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Las Cuatro De La Medianoche.

Las Cuatro De La Medianoche.

Status: Terminada
Genre:Fantasía épica / Mundo de fantasía / Mundo mágico / Completas
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

Cuando la noche hace un pacto con la luz, nacen juramentos que ni el tiempo osa romper.

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Capítulo 9 — Pacto en la Medianoche

Había acordado un pacto que sellaría su destino aquella medianoche. No fue un contrato escrito en pergamino, ni una promesa gritada a los cuatro vientos. Fue algo mucho más vinculante: un pacto de sangre y esencia realizado en el momento exacto en que el tiempo se detuvo entre el último segundo del ayer y el primero del mañana. El Vórtice de la Convergencia se había transformado en un templo de silencio, y las cuatro elfas, ahora guardianas oficiales del nuevo orden, sentían el peso de su responsabilidad como una segunda piel.

—No podemos volver a casa —dijo Lyraka, rompiendo el silencio. Su voz sonaba extraña en aquel nuevo mundo, como si perteneciera a una era ya olvidada—. Si volvemos a nuestras tribus, si intentamos vivir como lo hacíamos antes, el equilibrio se romperá. Somos las anclas. Si las anclas se mueven, el barco se hunde.

Xylia se miró las manos, donde las marcas de la Corona seguían brillando con un pulso lento.

—Lo sé. Mi pueblo no reconocería a esta mujer con armadura de ceniza. Dirían que me he contaminado. Y tal vez tengan razón. Me he contaminado de realidad.

Shapira se acercó a ellas, sus cadenas emitiendo un sonido suave, casi como un ronroneo metálico. Hizo un gesto hacia el horizonte, donde el cielo comenzaba a mostrar las primeras estrellas de la verdadera medianoche. Luego, puso su mano sobre el altar de cristal.

—Shapira pregunta qué significa el pacto para nuestras almas —dijo Ravenna, interpretando el movimiento de las cadenas—. El libro dice que el pacto es eterno. Significa que nuestras vidas ya no nos pertenecen. Somos las protectoras de la grieta. Cada vez que la luz intente devorar a la sombra, o la sombra intente apagar la luz, tendremos que intervenir. Juntas.

—¿Incluso si eso significa luchar contra los nuestros? —preguntó Xylia con tristeza.

—Especialmente entonces —respondió Ravenna—. El mayor peligro para el equilibrio siempre viene de aquellos que creen que tienen la razón absoluta.

Se sentaron alrededor del altar, una última vez antes de dispersarse por los puntos cardinales del reino para vigilar sus respectivas zonas de influencia. El aire estaba cargado de una solemnidad que dolía. Sabían que este era el último momento en que estarían juntas sin la carga del deber constante.

—Propongo un brindis —dijo Lyraka, sacando una pequeña petaca de cuero que había guardado durante todo el viaje—. No tenemos vino, pero tenemos nuestra propia voluntad.

Cada una tomó un sorbo de la bebida amarga, compartiendo el calor que el líquido les proporcionaba. Fue un gesto humano en medio de un destino divino. Las risas, breves y cansadas, flotaron en el aire, recordando a las mujeres que alguna vez fueron antes de que los cuernos, la armadura, las cadenas y los libros las definieran.

—Te extrañaré, Lyraka —admitió Xylia de repente, sorprendiéndose a sí misma—. Quién hubiera dicho que la elfa más irritante de las Tierras Sombrías sería la única que me haría sentir segura.

Lyraka soltó una carcajada amarga pero sincera.

—Y yo extrañaré burlarme de tu brillo cegador, princesa de oro. Ahora que eres "ceniza", supongo que tendré que buscar otra cosa para criticar. Pero no te preocupes, encontraré algo.

Shapira abrazó a ambas, un abrazo de metal frío y calor corporal que selló su amistad de una manera que las palabras nunca podrían. Ravenna las observaba con una sonrisa melancólica. Sabía, por lo que había leído en las páginas finales del Tomo, que sus encuentros serían escasos en los siglos venideros, pero que su vínculo sería la columna vertebral del mundo.

—Es hora —dijo Ravenna cuando la última estrella de la medianoche alcanzó el cenit—. El pacto debe ser sellado con una renuncia.

—Yo renuncio a mi pasado y a mi nombre —dijo Lyraka, alzando sus cuernos hacia el cielo—. De ahora en adelante, solo soy la Sombra que Protege.

—Yo renuncio a mi herencia y a mi trono —dijo Xylia, golpeando su escudo—. De ahora en adelante, solo soy la Luz que Revela.

Shapira puso su mano sobre su garganta y luego la extendió hacia el vacío. No necesitaba decir a qué renunciaba; ya lo había entregado todo.

—Yo renuncio a mi propia historia —finalizó Ravenna—. Para que la historia del mundo pueda continuar.

En ese momento, el altar emitió un destello final. Las cuatro marcas en sus manos se unieron visualmente en el aire antes de fundirse en sus pechos, justo sobre sus corazones. El pacto estaba completo. No era una prisión, era una misión. No era un final, era el prólogo de una leyenda que se contaría en susurros durante los próximos eones.

Se separaron lentamente, cada una caminando hacia un punto diferente del horizonte. No miraron atrás, porque mirar atrás era dudar, y la duda era el primer paso hacia el caos. Sin embargo, en el centro del altar, quedó grabada una frase que ninguna de ellas olvidaría jamás.

El pacto hablaba en silencio: poder, sacrificio y memoria.

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