Él es un magnate de acero: frío, desconfiado y acostumbrado a controlarlo todo, hasta que ella cruza su camino. Ella es una joven diseñadora llena de talento, que solo busca una oportunidad para que sus diseños de ropa y joyas brillen. Lo que comienza como una simple entrevista se convierte en una atracción inesperada que romperá sus barreras... y despertará en él una obsesión que no sabía que podía sentir.
NovelToon tiene autorización de Itzel Velasco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capítulo 23: La primera cita con los novios
A la mañana siguiente, apenas cruzó la puerta de su nuevo espacio, Yoselin se sentó frente a la mesa y tomó el teléfono. Había pasado toda la noche dándole vueltas a lo que quería escribir, asegurándose de ser clara, respetuosa y directa, tal como sabía que a Alejandro le gustaban las cosas. Sabía que no podía empezar a diseñar nada sin conocer primero a las personas que llevarían sus creaciones, ni sin entender el alma de esa boda.
Escribió el mensaje con calma, revisando cada palabra antes de enviarlo:
"Buenos días, señor Varela. Espero que tenga un excelente día. Le escribo para pedirle su apoyo: ¿sería posible que usted avise a su mejor amigo y a su pareja si podrían venir a la oficina en estos días? Me gustaría mucho reunirme con ellos para conversar sobre lo que sueñan para su boda, conocer el lugar donde se celebrará y escuchar toda su historia. Para mí es fundamental saber quiénes son antes de poner el primer trazo en el papel. Quiero que todo lo que haga lleve su esencia, no solo mi estilo. Quedo atenta a su respuesta. Saludos cordiales, Yoselin."
No tardó mucho en llegar la respuesta. Era breve, como siempre, pero clara: "Lo haré saber de inmediato. Les diré que vengan mañana a las once. Gracias por tener ese criterio. Alejandro."
Yoselin sonrió al leerlo. Ese último comentario era mucho más que una cortesía: era la confirmación de que él entendía por qué lo necesitaba. No era solo una formalidad; era la base para que todo saliera bien.
Se puso de pie y empezó a preparar todo para la reunión. Acomodó las sillas para que se sintieran cómodos, sacó su libreta más grande y unos lápices de colores, y colocó cerca muestras de telas en tonos neutros y elegantes, sin adelantar nada, solo para que pudieran ver texturas. También anotó en una hoja en blanco las preguntas que no quería olvidar: cómo se conocieron, qué momento recuerdan con más cariño, qué sensación quieren dejar en sus invitados, y por supuesto, todos los detalles sobre el lugar.
Al día siguiente, puntuales a las once, llegaron los novios. Él era alto, de trato amable y mirada sincera; ella tenía una sonrisa cálida y los ojos brillantes de emoción. Alejandro los acompañó hasta la puerta del área, les dio unas palabras de bienvenida, miró brevemente a Yoselin con un gesto de confianza y se retiró para dejarles hablar con libertad.
—Muchas gracias por recibirnos —empezó ella, sentándose junto a su pareja—. Alejandro nos ha hablado muy bien de ti. Dice que entiendes lo que nadie más ve.
—Es un honor para mí estar aquí —respondió Yoselin con sinceridad—. Antes de hablar de vestidos o trajes, quiero conoceros a vosotros. Cuéntame: ¿cómo empezó todo?
Y así empezaron a hablar. Le contaron que se habían conocido en la universidad, compartiendo un libro en la biblioteca; que habían tardado años en darse cuenta de lo que sentían, pero que cuando lo hicieron, supieron que era para siempre. Le explicaron que no querían una boda ostentosa, sino llena de calidez, donde la gente se sintiera como en casa. Y sobre el lugar: sería en una antigua hacienda rodeada de árboles altos, al aire libre, al atardecer, cuando el sol tiñe de dorado las piedras y las hojas.
—No queremos que la ropa compita con ese paisaje —dijo el novio—. Queremos que parezca que siempre ha pertenecido ahí.
—Entiendo perfectamente —asintió Yoselin, anotando cada detalle con cuidado—. El vestido de ella debe moverse con el viento, sin pesarle. El traje de él debe verse firme pero ligero, acorde a la luz suave de la tarde. Todo debe parecer parte de esa historia que vosotros habéis construido.
Pasaron casi dos horas charlando. Le contaron sus gustos, sus colores favoritos, lo que les hacía sentir bien, y hasta un pequeño detalle: él siempre llevaba una medalla de plata que le dio su abuelo, y quería que de alguna forma estuviera presente en su traje.
Cuando se despidieron, Yoselin se quedó sola en su espacio, con la libreta llena de notas y el corazón lleno de ideas. Ahora ya no era un encargo abstracto: era una historia real, con personas reales, con un lugar y un momento único. Y sabía que, gracias a haber pedido esa reunión, ahora sí podría empezar a crear algo que realmente valiera la pena.