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Amir El Guardián De Los Límites De Al-Jazair

Amir El Guardián De Los Límites De Al-Jazair

Status: En proceso
Genre:Poder equitativo / Pareja destinada
Popularitas:526
Nilai: 5
nombre de autor: Tatiana.

Amir era el tercer hijo de Elena y Zayn, hermano de Karim, Layla y Sara. Y aunque todos lo respetaban, lo admiraban y lo querían como al hombre más noble y leal que existía, él cargaba con una soledad que nadie más podía comprender. Había nacido para proteger. Desde niño, mientras Karim aprendía a sentarse en un trono y dictar leyes, mientras Layla aprendía a blandir la espada y desafiar al mundo, Amir aprendía a vigilar, a esperar, a estar alerta. Se había convertido en el Capitán General de la Guardia Real y el Guardián de los Límites, el hombre que conocía cada sendero, cada bosque, cada escondite y cada peligro en los tres reinos de Al-Jazair, Velarion y Zoraya.

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LA ESPERA HA TERMINADO.

Amir seguía, incansable, hambriento. Con una mano sostenía su cintura, manteniéndola pegada a él, sintiendo cómo su propio cuerpo reaccionaba, cómo su dureza golpeaba dolorosamente contra sus propios pantalones, pidiendo salir, pidiendo entrar en esa mujer que se abría y se mojaba bajo sus dedos. Con la otra mano seguía explorando, acariciando, frotando, y poco a poco, introdujo un dedo, luego dos, dentro de ella, sintiendo la calidez infinita, la humedad, la suavidad de sus paredes internas que se contraían y se apretaban alrededor de sus dedos, pidiendo más, pidiendo ser llenada por algo más grande, más grueso, más duro.

—Eres estrecha... eres caliente... eres perfecta... —murmuraba él, besando su boca por fin, besándola con hambre, con desesperación, metiendo su lengua en su boca al mismo tiempo que metía sus dedos en su cuerpo, buscando el mismo ritmo, la misma profundidad—. Aprietas mis dedos como si quisieras retenerlos... como si quisieras que fuera algo más lo que tienes dentro...

Nalia respondía a sus besos con la misma ferocidad, mordiendo sus labios, chupando su lengua, devorando su aire, mientras sus caderas se movían con fuerza, empujándose contra su mano, buscando llegar al final, buscando el clímx que ya estaba ahí, al alcance de la mano, al borde del abismo.

—Sí... quiero algo más... —gimió ella contra su boca, con los ojos cerrados y el cuerpo temblando entero—. Quiero que seas tú... quiero que sea todo tú... pero espera... aguanta... hazme llegar así... solo con tus manos... quiero sentir cómo me deshaces solo con tocarme...

Y Amir lo hizo. Aceleró el ritmo\, hizo sus movimientos más pr*fundos y rápidos\, frotando ese punto sensible con precisión y fuerza\, llenánd*la con sus dedos hasta el fondo\, sintiendo cómo la humedad se derramaba\, cómo ella se apretaba con desesperación\, cómo sus gemid*s se convertían en gritos ahogados de placer puro. Y entonces\, con un último empujón de sus caderas\, con un grito largo y desgarrado que llevó su nombre al cielo\, Nalia se vino. Se estremeció entera\, arqueando la espalda\, clavando las uñas en la espalda de él\, apretando sus musl*s alrededor de su mano\, dejando escapar todo el pl°cer acumulado\, derramándose\, mojando todo\, perdiéndose en la sensación de sus dedos dentr* de ella.

Amir la sostuvo mientras ella temblaba y se deshacía en sus brazos, mientras su respiración se entrecortaba y su cuerpo se relajaba poco a poco, lleno de satisfacción pero aún lleno de dese*. Él también estaba temblando, empapado de sudor, con la mano húmeda y caliente con el jugo de ella, con el cuerpo ardiendo y la dureza dolorosa y furiosa golpeando contra sus pantalones, exigiendo lo que él no había tomado.

La sostuvo pegada a él, besando su frente, sus ojos, sus labios, con una mezcla de amor, dese* y tortura.

—Lo hice... —susurró él, con voz ronca y agotada—. Hice lo que me pediste. Te tuve desnuda. Te toqué toda. Te hice mía con mis manos y mi boca. Te hice volar... y no entré en ti.

Nalia abrió los ojos, brillantes, húmedos y llenos de algo más que dese*. Había admiración, había amor, había la certeza absoluta de que él era el hombre que ella había esperado durante siglos. Lo miró, y bajó la mano de él, que aún estaba entre sus piernas, húmeda y brillante con su placer, y se la llevó a la boca. Lamió sus dedos uno por uno, despacio, saboreando su propio sabor mezclado con el de él, mirándolo fijamente a los ojos, haciendo que él se estremeciera de nuevo hasta la médula.

—Lo hiciste... —admitió ella, con voz suave y cargada de promesas—. Me hiciste sentir más de lo que jamás he sentido en toda mi eternidad. Me hiciste volar, me hiciste desear, me hiciste sufrir de pl°cer... y me demostraste que tienes el control, que tienes la paciencia, que tienes la fuerza para esperar.

Se acercó a su oído, y susurró con una voz que le recorrió la columna como un rayo:

—Ya pasó la prueba, mi amor. Ya ganaste el derecho. A partir de ahora... ya no hay reglas. Ya no hay esperas. Ya no hay límites. La próxima vez que nos veamos... te entregaré todo. Todo lo que soy, todo lo que tengo, todo el placer que cabe en el universo. Y te advierto, Amir... que cuando por fin te deje entr°r en mí... cuando por fin me llenes por completo... no habrá vuelta atrás. Seremos uno solo, y nos perderemos en el placer hasta que el tiempo mismo se detenga.

Se separó lentamente, arreglando su ropa, cubriendo su cuerpo que ahora sabía a él, que ahora llevaba su marca.

—Descansa esta noche, mi Guardián —le dijo ella, con una sonrisa que prometía el paraíso—. Sueña conmigo. Sueña con lo que viene. Porque la espera terminó. Y muy pronto... muy pronto, te daré todo lo que me has estado pidiendo.

Y antes de desaparecer entre las sombras y la luz de la luna, le lanzó una última mirada, una mirada que lo desnudó y lo poseyó:

—Y prepárate... porque yo también tengo hambre. Y cuando llegue el momento... yo también te devoraré a ti.

Amir se quedó solo en lo alto del muro, con la mano aun oliendo a ella, con el sabor de ella en sus labios, con el recuerdo de sus gemid*s grabado en su mente, con el cuerpo ardiendo y el corazón lleno de una certeza absoluta. Había aguantado. Había ganado. Y ahora, la recompensa estaba a la vuelta de la esquina.

Mientras bajaba las escaleras de regreso al palacio, con pasos pesados pero llenos de alegría, escuchó risas y susurros cerca de los aposentos reales. Miró hacia un lado, y vio luz saliendo por debajo de la puerta de Karim y Amara, y escuchó los sonidos inconfundibles: el crujir de la cama, los golpes rítmicos contra la pared, los gemid*s largos y satisfechos de ella, la voz ronca y potente de él diciendo: «Tuyo soy, mi vida... tuyo siempre... más fuerte, más profundo... no pares nunca». Y más lejos, cerca de las habitaciones de Layla y Caelan, escuchó a su hermana gritar, con esa voz de guerrera que ahora se rompía de placer: «¡Mío! ¡Todo mío! ¡Rómpeme si quieres, pero no te detengas!».

Amir sonrió, caminando hacia sus propias habitaciones, tocándose los labios, sintiendo el fuego que aún ardía en su vientre. Ellos tenían su amor, su pasión, su vida... pero él... él tenía algo más grande, más antiguo, más mágico. Él tenía a Nalia. Y muy pronto, muy pronto, él también haría temblar las paredes de su habitación, haría que el palacio entero escuchara sus nombres unidos, y escribiría la historia de amor más grande que jamás hubiera existido.

La espera había terminado. Y el placer infinito estaba a punto de comenzar.

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Michel Yandi
está muy buena la historia 👏
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