Sven Harris, hijo de Magnus recibió el legado de su padre, así como las Triadas del Clan por herencia, pero también se le exigía un matrimonio, Sven no aceptaba casarse con exigencias, después de su regreso del extranjero en su nuevo negocio encontró irregularidades, descubrió que un hombre tenía una deuda grande y se le exigía pagarla con su hija, sus acreedores no le daban oportunidad, así decidió pagarla por el y pedir a su hija en matrimonio, creando en la chica un profundo rencor.
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Alexander y Cristina
Cristina estaba de nuevo con la emoción a flor de piel, su enamorado secreto le había vuelto a mandar un hermoso ramo de rosas, Katia deseaba que un día encontrara un amor como ella se lo merecía, pues desde que encontró a Octavio con una de sus amigas no volvió a confiar en los hombres, pero ella confiaba que ese enamorado secreto fuera quien la supiera valorar.
Cristina se fue con Sara su amiga al centro comercial iban a comprarse un atuendo pues querían asistir a un bar que les habían invitado, y que les habían dicho que era una sensación ya que estaba situado dentro del casino, Cristina no era de ir a bares, pero está vez estaba interesada en asistir quería ver de qué hablaban.
Alexander le informó a Sven del inventario que había realizado junto con el nuevo administrador que Magnus les había recomendado,— ¡Nos vemos mañana, tengo que hablar contigo sobre el asunto que te mencioné!— Le anticipo,— ¡Yo estaré esta noche en el bar, me hace falta desestresarme, tomarme una copa y follar con alguien!Sven lo entendía, Alexander no era un hombre lividinoso, todo lo contrario, era responsable en todo lo que hacía.
Si tomaba alcohol, lo hacía con precaución, si tenía encuentro con mujeres, solo él lo sabía veces también Sven, entró a su ático se duchó para después vestirse, saliendo rumbo al casino.
Cristina usaba un vestido blanco a medio muslo con zapatillas estilo sandalias plateadas, el pelo lo llevaba suelto en ondas, un maquillaje tenue a la perfección, así llegó con su amiga Sara, iban a divertirse y bailar un rato.
Llegaron al lugar, sorprendidas era tal como se lo habían descrito, dejó su auto al valet parking para que se encargara de estacionarlo por ella, entraron por un pasillo que a leguas se veía lo elegante que era, con una sonrisa de agrado, se dirigieron a la sala vip, el ambiente estaba en su apogeo, chicas y chicos bailando a todo pulmón.
Pero el la sala privada un hombre se encontraba observando el ambiente con una copa en su mano, no negaba que el lugar había sido una buena inquisición, de pronto pensó que alucinaba, al ver una hermosa mujer moviéndose al compás de la música tuvo que volver a verla para estar seguro que no se había equivocado.
Cristina se sentía sedienta por lo acalorado del ambiente, se acercó a la barra pidiendo una botella de agua, Alexander se había acercado silenciosamente, cuando la tuvo de espaldas se acercó a su oído,— Te invito algo más fuerte, Cristina se encogió por el escalofrío que la recorrió, se dió la vuelta para encontrarse con unos ojos que la miraban atentamente,— !Alexander! — Exclamó sorprendida,— No pensé encontrarte aquí, le dijo cerca al oído un poco fuerte ya que la música no dejaba escuchar.
—¡Vamos te invito a mí mesa, estoy solo!— ¿Me acompañarías?— Cristina buscó con la mirada a su amiga antes de contestar, la encontró prendida con un chico, dedujo qué se iría con él, por lo que aceptó la invitación de Alexander, quien al responder que sí, la tomó de la mano jalándole sin presión directamente hasta su mesa.
—¿Como es que estas aquí? Preguntó la chica emocionada,— Todo esto junto con el casino es de nuestro amigo Sven, ya hace un mes lo compró, — Contestó sin poder dejar de verla, se veía hermosa,— Nunca me pasó por la cabeza que fuera el negocio de Sven que había mencionado más de una vez,— ¿Y qué te parece,? Preguntó con una sonrisa,— Me parece un buen ambiente, Te hubiera invitado si hubiera sabido que te gustaba bailar, Le dijo recordando haberla visto bailando muy bien.
La verdad no suelo venir seguido a un club, pero mi amiga y yo queríamos sacar un poco la rutina, decidimos visitarlo nos hablaron muy bien sobre este lugar.
Pasó el tiempo demasiado rápido para la pareja que hacer verdad estaba deseando estar más tiempo juntos, Cristina miró la hora en su reloj de pulsera,— Ya es tarde, el la miró incapaz de pronunciar algo,— Permíteme llevarte a tu casa, se que traes tu automóvil, para sorpresa del hombre acepto.
Alexander
Cristina
Alexander la guió de la mano, hasta su auto que ya el chico lo tenía cerca, le entregó las llaves mientras le abría la puerta caballerosamente, la sentó a su lado, en el camino le llamó a su amiga pero le contestó que ella se iría con un chico adorable que conoció, Cristina no se sorprendió negando, aunque al ver que a Alexander le hizo gracia, ella mejor sonrió levantando los hombros.
Todo el camino fue un poco silencioso, solo las miradas de uno al otro trasmitiendo presión, cuando llegó a su casa Cristina suspiró, pero Alexander se acercó para besar su mejilla,— Gracias por estos momentos! — Pronunció el hombre cerca de ella, pero la chica no se conformó, se acercó dándole un ligero beso en los labios del hombre, que se quedó quieto, Alexander la tomó de la nuca para besarla como el había deseado por largo tiempo, un beso qué exploró con su lengua toda su cavidad.
Cristina sentía que flotando sobre nubes,— Alexander se tuvo que separar de su boca para dejarla respirar, recargo su frente sobre la de ella, Me gustas mucho Cristina siempre lo has hecho desde que tengo memoria,— Yo soy quien te manda recados anónimos, flores, regalos ese soy yo, Cristina lo miró incrédula, pero después una sonrisa se dibujó en su bello rostro.
Cuando ella le preguntó porqué había actuado en anonimato el le contestó— ¡Estuve ahí cuando Octavio te engañó!— Y al pasar los años, te vi desilusionada por los hombres!— Seguí todo lo referente a ti, yo estaba enamorado de ti desde mi adolescencia, pero eras menor que yo! ¡Cuando cumpliste la mayoría de edad, yo me encontraba en el extranjero!— Pero cuando volví, tú estabas enamorada de ese idiota.
—Alexander sabes también me gustas mucho! Y amo a ese fantasma en qué te convertiste para cortejarme! — Alexander no pudo evitar volver a besarla,— ¡Entonces se mi novia, empecemos con esto haber que sale después!— Cristina aceptó con alegría volviéndose a besar con intensidad.
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