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La Doncella Y El Alfa

La Doncella Y El Alfa

Status: Terminada
Genre:Hombre lobo / Romance / Mundo de fantasía / Completas
Popularitas:3.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Luna Azul

En desarrollo
Sinopsis:
Alondra, la hermosa hija de un humilde leñador, es abandonada en un altar de piedra en el corazón del bosque prohibido como un sacrificio humano para apaciguar a las bestias salvajes. Sin embargo, su destino cambia drásticamente cuando emerge de la niebla Caleb, el imponente y tatuado Alfa de la Manada Roja. Al olfatear su piel, el lazo místico de las almas compañeras (mates) se despierta de golpe, transformando a la supuesta víctima en la legítima reina de los lobos. Protegida por las garras de un líder implacable y devoto, Alondra deberá dejar atrás sus miedos mortales para asumir su lugar como la Luna de la fortaleza, mientras el pueblo que la desechó planea una traición que pondrá a prueba la fuerza de su ardiente vínculo.

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CAPÍTULO 6

​El ambiente en el comedor de la fortaleza se volvió gélido en un abrir y cerrar de ojos. Alondra contemplaba a Caleb, horrorizada pero a la vez fascinada por la imponente presencia que el Alfa proyectaba. El hombre tierno que apenas unos minutos antes le hablaba con suavidad y acariciaba su cabello se había evaporado, dejando en su lugar a un guerrero temible, un líder nato cuya furia contenida hacía temblar a los hombres más fuertes de la sala. Los guerreros de la Manada Roja se pusieron de pie casi al unísono, haciendo resonar sus sillas contra el suelo de piedra. En sus rostros no había miedo, sino una lealtad ciega y feroz hacia las órdenes de su Alfa.

​Caleb se giró hacia Alondra. Al notar que la joven estaba pálida y contenía el aliento, la rigidez de su rostro se suavizó apenas una fracción. Se acercó a ella a grandes zancadas y colocó sus manos grandes y cálidas sobre sus hombros, obligándola a mirarlo fijamente a los ojos dorados.

​—Te quedarás aquí, en la fortaleza, bajo la protección de mi guardia personal —le ordenó con una voz firme pero cargada de una promesa absoluta—. Te doy mi palabra de honor, Alondra, de que ningún humano de ese maldito pueblo volverá a ponerte una mano encima. Eres mi compañera, y antes de que te arranquen de mi lado, tendrán que derribar cada piedra de este monte y pasar sobre mi cadáver.

​Antes de que Alondra pudiera responder o suplicarle que tuviera cuidado, Caleb se dio la vuelta, tomó su pesada capa y salió del salón a paso firme, escoltado por una docena de sus mejores guerreros. El sonido de sus botas golpeando la piedra resonó como tambores de guerra en los oídos de la joven.

​A pesar de las órdenes del Alfa, Alondra no podía quedarse de brazos cruzados en su habitación muriéndose de la angustia. Sabía de lo que era capaz el alcalde de Oakhaven cuando el miedo lo dominaba; era un hombre implacable que no dudaría en usar la fuerza o cualquier artimaña con tal de cumplir con sus antiguas tradiciones. Convenciendo a uno de los guardias de la fortaleza con ruegos desesperados, Alondra logró que la escoltaran hasta los riscos altos que bordeaban la frontera sur, un mirador natural oculto entre la maleza desde donde podía observar el Gran Límite sin ser vista.

​Abajo, en el claro circular donde unas horas antes ella había estado encadenada al altar de granito negro, la tensión se podía cortar con un cuchillo. Una veintena de hombres de Oakhaven, armados con ballestas pesadas y antorchas que arrojaban sombras grotescas sobre los árboles, se agrupaban detrás del alcalde. Los humanos temblaban, mirando nerviosamente hacia la espesura del bosque, sosteniendo las armas con manos torpes y sudorosas debido a la densa niebla matutina.

​De repente, las sombras del bosque parecieron cobrar vida. Sin hacer el más mínimo ruido, una fila de lobos colosales emergió de la bruma, rodeando por completo a la patrulla humana. En el centro del semicírculo, avanzando con una lentitud calculada y una soberbia aterradora, caminaba Caleb en su forma humana. No llevaba armas; no las necesitaba. Su mera anatomía musculosa, cubierta de tatuajes que se tensaban con cada paso, y la mirada incandescente de sus ojos dorados eran suficientes para infundir un pánico atroz en los corazones de los invasores.

​—Has cruzado el Gran Límite, alcalde —la voz de Caleb retumbó en todo el claro, baja, rasposa y cargada de una amenaza implícita que hizo que varios aldeanos dieran un paso atrás—. Sabes perfectamente que romper el pacto de no agresión se castiga con la muerte. ¿Qué te hace pensar que saldrás vivo de mis tierras esta noche?

​El alcalde de Oakhaven dio un paso al frente, tragando saliva con dificultad y alzando su antorcha en un intento desesperado por demostrar una valentía que no poseía.

​—¡El pacto ya fue corrompido por ti, Alfa! —gritó el alcalde, con la voz quebrada por el terror—. Entregamos la ofrenda que la manada exigía para mantener la paz este invierno. La dejamos atada en el altar, tal como dictan las costumbres de nuestros ancestros. Pero tus centinelas se la llevaron antes de tiempo, y el ritual no se completó adecuadamente. Venimos a reclamar a la doncella, Alondra. Debe regresar al pueblo para que la entrega se haga bajo las leyes correctas, o los dioses maldecirán nuestras cosechas y desatarán la guerra entre nosotros.

​Caleb soltó una carcajada seca, un sonido peligroso que erizó la piel de todos los presentes y de Alondra en su escondite. El Alfa dio dos pasos más hacia adelante, quedando a escasos metros del alcalde. El calor que emanaba de su cuerpo hacía que la niebla de la mañana se disipara a su alrededor.

​—¿Leyes correctas? ¿Lhamas ley a encadenar a una joven inocente en mitad de la noche para apaciguar un pacto del que no entienden nada? —preguntó Caleb, y sus ojos brillaron con una furia tan intensa que parecía fuego líquido—. Escúchame bien, humano insignificante. El destino se ha reído de sus viejas costumbres y rituales de sangre.

​El Alfa se irguió en toda su imponente estatura, expandiendo el pecho.

​—Alondra no es una ofrenda, ni un pedazo de carne para saciar a mi manada. Ella es mi mate. Es la compañera de alma que he esperado por años, la reina de la Manada Roja. En el momento en que pisó estas tierras y mi lobo sintió su aroma, dejó de pertenecer a tu mundo de mortales. Ahora me pertenece a mí y a nadie más.

​El alcalde palideció, y los hombres detrás de él comenzaron a susurrar con horror. Sabían perfectamente lo que significaba el vínculo de un Alfa con su compañera; atacar a la mujer de un lobo líder equivalía a declarar una guerra de exterminio total para la que el pueblo no estaba preparado.

​—¡Eso es mentira! —desesperado, el alcalde levantó su mano, intentando recuperar el control sobre sus hombres—. ¡Es una treta para romper el pacto y atacarnos! ¡Fuego!

​Un par de ballesteros, dominados por el pánico y el impulso, apretaron los gatillos. Dos saetas de hierro volaron silbando a través del claro directamente hacia el pecho de Caleb. Sin embargo, antes de que el hierro tocara su piel, Caleb se movió con una velocidad sobrenatural. Con un rugido que sacudió la tierra, el cuerpo del Alfa se transformó en un destello de luz roja y dorada en mitad del aire.

​El inmenso lobo rojo oscuro, del tamaño de un caballo, aterrizó pesadamente sobre el suelo, partiendo las flechas con la fuerza de sus patas delanteras. Con un movimiento rápido de su enorme bocado, destrozó la ballesta del hombre más cercano, derribándolo contra la tierra húmeda sin llegar a matarlo, pero dejándolo completamente incapacitado. El lobo gigante se plantó frente al alcalde, enseñando unos colmillos blancos y afilados de los que goteaba saliva, emitiendo un gruñido ultrasónico que hizo que todos los humanos soltaran sus armas y cayeran de rodillas, tapándose los oídos por el dolor y el miedo.

​Desde lo alto del risco, Alondra observaba la escena con las manos apretadas contra la boca. Su corazón latía con una mezcla de adrenalina y un extraño y salvaje orgullo. Aquella bestia temible estaba defendiendo su vida y su libertad con garras y dientes, demostrándole al pueblo que la había abandonado que ahora era completamente intocable.

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Maribeth Minotta
ya me atrapo🥰🥰
Manu
Me ha gustado mucho los 20 capítulos qué he leído. Es algo diferente a lo que escribes pero sinceramente me ha gustado.
Jessica
almenos la va a cuidar
Jessica
hola muy interesante tu historia
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