Para salvar a su familia de la quiebra, Elena Moretti firma un contrato matrimonial de doce meses con Alessandro Rossi, el CEO más frío y despiadado de Milán.
Él es poder, oscuridad y venganza hecha hombre.
Ella solo es una pieza en un juego que comenzó hace cinco años.
Obligada a vivir bajo el mismo techo del hombre que odia, Elena descubrirá pronto que detrás de esos ojos grises se esconde un secreto devastador: Alessandro no la eligió por casualidad. Lo ha planeado todo para hacerle pagar.
Entre noches ardientes, malentendidos que rompen el alma y verdades que pueden destruirlo todo, el odio se convierte en una pasión peligrosa.
Pero cuando la venganza se mezcla con el deseo… ¿quién de los dos perderá el control primero?
Un matrimonio de conveniencia.
Un amor prohibido.
Una verdad que podría aniquilarlos a ambos.
NovelToon tiene autorización de Ana Rosa Yosef Osca para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 10 – La verdad que quema
El mundo de Elena se detuvo en ese instante.
Alessandro estaba allí, de pie junto a Luca, con esa sonrisa fría que ella conocía demasiado bien. Los dos hombres que la sujetaban la apretaron con más fuerza cuando intentó liberarse.
—¿Alessandro…? —su voz se quebró—. ¿Esto es una broma?
Luca soltó una carcajada cruel.
—Tu querida esposa todavía cree en los cuentos de hadas, primo.
Alessandro dio un paso adelante. Sus ojos grises ya no tenían ni rastro de la ternura de la noche anterior. Solo había hielo.
—Te lo advertí desde el principio, Elena. Todo esto fue un juego. El contrato, el matrimonio, las noches juntos… solo necesitaba que confiaras en mí para traer a Luca hasta aquí.
Elena sintió que le faltaba el aire. Las lágrimas le quemaban los ojos, pero se negó a dejarlas caer.
—Mentiroso… —susurró—. Todo lo que me dijiste, todo lo que hicimos…
—Fue entretenido —respondió él con indiferencia—. Pero ya cumpliste tu propósito.
Luca se acercó y le levantó la barbilla con dos dedos.
—Mi primo siempre fue mejor actor que yo. Yo solo quería el imperio. Él quería venganza… y humillarte.
Elena escupió a la cara de Luca. Este levantó la mano para golpearla, pero Alessandro lo detuvo.
—No. Ella todavía me sirve viva.
En ese momento, se escucharon sirenas a lo lejos. Alessandro miró su reloj.
—Justo a tiempo.
De repente, todo cambió.
Alessandro giró con velocidad sorprendente y golpeó a uno de los hombres que sujetaban a Elena. Luca sacó un arma, pero Alessandro fue más rápido: le dio un codazo en la cara y lo desarmó.
—¡Ahora! —gritó Alessandro.
Varios hombres irrumpieron en el almacén. Eran los guardias de Alessandro, pero vestidos de civil. En segundos, Luca y sus hombres estaban reducidos en el suelo.
Elena se quedó paralizada, sin entender nada.
Alessandro se acercó a ella y la tomó por los hombros.
—Elena, mírame. Era la única forma. Tenía que hacer que Luca creyera que estaba de su lado. Tenía que hacer que confiaras en mí lo suficiente para venir aquí sola.
Las lágrimas que Elena había estado conteniendo cayeron por fin.
—¿Me usaste como carnada?
—Sí —admitió él con voz ronca—. Pero nunca te habría dejado sola. Tenía hombres vigilando cada movimiento. El botón de pánico que te di tenía un rastreador. Sabía exactamente dónde estabas en todo momento.
Elena lo empujó con fuerza.
—¡Me hiciste creer que me traicionabas! ¡Me rompiste el corazón en mil pedazos!
Alessandro la atrajo hacia su pecho a pesar de su resistencia.
—Lo siento —murmuró contra su cabello—. Lo siento tanto. Pero era la única forma de terminar esto de una vez. Luca tenía que creer que yo estaba con él.
Elena lloró contra su camisa, golpeándolo débilmente con los puños.
—Te odio…
—Lo sé —susurró él, besándole la cabeza—. Y tienes todo el derecho.
Mientras la policía llegaba, Luca fue esposado. Antes de que se lo llevaran, miró a Alessandro con odio puro.
—Esto no termina aquí, primo. Todavía hay secretos que no conoces.
Alessandro no respondió. Solo abrazó más fuerte a Elena.
De regreso en la mansión, el amanecer los encontró sentados en el sofá del salón principal. Elena tenía una manta sobre los hombros y una taza de té caliente entre las manos. Alessandro no se había separado de ella ni un segundo.
—Necesito que me expliques todo —dijo ella finalmente—. Sin mentiras.
Alessandro asintió.
—Hace cinco años, después del incendio, descubrí que Luca estaba detrás de todo. Quería mi posición, mi dinero, mi poder. Usó a tu padre como chivo expiatorio. Cuando Sofia sobrevivió, Luca la mantuvo escondida y drogada para que no hablara. El plan era destruirme lentamente.
—¿Y yo?
—Tú apareciste en las fotos de esa noche porque Luca te llevó allí. Quería que parecieras culpable. Cuando firmaste el contrato, mi plan original era usarte para presionar a tu padre y llegar a Luca. Pero…
—Pero ¿qué? —preguntó ella.
—Pero me enamoré de ti —confesó Alessandro con voz baja—. No fue parte del plan. Cada beso, cada noche, cada vez que te protegí… fue real.
Elena lo miró a los ojos. Había lágrimas en ellos.
—Te creo —susurró—. Pero me hiciste mucho daño esta noche.
—Lo sé. Y pasaré el resto de mi vida compensándotelo… si me dejas.
Se quedaron en silencio un largo rato. Luego Elena se acurrucó contra su pecho.
—Quiero intentarlo —dijo—. Pero sin más mentiras. Nunca más.
—Sin más mentiras —prometió él, besándole la frente.
Los siguientes días fueron de calma relativa. Luca estaba en prisión preventiva. Sofia fue trasladada a un centro de rehabilitación. La empresa de Alessandro se estabilizó.
Pero una tarde, mientras revisaban documentos juntos en el despacho, Elena encontró una carpeta escondida.
Dentro había una carta dirigida a Alessandro, fechada dos semanas antes del incendio. Era de Luca.
«Si lees esto, significa que mi plan funcionó. Elena Moretti no es quien crees. Su padre no solo lavaba dinero… ella era la que llevaba los mensajes. Ella sabía todo.»
Elena palideció.
—Alessandro…
Él leyó la carta por encima de su hombro. Su expresión se endureció.
—Es falsa. Luca sigue intentando sembrar dudas.
—¿Estás seguro? —preguntó ella con voz temblorosa.
Alessandro tomó su rostro entre las manos.
—Estoy seguro de ti. De nosotros.
La besó con pasión, levantándola sobre el escritorio. La carpeta y los papeles cayeron al suelo. Esta vez no hubo dudas, solo deseo y confianza recién ganada.
Esa noche hicieron el amor lentamente, como si quisieran borrar todas las mentiras del pasado. Cada caricia era una promesa. Cada susurro, una verdad.
Pero mientras dormían abrazados, el teléfono de Elena vibró en la mesita.
Mensaje desconocido:
«Todavía no sabes la verdad completa.
Pregúntale a Alessandro por la noche del 17 de junio de 2021.
La noche en la que tú sí estuviste allí… y ayudaste a encender el fuego.»
Elena borró el mensaje con manos temblorosas.
Miró a Alessandro dormido a su lado y sintió un miedo profundo.
¿Hasta dónde llegaba realmente la verdad?