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Quedé embarazada de mi abogado de divorcio

Quedé embarazada de mi abogado de divorcio

Status: Terminada
Genre:Aventura de una noche / Madre soltera / Embarazo no planeado / Reencuentro / Divorcio / Completas
Popularitas:49.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Monica Swenson

Valentina Solano despierta en un hospital después de perder a su bebé y descubre una verdad devastadora: su esposo y su suegra provocaron el accidente para quedarse con su dinero y su empresa.
Decidida a destruirlos antes de que ellos terminen de destruirla, busca a Sebastián Montero, el abogado de divorcios más temido de la Ciudad de México. Frío, brillante y acostumbrado a no perder jamás, Sebastián debería ser solamente su defensor. Pero entre audiencias, amenazas y secretos, la atracción rompe todas las reglas… y una sola noche cambia sus vidas para siempre.
Tres años después, Valentina regresa convertida en una mujer independiente, con una marca propia y un niño llamado Emilio que tiene los ojos de Sebastián.
Ahora él está dispuesto a enfrentarse a su poderosa familia, a sus enemigos y hasta a la propia Valentina para recuperar el tiempo perdido. Porque Sebastián Montero puede ganar cualquier juicio, pero conquistar a la mujer que todavía ama será el caso más difícil de su vida.

NovelToon tiene autorización de Monica Swenson para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9

Cap 9 — Hagamos como si nada hubiera pasado

Valentina se bajó de la cama con la delicadeza de un ladrón que desactiva una alarma.

Un pie. Pausa. Otro pie.

El piso estaba frío. Bien. El frío la despertó un poco más y le confirmó que esto no era un sueño. Que de verdad estaba desnuda en su propio departamento intentando escapar de un hombre que dormía en su cama y que resultaba ser su abogado.

Mi abogado, pensó, y el pánico le subió por la garganta como reflujo.

Se agachó. Su blusa estaba en el suelo, al lado de la mesita de noche.

Sus pantalones estaban... ¿dónde estaban sus pantalones? Ahí, colgando del respaldo de la silla del escritorio, como si alguien los hubiera lanzado con entusiasmo.

No quería pensar en eso. No iba a pensar en eso.

Se vistió en silencio, con movimientos de contorsionista, conteniendo la respiración cada vez que la tela rozaba algo que pudiera hacer ruido. Encontró sus zapatos junto a la puerta del baño —uno boca arriba, el otro boca abajo— y los recogió sin ponérselos.

Caminó de puntitas hasta la entrada.

El departamento era pequeño —sala, cocina, dormitorio, un solo pasillo— y la puerta estaba a seis metros. Seis metros de madera que podían crujir, de objetos que podían caerse, de aire que podía traicionarla.

Cinco metros.

Cuatro.

Tres.

Se sentó en el banquito de la entrada para ponerse los zapatos. Las manos le temblaban tanto que no atinaba a meter el pie derecho.

—Señorita Solano, ¿a dónde va?

La voz de Sebastián le cayó encima como un balde de agua helada.

Valentina pegó un brinco y el zapato se le resbaló de las manos y golpeó el piso con un ruido que, en el silencio de las seis de la mañana, sonó como un disparo.

—Yo... —Se puso de pie de un salto, todavía con un solo zapato, y se dio la vuelta con una sonrisa que probablemente parecía la de alguien que acaba de ser sorprendido robando—. Buenos días. Yo... tengo que irme. Tengo cosas que hacer. Muchas cosas. Importantes.

Sebastián estaba de pie al final del pasillo, recargado contra el marco de la puerta del dormitorio.

Se había puesto la camisa pero no se la había abrochado. La tela blanca le caía abierta sobre el pecho, dejando ver... cosas que Valentina no debería estar mirando y que definitivamente no estaba mirando.

Desvió la mirada hacia el techo.

—Valentina —dijo él.

El nombre sin título, sin «señorita», sin «señora». Solo su nombre, dicho con esa voz grave y tranquila que contrastaba absurdamente con la situación.

Y algo en la forma en que lo dijo —la segunda sílaba más larga que las demás, como si la saboreara— le provocó un escalofrío que le recorrió la espalda y que decidió ignorar categóricamente.

—¿Sí? —Valentina seguía mirando el techo como si hubiera algo fascinante ahí arriba.

—¿Sabes dónde estás?

—En... ¿tu casa?

—No.

Valentina bajó la mirada, confundida. Miró alrededor. La sala con el sofá gris que ella misma había elegido. La cocina con la tetera azul que su madre le regaló. La mancha de humedad en la esquina del techo que llevaba meses sin arreglar.

Oh.

Oh.

—Este es mi departamento —dijo, y la vergüenza le tiñó la cara de un rojo tan intenso que podía sentir el calor irradiando de sus mejillas.

—Si alguien tiene que irse, soy yo.

Valentina abrió la boca. La cerró. La volvió a abrir.

—Mira, lo de anoche... —empezó, y la voz le salió demasiado aguda, así que carraspeó y volvió a intentar con un tono que aspiraba a ser profesional y aterrizó en algún lugar cercano a la histeria contenida—. Lo de anoche fue un error. Yo estaba borracha, tú estabas... no sé qué estabas, pero el punto es que las dos personas adultas que somos pueden hacer como si nada hubiera pasado. ¿Verdad? Borrón y cuenta nueva. Sin resentimientos.

Sebastián la miró.

La sonrisa que llevaba en los labios —pequeña, apenas perceptible, la primera sonrisa real que Valentina le había visto en todo el tiempo que lo conocía— se borró de golpe.

—¿Eso es lo que quieres? ¿Hacer como si nada?

—Es lo más sensato.

—¿Por qué?

—Porque tú eres mi abogado. Porque yo acabo de salir de un matrimonio que casi me mata. Porque esto —señaló el espacio entre los dos con un gesto vago— no debió pasar y lo sabemos los dos.

Sebastián se apartó del marco de la puerta y caminó hacia ella.

No rápido, no lento. Con esa calma suya que a veces parecía paciencia y a veces parecía algo más peligroso.

Se detuvo a un metro de distancia. La miró desde su altura —le sacaba casi una cabeza— y dijo, con una voz tan baja que Valentina tuvo que inclinarse para escucharlo:

—Fue mi primera vez.

El silencio que siguió fue tan largo que Valentina pudo escuchar el goteo del grifo de la cocina.

—¿Qué? —dijo al fin, y sonó exactamente como una persona a la que le acaban de decir algo imposible.

—Lo que escuchaste.

—Pero...

Valentina lo miró de arriba abajo, sin poder evitarlo. La camisa abierta, los hombros anchos, la mandíbula, los ojos. Treinta y tantos años de perfección física y legal empaquetados en un metro ochenta y pico de traje gris y seriedad.

¿Y nunca...?

—No es posible.

—Es posible. Y es la verdad.

Valentina sintió que el piso se le movía debajo de los pies. No de la resaca, que también, sino de la magnitud de lo que acababa de escuchar.

Le quité la virginidad a mi abogado.

La frase le rebotó en la cabeza como una pelota en un cuarto vacío.

—Sebastián, yo... escucha, no quiero que pienses que... yo no soy de las que... Dios, ¿cómo explico esto? —Se pasó las manos por el pelo—. Estaba borracha. Si no hubiera estado borracha, nunca habría...

—Lo sé.

—Entonces entiendes por qué tenemos que dejarlo aquí.

—No. No lo entiendo. —Su voz cambió. El tono suave desapareció y fue reemplazado por algo más duro, más frío, como el Sebastián del tribunal pero herido—. Quiero hacerme responsable de lo que pasó.

—No tienes que hacerte responsable de nada. Fue culpa mía. Yo fui la que bebió, yo fui la que...

Se detuvo.

No podía decirlo. No podía decir yo fui la que te besó primero porque el recuerdo le quemaba la cara.

—Fue un error —repitió, como si la repetición pudiera hacerlo verdad—. Un error de los dos. Borrón y cuenta nueva.

Sebastián la miró durante un largo momento.

Valentina vio algo cruzar por sus ojos —no ira, no frustración, algo peor: decepción— y luego una cortina cayó detrás de su mirada, como un telón que baja al final de una función.

El Sebastián que quedó era otra vez el de siempre. El frío. El profesional. El que no sentía nada.

—Como usted diga, señora Solano.

El señora Solano le dolió más que los arañazos de Gladys.

Sebastián se abrochó la camisa con movimientos mecánicos, botón por botón, como si cada uno fuera una puerta que se cierra.

Recogió su saco del respaldo de una silla. Se lo puso con esa elegancia involuntaria que tenía para todo. Se alisó las solapas y caminó hacia la puerta.

—Cualquier asunto relacionado con el caso, comuníquese a través del correo del bufete. Buenos días.

Abrió la puerta. Salió. La cerró sin dar un portazo.

Lo cual fue peor. Porque un portazo habría significado que estaba enojado. Y un cierre suave significaba que estaba herido.

Valentina se quedó de pie en la entrada, con un solo zapato puesto y el otro en la mano, mirando la puerta cerrada.

Hice lo correcto, se dijo. Un abogado y una clienta no pueden... no deben... acabo de salir de un desastre, no puedo meterme en otro.

Se sentó en el banquito de la entrada y se puso el otro zapato.

La casa olía a él. A madera, a cítrico, a algo limpio y cálido que no iba a poder sacar de las sábanas por más que las lavara.

Tenía razón. Lo sabía. Era lo correcto, lo sensato, lo maduro. Una mujer que acaba de salir de un matrimonio que casi la mata no se mete con su abogado.

No importa que ese abogado se haya puesto entre ella y el mundo.

No importa que haya dicho fue mi primera vez con la voz más seria y más vulnerable que ella haya escuchado en su vida.

Entonces ¿por qué sentía como si acabara de perder algo que ni siquiera sabía que tenía?

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🇻🇪❤️‍🔥Degne❤️😍
ella es contadora, o diseñadora. decidase escritora.
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escritora acá hay una santa grande es verdad se me había olvidado la empresa una mujer con una empresa que hace trabajando en otro lado 🧐 y de paso en vez de hablar aclarar todo pone más muro que la muralla china
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no lo entiendo se comporta como indeciso ni lava ni presta la batea
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cómo no se van a conocer si Sebastián lo presento . y ahora no lo conoce aparte que el lo ha representado como abogado
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pero según Sebastián fue quien lo presento y recomendó para que trabajarán juntos aparte que el y Rafael garza se conocían y hasta los 3 comieron juntos y ella es contadora no diseñadora gráfica. se que contabilidad tiene su diseño de presentar contabilidad de una empresa cenaron hasta Rafael bromio diciendo que si el no la quería el la pretendería.eso me acuerdo de uno de los capítulos 🧐🧐🧐
🇻🇪❤️‍🔥Degne❤️😍
no ente di para que lo invito a ambos para cenar será para ver por cuál se decidía. que no de alas a quien no va a dejar volar junto a ella. así de sencillo
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Sebastián o corres onte encaramos. estás peor que una goma de panty estiras escoges y lo peor que a muchas mujeres nos gusta lo complicado. más bien Isabela como que sale en este particular medio ganando
🇻🇪❤️‍🔥Degne❤️😍
jajajja el amor es complicado y muchas veces porque no se habla claro
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prácticamente lo que paso con Lorena y Sebastián. yo lo tomaría como un si! . debió responder No Lorena no haré eso. y marcharse ya van dos veces que ella le lleva el celular. 🧐
🇻🇪❤️‍🔥Degne❤️😍
vestiale, se pasó ella si agarró rabia con garza era con el no con Sebastián. y lo que grabó noe pareció bien. ya que ella se insinúa si fuera grabado como el le hablo y le.insunuo al principio si era válido. y lo otro se pasó con Sebastián ya van dos herida un hombre profesional como Sebastián en la vida se Aleja definitivo la bloquea y de allí en adelante la manda con otro abogado sabiendo que le puede perjudicar su carrera. yo conozco abogado soy secretaria jurídica y con eso dos arrebatos que ella tubo en la primera vez de borrón y cuenta nueva. y ahora que el se aprovecho de ella y abuso porque estaba borracha toda ilusión y gusto por una mujer en un hombre se quiebra y no vuelve a buscarla nunca más y su vuelve la trata distante y con mucho tacto así le de un hijo se hace responsable del niño pero la confianza rota jamás vuelve . se pasó Valentina
🇻🇪❤️‍🔥Degne❤️😍
para mí un hijo Rebelde y de paso la farándula rondando en malos términos
🇻🇪❤️‍🔥Degne❤️😍
auhhhh heriste los sentimientos de Sebastián vale. y de pasó te entiendo el miedo y tantas cosas . pero el se fue dolido y ahora que va a pasar
🇻🇪❤️‍🔥Degne❤️😍
🧐 se besaron, tendría sexo. ese Vino estaba adulterado. o era el vino que se llama afloja 😅
🇻🇪❤️‍🔥Degne❤️😍
cómo abogado el debió tomarse foto del escupitazo. y limpiarlo con un pañuelo a futuro tiene una prueba encontrá de Galdys
🇻🇪❤️‍🔥Degne❤️😍
Naguara Camila una abogada chimba
🇻🇪❤️‍🔥Degne❤️😍
aparte usa camara y micrófonos escondidos en casa, en la oficina bajo la cama de Gladys,de ella misma ya que es la que hace todo.
🇻🇪❤️‍🔥Degne❤️😍
pero será que no existe los pendray. ya que en un pendray se puede bajar cualquier información va más segura y la puede dar al abogado que fotos en celular.
🇻🇪❤️‍🔥Degne❤️😍
si cargaba celular será que no podía usar la grabadora.
🇻🇪❤️‍🔥Degne❤️😍
7 días hospitalizada y va a estar débil al menos que el caldo haiga estado muy pobre. el dolor de la cesárea si lo creo. pero ya al 8 día siendo bien cuidada y alimentada por su mamá debería tener más fuerza. yo siendo ella regreso al estar fuerte así tarde un mes y con un abogada jamás sola a ningún lado con personas que me hagan tratado mal.
mica aimar
ya le dijo q es su hijo
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