"El Renacer de Beaumont" no es simplemente una historia de fantasía y romance; es una deconstrucción profunda del tropo de la "villana de novela" que desafía la idea del destino prefijado. La trama sigue a Elena Vega, una estratega brillante de nuestro mundo moderno que despierta en el cuerpo de Elaria de Beaumont, la antagonista destinada a morir en una serie de eventos trágicos dentro de un universo ficticio. En la narrativa original, Elaria estaba condenada a ser una marioneta sacrificable en un juego de poder, destinada a caer ante la "heroína", una chica llamada Aria que, obsesionada con los tropos de las novelas de romance, intentaba forzar un guion que no existía en la realidad.
La historia comienza con la transición de Elaria. A diferencia de otras protagonistas que aceptan su destino con resignación, Elaria de Beaumont utiliza su mente analítica, propia de una experta en teoría de juegos y estrategia, para diseccionar el imperio de Heliodor. Se da cuenta rápidamente
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CAPÍTULO 18: La Grieta en la Clase B y el Peón de Repuesto
La división de clases en la Academia Real de Magia de Heliodor no solo separaba las aulas, sino también el destino de los estudiantes. Mientras la Clase A albergaba a los herederos de los grandes ducados y marquesados en el ala norte del castillo, la Clase B se ubicaba en el ala sur, un lugar sombrío donde los nobles de menor rango y los plebeyos becados intentaban desesperadamente asimilar las bases del control de maná.
Aria se sentaba al fondo de su aula, ignorando los murmullos de sus compañeros. Sus enormes ojos rosa miraban fijamente sus apuntes, pero su mente estaba en otra parte. El “Evento del Anfiteatro” había sido un fracaso absoluto por culpa de Elaria de Beaumont. Si no podía acercarse a Lysander a través de las clases, tendría que usar una de las rutas secundarias del juego: reclutar a un aliado poderoso que la ayudara a llamar la atención de la realeza.
El Objetivo Secundario
Al terminar las clases teóricas, los patios de la academia se llenaban de estudiantes de todas las divisiones. Fue ahí donde Aria divisó su nueva oportunidad. Caminando con paso firme y una armadura ligera de entrenamiento, se encontraba el joven Marqués Valen de Roselawn, el hermano mayor de la chica a la que Elaria había humillado en el pasillo el primer día.
Valen era conocido en el juego original como el “Caballero Fiero”, un personaje de temperamento voluble pero leal hasta la médula, cuya ruta requería que la heroína lo consolara tras ser rechazado por la alta aristocracia. En este momento, Valen estaba furioso por el trato que su hermana había recibido de los Beaumont.
Perfecto, pensó Aria, forzando de inmediato su sonrisa más dulce y desamparada. Si logro que el capitán de los caballeros estudiantiles me proteja, Lysander tendrá que notar mi presencia.
Aria caminó hacia el área de entrenamiento con un balde de agua y unas toallas limpias, simulando ser una estudiante becada que cumplía con sus tareas de mantenimiento. Justo cuando Valen terminó de golpear un maniquí de práctica con su espada de madera, sudoroso y frustrado, Aria se acercó tímidamente.
—Disculpe… Lord Valen —susurró Aria, dejando que sus ojos rosa brillaran con una fingida timidez—. Vi su entrenamiento… Sus estocadas son realmente increíbles. Pensé que… podría necesitar un poco de agua.
Valen se giró, sorprendido. Al ver a la delicada chica de cabello lavanda mirándolo como si fuera un héroe, su orgullo herido recibió un bálsamo inmediato.
—¿Una plebeya de la Clase B? —preguntó Valen, aunque bajando la espada—. Gracias. Al menos alguien en esta maldita academia tiene modales, no como la tiránica Lady Elaria.
La Red de la Araña
Aria agachó la cabeza, dejando caer una lágrima perfectamente calculada.
—Oh, por favor, no hable de esa manera… Lady Elaria debe tener sus razones para ser tan estricta. Yo… yo también cometí un error y me asignaron a la Clase B. Sé lo que es sentirse insuficiente ante los Beaumont.
Esa sola frase encendió la mecha. Valen apretó el puño.
—¡Los Beaumont no son los dueños de Heliodor! —exclamó el joven marqués, completamente atrapado por la fachada de “loto indefenso” de Aria—. No llores, Aria. Tu magia de luz es un don del Imperio. Si esa villana orgullosa intenta hacerte algo, yo mismo me encargaré de protegerte. No me importa que sea la prometida del príncipe.
Aria sonrió para sus adentros, sintiendo el clic mental del juego. Había desbloqueado el evento de lealtad de Valen. Ahora tenía un escudo de la alta nobleza dispuesto a pelear por ella.
Ojos en las Sombras
Lo que Aria y Valen no sabían era que el área de entrenamiento estaba rodeada por los altos balcones del edificio de la Clase A. Desde allí arriba, apoyada elegantemente en la barandilla de piedra, Elaria de Beaumont observaba toda la interacción mientras bebía un zumo de frutas.
A su lado, Lysander observaba la misma escena con los brazos cruzados, una mueca de profundo disgusto en su rostro.
—Esa chica realmente tiene un talento innato para la manipulación barata —comentó Lysander, sin quitar sus ojos gélidos de Aria—. Ha tardado menos de veinticuatro horas en convertir al idiota de Roselawn en su perro guardián. ¿Quieres que ordene a la guardia imperial que lo transfiera a las fronteras, Elaria? Sería muy fácil.
Elaria soltó una risa suave, de esas que denotaban la madurez de Elena Vega controlando el tablero.
—¿Y arruinar la diversión tan pronto, mi príncipe? —replicó Elaria, mirándolo con una chispa juguetona—. Deja que juegue a las muñecas con Valen. Un marqués de bajo rango no puede tocar el poder de los Beaumont. De hecho, esto es perfecto. Mientras ella se concentre en usar a Valen para intentar ponernos celosos o desafiarnos públicamente, dejará el flanco de la biblioteca libre.
Lysander se inclinó hacia ella, intrigado. —¿La biblioteca?
—He descubierto que en la sección prohibida de la academia hay registros antiguos sobre los Grilletes de Frecuencia de tu padre, el Emperador Saint —susurró Elaria, tocando discretamente el zafiro de su cuello—. Necesitamos esos documentos para saber cómo romperlos definitivamente cuando llegue el momento del golpe de Estado. Deja que Aria monte su pequeño drama romántico con Valen; nos servirá de la pantalla de humo perfecta.
Lysander sonrió con esa oscuridad adictiva que solo compartía con ella.
—Eres terrible, Lady Elaria. Usar las fantasías de una plebeya para encubrir un espionaje contra mi propio padre… Me encanta. Adelante, que continúe la función.