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El renacer de la esposa humillada

El renacer de la esposa humillada

Status: Terminada
Genre:CEO / Traiciones y engaños / Amante arrepentido / Venganza de la Esposa / Completas
Popularitas:42
Nilai: 5
nombre de autor: Santi Suki

Astrid lo tenía todo: un matrimonio con el exitoso doctor Lucas Morgan, una hija pequeña llamada Ariana y una vida que parecía perfecta. Pero detrás de la fachada, Lucas la traiciona con otra mujer y su propia suegra, Marta, la humilla sin piedad, convencida de que Astrid nunca fue lo suficientemente buena para su hijo.

Cuando la verdad sale a la luz, Astrid pierde mucho más que un esposo. Pierde la dignidad, la seguridad económica y casi la voluntad de seguir adelante. Con Ariana apenas en brazos, se ve obligada a empezar de cero en un mundo que le dio la espalda.

Lo que nadie anticipó fue la transformación de Astrid. Con inteligencia, trabajo implacable y una determinación que nadie le conocía, reconstruye su vida paso a paso. En el camino se cruza con Mateo Romano, un empresario íntegro y reservado que no busca rescatarla sino caminar a su lado. Lo que comienza como respeto mutuo se convierte en un amor profundo que redefine lo que significa ser pareja.

Pero las sombras del pasado no se rinden fácilmente. Lucas enfrenta las consecuencias legales de sus actos y termina en prisión. Marta, consumida por el arrepentimiento, busca a Astrid en sus últimos días para pedirle perdón. La familia que Astrid construyó con Mateo —incluyendo a los pequeños Emiliano y Gael— se ve amenazada cuando Lucas sale libre y reaparece en sus vidas.

La historia da un giro inesperado cuando Ariana, ya adulta y estudiante de medicina, se enamora de Noel, un joven brillante cuyo hermano gemelo murió en una operación fallida realizada por Lucas años atrás. El amor entre Ariana y Noel queda atrapado entre la culpa heredada y un odio que ninguno de los dos eligió cargar.

NovelToon tiene autorización de Santi Suki para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10

A la mañana siguiente, Astrid llegó a la oficina de Mateo más temprano que de costumbre. Traía a Ariana, que en ese momento estaba entretenida apilando bloques de colores en el rincón que habían preparado especialmente para ella. La oficina aún estaba bastante tranquila. Solo se escuchaba el zumbido del aire acondicionado y los pasos de algunos empleados que comenzaban a llegar.

En la sala de juntas pequeña, Julio ya esperaba junto con Mateo. El exdetective lucía mucho más serio que de costumbre. Su rostro estaba tenso, como si estuviera preparándose para transmitir algo que no sería fácil de escuchar.

En cuanto Astrid entró, Julio se puso de pie.

—Tenemos que hablar.

El corazón de Astrid se aceleró al instante. Desde que recibió el mensaje de Julio la noche anterior, no se había podido quitar el mal presentimiento. Las palmas de las manos se le enfriaron. Pero aun así, caminó hacia adentro y se sentó en la silla disponible.

Mateo, sentado a su lado, no dijo una palabra. Solo la miró con calma, como dándole espacio y tiempo para prepararse ante lo que fuera que viniera.

Julio sacó entonces una carpeta marrón de su portafolio y la colocó con cuidado sobre la mesa.

La mirada de Astrid se clavó en esa carpeta. Por alguna razón, de pronto le dio miedo abrirla. Porque mientras todo seguía siendo sospecha, quedaba un resquicio de esperanza de que pudiera ser un malentendido. Pero las pruebas eran otra cosa. Las pruebas podían pulverizar la esperanza en cuestión de segundos.

—Astrid —dijo Julio en voz baja—. Lo siento.

La mujer levantó la mirada. Esa simple frase le comprimió el pecho al instante. Con los dedos ligeramente temblorosos, abrió la carpeta.

La primera hoja contenía varias fotos de Lucas y Stella caminando tomados de la mano. La distancia entre ellos era demasiado íntima para llamarlos simples amigos. La forma en que se miraban, en que se observaban, en que entrelazaban sus manos era demasiado cercana para calificarla de relación profesional.

Astrid tragó saliva; la sintió amarga. Lentamente, pasó a la siguiente página. Su cuerpo se congeló al instante.

Lucas y Stella besándose y abrazándose en un centro comercial. Más exactamente, frente a una boutique de ropa interior de marca. Se veían relajados y a gusto. Como si no tuvieran nada que ocultar.

El corazón de Astrid se volvió cada vez más pesado. Su mano pasó la siguiente hoja. Y esta vez, la respiración se le cortó por completo. En la foto, Lucas rodeaba la cintura de Stella mientras entraban al vestíbulo de un edificio de apartamentos de lujo.

Astrid se quedó mirando esa foto durante mucho rato. El mundo a su alrededor pareció desvanecerse. Solo quedaba el sonido de sus propios latidos.

—Ese apartamento está a nombre de Lucas —la voz de Julio le llegó como un eco lejano—. Ya verifiqué los documentos de compra.

Astrid cerró los ojos. El pecho se le estrujó como si una mano invisible lo apretara. Así que todo este tiempo no se trataba solo de cenas o encuentros secretos. Lucas había comprado un apartamento para esa mujer.

Mientras que durante años a ella le exigieron austeridad. Que supiera administrar el dinero para que nunca faltara nada.

Lucas siempre decía que debían manejar las finanzas con prudencia. Pero resulta que ese mismo hombre era capaz de comprar un apartamento de lujo sin jamás mencionárselo.

Astrid abrió la página siguiente. Y esta vez sus manos temblaron de verdad. La foto se clavó como un puñal directo en su corazón. Lucas besaba a Stella mientras ella estaba sentada sobre él en un auto estacionado en un sótano, con la ropa a medio abrir.

Lucas se veía tan tierno con Stella. Tan atento, tan genuino. La sonrisa que el hombre mostraba en esa imagen era una sonrisa que Astrid no había visto en muchísimo tiempo. Ni siquiera cuando todavía dormían en la misma cama. Ni siquiera cuando aún se llamaban marido y mujer.

Algo dentro de Astrid finalmente se derrumbó por completo. No porque acabara de enterarse de que Lucas le era infiel. En el fondo de su corazón, lo sospechaba desde hacía mucho.

Lo que la destrozó fue la certeza de que todas sus sospechas resultaron ser ciertas. Todas las mentiras eran reales. Toda la traición era real. Todo el dolor era real. Las lágrimas cayeron lentamente por las mejillas de Astrid.

Pero Astrid no lloró histéricamente. No gritó ni hizo escenas. No se puso a preguntar por qué le pasaba esto. Solo se quedó sentada, inmóvil.

Y fue justamente eso lo que preocupó aún más a Mateo.

—Astrid...

La mujer levantó la mano con suavidad. Un gesto que indicaba que todavía podía resistir, o al menos que estaba intentándolo. La sala se sumió en el silencio. Pasaron varios minutos sin que nadie hablara. Hasta que finalmente Astrid se secó las lágrimas y cerró la carpeta con calma.

Mateo y Julio intercambiaron una mirada.

Habían creído que Astrid se derrumbaría al ver todas las pruebas. Que lloraría desconsoladamente ante la traición de su esposo.

Pero ocurrió lo contrario. Astrid tomó una bocanada de aire profunda y la soltó lentamente.

Cuando levantó la cabeza, había algo distinto en sus ojos. Todavía había dolor, todavía había tristeza, todavía había una decepción abismal. Pero ahora también había algo que nunca antes se le había visto: determinación.

—Astrid... —la llamó Mateo con cautela—. ¿Estás bien?

Astrid volvió a mirar la carpeta que tenía delante. Entonces apareció una leve sonrisa en sus labios. No era una sonrisa de felicidad ni de alivio, sino la sonrisa de alguien que acaba de tomar una decisión trascendental.

—No voy a hacer un escándalo.

Julio frunció el ceño.

—¿Por qué?

Astrid cerró la carpeta por completo.

—Tampoco voy a ir a buscar a Stella.

Mateo empezó a comprender hacia dónde iba su razonamiento.

—Astrid...

La mujer miró fijamente al frente.

—Lucas tiene un orgullo inmenso —su voz sonó serena—. Demasiado grande.

Una última lágrima rodó desde la esquina de su ojo. Pero la sonrisa seguía ahí. Astrid apretó los puños debajo de la mesa.

—Él destruyó mi dignidad poco a poco. Así que no voy a responderle con gritos. Tampoco voy a responderle con lágrimas.

Astrid apretó los puños debajo de la mesa. Tomó una larga bocanada de aire. Su mirada se fue afilando gradualmente. Llena de convicción y de valentía.

—Le voy a devolver esto a mi manera.

La sala volvió a quedar en silencio. Mateo miraba a esa mujer sin parpadear. Estaba presenciando, de verdad, el renacimiento de Astrid. No el renacimiento de una esposa traicionada, sino el renacimiento de una mujer que por fin había comprendido que valía mucho más que el hombre que había traicionado su amor y sus sacrificios.

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