roja y zapatos cafés. En su rostro pude notar una sonrisa y un brillo en sus ojos.
Cuando baje el último escalón, se acercó a mí.
—¿Estas listo?
—Supongo que sí, pero no sé cómo ponerme esto —y le enseño la pajarita.
—Descuida, yo te ayudo con eso.
Se detiene frente a mí, sube sus manos a mi cuello y comienza a acomodar la pajarita hasta formar el moño perfecto. Siento sus dedos rozar mi barbilla y sus ojos están súper concentrados en la tela, que yo, me pierdo en su mirada y es como si estuviera en un sueño. ¿De verdad esta sucediendo esta realidad en mi vida?
—¡Listo! Te ves muy guapo —me dice él.
Sus palabras me hacen sonreír.
—¡Muchas gracias! La verdad es que me siento como si fuera una persona nueva.
—Eres una persona nueva. ¡Tu sonrisa es muy bonita!
Salimos de la casa a eso de las siete de la noche. Durante el trayecto él me platicaba como iba a ser el escenario de la fiesta. Iríamos a casa de su abuela, era una tradición que los nietos festejarán su compromiso de bodas en la casa de la doña. Mientras él me platicaba, una parte de mis pensamientos comenzó a contrastar los sucesos recientes de mi vida.
La noche anterior me encontraba sobre el cuerpo de un hombre desconocido, olía a cigarro y su aliento era desagradable. Ahora, era de noche nuevamente, pero está vez me encontraba lejos de mis pesares. ¡Qué curiosa la vida!
Creo sinceramente, que las personas no somos capaces de entender cómo funciona el tiempo.
—¿Estás nervioso? —Preguntó.
Recién había estacionado el auto frente al lugar de la fiesta. Había más coches estacionados y podías ver cómo algunas personas estaban formadas en la entrada.
—No. Bueno, de verdad que nunca he estado en una fiesta de gente rica y quizá eso cause una chispa de emoción en mi interior.
Pareció interesado en lo que acababa de decirle.
—¿Cuándo fue la última vez que fuiste a una fiesta?
Buscar entre mis recuerdos no era muy complicado.
—Hace como diez años. Tenía una amiga que me invitó a su graduación de la primaria. Esa fue la última vez que fui a una fiesta. ¡Pero obvio! Esto no tiene nada que ver con aquella vez, esa fue una fiesta infantil.
Sonrió. Yo me sentí un poco nostálgico.
¿Qué habrá pasado con esa amiga? Si bien, Julia era mayor que yo por tres o cuatro años, aun así, siempre me sorprendió que le gustara pasar tiempo conmigo y, fue ella quien estuvo dispuesta a enseñarme a leer.
—Pues deseo que está fiesta te guste. ¡Todo estará bien!
Bajamos del auto. Quiso abrirme la puerta, pero yo le gané y terminé bajando primero. Sentí el impacto de mi zapato con el suelo. Ángel no tardó en pararse a mi lado.
—¿Quieres tomarme del brazo? —Su ademán me sorprendió.
Sus labios se curvaron en una sonrisa tenue. Arquee mis cejas y mi sonrisa breve fue dedicada para rechazarlo.
—¿Estaría bien que te tomara del brazo? Digo. ¿Qué pensará tu familia?
—¡No importa! Lo que digan los demás sale sobrando. Al final, mis decisiones son las que importan para mí.
Sus palabras me transmitieron seguridad. ¡Era verdad! La gente siempre iba a pensar por nosotros lo que quisieran y al final, éramos nosotros los que decidíamos quedarnos con esas opiniones o simplemente ignorarlas.
—De acuerdo. Quiero tomarte del brazo. ¡Después de todo somos amigos!
Me acerque a él. Pasé mi mano por su brazo, la tela del saco era suave y a la hora de terminar enganchado, pude notar que sus músculos eran fuertes.
Caminamos hasta la entrada. La fila de gente aumentaba y muchas personas lucían sus mejores ropas. Era como si lucir bien fuera lo más importante en esta ocasión. Como si las personas fuésemos como regalos con envoltura de lujo.
Resulto que nosotros no teníamos que formarnos a esperar que nos dieran acceso; simplemente nos acercamos a los guardias, ni siquiera buscaron algún nombre en la lista para dejarnos pasar. La gente nos miraba, más bien lo miraban a él. Nos tomaron muchas fotos y mis ojos se deslumbraron con las luces de los flashes fotográficos.
Caminamos por una alfombra de color rojo, esto no estaba en mis planes el día de ayer. ¡Qué curioso! La casa de la abuela parecía más bien un salón de fiestas. ¿Qué clase de abuela tenían?
—Parece que eres un muchacho muy importante. Todos te miraban al entrar.
Soltó una risita tonta.
—Resulta que sí, soy alguien conocido, pero no estaban señalándome. ¡Te miraban a ti!
Me detuve en seco.
—¿Eso es bueno? —Pregunté desconcertado.
—Es bueno si tú no te sientes incómodo.
Ángel era bueno tratando con dignidad a las personas. ¡No sé! Parecía ser un hombre diferente.
—Hmmm. Pues verás, no estoy acostumbrado a que me tomen fotos. Para serte sincero, creo que nunca me habían tomado fotos y menos como en una ocasión así.
Seguimos caminando por el pasillo. Atravesamos una puerta de cristal y algunos mayordomos nos dieron la bienvenida. ¡No pude evitar sentirme emocionado al ver la mesa de los bocadillos! La recepción era amplia, muy elegante y moderna. Había mesas con invitados cenando y otros más, estaban en la pista bailando.
—Está bien bonita esa mesa —le dije señalando a la comida—. ¡Mira ese muchacho!
Señalé a un mesero que llevaba un carrito repleto de bocadillos. Queso. Jamón. Chorizos. Aderezos. Mucha carne.
—¿Quieres comer primero? O...
—¿Tú tienes hambre? —Pregunté.
—No realmente, pero sí tú...
—Yo tampoco tengo mucha hambre.
Mentí.
Por dentro, mi boca se derretía por probar todos los bocadillos, mi estómago comenzó a susurrar cosas.
—De acuerdo. Entonces, quiero saludar a mi madre.
Asentí. Aún seguíamos enganchados de los brazos.
Ángel sonrió y asintió levemente. Nuestros pasos comenzaron a conducirnos al lado contrario de la mesa de bocadillos. Nos acercamos a una mesa donde había algunas personas cenando. Solté su brazo un segundo antes de que llegáramos hasta su madre. ¿Quién era ella? Su madre era una mujer madura, su vestido era de terciopelo color vino, tenía unas arracadas de oro en las orejas y su peinado era muy elegante. ¡Ella era una mujer de la alta sociedad!
—¡Buenas noches mamá! —Le saludó.
Los ojos de ella se iluminaron cuando escucho su voz, se levantó rápidamente de la silla y ambos intercambiaron una muestra de afecto. Ella le envolvió con sus brazos y él le beso en la frente.
Después de unos segundos se separaron.
—Pensé que no ibas a venir.
Los otros comensales de la mesa dirigieron su atención a ellos, después, sus miradas estaban sobre mí. Yo simplemente estaba sonriendo, mis pensamientos seguían alimentándose del deseo de comer algún bocadillo. ¡Esos trozos de carne!
—Se me ha hecho un poco tarde, pero aquí estoy. No podía perderme el compromiso de mi hermana. Por cierto. ¿Dónde está ella?
Su madre le hizo un ademán para que mirará hacía la pista de baile.
—Ella está ahí. Bailando con Jacob.
Yo no sabía quién era su hermana y mucho menos sabía quién era Jacob. Aun así, dirigí mi atención a la pista.
—¡Oh! ¿Pero a quien tenemos aquí? —Preguntó la señora con mucha emoción—. ¿Es tu novio Ángel?
Dirigí mi atención a ella. Ni siquiera nos habíamos presentado y ya me estaba emparejando con su hijo. ¡Si ella supiera!
—Él es... —Ángel iba a hablar, pero yo lo interrumpí.
—¡Buenas noches! —Saludé cordial—. Mi nombre es June y soy amigo de su hijo.
La mujer abrió los ojos de golpe. Parecía estar emocionada de verme aquí.
Me acerque para saludarla, nos abrazamos cálidamente y me sorprendió el hecho de estar recibiendo afecto por parte de ella. ¡Aquí está el origen por el que Ángel es un buen muchacho!
—Un gusto June. Soy Aurora. Realmente estoy contenta de verte —acercó su boca a mi oído izquierdo—. ¿Seguro que solo son amigos?
Me ruborice. Esa no me la esperaba. Su susurro me hizo sonreír. Nadie más había escuchado aquello y Ángel pareció notar mi sonrisa llena de rubor.