Sin spoyler
NovelToon tiene autorización de Paula Mariana Jurado Ramirez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
LA ASISTENTE PERFECTA
Una semana después de aceptar el puesto, Sofía ya se había adaptado a su nueva rutina.
Llegaba a la empresa antes que la mayoría de los empleados.
Mientras el edificio aún permanecía casi en silencio, ella revisaba la agenda del día, confirmaba reuniones, organizaba documentos y verificaba que nada quedara pendiente.
Su escritorio, ubicado justo frente a la oficina de Adrián, siempre estaba impecablemente ordenado.
---
Lunes.
Eran las siete y media de la mañana cuando Adrián salió del elevador.
Como de costumbre, vestía un traje oscuro y llevaba un portafolio de cuero.
Antes de que pudiera abrir la puerta de su oficina, Sofía ya estaba de pie.
—Buenos días, Adrián.
Él respondió con un leve asentimiento.
—Buenos días.
Ella le extendió una taza.
—Café negro, sin azúcar.
Su favorito.
Adrián la miró con sorpresa.
—¿Cómo supiste cómo lo tomo?
Sofía sonrió.
—El primer día observé que dejó intactos dos sobres de azúcar y le pregunté al chef ejecutivo qué café pedía normalmente.
Pensé que le ahorraría unos minutos cada mañana.
Adrián tomó la taza.
—Gracias.
Después ella le entregó una carpeta azul.
—Aquí está su... tu agenda de hoy.
Todavía se le escapaba el "usted" de vez en cuando.
—A las ocho tienes reunión con Finanzas.
A las diez videoconferencia con la sucursal de Madrid.
A la una llegará el arquitecto del nuevo proyecto.
Y a las cuatro firmarás los contratos con los inversionistas.
Adrián revisó rápidamente el contenido.
Todo estaba perfectamente organizado.
—Excelente trabajo.
Ella sonrió con satisfacción.
---
Martes.
Cuando Adrián llegó, el café ya lo esperaba sobre el escritorio.
Junto a la taza había una pequeña nota.
"La reunión de las diez cambió a las once. Ya avisé a todos los asistentes."
Él levantó la vista.
—¿Lo resolviste tú?
Sofía asintió.
—El director de Marketing tuvo un problema con su vuelo.
Reorganicé los horarios para que no afectara el resto de las reuniones.
Adrián revisó la agenda.
No había ningún conflicto.
Todo encajaba perfectamente.
—Muy bien.
---
Miércoles.
Uno de los proveedores llegó una hora antes de lo previsto.
El recepcionista llamó inmediatamente a Sofía.
Ella salió a recibirlo.
—Buenos días.
Lamento la espera.
¿Le gustaría un café mientras preparo la sala de juntas?
El hombre sonrió.
—Muchas gracias.
En menos de cinco minutos, la sala estaba lista.
Cuando Adrián llegó, todo estaba preparado.
Al terminar la reunión, el proveedor comentó:
—Tiene una excelente asistente.
Muy eficiente.
Adrián miró discretamente a Sofía.
Ella simplemente seguía tomando notas, como si no hubiera escuchado el elogio.
Él sonrió apenas.
—Lo sé.
---
Jueves.
Los empleados comenzaron a notar el cambio.
—Desde que Sofía es su asistente, el joven Adrián parece menos estresado.
—Es verdad.
—Las reuniones empiezan a tiempo.
—Y ya casi no cambia horarios de último momento.
Incluso el presidente de la empresa lo notó.
Durante una reunión con su hijo comentó:
—Debo admitir que elegiste bien.
Adrián levantó la vista de unos documentos.
—Sí.
El presidente sonrió.
—Hace mucho que no veía tu agenda tan organizada.
—Ella tiene mucho mérito en eso.
Desde el otro lado de la sala, Sofía escuchó aquellas palabras sin decir nada.
Le dio un poco de vergüenza.
---
Viernes.
Como cada mañana, Sofía dejó la taza de café sobre el escritorio.
—Buenos días.
Adrián respondió con una pequeña sonrisa.
—Buenos días.
Ella abrió la carpeta del día.
—Hoy tienes menos reuniones.
Pensé que podríamos aprovechar para adelantar algunos informes de la próxima semana.
Adrián revisó el plan.
—Es una buena idea.
Trabajaron prácticamente toda la mañana.
Sofía respondía llamadas.
Organizaba documentos.
Preparaba contratos.
Recordaba horarios.
Coordinaba videollamadas.
Y todo lo hacía con calma, incluso cuando surgían imprevistos.
Cerca del mediodía, Adrián dejó el bolígrafo sobre el escritorio.
—Sofía.
Ella levantó la vista.
—¿Sí?
—¿Te has dado cuenta de que aún no has tomado un descanso?
Ella miró el reloj.
—¿Ya es tan tarde?
Él soltó una leve risa.
—Sí.
Ella sonrió con algo de vergüenza.
—Lo siento.
Estaba concentrada.
—Ve a comer.
El trabajo puede esperar unos minutos.
Ella dudó.
—Pero...
—Es una orden de tu jefe.
Sofía hizo un pequeño gesto de resignación.
—Está bien.
Pero tú también tienes que almorzar.
Adrián arqueó una ceja.
—¿Eso también es una orden?
Ella rió.
—No.
Es una recomendación de tu asistente.
Por un momento, ambos sonrieron.
Justo entonces, Zoe apareció por sorpresa en la oficina con permiso de su padre para visitar a su hermano después de salir de la preparatoria.
Entró sin hacer ruido y observó la escena desde la puerta.
Vio a Adrián sonriendo.
Y vio a Sofía riéndose con naturalidad.
"Así que ella es Sofía...", pensó.
Una sonrisa traviesa apareció en su rostro.
—Con razón mi hermano llega oliendo a perfume de mujer...
Sin hacer ruido, decidió retirarse antes de interrumpir.
—Será mejor presentarme... pero otro día.
Mientras caminaba por el pasillo, no pudo evitar emocionarse.
Por primera vez en muchos años, veía a su hermano realmente cómodo al lado de alguien.
Y eso, para Zoe, valía más que cualquier contrato que pudiera firmar la empresa.