Segunda parte de Mi hijo tendrá otro padre.
Tras su partida, Laura construye una vida tranquila junto a Marcos, quien la acompaña con ternura durante los meses de embarazo, dándole la paz que tanto anhelaba. Poco a poco, Xander logra acercarse con respeto y paciencia, formando parte de esa nueva etapa sin exigir nada a cambio, demostrando con hechos que ha aprendido la lección. Sin embargo, con el paso del tiempo, los pequeños detalles que antes hacían especial a Marcos empiezan a desaparecer, hasta que Laura descubre que le ha sido infiel.
A pesar de los intentos de él por recuperarla, la presencia de Yina —una persona que no permitirá que vuelva a lastimarla— lo hace imposible. Ante esta nueva realidad, Xander ve surgir la oportunidad que tanto había esperado: demostrar que su amor es verdadero y constante, y luchar por recuperar el lugar que le corresponde junto a la mujer que ama y a su hijo, sabiendo que esta vez deberá ganárselo día tras día.
NovelToon tiene autorización de Marilinaa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 18
Pasaron los días, pero Marcos no se resignaba. Volvió una y otra vez, llamando al timbre, enviando mensajes, dejando notas bajo la puerta, convencido de que con suficiente insistencia lograría ablandarla. Pero cada vez que aparecía, Yina ya estaba allí, como una guardiana silenciosa pero inquebrantable, dispuesta a no dejarlo pasar.
—Solo quiero entregarle esto —dijo una tarde, extendiendo una carta cerrada—. Es todo lo que siento, no le haré daño solo con leerlo.
—Si de verdad quisieras hacerle bien, no vendrías a molestarla —respondió Yina sin tomar el sobre—. Cada vez que apareces, ella vuelve a recordar todo lo que hiciste. ¿Crees que una carta va a arreglar lo que rompiste durante meses?
—Le explico que cambiaré, que ya no volverá a pasar —insistió él con desesperación—. Tiene que saber que me arrepiento de verdad.
—El arrepentimiento no se dice en cartas ni en discursos —lo cortó Yina con voz firme—. Se demuestra con hechos, y tú ya no tienes tiempo para demostrar nada. La confianza no es una puerta que se abre y se cierra cuando a uno le conviene: una vez que se rompe, hay que reconstruirla ladrillo a ladrillo, y tú ni siquiera has querido agacharte para recoger los pedazos. Crees que con palabras basta, pero las palabras ya no valen nada para ella.
—¿Y tú eres quién para decidir por ella? —reclamó él, perdiendo el control—. Ella es la madre de mi hijo, tiene derecho a escucharme.
—Tiene derecho a decidir si quiere escucharte o no —corrigió Yina sin amilanarse—. Y ella ya decidió que no. Tú no respetaste su voluntad cuando te dijo la verdad a la cara, y ahora quieres que yo te ayude a ignorarla. Pues no lo haré. No voy a permitir que la confundas más, ni que la hagas sentir culpable por protegerse a sí misma.
Marcos golpeó suavemente el marco de la puerta, frustrado.
—¿No hay ninguna forma de que me perdone?
—Sí la habría —dijo Yina mirándolo a los ojos—, pero la dejaste pasar cuando mentiste, cuando ocultaste, cuando le hiciste sentir que sus miedos eran tonterías. Ahora esa oportunidad se agotó. La puerta está cerrada, y no la vas a abrir con ruegos ni promesas. Si de verdad te importa, aléjate y déjala vivir en paz.
Él intentó asomar la voz para llamar a Laura, pero Yina se interpuso de inmediato, y en ese silencio que siguió, Marcos comprendió que no había nada más que hacer: la puerta no estaba cerrada con llave, estaba cerrada con la decisión firme de la mujer que él había traicionado, y con la lealtad inquebrantable de quien ahora la protegía. Se dio la vuelta y se marchó por última vez, entendiendo que ya no le quedaba nada allí.
Antes de irse, Marcos se detuvo unos pasos más allá, con la mirada perdida y la voz ya casi apagada:
—¿Nada de lo que diga servirá de algo? ¿Ni siquiera por el bebé?
Yina no dio un paso hacia él, pero le habló con una claridad que no dejó lugar a dudas:
—Precisamente por el bebé —dijo con seriedad—. Ella está construyendo un hogar donde no haya mentiras, ni dudas, ni miedo. ¿Crees que le hace bien al niño ver que su madre tiene que soportar ruegos de quien ya no supo valorarla? ¿Crees que le hace bien escuchar que se puede perdonar cualquier cosa solo porque se pide con insistencia?
Marcos bajó la cabeza, apretando los puños con frustración.
—Solo quiero estar cerca de ellos —murmuró.
—Estar cerca no es invadir —le recordó ella—. Estar cerca es respetar el espacio que ella ha decidido poner para estar tranquila. Si algún día ella quiere que formes parte de la vida de tu hijo, será ella quien te lo diga. Pero hasta entonces, tu única forma de demostrar que te importan es alejarte y dejar que sanen. No insistas más: cada vez que vuelves, solo logras que ella esté más segura de que hizo lo correcto al dejarte ir.
Él quiso responder, pero no encontró palabras que pudieran contradecirla. En el fondo, sabía que tenía razón: la puerta no se había cerrado de golpe por un momento de ira, sino poco a poco, cada vez que él eligió mentir, cada vez que prefirió ocultar la verdad, cada vez que le dio la espalda a lo que tenían. Y ahora, por más que golpeara, ya no había nadie dispuesto a abrirle.
Sin decir una palabra más, dio media vuelta y se alejó despacio, perdiéndose por la calle mientras Yina se quedaba allí unos instantes más, asegurándose de que no volviera. Luego entró a la casa, cerró la puerta con suavidad y se acercó a Laura, que la esperaba en la sala con los ojos llenos de lágrimas, pero con el corazón mucho más ligero.
—Ya se fue —le dijo Yina abrazándola—. Y esta vez no volverá a molestarte. Nadie va a volver a poner en duda lo que tú sabes que es justo.