Después de dejar atrás las mentiras, Alessandro Moretti y Valentina Visconti descubren que el amor no basta cuando el poder, la mafia y los secretos familiares reclaman su lugar. Viejos enemigos regresan, nuevas alianzas nacen y el apellido Moretti demostrará que la felicidad siempre tiene un precio. Porque algunas guerras no se eligen... pero sí obligan a decidir hasta dónde estás dispuesto a llegar por la persona que amas.
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9- heridas del pasado
La noche había caído sobre la ciudad.
Las luces del apartamento permanecían encendidas.
Valentina estaba sentada sobre el sofá con un libro entre las manos.
Intentaba leer.
Pero, por quinta vez en menos de diez minutos...
Volvió a mirar el reloj.
Las diez y cuarenta y ocho.
Suspiró.
Desde que Alessandro había aceptado el patriarcado de los Moretti...
Los días parecían hacerse cada vez más largos.
Justo cuando pensaba que tardaría un poco más...
Escuchó el sonido de la cerradura.
Levantó la vista.
Alessandro entró al apartamento aflojándose lentamente la corbata.
Su rostro dejaba ver el cansancio de toda la jornada. Pero, apenas sus ojos encontraron a Valentina...
Sonrió.
—¿Todavía despierta?
Ella cerró el libro.
—Te estaba esperando.
Alessandro dejó el saco sobre el respaldo de una silla.
—Lo siento. Las reuniones se extendieron más de lo previsto.
Valentina caminó hasta quedar frente a él.
Sin decir una palabra...
Acomodó con cuidado el cuello de su camisa.
—No tienes que disculparte. Solo me alegra que ya estés en casa.
Alessandro apoyó suavemente su frente contra la de ella.
—Gracias por esperarme.
Valentina sonrió.
—¿Chocolate?
Él levantó una ceja.
—¿Todavía preguntas?
Ella soltó una pequeña risa.
—Era una pregunta de cortesía.
Ambos caminaron hasta la cocina.
Mientras Valentina calentaba la leche...
Alessandro permanecía apoyado sobre el mesón observándola en silencio.
Aquella escena tenía algo especial.
No había escoltas.
No había capitanes.
No había empresarios.
No existían los Moretti.
Solo dos personas intentando disfrutar unos minutos de tranquilidad antes de que el mundo volviera a reclamarlos.
Unos minutos después...
Los dos regresaron al sofá con una taza de chocolate caliente entre las manos.
Valentina dio un pequeño sorbo.
—¿Cómo estuvo el día?
Alessandro dejó escapar una pequeña risa.
—¿Quieres la versión empresarial...
O la versión mafiosa?
Ella sonrió.
—Las dos.
Alessandro negó divertido con la cabeza.
—La empresarial terminó bien.
La mafiosa... También.
Hizo una breve pausa antes de continuar.
—De hecho... Marcus volvió a comunicarse conmigo.
Valentina levantó la vista.
—¿Ocurrió algo?
—No. Todo lo contrario.
Quiere invitarte mañana por la tarde a la mansión Greco. Dice que Amelia y Sophia quieren conocerte.
Valentina permaneció en silencio durante unos segundos. No esperaba aquella invitación, no tan pronto.
—¿Y tú qué piensas?
Preguntó finalmente.
Alessandro sostuvo la taza entre ambas manos.
—Creo que es una buena señal.
Marcus no habría abierto las puertas de su casa...
Si no confiara en nosotros.
Valentina sonrió levemente.
—Entonces iré.
Alessandro la observó durante unos segundos.
—¿De verdad?
Ella asintió.
—Si eso ayuda a fortalecer el tratado de paz...
Vale la pena intentarlo.
Alessandro sonrió. No solo porque Marcus había dado un paso importante.
Sino porque, una vez más...
Valentina le demostraba que estaba dispuesta a caminar a su lado, incluso en el mundo que jamás había imaginado conocer.
El silencio volvió a adueñarse del apartamento.
Solo el vapor que escapaba de las tazas de chocolate rompía la tranquilidad del momento.
Valentina observó el líquido durante unos segundos.
Después levantó la vista.
—Hay algo que no dejo de preguntarme.
Alessandro apoyó la taza sobre la mesa de centro.
—¿Qué pasa?
Ella dudó unos instantes antes de hablar.
—¿De verdad confías en Marcus?
Alessandro no respondió de inmediato.
Se recostó lentamente sobre el sofá.
—Sí.
Valentina frunció ligeramente el ceño.
—¿Tanto así?
—Lo suficiente como para creer que él tampoco quiere una guerra.
Ella asintió lentamente.
—Pero sigue siendo un Greco.
Aquellas palabras hicieron que Alessandro sonriera con cierta nostalgia.
—Y yo sigo siendo un Moretti.
Los dos permanecieron unos segundos en silencio.
—¿Sabes cuál es el problema?
Continuó Alessandro.
—Que nosotros estamos pagando por decisiones que tomaron personas a las que ni siquiera conocimos realmente.
Valentina lo observó con atención.
—¿Marcus sabe quién mató a tus padres?
Alessandro sostuvo la mirada unos segundos.
Después asintió.
—Lo sabe.
—¿Y aun así quiere hacer un tratado de paz contigo?
—Porque también conoce toda la verdad.
Valentina permaneció completamente inmóvil.
Aquella respuesta despertó todavía más preguntas.
—Entonces...
¿Por qué ocurrió todo?
¿Por qué dos familias terminaron odiándose durante tantos años?
Alessandro bajó lentamente la mirada hacia su taza.
Durante varios segundos no dijo absolutamente nada.
Como si estuviera ordenando recuerdos que había intentado mantener enterrados durante demasiado tiempo.
Valentina apoyó una mano sobre la de él.
—Si no quieres hablar de eso... Lo entenderé.
Alessandro negó suavemente.
—No. Creo que ya es momento de que lo sepas.
Respiró profundamente.
—Cuando mi padre dirigía la familia Moretti...
Y Samuel Greco era el patriarca de los Greco...
Las cosas eran muy diferentes.
Valentina arqueó ligeramente una ceja.
—¿Diferentes cómo?
Alessandro levantó la mirada.
Había una mezcla de tristeza y nostalgia en sus ojos.
—Trabajaban juntos.
La sorpresa fue tan grande...
Que Valentina tardó unos segundos en reaccionar.
—¿Juntos?
—Sí. Durante muchos años los Moretti y los Greco no fueron enemigos. Eran aliados.
Compartían rutas marítimas.
Protegían mercancías.
Se repartían los puertos.
No eran unos santos, Pero trataban de hacer las cosas lo mejor posible.
Incluso había reuniones donde ambas familias se sentaban en la misma mesa.
Valentina apenas podía creer lo que estaba escuchando.
—Entonces... ¿Qué fue lo que pasó?
Alessandro dejó escapar un largo suspiro.
Una pregunta.
Solo una. Fue suficiente para abrir una herida que llevaba más de diez años sangrando.
—Samuel quiso convertir la organización en algo completamente distinto.
Quería dejar de controlar puertos y mercancías legales...
Para comenzar a mover drogas.
Armas ilegales.
Sustancias ilícitas.
Todo aquello de lo que mi padre siempre se negó a formar parte.
El ambiente volvió a quedar en silencio.
Y Valentina comprendió...
Que estaba a punto de escuchar la historia que había cambiado el destino de las dos familias para siempre.
Alessandro permaneció unos segundos en silencio.
Como si todavía pudiera ver aquellos recuerdos frente a él.
—Mi padre siempre decía que el respeto valía más que cualquier fortuna.
Controlábamos puertos.
Empresas de seguridad.
Transporte marítimo.
Protección de mercancías.
Era un negocio enorme. Legal para el mundo...
Dentro de lo que cabe.
Y suficiente para mantener el equilibrio dentro de la mafia.
Valentina escuchaba sin interrumpirlo.
—Pero Samuel comenzó a cambiar.
Cada reunión terminaba igual.
Quería expandirse.
Quería controlar el tráfico de drogas.
La venta de armas ilegales.
El lavado de dinero de organizaciones criminales.
Todo aquello que generaba ganancias rápidas.
Mi padre siempre respondía lo mismo.
"El dinero que nace del sufrimiento de inocentes... termina destruyendo a quien lo toca."
Valentina sonrió con tristeza.
—Suena a alguien muy parecido a ti.
Alessandro dejó escapar una pequeña risa.
—Supongo que heredé más de él de lo que imaginaba.
Su expresión volvió a endurecerse.
—Durante meses discutieron.
Una y otra vez. Hasta que mi padre tomó una decisión.
Separar ambas organizaciones.
Los Moretti seguirían administrando los puertos y las rutas comerciales, se encargaban de estorbos que impedían crecer a los empresarios.
Los Greco serían libres de seguir el camino que quisieran...
Siempre que no involucraran nuestro nombre.
Valentina frunció ligeramente el ceño.
—¿Y Samuel aceptó?
Alessandro negó lentamente.
—Eso fue lo que todos creyeron.
Bajó la mirada.
—Pero Samuel ya había tomado otra decisión.
Había decidido quedarse con todo.
El silencio volvió a instalarse entre ambos.
—Una noche... Mi padre recibió una llamada.
Le dijeron que uno de nuestros cargamentos había sido atacado.
Mi padre mando a sus mejores hombres y nosotros no quedamos en la mansión, Pero fuimos emboscados.
Valentina sintió un nudo en la garganta.
—¿Fue Samuel?
Alessandro asintió con una serenidad que dolía más que cualquier lágrima.
—Él entregó la ubicación. Él organizó el ataque.
Y mientras los Moretti intentaban defender el cargamento...
Los hombres que le eran leales a Greco ejecutaron la orden.
Mi padre murió intentando proteger a mi madre.
Ella... No quiso abandonarlo.
Los mataron a los dos aquella misma noche.
Valentina llevó una mano hasta su boca.
Nunca había visto a Alessandro hablar de ellos.
Nunca. Él respiró profundamente antes de continuar.
—Yo tenía apenas doce años, igual que matteo
mis padres lo habían criado como un hijo.
Y de un momento a otro...
Nosotros nos quedamos sin padres.
Sin un hogar. Y cargando con una guerra que ninguno de nosotros había elegido.
Valentina tomó su mano con fuerza.
—Lo siento...
Alessandro negó despacio.
—No necesito que sientas lástima por mí.
Lo único que quiero... Es que entiendas por qué este tratado significa tanto para mí.
Guardó silencio unos segundos.
Después añadió con absoluta sinceridad:
—Marcus no disparó contra mis padres.
Ni yo disparé contra los suyos, cuando la guerra se desató.Los dos heredamos una guerra que comenzó por la ambición de un hombre.
Valentina bajó la mirada.
—¿Marcus sabe toda esta historia?
Alessandro sonrió con una mezcla de tristeza y esperanza.
—Sí.
Durante muchos años le mintieron.
Le hicieron creer que mi padre había traicionado al suyo y que Samuel solo se defendió
Pero hace algunos años descubrió toda la verdad.
Descubrió que Samuel fue quien destruyó ambas familias.
Por eso... Está tan decidido como yo a romper este ciclo.
Porque ninguno de los dos quiere que nuestros hijos hereden el mismo odio que nosotros recibimos.
Valentina apoyó lentamente la cabeza sobre el hombro de Alessandro.
No hizo falta decir nada más.
Aquella noche...
Comprendió que el tratado de paz no buscaba unir dos organizaciones.
Buscaba salvar a dos generaciones que nunca debieron convertirse en enemigas.
Valentina permaneció en silencio.
Intentaba imaginar un tiempo en el que aquellas dos familias no hubieran sido enemigas.
—Cuesta creer que alguna vez convivieran de esa manera.
Alessandro sonrió con nostalgia.
—Yo todavía conservo algunos recuerdos.
Valentina levantó la vista.
—¿Qué recuerdas?
Alessandro dejó escapar una pequeña risa.
—Cuando nuestras familias todavía se llevaban bien... Mi madre y Helena Greco tenían una costumbre. Todos los viernes por la tarde se reunían a tomar el té.
Valentina sonrió.
—¿En serio?
—Sí. Mientras ellas conversaban durante horas...
Nosotros corríamos por toda la casa.
Dante.
Matteo.
Marcus
Elif...
Y yo.
Éramos solo unos niños.
No entendíamos de negocios.
Ni de poder.
Ni de mafias.
Solo queríamos jugar.
Valentina frunció ligeramente el ceño.
—¿Elif?
La sonrisa de Alessandro desapareció.
—Era el hermano gemelo de Marcus.
Guardó unos segundos de silencio.
—Murió durante la emboscada.
A manos de hombres que pertenecían a nuestra organización.
Valentina bajó lentamente la mirada.
Ahora entendía otra parte del dolor que cargaba Marcus.
—Entonces... Los dos perdieron a alguien aquella noche.
Alessandro asintió.
—Sí. Los Moretti perdimos a nuestros padres.
Marcus perdió a su hermano.
Hubo un breve silencio.
Después Valentina volvió a preguntar.
—También me dijiste que su madre murió esa noche... ¿Fue protegiéndolos?
Alessandro permaneció callado durante unos segundos. Como si dudara si debía responder.
Finalmente habló.
—Eso es lo que todos cuentan.
La versión oficial dice que Helena murió intentando proteger a los gemelos después del ataque.
Valentina notó algo extraño en su expresión.
—Pero tú no lo crees.
Alessandro negó lentamente.
—No. Mi tío Vittorio estuvo allí.
Él dice que jama pensó ver algo así.
Valentina sintió un escalofrío.
—¿Qué cosa?
Alessandro sostuvo su mirada.
—Que Helena no murió a manos de los Moretti.
Murió por culpa de Samuel.
Valentina abrió los ojos con sorpresa.
—¿Qué...?
—Según Vittorio...
Cuando comenzó la emboscada, Helena intentó escapar con Marcus y con Elif.
Pero Elif ya había sido alcanzado por las balas.
Samuel perdió el control.
La culpó por intentar huir. La culpó por no haber protegido al heredero que él consideraba más fuerte.
Y...
Alessandro hizo una pausa.
—Vittorio siempre sostuvo que fue el propio Samuel quien disparó contra ella.
El apartamento quedó completamente en silencio.
Valentina sintió un nudo en la garganta.
—¿Marcus sabe eso?
Alessandro bajó lentamente la mirada.
—No lo sé.
Quizá sí.
Quizá todavía no.
Pero si algún día descubre que esa versión es cierta... Comprenderá que el hombre al que llamó padre durante toda su vida...
Fue quien destruyó por completo a su propia familia.
El silencio volvió a instalarse entre ambos.
Ya no había nada más que decir.
Porque algunas heridas... Nunca terminaban de cerrar.
Mathias Greco otro resentido más que jugará a ser padre de Sophia veremos qué pasará con Dante 🤔🤔🤔❓❓❓
Ahora aparece Mathias el hermano gemelo de Samuel y "supuestamente padre de Sophia" que papel jugará en esta guerra.
Una pregunta si Mathias sobrevivió la madre de Marcus y Sophia que se llama Elena si murió 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Que decisión tomará Marcus Greco con su hermana y con Dante Moretti porque no los quiere juntos.
Puede ser Matteo 🤔🤔🤔❓❓❓
Puede ser Dante 🤔🤔🤔❓❓❓
Alessandro no creo su padre Alexander y su madre lo estaban criando para ser el futuro heredero Moretti igual no me asombraría si Liose cambia ese panorama sería feo enfrentar a dos medios hermanos.