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EL CONTRATO DEL ORGULLO. EN LOS BRAZOS DEL CEO.

EL CONTRATO DEL ORGULLO. EN LOS BRAZOS DEL CEO.

Status: Terminada
Genre:Sustituto/a / CEO / Romance / Completas
Popularitas:9.9k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Cinco años de luto familiar y silencio absoluto fue el precio que Leonor pagó por quedarse atrás mientras Héctor, su amigo de la infancia, triunfaba en el extranjero. Fiel a una promesa implícita, guardó su pureza en un santuario vacío... hasta que llegó el sobre dorado: la invitación de boda de Héctor con otra mujer. Atrapada por el orgullo y el pánico a dar lástima, Leonor miente asegurando que tiene una pareja estable. El destino mueve sus hilos cuando Adrián Valero, el imponente y frío CEO de su multinacional, se queda sin asistente para un viaje de negocios a la misma ciudad del enlace. Lo que empieza como un pacto de urgencia para salvar la dignidad de Leonor se convierte en una farsa de noche y oficina de día dentro de una suite compartida con una sola cama. Entre los celos viscerales del pasado y la protección feroz de un hombre inalcanzable, las amarras se rompen. ¿Podrá Leonor proteger su corazón cuando la farsa se convierta en la verdad más peligrosa de su vida?

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 2. EL ABISMO DE LA DISTANCIA

Si alguien me hubiera dicho el día de la despedida que cinco años después seguiría en la misma ciudad, atrapada en una rutina gris y con el corazón lleno de silencios, no lo habría creído. En aquel entonces, la juventud nos dota de una arrogancia ciega; pensamos que las promesas escritas con afecto son inmunes al paso de los meses y que los kilómetros son solo una cifra en un mapa. Qué equivocada estaba. La distancia no es solo espacio físico; es un monstruo lento que se alimenta de la falta de cotidianidad, devorando los recuerdos compartidos hasta que solo quedan los huesos de lo que un día fuimos.

Esos cinco años han sido, sin temor a equivocarme, los más duros y oscuros de toda mi existencia. De la noche a la mañana, me vi obligada a madurar a golpes, sin anestesia. Tuve que asumir las riendas de una casa flotante que amenazaba con hundirse a cada minuto. Mi prioridad absoluta se convirtió en ayudar a mi madre, en tirar de ella para sacarla de la cama cada mañana, en recordarle que respirar todavía tenía sentido aunque mi padre ya no estuviera para sostenerle la mano. Paralelamente, tuve que lidiar con mi propio duelo, ese dolor sordo y punzante que me guardaba en el pecho para no derrumbarme delante de ella. Lloraba a escondidas en el baño, con el grifo abierto para camuflar los sollozos, extrañando la vida que me habían arrebatado y, sobre todo, extrañando a Héctor.

Héctor era mi único amigo verdadero, mi único apoyo real en el mundo. Su ausencia se sentía como una amputación. El primer año de su partida fue un auténtico infierno de soledad. Me pasaba el día entero esperando a que el reloj marcara la hora acordada para nuestra llamada internacional. Prácticamente vivía para esos minutos. Recuerdo haber pasado incontables noches sentada en el suelo del pasillo, pegada al teléfono, derramando lágrimas amargas mientras le desgranaba cada una de mis penas. Le repetía, casi como un mantra desesperado, cuánto lo echaba de menos, lo mucho que necesitaba uno de sus abrazos y lo horrible que me resultaba la casa sin su presencia. Al otro lado de la línea, su voz seguía siendo mi refugio. Me escuchaba con paciencia, me consolaba y me aseguraba que todo saldría bien, que solo debía tener un poco más de paciencia.

Sin embargo, el mundo de Héctor no se había detenido. Mientras mi vida se había congelado en una penumbra de cuidados y lutos, la suya avanzaba a una velocidad vertiginosa. Él estaba conociendo una cultura nueva, codeándose con empresarios de alto nivel, viajando por negocios y cosechando un éxito tras otro en la sucursal. Poco a poco, casi de forma imperceptible al principio, el tono de nuestras conversaciones empezó a cambiar. La lejanía comenzó a hacer mella en nuestra relación. Ya no compartíamos los mismos chistes locales porque nuestros contextos eran completamente distintos. Mis días se resumían en entrevistas de trabajo frustrantes para conseguir puestos de nivel bajo que me permitieran cuidar de mi madre, mientras que los suyos estaban llenos de cenas de gala, estrategias de mercado y nombres de personas que yo no conocía.

Y entonces, apareció ella. Priscila.

Al principio, Héctor la mencionó de pasada en una de nuestras llamadas dominicales como "una diseñadora que está ayudando con la imagen corporativa de la oficina". No le presté atención. Pero con el paso de las semanas, su nombre se convirtió en un invitado habitual en nuestras charlas. "Priscila me ha recomendado este restaurante", "Priscila dice que debería cambiar de coche", "Priscila me acompañó a la reunión del viernes". Cada vez que su nombre salía de los labios de Héctor, un frío extraño me recorría la espalda. No quería admitirlo, me negaba a aceptar que sentía celos, pero la realidad era que una extraña estaba ocupando el espacio de confidente que por derecho me correspondía a mí.

La lejanía y la presencia de su nueva novia terminaron por dinamitar el puente que nos unía. Las llamadas, que antes eran diarias y duraban horas, se volvieron semanales. Luego, quincenales. Los diálogos se volvieron distantes, formales, casi como si estuviéramos cumpliendo con una obligación por los viejos tiempos en lugar de hablar por el puro placer de sabernos cerca. El "estoy muy ocupado con la empresa, Leo, te llamo luego" se convirtió en la respuesta estándar a mis intentos de contacto. Las llamadas telefónicas dieron paso a los mensajes de texto, y esos mensajes se volvieron casi semanales, desprovistos de la calidez que solía caracterizarnos. Un escueto "¿Cómo está tu madre? Espero que todo bien por allí. Aquí con mucho trabajo. Un abrazo" era todo lo que recibía tras días de silencio.

A pesar del evidente enfriamiento, yo me negaba a darme por vencida. Me resistía con uñas y dientes a la idea de que Héctor me olvidara, de que el vínculo más sagrado de mi vida se disolviera en la nada. He seguido luchando de manera desesperada durante todo este tiempo para recordarle que yo seguía aquí, esperándolo. No había cumpleaños suyo en el que no le mandara un mensaje kilométrico recordando alguna anécdota de la universidad, o Navidades en las que no me gastara el poco dinero que me sobraba en enviarle por correo un paquete con sus dulces favoritos de nuestra tierra o algún libro que sabía que quería leer. Le escribía cartas detalladas contándole los pequeños avances de mi madre, intentando mantener viva una conversación que claramente se estaba muriendo por el otro lado.

A cambio, el vacío. Él, en cambio, creo que se ha olvidado de mí por completo. Mis cumpleaños pasaron a ser recordados con un mensaje genérico al final del día, a veces incluso con un día de retraso debido al "cambio horario", una excusa que se me antojaba barata y dolorosa. Los regalos dejaron de llegar. Las cartas nunca tuvieron respuesta escrita, solo un pulgar arriba en una pantalla de móvil.

Hoy, al mirar el teléfono móvil sobre la mesa, me doy cuenta de la cruel paradoja en la que vivo. He pasado cinco años guardando una lealtad absoluta a un fantasma. He rechazado citas, he evitado salir y, de manera inconsciente, he mantenido mi vida en un estado de pureza y aislamiento absoluto. En el fondo de mi alma, una pequeña y tonta parte de mí seguía creyendo que este sacrificio tenía un propósito, que Héctor regresaría un día, me miraría a los ojos y me diría que todo había valido la pena. Pero el silencio de los últimos meses me grita la verdad que tanto me ha costado aceptar: para Héctor, yo solo soy una página bonita en su álbum de recuerdos de la adolescencia. Alguien a quien quiso, sí, pero que se quedó atrás mientras él continuaba su viaje hacia el futuro.

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Adiana Navas
genial me encanto muy terna y dulce
Maria Jose PAlma
me encanta 😍
Monica R Briseño
Excelente y maravillosa novela, una historia de amor donde él protege, defiende y ama tanto a ka mujer, muy bien narrada y escrita...
Muchas felicidades autora!!!!!
Nora Rivoir
Muy linda historia
Perla Arbos
Hermosa historia!!!. Felicitaciones!!!
EM
espectacular
EM
ed
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