—¿Si pudieras volver atrás... te enamorarías otra vez de mí? —le pregunté.
Dante no respondió enseguida.
Solo me miró con esa calma que siempre lograba desarmarme.
—La verdadera pregunta, Valeria... es si tú volverías a alejarte de mí.
No contesté.
Porque los dos conocíamos la respuesta.
Mi nombre es Valeria.
Durante mucho tiempo creí que las historias de amor estaban hechas para mujeres distintas a mí. Mujeres bonitas. Seguras de sí mismas. Mujeres que no tenían que vender su cuerpo para pagar el alquiler de un pequeño apartamento en Nueva York.
Entonces apareció Dante De Luca.
Un hombre del que todos hablaban, pero al que muy pocos conocían de verdad.
Yo pensaba que él sería el mayor problema de mi vida.
Qué equivocada estaba.
Porque enamorarme de Dante fue fácil.
Lo difícil fue sobrevivir a todo lo que llegó después.
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Capítulo 10 : La mujer que él realmente buscaba
...DANTE...
Las reuniones sociales siempre me parecieron una pérdida de tiempo. La mayoría de las personas sonreía demasiado, mentía demasiado, prometía demasiado y al final, todo terminaba reduciéndose a negocios. Por eso, cuando Lorenzo insistió en que debía reunirme con la mujer que originalmente había solicitado para disculparme por la confusión de aquella noche, acepté únicamente para cerrar ese asunto de una vez.
Nada más.
El restaurante había sido reservado por completo.Nunca me gustaron los lugares públicos.Mucho menos cuando mi apellido aparecía en la lista de invitados.
Llegué cinco minutos antes.
La puntualidad también era una forma de respeto.
Camila apareció exactamente a la hora acordada.Llevaba un vestido azul sencillo y una sonrisa amable.Era, sin duda, una mujer hermosa.Sin embargo, lo primero que llamó mi atención fue otra cosa.No parecía impresionada por mi dinero ni por mi apellido.
Se sentó frente a mí con absoluta naturalidad.
—Buenas tardes.
—Buenas tardes, Camila.
Durante casi una hora hablamos de asuntos cotidianos.
Me contó que soñaba con abrir un salón de belleza, ahorrar lo suficiente para abandonar el club y empezar una vida diferente.
Escuché con atención.
Era una mujer trabajadora, educada,con metas claras.
Pero, aun así...
Algo no terminaba de encajar.
La conversación fluía con facilidad.Sin embargo, no despertaba absolutamente nada en mí.Cuando llegó el momento de despedirnos, me puse de pie.
—Fue un placer conocerla.
Ella sonrió.
—Igualmente.
Antes de marcharse hizo una pequeña inclinación con la cabeza.
—Y... gracias por tratarme con respeto.
La observé alejarse.
Lorenzo apareció unos segundos después.
—¿Qué le pareció?
Miré por la ventana.
La ciudad seguía moviéndose con la misma indiferencia de siempre.
—Es una buena mujer.
—¿Entonces?
Guardé silencio unos instantes.
Finalmente respondí:
—No busco a una mujer hermosa.
Busco a alguien que pueda caminar a mi lado sin sentir la necesidad de convertirse en otra persona.
Lorenzo no respondió.
Solo asintió.
Y, por primera vez desde aquella noche, comprendí que el error no había sido enviar a la mujer equivocada.Había sido hacerme creer que todas eran iguales.
...VALERIA...
Camila regresó al club casi una hora después.
Apenas cruzó la puerta del camerino, todas las chicas dejaron de hacer lo que estaban haciendo.
—¡Cuéntanos!
—¿Era tan guapo como dicen?
—¿Te invitó a salir otra vez?
Las preguntas comenzaron a caer una tras otra.
Camila soltó una risa.
—Tranquilas... ni siquiera me dejan respirar.
Yo permanecí sentada frente al espejo mientras retiraba lentamente el maquillaje de mis labios.
No quería escuchar.
Pero tampoco podía evitar hacerlo.
—Sí... es muy atractivo.
Varias suspiraron al mismo tiempo.
—¿Y? ¿Cómo fue?
Camila sonrió con timidez.
—Es un hombre muy educado. No presume de su dinero, escucha cuando hablas y jamás me hizo sentir incómoda.
Sentí un pequeño nudo en el pecho. Cada palabra confirmaba que no había imaginado nada.
Dante realmente era distinto.
Camila caminó hasta donde yo estaba y se dejó caer en la silla de al lado.Me dio un suave golpe con el hombro.
—¿Sabes quién era?
Negué con la cabeza.
—El cliente de aquella noche, el mismo que estuvo contigo
Sentí que el corazón se detenía durante un instante.Bajé la mirada para que nadie notara el leve temblor de mis manos.
—¿En serio?
—Sí. Quiso disculparse por toda la confusión.
No supe qué responder.
Camila continuó hablando.
—Todavía no entiendo cómo pudieron equivocarse así.
Sonreí con esfuerzo.
—Supongo que esas cosas pasan.
Ella permaneció observándome unos segundos.
—¿Cómo fue contigo aquella noche?
Había tantas cosas que deseaba contarle.Que me preguntó si había cenado.
Que compartió la mesa conmigo.
Que me dio las gracias por mi tiempo.Que, durante unas horas, me hizo olvidar el lugar donde estaba.
Pero aquellos recuerdos no me pertenecían solo a mí.
Así que respondí con la única verdad que podía compartir.
—Es un buen hombre.
Camila sonrió.
—Yo también lo creo.
Asentí despacio.
—Es respetuoso. Muy educado.
Creo que...
Hice una pausa antes de terminar la frase.
—Creo que te trataría muy bien.
Le sostuve la mirada mientras una parte de mí aprendía, en silencio, a despedirse de una ilusión que nunca había tenido derecho a construir.
Aun así, sonreí.
Una sonrisa sincera.
—Ojalá tengas suerte, Cami.
Ella me abrazó sin sospechar absolutamente nada.
—Gracias.
Eres la mejor.
La vi alejarse mientras conversaba con las demás.
No sentía envidia.
¿Cómo podría?
Camila nunca me había hecho daño.Había compartido conmigo su comida cuando yo no tenía qué llevarme a la boca.Me había prestado maquillaje cuando no podía comprar el mío.
Había estado a mi lado durante mis peores noches.
No era ella quien me estaba rompiendo el corazón.
Era mi propia imaginación.
Había confundido un gesto de humanidad con una posibilidad y el destino acababa de recordarme que las mujeres como yo rara vez éramos la primera elección.
—Valeria.
La voz de Nora me obligó a levantar la cabeza.
—Tienes cliente.
Me puse de pie.
—¿Qué habitación?
—La ocho.
Recorrí el pasillo intentando ordenar mis pensamientos.
Cuando abrí la puerta, el fuerte olor a licor golpeó mi rostro.El hombre apenas podía mantenerse en pie.
La camisa estaba mal abotonada y sus ojos apenas conseguían enfocarme.
Sonrió de una forma que me revolvió el estómago.
—Ven...Acércate...
Respiré profundamente.
Durante un instante cerré los ojos y , sin querer, recordé una voz tranquila preguntándome si ya había cenado.
Después otra.
"Gracias por tu tiempo, Valeria."
Abrí los ojos.
Enderecé los hombros y avancé.
Porque, a veces, un solo acto de bondad basta para recordarte la mujer que siempre mereciste ser, incluso cuando el mundo insiste en hacerte creer lo contrario.