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Enamorada De Mi Suegro

Enamorada De Mi Suegro

Status: Terminada
Genre:Casada Con Mi Ex's Familiar / Padre soltero / Romance / Completas
Popularitas:4k
Nilai: 5
nombre de autor: Jisieli

Ayzel descubre que su novio le es infiel después de tres años de relación. Ella quiere destruirlo y para eso utilizará a su suegro, un CEO muy famoso y millonario.

Lo que Ayzel no sabe es que su suegro, desde hace mucho la desea y no le importaría que ella lo use mientras se quede a su lado.

¿Podrán Ayzel llegar a enamorarse perdidamente de su suegro o solo seguirá con el plan original?



Espero que les guste. ¡Síganme para más!

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Capítulo 15: El castillo de la reina

La noche cayó sobre Berlín como un manto oscuro. Ayzel y Alexander pasaron las horas previas al encuentro preparándose, discutiendo estrategias, repasando cada detalle. Richter había sido informado, pero la orden era clara: no podían intervenir a menos que la situación se volviera crítica. La reina había demostrado que tenía ojos en todas partes, y cualquier movimiento en falso podría desencadenar consecuencias fatales.

—No me gusta esto —dijo Alexander, ajustándose la chaqueta—. Debería ir yo en tu lugar.

—Ya lo hablamos. La invitación es para mí. Si no voy sola, sospechará.

—Podría llevarte hasta el castillo y esperar cerca.

—También lo hablamos. Si te ve, cancelará todo. Y perderemos la única oportunidad de enfrentarla cara a cara.

Alexander suspiró, frustrado. Tomó el rostro de Ayzel entre sus manos y la miró fijamente.

—Si algo te pasa, no me lo perdonaré nunca.

—No va a pasarme nada. —Ella sonrió, con más seguridad de la que sentía—. Soy más dura de lo que parezco.

—Lo sé. Por eso te quiero.

Se besaron, un beso largo y profundo, como si fuera el último. Luego, Ayzel tomó su abrigo y se dirigió hacia la puerta.

—Espérame despierto —dijo, antes de salir.

—Siempre.

---

El castillo de la reina resultó ser una antigua mansión señorial en las afueras de Berlín, rodeada de un bosque espeso. La noche era cerrada, sin luna, y el viento soplaba entre los árboles con un lamento que helaba la sangre. Ayzel detuvo el coche frente a la verja principal, que se abrió lentamente como si la esperaran.

Condujo por un camino de grava bordeado de estatuas cubiertas de musgo, hasta llegar a la entrada principal. La mansión era imponente, con torreones góticos y ventanas que parecían ojos vigilantes. Una mujer la esperaba en la puerta: Helena Voss, vestida de negro, con una expresión impasible.

—Bienvenida, señorita Hudson. La reina la espera.

Ayzel bajó del coche, sintiendo el peso de la mirada de Helena sobre ella.

—¿Dónde está?

—Sígame.

Helena la condujo a través de un vestíbulo decorado con cuadros antiguos y muebles de caoba, hasta una sala de estar iluminada por una chimenea crepitante. Allí, sentada en un sillón de terciopelo rojo, había una mujer.

Tenía el cabello blanco como la nieve, recogido en un moño elegante. Vestía un traje negro de seda, y sus manos descansaban sobre el regazo, enjoyadas con anillos de plata. Cuando levantó la vista, Ayzel sintió un escalofrío. Sus ojos eran grises, fríos, y la miraban con una intensidad que parecía perforar el alma.

—Siéntese, señorita Hudson. —La voz era suave, pero firme—. Llevo mucho tiempo esperando este momento.

Ayzel obedeció, sentándose en el sillón frente a ella. Helena se colocó detrás de la mujer, como una sombra leal.

—¿Es usted Victoria Krüger? —preguntó Ayzel, sin rodeos.

La mujer sonrió, una sonrisa que no llegaba a sus ojos.

—Victoria Krüger murió hace veinte años. Pero su espíritu vive en mí. Soy su hija. Elena Krüger. Aunque ahora me llamo Elena Voss.

—¿Usted es la reina?

—Sí. —Elena inclinó la cabeza—. Y usted es la mujer que ha logrado lo que nadie había conseguido: hacer que Alexander Woodgreen baje la guardia.

—No entiendo.

—He estudiado a Alexander durante años. Conozco sus debilidades, sus miedos, sus secretos. Pero nunca imaginé que una mujer como usted pudiera llegar tan hondo en su corazón. —Elena se inclinó hacia adelante—. Por eso la he invitado. Quiero proponerle un trato.

—¿Qué tipo de trato?

—Usted puede ayudarme a destruirlo. Y a cambio, yo la ayudaré a usted a obtener lo que siempre ha querido.

Ayzel frunció el ceño.

—¿Y qué es lo que siempre he querido?

—Venganza. —Los ojos de Elena brillaron—. Alexander le arrebató a Axel. Le robó la oportunidad de tener una vida juntos. Y lo peor de todo, la utilizó como peón en su juego. ¿No quiere hacerle pagar por ello?

Ayzel calló. Las palabras de Elena resonaban en su interior, despertando viejos rencores que creía haber enterrado.

—No —dijo, finalmente—. Ya no quiero venganza. Lo que sentía por Axel murió. Y lo que siento por Alexander es real.

—¿Real? —Elena rió, una risa amarga—. ¿Cree que él la quiere de verdad? Usted es solo un capricho. Una distracción en su vejez. En cuanto se aburra, la desechará, como hizo con mi madre.

—No es cierto.

—¿Ah, no? —Elena sacó un sobre y lo dejó sobre la mesa—. Abra eso.

Ayzel dudó, pero finalmente tomó el sobre y lo abrió. Dentro había documentos, cartas, fotografías. Eran pruebas de que Alexander había estado investigando a Ayzel desde el principio. Su pasado, sus relaciones, sus motivaciones. Todo.

—Él sabía quién era usted desde el primer día —dijo Elena, con voz venenosa—. Sabía que era la exnovia de su hijo. Sabía que usted había sido contratada para espiarlo. Y aun así, la mantuvo cerca. ¿Por qué cree que lo hizo?

Ayzel sintió que el mundo se le venía abajo. Las pruebas eran contundentes. Alexander la había estado manipulando desde el principio.

—¿Por qué me muestra esto? —preguntó, con voz temblorosa.

—Porque quiero que elija. Puede seguir siendo una marioneta en su juego, o puede unirse a mí y hacerle pagar cada una de sus mentiras.

—¿Y si me niego?

—Entonces, me temo que no podré garantizar su seguridad. —Elena sonrió—. La reina no acepta un no por respuesta.

Ayzel miró los documentos, luego a Elena, luego el fuego que crepitaba en la chimenea. Su mente era un torbellino de emociones: ira, dolor, confusión.

—Necesito tiempo para pensarlo —dijo, finalmente.

—Tiene hasta mañana al mediodía. —Elena se levantó—. Helena la acompañará a la salida. Y recuerde, señorita Hudson: la reina siempre gana.

Ayzel salió de la mansión con el sobre apretado contra el pecho, sintiendo que el suelo bajo sus pies se desmoronaba.

Todo lo que creía saber era mentira. Y ahora, tenía que decidir en quién confiar.

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1
Jipsianay Garcia
gracias autora
Aura Prieto MPH
😈
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