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La Esposa Fea del Alfa Maldito

La Esposa Fea del Alfa Maldito

Status: Terminada
Genre:Hombre lobo / Completas
Popularitas:196.4k
Nilai: 4.9
nombre de autor: elmira brazil

Milena Cruz siempre fue la mujer que los Ríos escondían: la prima pobre, la de la cara marcada, la esposa fea que nadie elegiría. Pero cuando Valeria Ríos se niega a casarse con Dante Navarro, el heredero maldito de la Manada Luna de Hierro, Milena es enviada en su lugar para salvar a su abuela.
Todos creen que Dante está condenado. Sus novias anteriores murieron antes del amanecer, su lobo fue sellado con plata y acónito lunar, y el Consejo solo necesita otra víctima para cerrar el ataúd del Alfa.
Pero Milena no muere.
Su aroma despierta al lobo dormido de Dante. Su sangre de sanadora calma el veneno que nadie pudo tocar. Y el Alfa que debía destruirla empieza a protegerla frente a toda la manada, aunque hacerlo lo acerque a la muerte.
Milena llegó como una sustituta despreciada. Una esposa fea comprada con amenazas. Pero bajo sus cicatrices se esconde una heredera Cruz-Varela, una loba sanadora capaz de romper juramentos de sangre y desnudar las mentiras que enterraron a otras novias antes que ella.
Entre falsas Lunas, pactos de sangre, desafíos de Alfa y un vínculo de mate que arde cada vez que intentan separarlos, Milena tendrá que decidir si huye del Alfa maldito o si acepta el lugar que siempre le perteneció.
Porque la mujer que todos llamaron fea no nació para ser sacrificada.
Nació para convertirse en Luna.

NovelToon tiene autorización de elmira brazil para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2

Capítulo 2: El cuarto del Alpha dormido

La patrulla de frontera corrió junto a la camioneta durante casi veinte minutos.

Milena contó cinco lobos al principio. Después dejó de contar. Cada vez que la carretera giraba, otro par de ojos se abría entre los árboles. Dorados. Verdes. Uno rojo por una cicatriz que le partía el párpado.

Tomás no volvió a reír.

Patricia tampoco habló.

La Sierra de Niebla se cerró alrededor del camino. Sin casas, sin tiendas, sin más luces que los faros de la camioneta y las marcas de territorio clavadas en los troncos: placas negras con una luna de hierro grabada en el centro.

Milena apretó la bolsa del vestido contra las piernas.

—¿Cuántas murieron? —preguntó.

Patricia no la miró.

—¿Qué?

—Las novias anteriores.

Tomás negó apenas con la cabeza.

Milena no se calló.

—Si voy a ocupar el lugar de Valeria, al menos dígame cuántas mujeres mandaron antes.

Patricia se quitó un hilo invisible de la manga.

—Cuatro.

El número quedó flotando en la camioneta.

—¿Y todas murieron en la misma noche?

—Todas hicieron preguntas.

Milena sintió el tirón bajo la piel otra vez. Corto. Molesto.

No te agaches.

Miró por la ventana. Uno de los lobos corría tan cerca que podía ver la espuma blanca en sus colmillos. No los perseguía. Los escoltaba hasta el portón.

La camioneta se detuvo frente a un portón de hierro.

Dos hombres salieron de una caseta baja. No llevaban uniforme, pero no hacía falta. Tenían los hombros quietos, la mirada fija y ese olor a bosque mojado que no pertenecía a los humanos. Uno se inclinó hacia la ventana del chofer. El otro miró a Milena.

No a Patricia.

A Milena.

Ella sostuvo la mirada por un segundo.

El hombre mostró apenas los dientes.

Tomás le agarró la muñeca.

—Baja la mirada.

Milena le clavó los ojos.

—Suéltame.

El guardia del portón ladeó la cabeza. Olió el aire.

Patricia abrió la puerta antes de que aquello fuera peor.

—Es la novia del heredero Navarro —dijo—. Valeria Ríos.

El guardia volvió a oler.

El estómago de Milena se apretó. Había pasado toda la vida usando jabones amargos, hierbas de Abuela Clara y ropa lavada con ceniza para tapar el olor raro de su piel. Aun así, en ese lugar, con tantos lobos cerca, se sintió desnuda.

El guardia no dijo nada.

Levantó dos dedos.

El portón se abrió.

Casa Lirio apareció al final de una avenida de cipreses: una fortaleza blanca hundida en la niebla, con balcones de hierro negro y ventanas altas sin luz. Las fuentes estaban secas. En las escaleras de entrada, dos filas de guerreros esperaban bajo la lluvia.

Ninguno sonreía.

Patricia le puso la bolsa del vestido en el pecho.

—Cámbiate.

—Aquí no.

—No estás en posición de tener pudor.

Milena miró a los guerreros. Miró a Tomás. Luego a Patricia.

—Si quieren entregar una novia, al menos no la entreguen medio desnuda frente a la patrulla.

Uno de los guerreros soltó una risa baja.

Patricia se tensó.

—Cinco minutos.

La llevaron a una habitación lateral con un espejo, un lavabo de piedra y una lámpara amarilla. Milena cerró la puerta, apoyó la espalda contra la madera y respiró.

El vestido era blanco.

Claro que era blanco.

Se quitó la chamarra y la camiseta vieja. La tela fría le rozó los hombros. El encaje le picó sobre las cicatrices del cuello. No había velo que pudiera taparle la cara por completo; Patricia no había elegido el vestido para protegerla. Lo había elegido para que todos vieran qué clase de mujer estaban enviando al Alpha dormido.

Milena se miró al espejo.

La novia de Valeria.

La mentira de los Ríos.

La quinta mujer.

Se limpió la sangre seca de la comisura con el pulgar.

—Sobrevive primero —se dijo—. Después cobras.

Cuando salió, Jacobo Ortiz la esperaba en el pasillo.

Milena supo su nombre porque Patricia lo dijo con una cortesía que no le había oído en todo el día.

—Beta Jacobo. Gracias por recibirnos.

El hombre tenía el cabello gris oscuro, traje negro y guantes de cuero. Más que viejo, parecía preciso. Su olor era madera de cedro y cuero mojado.

Jacobo inclinó la cabeza, apenas.

—Señora Ríos.

Luego miró a Milena.

No apartó los ojos de sus cicatrices.

Tampoco hizo una mueca.

Eso la inquietó más.

—Señorita Ríos —dijo.

Milena no corrigió el apellido.

Todavía.

Jacobo dio media vuelta.

—Sígame.

Patricia caminó detrás de ellos. Tomás intentó entrar también, pero dos guerreros le cerraron el paso.

—La entrega termina aquí —dijo Jacobo.

—Yo vengo con la familia —protestó Tomás.

Jacobo lo miró.

No levantó la voz.

—La entrega termina aquí.

Tomás bajó la cabeza.

Milena sintió cómo la orden golpeaba el pasillo. El aire se hizo pesado. Tomás tragó saliva y retrocedió sin querer.

No alcanzaba la fuerza de una orden Alpha, pero venía de la misma raíz: jerarquía de manada.

Abuela Clara le había hablado de eso una vez. No todos los lobos mandaban igual. Algunos nacían para obedecer. Otros para hacer que el cuerpo obedeciera antes que la mente.

Jacobo siguió andando.

El interior de Casa Lirio olía a cera, piedra húmeda y flores blancas recién cortadas. Debajo de todo, Milena empezó a notar otra cosa. Amargo. Medicinal. Metálico.

Acónito lunar.

El olor le raspó la garganta.

—¿Lo mantienen drogado? —preguntó antes de pensar.

Jacobo se detuvo.

Patricia le clavó las uñas en el brazo.

—Valeria.

Milena no apartó la vista del Beta.

Jacobo respondió después de un segundo.

—Lo mantienen vivo.

—Eso no contesta mi pregunta.

—No era una conversación.

Siguió caminando.

Subieron una escalera ancha. En las paredes había retratos de hombres y mujeres de ojos claros, todos con la misma luna negra en la solapa. Algunos retratos estaban cubiertos con tela. Otros tenían marcas de garras sobre el marco.

Al final del pasillo, dos guerreros custodiaban una puerta doble.

Uno de ellos llevaba una cicatriz desde la oreja hasta el cuello.

—La novia —anunció Jacobo.

El guerrero olió el aire.

—No huele como la otra.

Patricia se adelantó.

—Valeria estuvo enferma. Los tónicos cambian el olor.

El guerrero no la miró.

Miraba a Milena.

—No huele como Ríos.

El pulso de Milena golpeó en sus muñecas.

Jacobo levantó una mano.

—El heredero espera.

La puerta se abrió.

El cuarto estaba oscuro, salvo por las velas colocadas en las esquinas y una línea de luna delgada entrando por el balcón. No era un cuarto de bodas. No de verdad.

Había flores blancas sobre una mesa.

Había un vestido negro doblado en una silla.

Había manchas viejas en el piso de piedra, lavadas tantas veces que solo quedaba una sombra.

Y en el centro, sobre una cama grande, estaba Dante Navarro.

Milena se quedó quieta.

Había imaginado un hombre consumido por la enfermedad. Huesos, piel gris, boca abierta, olor a muerte.

Dante Navarro no olía a muerte.

Olía a nieve sobre cedro negro.

A café amargo.

A sangre encerrada bajo hierro.

El acónito lunar intentaba cubrirlo, espeso y venenoso, pero no podía. Debajo de la droga, debajo de la plata, debajo de años de sueño forzado, algo seguía vivo.

Algo grande.

Algo furioso.

Milena dio un paso sin querer.

La piel de sus brazos se llenó de calor. No de miedo. No exactamente. Un hilo la jaló desde los dedos hasta el pecho.

No.

Se obligó a detenerse.

Dante estaba inmóvil. Tenía el rostro pálido, la mandíbula marcada, el cabello negro pegado a la frente por el sudor. Sobre su cuello, justo debajo de la oreja, una vena latía despacio. Muy despacio.

Pero latía.

—No se acerque más —dijo Jacobo.

Milena lo oyó desde lejos.

En la mesa junto a la cama había vendas, frascos oscuros y un cuenco de agua negra. Acónito. Plata. Algo más, algo que le quemó la nariz y le revolvió el estómago.

—Esto no es sueño —murmuró.

Patricia le apretó el brazo otra vez.

—Cállate.

Milena la ignoró.

Dante tenía las muñecas libres, pero alrededor de cada una había marcas viejas, finas, casi invisibles. No eran cicatrices de cuerda. Eran líneas plateadas hundidas en la piel.

El gruñido bajo la piel de Milena volvió.

Más fuerte.

Jacobo dio un paso hacia ella.

—Señorita Ríos.

—No soy sanadora de ustedes —dijo Milena.

—Nadie dijo que lo fuera.

—Entonces no me pidan que finja que esto está bien.

El silencio cayó pesado.

Patricia dejó de respirar.

Jacobo la estudió.

—Las otras novias lloraron cuando lo vieron.

Milena miró la cama. Miró las marcas de plata. El cuenco negro. La piel de Dante estaba fría para alguien vivo y tensa para alguien muerto.

—Ellas no sabían oler veneno.

Algo golpeó dentro del cuarto.

No la puerta.

No las ventanas.

Un golpe bajo, hondo, dentro del pecho de Dante.

Milena se quedó sin aire.

La mano izquierda del heredero Navarro se movió sobre la sábana.

Solo un dedo.

Pero se movió.

1
Lucia Feliciano Falcao
Ellos ya empiezan a comunicarse sin que uno conozca el otro.🤔🤔🤔
Luz Mery Suarez
y como l embarazo ❓ si estaba más muerto tenía la lápida pegada en el trasero 😂😂
Luz Mery Suarez
Milena
Martha de la Rosa
👏👏👏👏woooooo
Martha de la Rosa
va empezando la lectura y ya me atrapó 👏
Marianella Luquez
Entiendo que la protagonista pasó por una serie de vicisitudes, también entiendo que no pueden aparearse por la maldición de Dante. Pero ni un 🫂 ni un 😘 o 🔥😁😁😁😁😁😁
Hecate ⚡🐍🔥🗡️
no sé entiende es difícil seguir l narrativa salta de una cosa a otra no explica bien ella se hace la fuerte y lo hace sufrir cuando ella quiere estar con el es un juego parece es no me toques pero si tocame raro no se entiende
Hecate ⚡🐍🔥🗡️
está muy complicado leerla y entenderla quien es Duarte no se entiende y que es ella muchas vueltas nada concreto
Lourdes Margarita Santana Velarde
preciosa, gracias Sra. ( Señorita ) Autora, es la narración o explicación más hermosa y sencilla q he leído, sin ser vulgar Pero sin escribir las palabras exactas, se sintió muy románticas, m enamoré d ste capitulo
Lourdes Margarita Santana Velarde
yo stoy pasando lecturas, solo stoy leyendo lo q veo interesante
Lourdes Margarita Santana Velarde
tampoco entiendo xq ella no termina d aceptarlo
Leticia V
felicidades
Lourdes Margarita Santana Velarde
por ls momentos a mi también, ls 3 últimas q he leído m han decepcionado mucho
Borja
por favor, cada momento es más tenso
Lourdes Margarita Santana Velarde
yo opino lo mismo
Borja
esa es la fuerza de una verdadera Luna luchadora 👍
Borja
quiero saber cómo va a desenredarse esta maraña
Yudis Zorrilla
🤭🤭🤭🤭😂
Yudis Zorrilla
😭😭😭😭😭😭
Pilo
extraordinaria tu historia, me encantó de inicio a fin. me gusta leer historias de mates y lobos, pero esta fue diferente, te felicito escritora y que siga fluyendo tu inspiración, espero leer otra historia igual o mejor que esta, aunque te ratificó para mí es maravillosa.🤗👌👍
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