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Bajo La Piel Del Látigo

Bajo La Piel Del Látigo

Status: Terminada
Genre:Venganza / Mujer poderosa / Romance / Completas
Popularitas:25.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Fernanda G

Catrina no nació cruel; la forjaron a golpes de desprecio y una traición devastadora de su tío, quien le arrebató las tierras de su padre y su inocencia. Hoy, es "La Generala", la mujer que gobierna el pueblo con puño de hierro y cuyo corazón parece de piedra volcánica.

​La paz armada de su mundo se altera con la llegada de Máximo, un joven heredero acostumbrado a los lujos de la capital y a que el mundo gire a sus pies. Castigado por su abuelo para "hacerse hombre" en la hacienda vecina, Máximo llega con arrogancia, pero se estrella contra la realidad de un pueblo que no le teme a su apellido. El destino los obliga a convivir cuando una amenaza externa pone en riesgo las tierras de ambos. Mientras Máximo descubre que la vida es más que fiestas, Catrina se enfrenta a un dilema: ¿puede el amor de un "niño mimado" sanar las cicatrices de una traición familiar, o terminará él siendo una víctima más de su sed de venganza?

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capitulo 17

​El rugido de un motor de alta gama, totalmente ajeno a la sinfonía de tractores y relinchos del valle, anunció la llegada del pasado. Un descapotable rojo, cubierto por una fina y sacrílega capa de polvo, frenó frente a la casona de "El Renacer". De él descendió Lola, una visión de seda blanca, tacones de aguja que se hundían en la tierra y unas gafas de sol que cubrían la mitad de su rostro perfectamente maquillado.

​Máximo, que estaba ayudando a descargar sacos de forraje, se quedó petrificado. Su tía Elena se asomó al porche, limpiándose las manos en el delantal con desconfianza.

​—¿Máximo? —la voz de Lola era un timbre agudo, cargado de un afecto ensayado—. ¡Cariño, pero mírate! Pareces... un náufrago. Tu abuelo tenía razón, esto es una película de terror.

​Lola se acercó a él, ignorando el sudor y el polvo que cubrían su camisa, y lo besó en ambas mejillas, dejando una mancha de labial costoso y un rastro de perfume francés que chocó violentamente con el olor a campo.

​—Lola, ¿qué haces aquí? —logró decir Máximo, recuperando el habla. Sus manos, ahora ásperas, se sentían fuera de lugar al rozar la tela delicada del vestido de su ex-novia.

​—He venido a rescatarte de esta "civilización" de barro —rio ella, mirando a su alrededor con una mueca de asco—. Don Vicente está harto de tus correos sobre riego y leyes agrarias. Quiere que vuelvas a la junta directiva el lunes. He traído tus maletas. Nos vamos mañana.

​Catrina apareció desde el establo, con su paso firme y rítmico. Llevaba el sombrero bajo, su camisa de trabajo remangada y el látigo colgado al cinto. Se detuvo a pocos metros, observando a la recién llegada con una frialdad que habría congelado el motor del descapotable.

​Lola se giró, bajándose las gafas de sol con un dedo perfectamente manicurado. Miró a Catrina de arriba abajo, deteniéndose en sus botas manchadas y su piel bronceada por el sol inclemente.

​—¡Oh! Tú debes ser la asistente de la tía de Máximo —dijo Lola con una sonrisa condescendiente, esa que usaba con los camareros en los clubes de la capital—. Qué eficiente te ves. ¿Podrías bajar mis maletas del coche y llevarlas a la habitación de invitados? Ten cuidado con la de Louis Vuitton, el cuero es sensible a... bueno, a todo esto.

​El silencio que siguió fue atronador. Los peones cercanos dejaron de trabajar, conteniendo el aliento. Máximo sintió que la sangre se le helaba. Conocía esa mirada en los ojos de Catrina: no era rabia, era la calma absoluta antes del zarpazo.

​—Lola, no —intervino Máximo rápidamente, poniéndose entre ambas—. Ella es Catrina. La dueña de "El Renacer". Mi socia.

​Lola soltó una carcajada cristalina, tapándose la boca. —¡Socia! Máximo, siempre has tenido un sentido del humor tan pintoresco. Es encantadora, muy... rústica. Pero de verdad, necesito mis cosas. El calor aquí es insoportable y necesito una ducha.

​La Fiera Despierta

​Catrina dio un paso al frente. No gritó. No desenfundó. Pero su presencia pareció expandirse hasta ocupar todo el patio. Se quitó el sombrero, revelando unos ojos que ardían con una furia que Máximo nunca le había visto. No era la furia contra Elías; era algo mucho más visceral, algo que nacía de las entrañas.

​—Escúchame bien, muñeca de vitrina —la voz de Catrina era un susurro letal—. En esta tierra, la única que da órdenes soy yo. Y aquí, si quieres que alguien mueva tus cosas, tendrás que hacerlo tú misma o pedirlo con el respeto que no te enseñaron en tus escuelas de etiqueta.

​—¿Perdona? —Lola parpadeó, desconcertada por el tono—. Solo soy una invitada de la familia Moretti. Máximo, dile a esta mujer que...

​—Máximo no te va a decir nada —lo cortó Catrina, acercándose tanto a Lola que la socialité tuvo que retroceder un paso, tropezando con su propio tacón en la tierra blanda—. Porque Máximo sabe que en mi casa, el respeto se gana con sudor, no con tarjetas de crédito. Y si no te gusta el calor o el olor de mi gente, puedes dar media vuelta en tu cochecito de juguete y volver por donde viniste.

​Catrina miró a Máximo. El desprecio en sus ojos por un segundo fue para él, por haber traído ese fantasma de superficialidad a su santuario.

​—Tu "invitada" duerme en el sofá o se larga —sentenció Catrina—. Yo no soy empleada de nadie, y mucho menos de una niña que cree que el mundo termina donde se acaba el asfalto.

​Cenizas y Celos

​El resto de la tarde fue un campo de minas. Lola se instaló en "La Esperanza" con la tía Elena, pero no dejó de merodear por "El Renacer", tratando de "recordarle" a Máximo su verdadera vida. Hablaba de cenas en París, de galas benéficas y de la oficina que lo esperaba en el piso 40.

​Máximo intentaba concentrarse en los planos del riego, pero sus ojos buscaban constantemente a Catrina. Ella, sin embargo, lo ignoraba sistemáticamente. La Jefa se había vuelto una sombra esquiva, trabajando con una ferocidad redoblada, dando órdenes a gritos y evitando cualquier contacto visual con él.

​Al anochecer, Máximo encontró a Catrina en el corral, cepillando a su semental con movimientos bruscos y repetitivos.

​—Catrina, lo siento —dijo él, acercándose con cautela—. No sabía que vendría. Mi abuelo es un manipulador y Lola... bueno, Lola es Lola.

​—No tienes que disculparte —respondió ella sin mirarlo, el cepillo golpeando el lomo del animal—. Es tu mundo, ¿no? Ella es tu gente. Seda, perfume y desprecio por lo que no entienden. Ella es la mujer que se supone que debes tener, no una "rústica" que huele a caballo.

​—Eso no es cierto y lo sabes —Máximo la tomó del brazo, obligándola a detenerse—. Lola es el pasado. Todo lo que ella representa me parece vacío ahora. Lo que hemos construido aquí... lo que tú y yo somos... eso es lo real.

​Catrina se giró bruscamente. Sus ojos estaban empañados, pero no de tristeza, sino de una frustración salvaje. Los celos, ese sentimiento que ella consideraba una debilidad de mujeres flojas, la estaban devorando por dentro. Ver a Lola tocar a Máximo, verla reclamarlo como suyo, había despertado a una fiera que Catrina no sabía cómo domar.

​—¿Y qué somos, Máximo? —preguntó ella, con la voz rota—. ¿Un pacto de sangre? ¿Un beso en un despacho? Mañana ella te dirá que tu abuelo te perdona y te subirás a ese coche rojo porque es lo más fácil. Porque allí no tienes que sangrar para que te respeten.

​—No me voy a ir —dijo él, con una firmeza que la hizo dudar—. Ni mañana, ni nunca. Lola puede traer todas las maletas del mundo, pero ninguna tiene lo que yo encontré aquí.

​Catrina lo miró, buscando la mentira en sus ojos, pero solo encontró la misma determinación que lo llevó a limpiar los establos y a enfrentar a los matones. Por un segundo, la fiera se calmó, pero el veneno de la presencia de Lola seguía allí.

​—Más vale que sea verdad —susurró ella, clavando sus dedos en el pecho de él—. Porque si me haces creer que perteneces a este suelo y luego me dejas por una muñeca de seda, te juro que Elías será el menor de tus problemas.

​La llegada de Lola había agitado las aguas más profundas de su relación. Los "fantasmas de la ciudad" habían venido a reclamar a Máximo, pero lo que no sabían era que el joven ya no era de cristal, y que la mujer que lo reclamaba en el llano tenía garras de acero y un corazón que, por fin, había decidido que no iba a perder sin pelear.

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alejandra
🤣🤣🤣🤣🤣🤣 creo que me voy a divertir mientras leo como se desarrolla está historia
alejandra
🤣🤣🤣🤣 vea te va a tocar comprar una gallina y le pones wifi
ysabel cecilia contreras
Gracias 🫂 por compartir tú historia ❤️🥰🥰
Katiana Ochoa
y cuando le dieron el disparo a Máximo ellos hiban a caballo
ysabel cecilia contreras
Está historia me recuerda a una novela muy famosa "la fiera" si mal no recuerdo se centraba en la guerra entre dos familias poderosas los Meléndez y los Zambrano. Y la fiera una mujer mujer con el temple de Catrina.
ysabel cecilia contreras
Encanta con el desenlace de los sucesos 🥰
ysabel cecilia contreras
Excelente 🫂
Isa
me gustó mucho tu novela realmente el mundo pued cambiar por amor y ser mejor
Rosa E Lara Gonzalez
pues ya no entendí a que hora se escapó o lo soltaron porque ya lo habían derrotado en el cap.29
Jackeline Hernandez
Será que se une con el tío malvado para hacerle daño?😡😡 espero que no. Que vaya bajando esas ínfulas poco a poc🥰
Pablina Calderon
hermosa historia diferente a todas las que e leído
felicitaciones que Dios la siga bendiciendo con ésa imaginación que tiene
Graciela Mauchiere
cuando empiesas una novela y no puedes dejar de leerla es x q es buenisima!!!!!!
Mariela Ordóñez
Historia interesante, que recuerda que una mujer empoderada logra mucho. Me gustó la historia, pero lo que más me gustó fue la narrativa de la escritora. Me gustó la forma de escribir ✍️. Felicitaciones a la autora
Adriana Ramirez
👏👏👏👍👍🥰
Luz Maritza Rodriguez Pinilla
excelente historia felicitaciones increíble narración
Antonia Garcia
Una historia muy bonita me a gustado mucho felicidades autora gracias por compartir 😘😘
Petra Chávez Castro
felicidades algo diferente 👍
Aida Gomez
.
Vilma Muñoz Acosta
insoportable la mujer
Celina Espinoza
💯💯super buena
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