NovelToon NovelToon
Contrato secreto con mi jefe posesivo

Contrato secreto con mi jefe posesivo

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Completas
Popularitas:5.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Bella

Graciela Navarro llegó a Italia con dos maletas y una sola oportunidad de cambiar su vida. De día, lucha por convertir sus prácticas en una prestigiosa escudería de Fórmula 1 en el trabajo de sus sueños. De noche, entrega el control a C, un desconocido detrás de la pantalla que conoce sus límites, calma sus miedos y despierta deseos que nunca se atrevió a nombrar.
Román Cattaneo, el nuevo director del equipo, es frío, exigente e imposible de complacer. Grace debería mantener la distancia. El problema es que su voz, sus órdenes y la seguridad que le inspira se parecen demasiado a las de C.
Cuando la identidad detrás de aquella inicial salga a la luz, Grace tendrá que decidir si puede amar al hombre real con la misma intensidad con la que aprendió a confiar en su secreto. Entre circuitos, escándalos familiares y una pasión capaz de cruzar todas sus fronteras, ambos descubrirán que llegar a la meta no sirve de nada si no tienen el valor de hacerlo juntos.

NovelToon tiene autorización de Bella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7

Capítulo 7

La videollamada

C vio exactamente lo que había pedido: una pared blanca sin marcas ni detalles identificables.

La habitación estaba bien iluminada. Podía observar cada movimiento de Grace.

La cámara apuntaba desde el pecho hacia abajo, de modo que su rostro quedaba fuera del encuadre. La camiseta gris seguía húmeda y la tela mojada marcaba con claridad sus curvas.

—¿Empiezo ahora? —preguntó Grace.

Su voz sonó inestable por los nervios.

C permaneció en silencio.

Grace no podía ver su expresión. El rectángulo negro le impedía interpretar cualquier reacción.

Decidió asumir que él quería que continuara.

Hablar no era fácil, pero había elegido ser completamente sincera. Si deseaba recibir su confianza y su apoyo, también tenía que encontrar el valor para bajar las defensas.

—Estaba imaginando que él me abrazaba.

Fue directamente al centro de su fantasía.

Quizá también estaba poniendo a prueba a C para saber si podía sostenerla.

No llegó ningún sonido desde la pantalla negra.

Sabía que él la observaba, aunque no podía ubicarlo.

Era como encontrarse en una habitación enorme y oscura, con C sentado en algún rincón invisible y una sola luz dirigida hacia ella.

No la animó con palabras.

Tampoco mostró sorpresa ni la detuvo.

Su silencio parecía decir: continúa.

Las dudas de Grace fueron calmándose. Poco a poco regresó a la fantasía.

La luz permitía ver el movimiento de su pecho al respirar. Los mechones húmedos se adherían a los hombros y a la parte superior de la camiseta.

—Él me escucharía con paciencia. No importaría si estuviera llorando o feliz; trataría de comprenderme. Me sentaría sobre sus piernas y mantendría una mano en mi espalda. A veces me daría palmadas suaves.

Tomó aire.

—También nos besaríamos y nos tocaríamos. No seríamos novios. Él solo… solo…

Grace buscó una palabra que pudiera sustituir amor.

—Solo disfrutaría estar conmigo. Me protegería y siempre estaría de mi lado.

En la imagen parecía distinguirse el latido de su corazón.

Cada confesión abría un poco más la puerta que le estaba ofreciendo a C.

Nunca había descrito sus fantasías con tanta franqueza. Le daba miedo. Le avergonzaba que alguien pudiera considerarla enferma o absurda.

Sin embargo, con C se sentía inexplicablemente segura.

—Y al final…

La espalda de Grace empezaba a humedecerse por el calor.

La pantalla seguía negra.

¿Continuaba ahí?

La pausa debió de prolongarse demasiado, porque C habló.

—Termina esa parte.

Grace contuvo el aire.

—Te recuerdo que no tienes permitido mentir. Continúa.

En cuanto escuchó la orden, todo lo demás desapareció.

Volvió a imaginar aquella habitación inmensa. Él estaba sentado en la oscuridad, observándola.

Y ella tenía que obedecer.

—Al final… tendríamos relaciones. Cuando termináramos, él me abrazaría, me acariciaría el cabello y me diría que lo hice muy bien. My baby girl.

Si C se burlaba de ella en ese momento, la destruiría.

Pronunciar my baby girl ya le provocaba una vergüenza insoportable.

Pero era la verdad.

Era lo que deseaba.

La habitación quedó completamente silenciosa.

Grace inmovilizó el cuerpo y trató de impedir que su mente construyera una catástrofe que quizá nunca ocurriría.

Pasaron cinco minutos.

Entonces la voz de C salió de la pantalla.

—Puedes detenerte.

Hizo una pausa.

—Lo hiciste muy bien, my baby girl.

No utilizó aquellas palabras para ridiculizarla.

La llamó my baby girl para felicitarla.

Los ojos de Grace se llenaron de lágrimas.

No sabía si había sido valiente al bajar las defensas frente a un desconocido o si era tan frágil que una sola frase de rechazo podía romperla.

Solo sabía que una ternura inmensa la había recibido antes de que cayera.

Era una ternura oscura, sin rostro y llena de fuerza.

El cabello húmedo se extendía sobre ella como enredaderas que la envolvían con suavidad.

Un instante después apareció el miedo habitual: algo tan bueno jamás podría pertenecerle.

Grace lo aceptó.

Estaba acostumbrada a la decepción y a la pérdida.

Lloró en silencio hasta recuperar la calma.

C no terminó la llamada.

—¿Te sientes mejor?

Grace asintió.

—Sí.

—¿Lloras porque te sientes herida, avergonzada o triste?

Ella se abrazó.

—No lo sé.

—¿Te avergüenza haber compartido esa fantasía conmigo?

Grace negó de inmediato.

—No. No me avergüenza haberlo hecho.

—Entonces, ¿te sentiste herida?

—No —respondió con la voz apagada—. Acepté la corrección por llegar tarde.

—¿Estás triste?

Grace no contestó.

C volvió a guardar silencio.

Ella tampoco se movió. Siguió rodeándose el cuerpo con los brazos.

Después de una pausa larga, él habló.

—Acordamos que no nos conoceríamos en persona. Es una regla mía.

—Sí.

—Por eso lo siento. No puedo ofrecerte consuelo físico.

—No importa.

Las lágrimas volvieron a salir.

—Pero, para compensarlo, voy a decirte algo.

Grace abrió mucho los ojos y miró la pantalla.

—Cuando acepté la videollamada, ya había decidido terminar nuestra relación. Te permití completar la corrección porque necesitaba cumplir lo que había dicho.

El cuerpo de Grace se endureció.

El corazón se contrajo con tanta fuerza que un sabor ácido le llenó la boca.

No consiguió preguntar por qué.

—No puedo explicarte la razón —continuó C con voz grave—. Pero quiero que sepas algo.

—¿Qué?

—Cambié de opinión.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play