Candelaria Echeverría nunca imaginó que un embarazo que no logra explicar, una familia que le da la espalda y un hombre al que apenas comprende terminarían convirtiendo su vida en un escándalo.
León Salvatierra sabe lo que es estar en la cima y perderlo todo. Lo que no esperaba era terminar casado con una mujer que preferiría verlo arder antes que compartir su apellido.
Ella quiere el divorcio. Él asegura que nunca tuvo una verdadera oportunidad de ser su marido.
Pero el juez tiene otros planes: un año más de matrimonio bajo condiciones que no admiten escapatoria. Una sola habitación, una sola cama y una convivencia real antes de decidir su futuro.
Doce meses para descubrir si están condenados a odiarse o si su matrimonio esconde algo que ninguno se atreve a admitir.
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COMPRAS, CULPA Y RESENTIMIENTO
...CANDELARIA ECHEVERRÍA...
Cada día que terminaba de estudiar temprano, León me llevaba a visitar tiendas para comprar cosas para el bebé.
Me resultó increíble haber terminado agotada la primera vez que fuimos sin siquiera haber comprado una manta.
Comprar todas las cosas más pequeñas había sido agotador. Siempre faltaba algo, desde los pequeños gorritos hasta los minúsculos soquetes.
También debimos comprar pañales, toallitas húmedas, jabón y shampoo.
Cada cosa que llegaba a mi cuarto me hacía sentir todavía más endeudada con León. Que él fuera mi esposo no minimizaba el hecho de que estuviera afrontando semejantes gastos mientras el padre de mi bebé no hacía absolutamente nada.
También volví a recriminarme por aquel tipo que me había embarazado y me había dejado en una habitación antes de huir como un ladrón. ¿Qué podía esperar de él si ni siquiera me había buscado?
Por momentos quería pensar que no sabía quién era yo y que por eso no había intentado encontrarme. En otros, llegaba a la conclusión de que incluso podía saber de la existencia del bebé y estar feliz al saber que alguien más se estaba haciendo cargo de una responsabilidad que a él le había quedado grande.
De esa manera, entre compras, clases online y el odio que cada día crecía hacia el padre biológico de mi bebé, llegué a los siete meses de embarazo.
Mi vientre había crecido más, mi bebé se movía con mayor fuerza y comencé a sentirme cansada ante cualquier mínima actividad.
Las blusas que tenía me quedaban cortas porque todas dejaban al descubierto una franja de mi abdomen.
Resultaba agotador tener que encontrar ropa que me quedara bien considerando mis nuevas medidas.
León no me decía nada ni hacía la más mínima crítica, pero seguía mirando mi vientre como si fuera una canción que no conseguía terminar de escribir.
--Candelaria,-- me entregó un vaso de leche con chocolate-- cuando lo termines iremos a comprar lo que falta, solo para estar seguros
--Y al control prenatal-- agregué
--Tienes cita mañana. Tu doctora no atendía hoy
Suspiré, agotada.
Odiaba los días como aquel, en los que me sentía cansada sin siquiera haberme movido demasiado. Había momentos en los que lo único que necesitaba era dormir.
Me puse de pie con cierta dificultad y salimos del apartamento.
--Te ves cansada a todas horas. Tendremos que decirle eso a tu doctora mañana-- sugirió
--Cuando estoy en la cama no puedo dormir tan fácilmente y, durante el día, intento avanzar en mis estudios cuanto puedo. Me gustaría terminar antes de tiempo
--Pero estás embarazada ahora mismo. Si no puedes hacer todo, déjalo para más adelante. En la universidad saben que puedes tomarte algunos meses por tu situación y, créeme, no se atreverían a decir nada al respecto porque no eres la primera ni tampoco serás la última en estudiar en estas condiciones
--Me gustaría volver a mi vida-- suspiré
--Lo imagino, pero ahora mismo es imposible que hagas algo así. Deberías aceptar que esa vida terminó para siempre
--Si intentas animarme, espero que sepas que estás fracasando
--Estoy siendo plenamente sincero. ¿Has pensado en cómo va a llamarse?
Puse las manos sobre mi vientre al sentir un nuevo movimiento.
--Solo hay un nombre que se me viene a la mente cuando pienso en él: Liam
--¿Por qué Liam?-- preguntó con interés
--No sé. Mi nombre es demasiado largo y, sumado al apellido, cada vez que firmo algo me resulta interminable. Si pienso en lo que me costó aprender a escribir mi propio nombre en el colegio, creo que una opción con menos letras es lo mejor-- expliqué
No era mentira. Escribir Candelaria me había resultado difícil en primer grado. Siempre me faltaba alguna letra o ponía otras al revés, así que creía que Liam sería lo suficientemente sencillo para mi hijo.
--Bueno, tiene sentido. Además, no suena mal-- expresó
Llegamos al lugar donde compraríamos más cosas. Bajamos del coche y entramos.
Vimos cunas y escogí una que tenía un cambiador, distintas alturas y la opción de plegarse. Era fácil de transportar y liviana, así que me pareció una buena elección.
Después, León pidió que nos mostraran sábanas y mantas para la nueva cuna. Escogí dos juegos: unos en color celeste y otros en azul. Él decidió que dos no serían suficientes y pidió un juego adicional, además de otra manta turquesa con dibujos de ositos.
Luego pidió que nos enseñaran cochecitos de bebé. Tuvimos que ir al segundo piso de la tienda para ver las opciones. Me gustó uno negro con detalles dorados.
--¿Por qué ese color y no uno como ese?-- señaló el mismo modelo, pero en celeste
--Porque se ensuciará y se notará muchísimo
--Bien pensado. Entonces llevamos el que escogiste
Bajamos las escaleras. Debí tomarme todo el tiempo del mundo porque, debido al tamaño de mi vientre, me resultaba imposible ver mis propios pies.
León caminaba delante de mí, creo que para evitar que rodara escaleras abajo.
Él pagó las compras sin siquiera mirar los precios. Únicamente deslizó su tarjeta y luego se concentró en su teléfono, totalmente despreocupado. Eso aumentó la culpa que me carcomía por todo lo que estaba pagando sin que yo tuviera dinero para comprar algo por mi cuenta o ayudar a cubrir una parte de los gastos.
Volvimos al automóvil. Creí que podríamos regresar al apartamento, pero León me llevó a otra tienda. Cuando entramos, me pidió que eligiera algunas blusas que pudieran cubrirme el vientre para que no tuviera que estar tirando de las mías hacia abajo constantemente.
Entré al probador con tres. Miré las etiquetas y quise llorar porque no estaba dentro de mis posibilidades comprar ni siquiera una.
--¿Son del talle correcto?-- preguntó cuando salí
--Sí-- respondí, desviando la mirada
--¿No te gustaron?
--Son lindas
No era mentira, pero eso no aliviaba mi malestar.
--Entonces las llevamos. ¿Necesitas ropa interior?-- hizo una pequeña pausa-- Valeria sabe que estamos de compras y me dijo que te lo preguntara porque soy tu esposo y debo ser atento
Recordé que había dejado el teléfono en el apartamento y que, por eso, mi amiga había terminado escribiéndole a él.
--No. Valeria ya se ocupó de eso cuando vino-- respondí
--Bien. ¿No necesitas nada más?
--No. Es todo
Él asintió, aunque no parecía muy seguro, y fue a pagar.
Por suerte, las compras habían terminado. Tenía en mente un total aproximado de todo lo que León había pagado desde que comenzamos a prepararnos para la llegada de mi hijo. Que la cifra aumentara con tanta facilidad también hacía crecer mi desprecio hacia el irresponsable que me había abandonado en este estado.
No sabía quién había sido el cobarde que me embarazó, pero lo odiaba con todo mi corazón. Si al menos esa persona me hubiera buscado para explicarme algo, podría haberme sentido mejor. Nada habría cambiado el hecho de estar embarazada, pero al menos habría aliviado parte de mi culpa y León no habría formado parte de mi vida de esta manera.
En siete meses aquella persona no me había buscado. ¿Por qué me buscaría ahora? Tenía que comprender que probablemente jamás aparecería y vivir odiándolo sin siquiera saber su nombre.
mientras valeria está asiendo una bomba
por que nos está sacrificando a León de la peor manera y no es que León AyA echo vien ocultarle las cosas pero conocía a cande y de cómo ella lo tiene tachado solo por difamaciones
a si que espero aclaren todo y Candelaria no seas tan injusta