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El Despertar De La Flor De Plata

El Despertar De La Flor De Plata

Status: En proceso
Genre:Cambio de Imagen / Viaje a un mundo de fantasía / Mundo de fantasía / Bestia
Popularitas:7.9k
Nilai: 5
nombre de autor: ska

En un mundo salvaje donde las hembras son escasas, codiciadas y acumulan harenes de múltiples esposos para asegurar la supervivencia de la especie, Lin Mei (la antigua "hembra perezosa y fea") toca fondo tras intentar forzar al guerrero oso Boran a amarla. Al borde de la muerte tras un intento de suicidio, su cuerpo es ocupado por Mei, una brillante estudiante de agronomía y medicina alternativa del mundo moderno.

Decidida a no ser el juguete ni el parásito de nadie, Mei revoluciona la Tribu de la Roca con conocimientos de higiene, agricultura y costura. Su transformación física y mental la convierte en la hembra más hermosa y deseada del continente. Mientras rechaza los lamentos del arrepentido Boran, Mei desafía las leyes del mundo de las bestias al entregar su corazón a uno solo: Kaelen, el imponente y devoto líder de los leones, demostrando que en un mundo de poligamia, el verdadero poder radica en elegir a quién amar.

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CAPITULO 17

El silencio que siguió a la declaración de Sora fue tan denso que el crujido del carbón en los braseros del consejo sonó como explosiones de madera. Boran se quedó estático en medio del pasillo central, con la mandíbula apretada y la mano aún suspendida sobre el pomo de su hacha de piedra. Miró hacia la sección baja de la cueva, esperando ver rostros sumisos y asustados, pero lo que encontró fue un muro de miradas desafiantes. Las hembras ciervo, jabalí y tejón, que durante generaciones habían bajado la cabeza ante el rugido de los guerreros pardo, ahora permanecían de pie, arropando a sus crías con una firmeza que nadie en la Tribu de la Roca había visto jamás.

Talia, con el rostro desfigurado por el desespero y la humillación, tiró con fuerza del brazo de Boran. —¡Míralas, Boran! ¡Es una traición! —chilló la hembra zorro, apuntando con su dedo tembloroso a Mei—. ¡Esta paria ha envenenado sus mentes! Si el jefe Gorik no la castiga ahora, las hembras pensarán que pueden gobernar la tribu. ¡Exijo que los guerreros las obliguen a sentarse!

—¡Silencio, Talia! —la voz del jefe Gorik no fue un rugido, sino un trueno seco que reverberó en las paredes de la cueva. El anciano líder se levantó de su trono, apoyando ambas manos sobre su pesado bastón de mando. Sus ojos marrones, cargados de la sabiduría de incontables inviernos, recorrieron la sala, deteniéndose primero en el cuerpo tenso de Boran, luego en el grupo de rebeldes y, finalmente, en la imperturbable figura de Mei.

Gorik exhaló un suspiro largo, y el vaho de su aliento se disipó lentamente en el aire caliente. —Boran habla de las leyes de la Roca —declaró el jefe, su tono calmado pero imponente—. Y es verdad que la gran cesta común se creó para que ningún miembro de nuestra sangre muriera mientras otros celebraban. Pero las leyes de la Roca también dicen que el cazador que encuentra una nueva veta de agua o el chamán que descubre una nueva raíz curativa tiene el derecho de administrar su conocimiento para el bien de todos. Lin Mei no ha robado la carne de la cesta común. Ha creado abrigo de la maleza y ha desenterrado comida donde nuestros ojos ciegos solo veían tierra congelada.

Boran dio un paso hacia el trono, su voz cargada de frustración. —¡Jefe! Si permitimos que ella se quede con sus provisiones y su tecnología, la tribu se dividirá. Los machos no arriesgaremos la vida en la tormenta si las hembras del nido bajo se niegan a procesar nuestras pieles.

Mei dio un paso al frente, interceptando la línea de visión de Boran. Sus prendas de tela de ortiga, de un corte tan limpio y anatómico, hacían que las toscas pieles que vestía el guerrero oso parecieran harapos prehistóricos.

—La tribu no se está dividiendo por mi causa, Boran —sentenció Mei, su voz resonando con una claridad —. Se está dividiendo por tu incompetencia. Has traído el cuerpo de un mamut joven a la plaza y lo has dejado pudrirse por puro orgullo, en lugar de escuchar mis advertencias. Pretendes quitarle las papas silvestres a las madres que pasaron horas excavando en la escarcha para entregárselas a un grupo de cazadores que prefiere holgazanear junto al fuego mientras las crías mueren de fiebre. Eso no es liderazgo; es parasitismo.

—¡Maldita...! —Boran amagó con avanzar, pero una fuerza magnética y letal bloqueó su camino.

Kaelen se había movido. Con la velocidad invisible de un rayo, el líder de los leones se colocó entre Boran y Mei. Su enorme mano derecha descansaba de manera aparentemente relajada sobre el hombro de Boran, pero la presión de sus dedos fue tal que el guerrero oso sintió que sus huesos crujían bajo el cuero de su túnica. Los ojos ámbar de Kaelen brillaban con una fijeza depredadora, y una sonrisa de absoluta soberbia se dibujaba en su rostro perfecto.

—El oso sigue olvidando sus modales frente a las damas —ronroneó Kaelen, su barítono profundo enviando un escalofrío por la espalda de los ancianos del consejo—. En las tierras del sur, si un macho le ruge de esa forma a una hembra que ha demostrado ser más inteligente que todo su nido, se le corta la lengua y se le arroja a los buitres. Agradece que estás en tu territorio, Boran. Pero no tientes a mi paciencia. La flor de plata está bajo mi mirada, y mi mirada corta más profundo que tus hachas de piedra.

Los guerreros de la Tribu del León que se encontraban en los laterales de la cueva dieron un paso al frente de manera coordinada, golpeando las bases de sus lanzas contra el suelo. El sonido sordo y marcial dejó en claro que no dudarían en transformar la cueva del consejo en un matadero si su líder lo ordenaba.

El jefe Gorik golpeó su bastón dos veces contra la roca, disipando la tensión antes de que la sangre manchara el suelo sagrado. —¡Kaelen! Este es el consejo de la Roca. Apreciamos tu presencia como aliado, pero el veredicto es mío.

Kaelen retiró la mano del hombro de Boran con una fluidez insultante, dando un paso atrás para quedar al lado de Mei, guiñándole un ojo de color ámbar en un gesto de absoluta complicidad que Mei prefirió ignorar para mantener su postura profesional.

Gorik miró fijamente a Mei. —Lin Mei, tu conocimiento es una bendición, pero la tribu necesita sobrevivir. No puedo permitir que los nidos bajos mueran de frío mientras tú controlas el hilo. Tampoco permitiré que Boran confisque tu trabajo. Este es mi veredicto: a partir de hoy, tu cueva ya no es solo tu nido. Se convierte en la Casa del Hilo y la Medicina de la Tribu de la Roca.

Mei arqueó una ceja, esperando la continuación.

—No entregarás tus provisiones a la gran cesta —continuó Gorik—. En su lugar, establecerás un sistema de intercambio. Los cazadores que deseen la medicina para sus crías o las mantas de tela para sus mujeres deberán entregarte las mejores porciones de carne fresca, tendones limpios y leña seca directamente a tu colina. Las hembras que deseen aprender tu arte de tejer y recolectar papas podrán subir a tu claro bajo tu supervisión. Tú administrarás los recursos. Boran y Talia no tienen derecho a poner un pie en tu sendero, bajo pena de destierro inmediato.

Un murmullo de alivio y satisfacción recorrió la sección baja de la cueva. Sora y Nila sonrieron, abrazando a sus hijos. Habían ganado. Ya no dependerían de los caprichos de la plaza central; ahora tenían un canal directo con la mujer que les había devuelto la esperanza.

Talia dejó escapar un sollozo de pura rabia, cubriéndose el rostro antes de salir corriendo de la cueva del consejo, incapaz de soportar ver cómo su estatus como la hembra más influyente de la aldea acababa de ser pulverizado por completo. Boran la siguió con paso pesado, lanzándole una última mirada de odio puro a Mei y a Kaelen antes de desaparecer en el túnel.

Mei se inclinó ante el jefe Gorik con una reverencia impecable. —Acepto su veredicto, jefe Gorik. La Casa del Hilo estará abierta para todos los que estén dispuestos a trabajar y respetar mis leyes. La inteligencia salvará a esta tribu, no la fuerza vacía.

La reunión del consejo se disolvió. Mientras las madres de la tribu se acercaban a Mei para coordinar los turnos de trabajo del día siguiente, Kaelen se mantuvo a una distancia prudente, observando cómo la joven agrónoma organizaba a su nuevo "ejército de agujas" con la precisión de un general experimentado.

Cuando la cueva finalmente quedó vacía, Mei caminó hacia la salida, encontrando al león esperándola bajo el marco de piedra, mientras los copos de nieve comenzaban a caer nuevamente del cielo plomizo.

—El viejo oso resultó ser más astuto de lo que pensaba —comentó Kaelen, recostando su imponente espalda contra la roca helada y mirando a Mei con una sonrisa ladeada—. Te ha dado el poder absoluto sobre la supervivencia de su gente. Ahora eres más importante para la Roca que el mismísimo Boran.

—Gorik sabe de gestión de recursos, Kaelen —respondió Mei, ajustándose los puños de su chaqueta de tela—. Sabía que si me presionaba, yo simplemente destruiría las reservas de medicina y me marcharía. Ahora la tribu tiene una oportunidad real de superar la Luna Blanca.

Kaelen dio un paso hacia ella, sus ojos ámbar brillando con una luz densa y posesiva. El calor de su cuerpo pareció derretir los copos de nieve que flotaban entre ambos. —Has ganado esta batalla, pequeña flor. Has creado tu propio imperio dentro de las piedras de los osos. Pero recuerda lo que te dije: la tormenta de nieve no es lo único que avanza. Mis guerreros terminarán su reconocimiento pronto. Disfruta de tu Casa del Hilo, porque cuando el hielo comience a derretirse, vendré a reclamar a mi reina, y esta vez, no habrá jefes osos que puedan interponerse en mi camino.

Mei sostuvo su mirada ardiente, sintiendo el magnetismo de su presencia. Sonrió con una sutil ironía. —Para cuando el hielo se derrita, Kaelen, puede que mi imperio sea lo suficientemente grande como para que seas tú quien tenga que pedir permiso para entrar a mi nido.

Kaelen soltó una carcajada limpia y salvaje que resonó en todo el valle nevado, y con un movimiento rápido, se dio la vuelta, perdiéndose entre la blancura del bosque con el paso firme de un rey que sabe que la cacería más importante de su vida acababa de volverse mucho más interesante. Mei miró sus huellas doradas en la nieve antes de subir hacia su colina, lista para comenzar la verdadera transformación de este mundo salvaje.

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Irma Morena Ruelas Cueva
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Victoria Avon Chang
ME GUSTA LA TRAMA ES NUEVA PARA MI POR LAS TRIBUS DE BESTIAS
Irma Morena Ruelas Cueva
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Yarelis Armas Pérez
q tipo de hembra es mei ? una osa ?

zorra ? ¿ q animal ?
Yarelis Armas Pérez: ahora me quedare con la duda 😗😗😗

bueno a seguir leyendo
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Victoria Avon Chang: Ne encanta la trama Autora gracias
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