Ella puede morir en cualquier momento, pero la presencia del Alfa se convierte en su única ancla para sobrevivir. Kael ha encontrado a su Luna, y destruirá a quien sea necesario con tal de mantener latiendo el corazón de la mujer que ama.
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Capítulo 21
Kael no respondió de inmediato. La confesión de Camila flotó en el aire, cálida y directa, desarmando la coraza del Alfa con una facilidad que ninguna estrategia de negocios ni amenaza de guerra había logrado jamás.
Dio un paso más, acortando la distancia hasta que su mano volvió a posarse con suavidad en el talle de la cirujana. La inclinación de su cabeza lo dejó a centímetros de sus labios, permitiendo que el aliento de ambos se mezclara en el ambiente calmo de la habitación.
—No planeo esforzarme en actuar como alguien que no soy, Camila —murmuró Kael, con la voz volviéndose áspera y profunda—. Solo voy a ser el hombre que te proteja y la sombra que jamás te dejará sola. Si eso es suficiente para conquistar a la mujer más racional que he conocido, me daré por satisfecho.
Camila inclinó levemente el rostro, sintiendo la intensidad de esa mirada verde que parecía leer hasta sus pensamientos más ocultos. Su mano subió instintivamente hacia la solapa del saco de Kael, apoyándose allí para sentir la firmeza de su pecho.
—Es más que suficiente —susurró ella, dejando que por primera vez el latido de su corazón respondiera con total libertad al impulso de la presencia del Alfa.
Un golpeteo rápido y seco en la puerta del corredor principal rompió el encanto. Kael no se apartó bruscamente, pero su postura cambió en un segundo: la calidez dio paso a la alerta del líder.
—Adelante —ordenó con voz impecable.
Bruno entró a la habitación, manteniendo la mirada baja antes de dirigirse directamente a Kael. Su rostro no mostraba la calma habitual de las tareas de rutina.
—Señor, tenemos novedades de la residencia Valenzuela —dijo Bruno, extendiendo una carpeta con reportes de inteligencia—. Tras el fracaso con el doctor Rivas, Victoria no se ha quedado de brazos cruzados. Ha intentado contactar a un antiguo socio de su difunto padre en el extranjero. Un hombre vinculado al mercado negro de insumos médicos.
Camila se tensó al instante, dando un paso al frente junto a Kael.
—¿El mercado negro? —preguntó ella, con la mente médica trabajando a toda velocidad—. Si buscan comprar un órgano por fuera de los canales legales, no solo están cometiendo un delito grave, sino que pondrían en riesgo a cualquier paciente.
—No buscan un órgano para ti, Camila —intervino Kael, revisando las líneas de texto codificado en el informe de Bruno—. Buscan un veneno sintético de acción lenta. Algo que simule un paro cardíaco natural por fallo multiorgánico, indetectable en una autopsia convencional.
Camila sintió un frío helado recorrerle la espalda. Victoria ya no solo quería despojarla de la clínica o arruinar su tratamiento; la desesperación la estaba llevando a intentar borrarla del mapa antes de que la auditoría financiera revelara todos los desvíos de dinero.
—Esa mujer ha perdido por completo la cabeza —dijo Camila, apretando los puños sobre la mesa de apoyo—. Mi padre no puede ser tan ciego como para no darse cuenta de lo que ella está planeando.
—Guillermo no es ciego, Camila, es un cobarde —sentenció Kael, cerrando la carpeta con fuerza—. Y los cobardes prefieren mirar hacia otro lado mientras alguien más hace el trabajo sucio. Pero se les acabó el tiempo.
El Alfa miró a Bruno con una determinación implacable.
—Intercepten esa red de contactos. Quiero que la persona que intente entregar ese sustancia en la ciudad sea detenida antes de tocar suelo. Y a Victoria... prepárenle la trampa. Dejaremos que crea que su plan sigue en marcha hasta el momento exacto en que caiga.