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Sombras De Dragón

Sombras De Dragón

Status: En proceso
Genre:Pareja destinada / Superpoder / Época / Dragones
Popularitas:2.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Tatiana.

Roxana murió en su época original —el siglo XXI— en un accidente durante una expedición arqueológica, justo mientras estudiaba documentos antiguos sobre la Dinastía Tang. Su último pensamiento fue: “Ojalá hubiera podido ver cómo vivían realmente aquí”. Al abrir los ojos, se encontró en un jardín lleno de flores de loto, vestida con sedas finas y rodeada de personas que la llamaban “señorita Wén”. Había renacido, conservando todos sus recuerdos, conocimientos científicos, habilidades y su personalidad intacta: terca, inteligente, caprichosa y nada dispuesta a someterse a las normas estrictas de la antigüedad.
En esta nueva vida, creció rodeada de amor: sus padres le permitían estudiar, viajar y decir lo que pensaba; sus hermanos la seguían a todas partes como sus fieles escuderos. Pero al cumplir dieciséis años, fue invitada a la fiesta del Palacio Imperial, donde conoció al Emperador Li Longjun: un hombre hermoso, frío y poderoso, al que todos temían y respetaban.

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Capítulo 6: El Dragón Dorado: indiferencia absoluta.

La gran sala del palacio imperial brillaba con una luz deslumbrante. Lámparas de aceite con soportes de oro y plata colgaban de los altos techos, iluminando murales que contaban hazañas de antepasados y victorias del imperio. El aire estaba cargado de perfumes caros, de olor a incienso y de un murmullo constante de voces educadas, risas medidas y el suave roce de sedas de todos los colores imaginables. Nobles, generales, funcionarios y sus familias se mezclaban en un baile de apariencias, cada uno intentando mostrar su mejor versión, buscando llamar la atención de quien tenía el poder: el Emperador Li Longjun.

Roxana caminaba entre ellos, erguida, la cabeza alta, con una calma que contrastaba con la emoción contenida de todos los demás. Llevaba una túnica hermosa, de un rojo profundo bordado con hilos dorados que formaban flores de loto, pero su corte era más sencillo, menos recargado que el de las demás mujeres, y su cabello, aunque recogido con elegantes peinetas de jade, no estaba cubierto por velos ni adornos excesivos. No quería destacar por lujos, ni por belleza maquillada; quería ser ella misma, incluso allí.

A su lado, sus padres caminaban con dignidad, saludando a conocidos, mientras sus hermanos se habían quedado en la entrada, tal como se les había permitido, esperando vigilantes, dispuestos a intervenir si alguien molestaba a su hermana.

—Mantén la calma, hija —le susurró su madre, acercándose un poco—. Solo saluda, sonríe cuando debas, y en cuanto podamos, nos iremos.

Roxana asintió, pero sus ojos recorrían la sala con esa curiosidad analítica que siempre la caracterizaba. Todo era grandioso, impresionante, sí… pero también rígido, frío, lleno de reglas invisibles que ataban a cada persona allí presente. Para ella, que venía de un mundo donde la libertad era un derecho, todo aquello le parecía una jaula dorada.

De repente, el sonido de unas trompetas graves y largas hizo que todos se callaran al instante. Cada cabeza se giró hacia el estrado elevado, al fondo de la sala, donde dos grandes cortinas de seda dorada se abrieron lentamente.

—¡Su Majestad, el Emperador Li Longjun! —anunció un maestro de ceremonias con voz potente que resonó por todo el recinto.

Un silencio absoluto cayó sobre la sala. Todos se inclinaron profundamente, el rostro casi tocando el suelo, en una reverencia obligada y profunda. Roxana se inclinó también, pero menos que los demás, solo lo suficiente para cumplir con la norma, manteniendo la cabeza lo bastante erguida para poder verlo entrar.

Y entonces lo vio.

Li Longjun era todo lo que las leyendas decían, y mucho más. Alto, de porte majestuoso, con una presencia que llenaba todo el espacio, como si el aire mismo cambiara a su alrededor. Llevaba túnicas imperiales de color amarillo intenso —el color exclusivo del emperador—, bordadas con dragones de oro que parecían cobrar vida con cada movimiento. Su cabello negro, largo y brillante, estaba recogido con una diadema de jade puro, y su rostro, de rasgos firmes y perfectos, tenía esa belleza fría y distante de quien sabe que es dueño de la vida y la muerte de todos los que lo rodean.

Pero lo que más llamaba la atención eran sus ojos: oscuros, profundos, inescrutables. Ojos que habían visto guerras, riquezas, poder absoluto… y que ya no parecían sorprenderse ni interesarse por nada. Caminaba despacio, con paso firme, y a su alrededor, damas y nobles se agolpaban, intentando atraer su mirada, ofreciendo sonrisas, palabras dulces o regalos, todos ansiosos por una sola mirada, una sola palabra suya.

Él pasaba entre ellos, respondiendo con gestos cortos, sonrisas vacías, miradas que apenas se posaban en nadie, como si todos fueran iguales, como si nadie fuera capaz de despertar su atención. Era el Dragón Dorado, el ser más poderoso del mundo… y también el más aburrido, el más solo, el más indiferente a todo lo que no fuera su imperio.

Roxana lo observaba con interés, pero sin esa admiración ciega, sin esa devoción que veía en los demás. Para ella, él era un hombre joven, poderoso, sí, pero también un prisionero de su propio cargo, de sus propias obligaciones, de la soledad que trae el poder absoluto. Y, por encima de todo, era el hombre que, según el destino que ella misma había empezado a escribir, pronto pasaría de esta indiferencia total a una obsesión absoluta por ella.

—Es hermoso, sí —pensó para sí misma, con esa parte de su mente que siempre analizaba todo—. Pero parece que no siente nada. Como si todo le diera igual.

Cuando él se acercó a donde estaban ella y sus padres, Wén Chen dio un paso al frente, hizo una reverencia profunda y habló con respeto:

—Majestad, es un honor servirle. Soy Wén Chen, y esta es mi familia.

Li Longjun detuvo su paso. Sus ojos se posaron brevemente en el padre de Roxana; asintió con una inclinación de cabeza, un gesto automático, cortés. Luego, su mirada se desvió hacia ella.

Roxana se quedó quieta, lo miró directamente a los ojos, sin bajar la mirada, sin sonreír ni fingir timidez. Lo miraba con la misma naturalidad con la que habría mirado a cualquier otra persona, con curiosidad, sí, pero sin sumisión, sin ese brillo de deseo o admiración que veía en todas las demás mujeres que lo rodeaban.

Él la miró un segundo. Solo un segundo. Recorrió su figura con la mirada, rápido, indiferente, como quien mira un jarrón o una cortina, algo que está ahí, que es bonito, pero que no tiene importancia, que es igual a tantos otros. No vio nada especial. Para él, ella era solo una joven más, hija de un funcionario, hermosa, sí, pero igual a las cientos de jóvenes hermosas que veía cada día, todas educadas para agradar, todas iguales, todas esperando que él les prestara atención.

—Hija tuya… —dijo él, con voz grave y suave, pero totalmente carente de interés, sin preguntar siquiera su nombre—. Es hermosa. Como todas.

Y sin esperar respuesta, sin añadir nada más, apartó la mirada y siguió caminando hacia el siguiente grupo de personas, dejándolos atrás como si no fueran más que un mueble en la sala.

Su madre contuvo el aliento, sorprendida por la brevedad y la frialdad del encuentro. Su padre bajó la cabeza, respetuoso, aunque sabía que su hija merecía mucho más que eso. Las damas chismosas que estaban cerca, la señora Elvira y la señora Mariana, no perdieron la oportunidad y, con voces lo bastante altas para que se escuchara, empezaron a murmurar:

—¿Visteis? Ni siquiera le preguntó el nombre…

—Claro, es solo una más. ¿Cómo iba a fijarse en ella?

—Se cree tan especial, pero para el Emperador, es igual que todas nosotras. Una más del montón.

Esperaban ver a Roxana avergonzada, dolida, humillada. Esperaban que bajara la cabeza, que se sintiera pequeña, que entendiera que no era nada ante el poder imperial.

Pero lo que vieron las dejó perplejas.

Roxana no se había movido. Seguía de pie, con la cabeza alta, mirando hacia donde se había ido el Emperador… y en lugar de dolor o vergüenza, había en su rostro una expresión de puro aburrimiento, de desinterés absoluto. Se giró hacia sus padres, se encogió de hombros con total naturalidad y dijo con voz tranquila, lo bastante fuerte para que las damas chismosas la oyeran perfectamente:

—Vaya… y yo que esperaba que fuera diferente. Pero no. Es igual de aburrido y predecible que el resto. Solo un hombre más, rodeado de gente que le dice lo que quiere oír, sin nada interesante que decir ni hacer.

Sus padres la miraron con los ojos muy abiertos, asustados y a la vez divertidos por su valentía. Las damas se quedaron con la boca abierta, sin poder creer lo que escuchaban. ¿Cómo se atrevía a hablar así del Emperador? ¿Cómo podía tratar con indiferencia al hombre que todos adoraban?

Pero lo que nadie vio —porque estaba de espaldas a ellos— fue que, al escuchar esas palabras, Li Longjun, que ya estaba a unos pasos de distancia, se detuvo un instante. No se giró, no dio señales de haber oído nada… pero por primera vez en mucho tiempo, algo había llegado a su mente.

Durante toda su vida, todas las mujeres que conocía se desvivían por llamar su atención. Le sonreían, le hablaban con dulzura, se sonrojaban cuando él las miraba, hacían todo lo posible para que él las notara. Siempre eran ellas las que buscaban su mirada, las que querían algo de él: su favor, su protección, su amor, su poder.

Pero esta joven… esta hija de Wén Chen… ella no solo no había buscado su atención, no solo no había sonreído ni se había sonrojado… ella le había devuelto exactamente lo mismo que él le había dado: indiferencia. Y no solo eso, sino que, al parecer, para ella, él no era nada especial. Era “aburrido” y “predecible”.

Esa idea, esa pequeña, extraña y nueva sensación, se quedó flotando en su mente, como una espina pequeña que no podía quitarse. Siguió caminando, saludando, sonriendo con frialdad… pero por primera vez, su mirada no estaba tan distante. Por primera vez, sus ojos empezaron a buscar entre la gente, sin que él mismo supiera por qué, buscando esa figura alta, de túnica roja, que no parecía impresionada por nada, ni siquiera por el propio Emperador.

Roxana, por su parte, se acomodó la túnica con elegancia, miró a las damas que la miraban horrorizadas y les dedicó una sonrisa tranquila y desafiante.

—¿Qué pasa, señoras? —les dijo con calma—. ¿Es un delito decir la verdad? Si esperaban que me desmayara porque él me miró un segundo, se equivocaron. Yo no compito por la atención de nadie, y mucho menos de alguien que no tiene nada interesante que ofrecer.

Dio media vuelta, tomó del brazo a su madre y a su padre, y caminó hacia una de las terrazas abiertas, buscando aire fresco, lejos del ruido y de las apariencias.

—Vámonos pronto —les dijo en voz baja, con una media sonrisa—. Esto es más aburrido de lo que imaginaba.

Mientras salían de la sala, ella no sabía que, detrás de ella, dos ojos oscuros y profundos la seguían con una atención que ya no era indiferente. Li Longjun no entendía por qué, ni le gustaba admitirlo, pero esa joven que lo había tratado como a cualquiera, que no le había dado importancia, que parecía ver a través de él… acababa de hacer algo que nadie había logrado en años: despertar su curiosidad.

Y esa curiosidad, en el corazón del Dragón Dorado, era el primer paso hacia algo mucho más grande, mucho más intenso, mucho más peligroso. Porque lo que empieza como indiferencia y desconcierto pronto se convertiría en obsesión. Y él, que estaba acostumbrado a que todo el mundo corriera hacia él, no tardaría en descubrir que, para conquistar el corazón de Roxana Wén, tendría que ser él quien corriera detrás de ella.

Y ese pensamiento, lejos de asustarlo, empezaba a resultarle extrañamente emocionante.

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Marisela Morales
los hijos son el tesoro más grande ❤️❤️❤️ de la vida 🤩❤️🤩❤️🤩❤️🧬🤩
Marisela Morales
❤️❤️❤️❤️❤️❤️❤️❤️❤️. felicidades 🥳🥳🥳🥳
Marisela Morales
omg esto está de comerce las uñas/Grimace//Grimace//Grimace//Grimace//Grimace//Grimace/
Marisela Morales
/Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm/ te perdimos emperador te enamoraste obsesiva mente
Marisela Morales
corre,corre y alcanzala si puedes🤣🤣🤣🤣
Penelope
Excelente, trama. Gracias
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