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La Falsa Prometida Del Heredero

La Falsa Prometida Del Heredero

Status: En proceso
Genre:Secretos de la alta sociedad / Escuela / Romance
Popularitas:556
Nilai: 5
nombre de autor: Tao P

Marian Soler solo quería conservar su beca en Aurum Academy y conseguir el tratamiento que su hermana menor necesitaba. Pero una noche escucha una conversación que no debía: Demian Valcárcel, el heredero más poderoso de la universidad, está atrapado en un compromiso impuesto con Isabell Santoro.

Cuando Demian descubre la situación de Marian, le ofrece un trato imposible de rechazar: fingir ser su prometida durante seis meses a cambio de dinero, protección y acceso médico para su hermana.

Ella acepta por necesidad. Él la elige por conveniencia.

Pero en Aurum nada es gratis. Entre rumores, fiestas de élite, secretos familiares y una prometida dispuesta a destruirla, Marian tendrá que decidir si puede sobrevivir al mundo de Demian sin perderse a sí misma… ni caer por el heredero que juró no amar.

NovelToon tiene autorización de Tao P para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10 — La propuesta imposible

Marian no tomó la carpeta.

Durante varios segundos, la dejó suspendida entre ambos como si fuera un objeto contaminado. El viento de la terraza norte levantó una esquina del contrato preliminar, apenas lo suficiente para que las hojas se movieran dentro del fólder oscuro con un sonido seco, elegante, insoportable.

Demian Valcárcel no bajó la mano.

Tampoco insistió.

Eso la enfureció más.

Marian habría preferido que la presionara de manera torpe. Que intentara convencerla con frases falsas de salvación o que se mostrara impaciente. Habría sido más fácil odiarlo si él se comportara como un heredero caprichoso acostumbrado a comprar personas.

Pero Demian no parecía caprichoso.

Parecía exacto.

Y lo exacto daba más miedo.

—No —dijo Marian.

La palabra salió firme.

No suficiente para romper la terraza, pero sí para sostenerla a ella.

Demian no se movió.

—Ya dijiste eso antes.

—Y parece que no entendió.

—Entendí. No aceptaste todavía.

Marian soltó una risa sin humor.

—No convierta mi negativa en una pausa.

—Entonces conviértela tú en una decisión inteligente.

La frase le encendió la rabia.

—¿Inteligente? —repitió—. ¿Usted cree que aceptar ser su prometida falsa sería inteligente?

—Creo que rechazar una salida por orgullo puede ser costoso.

—Mi orgullo es lo único que no han logrado cobrarme.

Demian la miró con una atención demasiado quieta.

—Eso no significa que sea suficiente para protegerte.

—Tampoco necesito que usted me proteja.

—Sí lo necesitas.

—No.

—Marian.

—No use mi nombre como si tuviera derecho sobre él.

La mirada de Demian se afiló apenas.

El viento se coló entre ellos con olor a pasto húmedo y flores caras. Desde la terraza, Aureum Academy parecía un reino perfectamente ordenado: jardines simétricos, fuentes limpias, edificios de cristal, estudiantes caminando con la seguridad de quien nunca ha tenido que pedir prórrogas en un hospital.

Marian apretó el puño.

—Usted me investigó, usó a mi hermana para presionarme y ahora pretende que firme un contrato para resolverle un problema familiar. No sé cómo le llaman a eso en su mundo, pero en el mío se llama aprovecharse.

Demian bajó por fin la carpeta.

—No pretendí hacerlo parecer otra cosa.

—Eso no lo vuelve mejor.

—No.

Otra vez esa respuesta seca.

Sin defensa.

Sin disculpa.

Marian lo odió un poco más porque no le estaba dando el consuelo de una mentira.

—Entonces busque a otra —dijo.

—No hay otra con tus condiciones.

—¿Mis condiciones? —Marian dio un paso hacia él—. ¿Ser pobre? ¿Tener una hermana enferma? ¿Una beca que su familia puede destruir?

—Ser alguien que mi padre subestimaría —corrigió Demian—. Alguien que Isabell no esperaría. Alguien lo bastante ajeno a mi círculo como para volver incómoda la alianza.

—Qué honor.

—No es un honor. Es utilidad.

La palabra cayó fría.

Marian sintió que le ardía la cara, pero no bajó la mirada.

—Gracias por aclararlo.

Demian sostuvo su expresión sin suavizarse.

—Prefiero que entiendas desde el principio qué es esto.

—Yo entiendo perfectamente qué es esto. Es un hombre con demasiado poder diciéndome que mi desesperación puede servirle.

Hubo un silencio.

Por primera vez, Demian no respondió de inmediato.

No pareció herido. No era esa clase de silencio. Pareció, más bien, alguien que había recibido una lectura precisa y decidió no negarla.

—Sí —dijo al fin—. Pero también es un hombre con demasiado poder ofreciéndote usarlo a tu favor.

Marian sintió el golpe en el pecho.

Porque ahí estaba el problema.

No era solo la trampa.

Era la posibilidad.

La posibilidad de pagar el tratamiento de Lía. De quitarle a su madre ese cansancio hundido de los ojos. De dejar de contar monedas en silencio. De estudiar sin sentir que cada hora frente a un libro era una hora robada a un turno de trabajo.

Y esa posibilidad la humillaba.

Porque venía de él.

—No —repitió.

Esta vez le dolió decirlo.

Demian lo notó.

Por supuesto que lo notó.

—El hospital no va a esperar por tu dignidad.

Marian sintió que algo dentro de ella se tensaba hasta casi romperse.

—Cállese.

La voz no le salió alta.

Le salió peligrosa.

Demian guardó silencio.

Marian dio otro paso hacia él. La diferencia de altura la obligaba a levantar el rostro, pero no retrocedió.

—Usted puede hablar de contratos, de alianzas, de tableros y estrategias porque nunca ha tenido que escoger entre pagar una medicina o comprar comida. No vuelva a usar la palabra dignidad como si fuera un lujo que yo me permito por necia.

Los ojos de Demian permanecieron fijos en los suyos.

—No dije que fuera un lujo.

—Lo piensa.

—Pienso que te está dejando sin margen.

—Y usted quiere ocupar ese margen.

—Quiero darte uno.

—Quiere comprarme.

—Quiero negociar contigo.

Marian soltó una risa amarga.

—Qué diferencia tan elegante.

—La diferencia es que una compra no pregunta condiciones.

—¿Y usted pregunta?

Demian levantó apenas el fólder.

—Te dije que podías cambiar el contrato.

Marian miró la carpeta.

Luego volvió a mirarlo a él.

—No voy a firmar nada que ponga a mi hermana en manos de su familia.

—Tu hermana ya está en un hospital vinculado indirectamente a la red de mi familia.

Marian sintió frío.

—¿Qué?

Demian pareció medir si debía continuar. Esa mínima pausa la alarmó más que cualquier afirmación.

—No ahora —dijo él.

—No me suelte una frase así y luego se calle.

—Si quieres información, puedo dártela dentro de un acuerdo de confidencialidad.

—Conveniente.

—Necesario.

—Para usted.

—Para todos los que no deberían leer esos expedientes.

Marian se quedó inmóvil.

Por un segundo, algo se abrió debajo de la conversación. Una sombra más grande que el compromiso con Isabell. Más grande que la beca. Más grande, quizá, que la deuda médica.

Pero Demian cerró esa puerta tan rápido como la había entreabierto.

—El contrato no pone a Lía en manos de mi familia —dijo—. Al contrario. La saca del alcance administrativo de quienes podrían usarla sin que tú siquiera lo supieras.

—¿Y tengo que creerle?

—No.

—Entonces no tenemos nada.

—Tenemos hechos.

—Sus hechos siempre parecen acomodarse a su favor.

Demian dio un paso más cerca.

No llegó a tocarla. Ni siquiera invadió la distancia de forma grosera. Pero su presencia ocupó demasiado espacio.

—Marian, mírame bien.

Ella no quería obedecer.

Lo miró de todos modos.

—No soy bueno —dijo él—. No voy a fingirte que esto nace de una intención noble. Te necesito. Pero si aceptas, te conviene que sea yo quien te necesite y no alguien peor quien te encuentre primero.

Marian sintió un escalofrío.

—¿Eso debe tranquilizarme?

—Debe hacerte pensar.

—Ya pensé.

—No lo suficiente.

—Lo suficiente para saber que no quiero convertirme en la mentira de nadie.

Demian guardó silencio.

Marian giró sobre sus talones.

Esta vez él no la detuvo.

Ella caminó hacia la puerta de cristal de la terraza con el cuerpo entero sostenido por una rabia que se parecía demasiado al miedo. No iba a llorar. No iba a mirar atrás. No iba a aceptar que ese hombre hubiera puesto sobre la mesa todo lo que más le dolía y lo hubiera llamado salida.

Cuando entró al pasillo, escuchó la voz de Demian a su espalda.

—Tienes hasta esta noche.

Marian se detuvo solo medio segundo.

—No.

—Esta noche —repitió él—. Después, mi margen también se reduce.

Ella no respondió.

Siguió caminando.

Aureum Academy parecía igual, pero ya no lo era.

O quizá nunca lo había sido.

Los corredores de mármol, los ventanales altos y los jardines impecables se habían convertido en un decorado demasiado limpio para esconder amenazas. Marian caminó entre grupos de estudiantes que hablaban de exámenes, fiestas, prácticas profesionales, viajes de fin de semana.

Nadie sabía que su beca estaba bajo observación.

Nadie sabía que su hermana necesitaba un pago imposible.

Nadie sabía que Demian Valcárcel acababa de ofrecerle convertirse en su prometida falsa durante seis meses.

O quizá en Aureum siempre había alguien sabiendo algo.

Eso era lo peor.

Se refugió en la biblioteca durante la siguiente hora. No porque pudiera estudiar, sino porque allí al menos el silencio tenía reglas. Se sentó en una mesa apartada, abrió sus apuntes y fingió leer la misma línea seis veces.

No entendió nada.

El celular vibró.

Marian lo tomó de inmediato, esperando otro mensaje de su madre.

Era del hospital.

Hospital Santa Regina. Recordatorio: favor de presentarse en caja antes de las 18:00 hrs. para regularizar pago pendiente y autorización de continuidad terapéutica.

El estómago se le hundió.

Dieciocho horas.

No era una fecha.

Era una pared.

Marian abrió la aplicación bancaria.

El saldo en su cuenta parecía una burla.

Calculó mentalmente lo que podía conseguir si pedía adelanto en la cafetería donde trabajaba algunos fines de semana. Lo que podría sacar vendiendo la laptop vieja. Lo que su madre quizá podría juntar llamando a una tía que ya había ayudado demasiado. Lo que faltaba seguía siendo inmenso.

Guardó el celular.

Respiró.

Tenía que pensar.

Pensar de verdad.

No desde el orgullo herido. No desde el asco que le provocaba imaginar a Demian leyendo datos de su vida como si fueran notas de un expediente. Tenía que pensar como lo hacía siempre: con números.

La cuenta del hospital.

La beca bajo observación.

El posible pago de transporte.

Las medicinas no cubiertas.

La renta.

La comida.

Los libros.

Lía.

Siempre Lía al final de cada suma.

Marian cerró los ojos.

—No —susurró.

No sabía si se lo decía a Demian, al contrato o a sí misma.

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tinkher
por qué me tengo que enganchar por los puntos 😭🤣
tinkher
valimos puntos
Tao: Muchas gracias por leer 🥹✨ Me alegra mucho que hayas llegado hasta este capítulo. Se vienen más problemas para Marian y Demian.
total 1 replies
NovelToon
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