Lena una joven moderna estudiante de primer año de la universidad, muere en su camino al centro universitario cuando una pared en construccion cayo sobre ella.
Abre sus ojos en un lugar que no conocía pero había estudiado a la perfección, la antigua china, justamente en una historia de amor que había leído hace poco.
fanática de dramas e historias relacionadas a esta cultura se vio inmersa en una de las historias que leía.
Pero el colmo era que reencarnó en una mendiga estafadora que aparecía y moría en medio capítulo. sabía su fin, aún así algo la llevo a querer continuar y no darse el tiempo de morir.
El secundario, aquel que amaba a la protagonista pero estaba destinado a no ser.
El duque Xi.
Lena tomo como misión conquistar a ese hombre, para hacerlo necesitaba algo.
Un nombre, edad, una familia que la respaldará y sabía exactamente como conseguirlo, lo había leído.
¿lograra conquistar a su secundario?
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Cap 15
Lena baja del carruaje algo perturbada. Sean no se ve por ningún lado; solo está Ren.
—¿Le pasó algo a Sean? —Ren niega con la cabeza.
—No. —Mira a Lena—. ¿Usted le hizo algo?
—No, no que yo sepa —responde Lena.
—Ya se escapó —dice Ren mirando la entrada —que raro.
—Tendré que averiguar lo que le pasa —Luego sonríe al recordar lo sucedido y cómo Sean huyó tras besarla—. ¡Esposo! —grita, corriendo a brincos hacia la mansión.
Sean, quien huyó caminando rápidamente directo a su despacho, escucha a la distancia el grito de Lena y se sonroja al instante. Intentando que nadie lo vea, se cubre el rostro y sigue su camino sin detenerse.
Siente una vergüenza como nunca antes: se comportó como un adolescente enamorado y ahora no sabe cómo afrontarlo.
“Qué vergüenza…”, piensa mientras entra al despacho y cierra la puerta tras de sí.
Ve en el escritorio una jarra con té y se sirve una taza que apura al momento, pensando que así se calmará, pero la bebida está fría.
“¿Qué hice? ¿Cómo la miro ahora a la cara? Yo no soy un descarado como ella… Pero tengo que hacer que olvide a ese tal Chao”. Camina de un lado a otro sin soltar la taza, apretándola con fuerza.
“¿Qué me pasa?”.
—Sean… —se escucha tras la puerta. La voz de Lena suena juguetona—. Ábreme la puerta y seguimos con lo que empezaste.
—Vete.
—Sean… —Lena, pegada a la puerta, se ríe por lo bajo. Se imagina a su esposo con las mejillas rojas y un deseo ferviente de que la tierra lo trague—. Un beso no es suficiente.
—Nos vemos mañana. Anda a descansar, yo tengo asuntos que atender.
—Bien, pero recuerda el beso de mañana.
—Se cubre la boca para evitar que su risa se escuche dentro—. Ren, ¿dónde dormiré?
—Ustedes, guíen a la señora a su aposento —ordena Ren a las doncellas que la acompañan desde el ducado.
—Vamos, señora —dijeron al unísono.
—Vamos.
Lena, sonriendo, es guiada hacia el patio exterior. Sabe que ya tiene conquistado a su personaje secundario.
“Qué hermoso momento”.
Mientras tanto, Sean no deja de caminar de un lado al otro en su despacho; parece un lobo enjaulado.
“¿Qué le diré mañana? Si le pregunto por ese Chao, ¿me responderá?”.
Ren entra al despacho.
—Sean. —Públicamente no lo llamaría por su nombre, pero en privado es otra cosa—. ¿Qué te pasó?
—No sé. —Se rasca la cabeza—. ¿Ya averiguaste?
“¿Cuál es el apuro? Apenas me acabas de hablar de ese chao”
Ren lo mira fijo y arquea una ceja.
—Acabas de pedírmelo. Ya mandé a algunos hombres a la mansión He; a más tardar mañana tendremos noticias.
—¿Debería preguntarle a ella?
—¿Te lo dirá?
—Tienes razón, no me dirá si tiene a alguien más en su corazón. —El estado de ánimo de Sean pasa de la vergüenza al desánimo en un segundo. Se sienta en la silla tras su escritorio y ojea algunos documentos—. Si quiere a alguien más, ¿por qué se casó conmigo?
Mientras tanto, aunque Lena está feliz por lo sucedido, siente la necesidad de saber qué le pasa a su esposo: esa reacción no es normal en alguien tan centrado como él.
—¿Qué le pasa a su señor? —pregunta a las doncellas, pero estas niegan con la cabeza—. ¿Saben dónde queda su residencia? Quiero ir a verlo y preguntarle.
Una doncella sonríe y se acerca a Lena para hablarle al oído:
—Señora, no se duerma temprano. Seguro el señor entra a su habitación en un rato, cuando crea que usted duerme.
—¿Qué dices?
—Eso es lo que siempre hace el señor.
—¿Ah, sí? —Ambas asienten. Lena siente una calidez indescriptible al saber que, aunque sea por un momento, él la visitaba por las noches solo para verla.
—Bien, ayúdenme a cambiarme y maquillarme. Me pondré linda para Sean.
Lena se cambia de ropa, le arreglan el maquillaje, cena lo que le llevan a la habitación y, tras reposar un momento, se mete a la cama. Sabiendo que Sean podría visitarla, deja una pierna descubierta fuera de la colcha y cierra los ojos.
En el despacho, Sean aún no logra calmarse; la ansiedad lo carcome al no saber, pues odia la incertidumbre. Termina de leer unos documentos de la mansión, firma algunos pagos para el mantenimiento y, tal como las doncellas predijeron, cerca de la medianoche entra en la habitación de Lena.
Toma una silla, la lleva cerca de la cama y se sienta frente a su esposa, exactamente igual a como lo hacía en el ducado.
De pronto, se cubre el rostro al instante con la manga de su túnica.
“Esa descarada…”. Al ver la pierna descubierta de Lena brillando bajo la luz de la luna que se filtra por la ventana, casi le da un infarto. Con los ojos cubiertos por la tela, se acerca lentamente a la cama.
Lena, que está bien despierta, abre un poco los ojos y sonríe internamente al observar la escena graciosa frente a ella.
Sean intenta llegar a la cama tanteando el aire a ciegas. Empieza a buscar el borde de la colcha y, sin querer, su mano toca por completo la pierna de su esposa.
Lena se levanta de golpe, lo agarra del cuello de la túnica y lo atrae hacia ella.
—Te atrapé —dice.
Sean abre los ojos a más no poder: se encuentra completamente encima de Lena. Intenta escapar, pero ella le rodea el cuello con los brazos.
—Esposo, ¿qué hace en mi habitación a estas horas?
Las orejas de Sean se tornan rojas y su corazón palpita rápidamente, algo que Lena puede sentir claramente dada la cercanía, esto no estaba en sus planes de visita de esa noche
“¿Cómo pudo pasarme esto?” Pensó
—Yo… ¿Quién es Chao? —pregunta sin más, mirándola con el ceño fruncido.