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ERES MIA, AUNQUE TU NO LO SEPAS.

ERES MIA, AUNQUE TU NO LO SEPAS.

Status: Terminada
Genre:Venganza de la Esposa / Ella Mayor Que Él / CEO / Completas
Popularitas:99.3k
Nilai: 5
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

La noche del cumpleaños número dieciocho de su hija, el mundo de Alma Montoya se derrumba frente a trescientas personas.

Su esposo entra al salón tomado del brazo de otra mujer.
Y no llega solo.

A su lado viene una joven de dieciocho años… idéntica a él.

La misma edad que Lucía.

La misma edad de la mentira que acaba de destruir veinte años de matrimonio.

En cuestión de horas, Alma pierde mucho más que un esposo. Descubre que el hombre al que amó le robó la clínica de su familia, su fortuna y cada cosa que construyeron juntos mientras llevaba una doble vida a sus espaldas. Pero lo peor llega cuando Lucía, su hija enferma del corazón, colapsa en medio del escándalo.

Traicionada, humillada y sin un lugar al que ir, Alma cree haber tocado fondo… hasta que un desconocido aparece bajo la lluvia.

Máximo Salas es joven, poderoso y peligrosamente observador. Un hombre que conoce demasiado sobre ella, sobre Darío y sobre la trampa que destruyó su vida. Lo que Alma no sabe es

NovelToon tiene autorización de CINTHIA VANESSA BARROS para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3

La clínica Montoya llevaba cuarenta años siendo el orgullo de la familia. El abuelo de Alma la había fundado, su padre la había expandido, y ella la había modernizado con diez años de decisiones que nadie le agradeció, pero todos disfrutaron. Cada máquina, cada ala nueva, cada convenio con las mejores universidades del país tenía su firma detrás.

Esta noche, los pasillos olían igual que siempre. Desinfectante, café malo de máquina, ese silencio tenso de los lugares donde la gente espera noticias que no quiere recibir.

Lucía estaba en la sala de urgencias con tres médicos encima, sedada, conectada a un monitor que Alma leía desde la puerta con los ojos de cirujana porque los de madre no le servían para nada en este momento. La crisis había cedido en la ambulancia. El corazón había respondido. Estaba estable, pero estable en el vocabulario de la cardiología no significaba lo mismo que en el del resto del mundo.

— Ya pasó lo peor — le dijo el cardiólogo, el doctor Reyes, que llevaba doce años tratando a Lucía y que la miraba a ella con esa mezcla de profesionalismo y lástima que Alma conocía de sobra porque ella misma la había usado muchas veces. — Necesita reposo, tranquilidad absoluta. Esta noche se queda.

— Lo sé.

— Alma. — Hizo una pausa. — ¿Estás bien tú?

— Perfectamente.

No era verdad. Pero era lo único que tenía para ofrecer en este momento.

Ángela estaba sentada al lado de la cama de Lucía con la mano de la niña entre las suyas, hablándole en voz baja aunque Lucía no pudiera escucharla.

Alma entró, le acomodó la sábana a su hija, le apartó el cabello de la cara. Dieciocho años y seguía pareciendo pequeña cuando dormía. Seguía pareciendo la misma niña que había llevado tantas veces a este mismo hospital con ese mismo corazón peleador y terco.

— Quédate con ella — le dijo a Ángela en voz baja. — Vuelvo en un momento.

Ángela la miró.

— Está aquí, ¿verdad?

— Sí.

— ¿Quieres que vaya contigo?

— No.

— Alma...

— Quédate con Lucía.

Darío estaba en el pasillo del fondo, junto a la ventana, con la corbata aflojada y el teléfono en la mano. Seguía con el traje del cumpleaños. Seguía con esa postura suya de hombre que ocupa el espacio como si le perteneciera.

Alma se preguntó cómo había tardado veinte años en ver lo que había detrás de esa postura.

Se detuvo frente a él.

— ¿Cómo está? — preguntó Darío.

— Estable. Gracias a mí, no a ti.

Darío guardó el teléfono.

— Me alegra que esté bien.

— No me vengas con eso. — Alma cruzó los brazos. — ¿Para qué estás aquí, Darío? ¿A rematar la noche?

— Estoy aquí porque es mi hija.

— Hasta ahora te acordaste. Qué conveniente.

Darío exhaló despacio, como quien aguanta a un niño haciendo un berrinche.

— Alma, hay cosas que tienes que saber. Es mejor que las escuches de mí.

— Llevo veinte años escuchándote a ti. Mira cómo me fue.

— Los bienes están a mi nombre. — Lo dijo sin preámbulo, sin bajar la voz, con la misma naturalidad con que habría dicho que iba a llover. — Todos. La casa, las cuentas, las inversiones. Todo fue traspasado legalmente. Tengo documentos firmados por ti misma que respaldan cada transacción.

Alma lo miró.

— ¿Qué estás diciendo?

— Que no tienes nada. — Pausa. — Bueno, casi nada. Me comprometo a cubrir los gastos médicos de Lucía y una pensión mensual para ella. Firmas el divorcio y esto termina sin más drama del necesario.

Alma procesó las palabras una por una, con esa lentitud extraña que tiene el cerebro cuando recibe algo que se niega a entender. Los bienes. Los documentos. Su firma. Veinte años de trabajo, del trabajo de su padre, del trabajo de su abuelo, pasados a nombre de este hombre con papeles que ella había firmado sin leer porque confiaba, porque amaba, porque jamás en su vida se le había ocurrido que la persona que dormía a su lado pudiera estar construyendo su ruina con tanta paciencia y tanto cálculo.

— La clínica — dijo.

— También.

— Esta clínica la fundó mi abuelo.

— Y ahora está a mi nombre. Legalmente, Alma. No hay nada que hacer.

Algo estalló adentro. No lloró. No gritó. Le cruzó la cara con la mano abierta por segunda vez en la misma noche.

Darío perdió la compostura.

La agarró de los brazos, la empujó contra la pared, no con violencia, con esa fuerza contenida de quien lleva años aguantando y acaba de decidir que ya no.

— ¡Cálmate! — le dijo entre dientes, la cara a centímetros de la suya. — ¡Ya basta!

— ¡Suéltame!

— Escúchame bien. — La sacudió una vez. — Firmás los papeles o te juro que no vas a ver un peso. Ni para los medicamentos de Lucía, ni para nada. ¿Entendiste?

— Eres un miserable. — La voz le temblaba, pero los ojos no. — Un don nadie. Eso eras cuando te conocí, ¿lo recuerdas? Un don nadie con buena pinta y mucho cuento. Yo te di todo. Mi amor, mi dinero, el dinero de mi familia, veinte años de mi vida. Te construí. Yo te hice lo que eres y ahora me robas y me cambias por esa, esa...

— ¡Porque me asfixiaste! — Le soltó los brazos de golpe, se separó, y por primera vez en la noche algo en su cara se quebró. No de culpa. De rabia. — ¡Veinte años asfixiándome con tu familia, con tu clínica, con tu apellido, con tus logros! ¡Todo era tuyo, todo era de los Montoya, yo era el marido de la doctora Alma Montoya y nada más! ¿Qué querías que hiciera?

— ¡Eso no te da derecho a robarme!

— No te robé nada. Firmaste.

— Firmé porque confiaba en ti. — Le tembló la voz. Se le quebró. Lo miró y por primera vez en la noche sintió que los ojos le ardían. — Me casé enamorada. Ciega, idiota, enamorada. Y tú lo sabías. Sabías que te daría todo y lo planeaste desde el principio, ¿verdad? Todo planeado.

Darío no respondió.

Y ese silencio fue la única respuesta honesta que le había dado en veinte años.

— No voy a firmar nada — dijo Alma. La voz ya no le temblaba. — Nada, ¿me oíste? Voy a buscarme el mejor abogado de este país así me toque venderle el alma al diablo. Te lo voy a hundir, Darío.

— No tienes con qué pagar un abogado.

— Ya me las arreglo.

— Alma, no seas...

— Lárgate. — Señaló el pasillo. — Lárgate de esta clínica, que, aunque esté a tu nombre esta noche la autoridad moral es mía. Y si vuelves a acercarte a mí o a mi hija esta noche te juro que el escándalo del cumpleaños va a parecer un ensayo.

Darío la miró un momento. Recogió la compostura como quien recoge un abrigo del suelo, se ajustó la corbata, y se fue sin decir nada más.

Alma se quedó sola en el pasillo.

La pared fría en la espalda. El ruido lejano de los monitores. El desinfectante. El café malo.

Las piernas le fallaron despacio, con discreción, como si hasta ellas supieran que no era momento de hacer más escándalo. Se deslizó hasta el suelo con la espalda contra la pared y se quedó ahí, con las rodillas contra el pecho y las manos en la cara, y lloró. Sin ruido, sin dramatismo, con esa forma silenciosa y agotada de llorar que no busca que nadie la vea sino simplemente soltar lo que ya no cabe adentro.

No escuchó a Ángela llegar.

Solo sintió sus brazos rodeándola.

— Ya — dijo Ángela, en voz baja. — Ya, ya, ya.

Alma no dijo nada. Se dejó abrazar y lloró un poco más, el tiempo justo, el que necesitaba.

Luego levantó la cabeza.

— Me quitó todo, Ángela.

— Lo sé.

— La clínica, la casa, todo. Hay papeles con mi firma.

— Lo sé.

— ¿Cómo lo sabes?

—Estaba escuchado a escondidas. — Ángela la miró. Tenía los ojos brillantes pero la mandíbula apretada, esa mezcla suya de emoción y determinación que Alma había visto pocas veces y que siempre significaba que algo iba a pasar. — Pero escúchame bien. Ese desgraciado no se va a salir con la suya. Te lo juro. No mientras yo esté viva y tenga lengua.

Alma la miró.

— No tengo nada, Ángela. No tengo con qué pelear.

— Tienes razón. — Ángela le apretó la mano. — Y me tienes a mí. Y con eso vamos a empezar.

1
Lucy alejo
ya quiero leer acción entre Máximo y alma ❤️‍🔥🔥❤️‍🔥🔥❤️
Lucy alejo
ese hombre no quiere a nadie nosé porque te sorprende y te lo mereces por qué eres mala como tú mamá
Lucy alejo
Máximo es más hombre que tú Darío y claro que tienes celos aunque lo niegues 😂
Lucy alejo
me encanta 😍🥰, ahora sí Darío te dieron en tu ego? jaja ya viste que a Alma le brillan los ojitos por ese papucho de Máximo 😋
Lucy alejo
muy buena la historia 🥰😍
Betty Saavedra Alvarado
,Maximo le dijiste la verdad en su cara
Betty Saavedra Alvarado
Augusto tu solito te pudiste la soga al cuello Lucrecia te grabó todo ahora la policía hará su trabajo irás a la carcel por todo tus delitos
Betty Saavedra Alvarado
Alma no deja de nadie
Betty Saavedra Alvarado
Maximo a ser fuerte
Betty Saavedra Alvarado
Ese Augusto ves una rata
Betty Saavedra Alvarado
Dario fue la víctima de Belmonte
Betty Saavedra Alvarado
Lucia tienes el corazón de Vanessa ella murió por ambiciosa
Lucy alejo
y la pinche seguridad que según le pusieron en la universidad no sirve para nada por lo visto 🙄
Lucy alejo
la hubieran cambiado de universidad nomás va a estar aguantando las humillaciones de esa mocosa
Lucy alejo
Angela no es una dama en apuros tiene con que defenderse jajaja 😂 para la próxima piensenlo bien desgraciados
Lucy alejo
exactamente y tú no tienes con que sostenerte y vas a perder jajaja
Lucy alejo
bien merecido se tiene esa cachetada muy bien Alma 👏🏻 se cree mucho gastando dinero ajeno la sinvergüenza
Lucy alejo
aprovecha ese colágeno almita por qué no te va a llegar 2 veces uno así como Máximo 😋🤭
Lucy alejo
yo opino que me super encanta esta novela , tiene de todo me gusta como se va dando las cosas
Lucy alejo
Máximo es un amor 🥰😍🥰😍
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