VOLÚMEN 2 LEER PRIMERO EL VOLUMEN 1
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VOLUMEN 2 — CAPÍTULO 9
Abrí lentamente los ojos.
Lo primero que sentí fue calor.
Un calor agradable.
Suave.
Muy distinto al frío despiadado que había sentido antes de perder la conciencia.
Parpadeé varias veces mientras mi vista se aclaraba poco a poco.
Sobre mi cabeza había un techo de madera.
Una tenue luz anaranjada iluminaba la habitación.
Un brasero ardía cerca de la cama, llenando el lugar de una agradable sensación de seguridad.
Confundida, me incorporé lentamente.
Mi cabeza todavía daba vueltas.
—¿Dónde...?
Mi voz salió débil.
Miré alrededor intentando recordar qué había ocurrido.
Lo último que recordaba era que había escapado.
La nieve.
La tormenta.
El agotamiento.
Y después...
Nada.
Entonces giré la cabeza.
Y me quedé completamente petrificada.
—¿Eh...?
Tres hombres estaban cerca de la cama.
Un hombre bestia león.
Un hombre bestia conejo.
Y un hombre bestia cabra.
Los tres eran altos.
Muy altos.
Musculosos.
Y absurdamente atractivos.
Vestían ropa ligera propia de interiores y parecían estar conversando entre ellos antes de que despertara.
Al notar que había abierto los ojos, los tres se quedaron observándome.
Sus expresiones se iluminaron inmediatamente.
—¡Ama!
—¡Elíjame a mí!
—¡Prometo hacerla feliz todas las noches!
Los tres hablaron al mismo tiempo mientras se acercaban.
Mi cerebro dejó de funcionar.
¿Hacerme feliz?
Sentí cómo el calor subía directamente hasta mis mejillas.
Retrocedí de inmediato hasta pegar la espalda contra la pared.
—¡E-Esperen!
Los señalé nerviosamente.
—¿Dónde estoy? ¿Por qué están aquí conmigo tan cerca?
Los tres se detuvieron.
El hombre león inclinó ligeramente la cabeza.
El conejo parpadeó confundido.
Mientras que el hombre cabra soltó una pequeña risa.
—Parece que nuestra clienta sigue desorientada.
—Es normal después de haber sido encontrada medio congelada en la nieve —añadió el conejo.
—La trajeron aquí hace apenas unas tres horas —explicó el león con voz grave.
Tres horas...
Intenté levantarme demasiado rápido.
Mala idea.
El mundo giró de inmediato.
—¡Ah!
Antes de caer, una mano firme sostuvo mi hombro.
Era el hombre león.
—Con cuidado.
Me ayudó a recuperar el equilibrio antes de apartarse respetuosamente.
—Su cuerpo todavía está débil.
Respiré hondo varias veces.
Luego volví a mirar a los tres.
Seguía sin entender absolutamente nada.
—¿Quiénes son ustedes?
Los tres intercambiaron miradas.
Entonces el hombre cabra sonrió.
—Nosotros somos cortesanos.
—Fue nuestro jefe del burdel quien la encontró inconsciente en medio de la tormenta de nieve —explicó el conejo.
Mi corazón dio un pequeño salto.
¿Cortesanos?
¿Y un jefe del burdel?
Por alguna razón mi imaginación empezó a funcionar demasiado rápido teniendo pensamientos marranos.
Sentí que mis mejillas se ponían todavía más rojas.
¡No es momento para eso!
Lo importante era que estaba viva.
Alguien me había rescatado.
Bajé un poco la mirada.
—Entonces... gracias.
Los tres sonrieron.
—No tiene que agradecernos.
—Agradézcale al jefe.
—Fue él quien la trajo aquí.
Levanté la cabeza nuevamente.
—¿Y quién es su jefe?
Los tres intercambiaron una mirada extraña.
Como si estuvieran esperando algo.
O a alguien.
Y justo en ese instante...
La puerta de la habitación se abrió lentamente.
Una voz masculina llena de diversión resonó desde la entrada.
—Veo que nuestra bella clienta finalmente despertó.
Volteé hacia la puerta.
Y mis ojos se abrieron de golpe.
No era un hombre.
Era un pequeño zorro rosa.
Un adorable zorro de siete colas.
Sus colas se balanceaban elegantemente detrás de él mientras me observaba con curiosidad.
Por un instante mi cerebro dejó de funcionar.
Mis ojos comenzaron a brillar.
—¡Kyaaa!
Me levanté de la cama tan rápido que casi me caigo.
El pequeño zorro abrió los ojos sorprendido.
—¿Eh?
Pero ya era demasiado tarde.
Me lancé directamente hacia él.
Lo tomé entre mis brazos y lo levanté.
—¡Qué lindo!
Lo observé fascinada.
—¡Es muy lindo!
Mis manos fueron directamente a sus suaves orejas.
—¡Tan lindo!
Y sin pensarlo empecé a rascarle el interior de las orejas.
El pequeño zorro se congeló.
Sus siete colas se tensaron.
Intentó protestar.
Pero entonces...
Cerró los ojos involuntariamente.
—Mmh...
Un pequeño sonido escapó involuntariamente de su garganta.
Su patita trasera comenzó a moverse sola por reflejo.
Detrás de mí se escucharon varias risas.
—Nuestro jefe...
—Qué vergonzoso.
—Jamás lo habíamos visto así.
Los tres hombres bestia estaban observando la escena intentando contenerse.
Yo seguía completamente fascinada.
—¡Tus orejas son tan suaves!
—¡Y tus colitas también!
—¡Eres muy adorable!
El pequeño zorro finalmente reaccionó.
Sus pequeñas orejas rosadas se movieron bruscamente.
Su rostro pareció ponerse rojo de la vergüenza.
Con un rápido movimiento logró escapar de mis brazos.
Aterrizó sobre el suelo.
Sus siete colas se agitaron violentamente.
—¡Fuera!
La autoridad en su voz hizo que toda la habitación quedara en silencio.
Los tres hombres intercambiaron miradas antes de inclinarse respetuosamente
—Sí, jefe.
Pero antes de salir, el hombre conejo le guiñó un ojo al zorro.
—Le deseamos suerte.
—Parece que encontró una clienta bastante especial —añadió el hombre cabra.
El hombre león directamente se tapó la boca para no reírse.
Las venas aparecieron en la frente del zorro.
Las orejas del pequeño zorro se movieron de pura irritación.
—¡Lárguense!
Los tres desaparecieron con risas por la puerta a toda velocidad.
La habitación quedó en silencio.
Yo seguía observándolo con ojos brillantes.
El pequeño zorro suspiró profundamente.
—Nunca en mi vida...
Murmuró acomodándose una de sus colas.
—Había sido atacado de esa manera por una hembra.
Sonreí inocentemente.
—Es que eres demasiado lindo.
Las siete colas se congelaron.
Y por primera vez desde que el pequeño zorrito entró en la habitación, pareció quedarse completamente sin palabras.
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Cuando la habitación quedó en silencio, una suave luz rosada envolvió el cuerpo del pequeño zorro.
Nerissa observó sorprendida cómo las siete colas comenzaron a brillar.
La figura del animal creció lentamente.
Las orejas permanecieron sobre su cabeza.
Las colas siguieron moviéndose detrás de él.
Y en cuestión de segundos, un hombre apareció frente a ella.
Su largo cabello rosado caía como seda hasta su cintura.
Sus ojos color rosa parecían contener una sonrisa permanente.
Las delicadas facciones de su rostro eran casi irreales.
Las prendas que vestía dejaban ver parte de sus pectorales y resaltaban una figura aunque musculosa elegante y atractiva.
El hombre zorro sonrió con confianza.
Una confianza que claramente estaba acostumbrado a usar con otras hembras.
Se inclinó ligeramente hacia Nerissa.
—Ahora que lo pienso, todavía no me has agradecido apropiadamente por haberte salvado.
Su voz era suave y seductora.
—Después de todo, te cargué personalmente hasta aquí.