Dieciocho años han pasado desde que un collar de luna y un león de ónix sellaron un destino en la terraza de la Torre Vane. Lo que comenzó como una conexión infantil en medio de una guerra de mafias, se ha transformado en algo mucho más oscuro y complejo.
Aria Vane ya no es la bebé que buscaba refugio en los brazos de Eithan Smirnov. Ahora es una mujer con la inteligencia gélida de su padre, Killian, y la belleza indomable de su madre, Elara. Pero para Eithan, el heredero de la Bratva italiana, ella sigue siendo su única prioridad, su "Luna". Y el León está listo para reclamar su trono.
Tercera parte de:
__Mis hijos hackearon al CEO
__Heredero del pecado
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Capítulo 10: Arena, Silenciadores y el "Show" de los Gemelos
El jet aterrizó en una pista clandestina cubierta de vegetación. En cuanto las puertas se abrieron, el aire húmedo y salado de las Bahamas golpeó sus rostros. Pero no era momento de vacaciones. La familia se movió como una sombra colectiva hacia la orilla de la playa, donde dos lanchas tácticas los esperaban para el asalto final a la isla de Lorenzo.
Ethan lideraba la primera lancha, con Aria a su lado. Killian los seguía de cerca en la segunda, con los ojos inyectados en sangre, no solo por Lorenzo, sino porque seguía vigilando la mano de Ethan, que sostenía con firmeza la cintura de su hija para que no perdiera el equilibrio.
—¡Evans, Edans! ¿Cuál es el estado de las defensas? —preguntó Ethan por el comunicador.
Los gemelos no estaban en las lanchas. Habían decidido que el "trabajo de campo" era demasiado rústico para ellos y se habían quedado en el centro de mando del avión, rodeados de pantallas y aire acondicionado.
—Oh, Ethan, no tienes fe en el arte —respondió la voz de Evans con un tono de suficiencia—. Hemos decidido que las cámaras de seguridad de Lorenzo eran demasiado aburridas. Así que las hemos reemplazado con un bucle de dibujos animados antiguos. Si algún guardia mira los monitores ahora mismo, verá a un conejo escapando de un cazador. Muy apropiado, ¿no crees?
—Y para las torretas automáticas —añadió Edans con una risita—, he subido un código que las hace girar en círculos mientras reproducen música de circo a través de los altavoces de la isla. Es un experimento psicológico: ¿cuánto tiempo tarda un mercenario en entrar en pánico cuando escucha payasos en medio de la selva?
—¡Son unos genios! —gritó Vera desde el fondo, se escuchaba cómo intentaba quitarle los auriculares a Edans—. ¡Yo quiero darle al botón de los fuegos artificiales!
—¡No hay botón de fuegos artificiales, Vera! —gritaron los gemelos al unísono.
Las lanchas tocaron la arena de la isla privada de los Cavalli. En cuanto el equipo saltó a tierra, la música de circo empezó a sonar por toda la selva, tal como prometió Edans. El efecto fue inmediato: los guardias de Lorenzo salieron corriendo de sus puestos, confundidos y aterrorizados por el contraste entre la oscuridad de la noche y la melodía alegre que retumbaba en las palmeras.
—Esos niños están locos —murmuró Dimitri, ajustando su silenciador mientras avanzaba junto a Leo.
—Son Vane, tío Dimitri. La locura viene en el ADN —respondió Leo, disparando con precisión a un guardia que intentaba entender por qué su cámara mostraba al Pato Lucas.
Ethan y Aria se movieron hacia la mansión principal. Killian intentaba mantenerse al frente para "abrir camino", pero Ethan era más rápido. Cada vez que Killian intentaba cubrir a Aria, Ethan ya había eliminado la amenaza.
—¡Smirnov, deja de lucirte! —le susurró Killian por la radio—. ¡Yo soy el que tiene más experiencia en asaltos anfibios!
—Menos charla y más puntería, suegro —respondió Ethan, esquivando una ráfaga mientras cubría el cuerpo de Aria con el suyo—. ¡Evans, apaga las luces del muelle!
—¡A la orden, capitán aguafiestas! —respondió Evans
De repente, las luces de toda la isla empezaron a parpadear al ritmo de la música de circo. Los gemelos se habían entusiasmado demasiado.
—¡Edans, eso es demasiado! —gritó Aria, tratando de no reírse mientras veía a un guardia tropezar con una palmera porque las luces de colores lo habían encandilado.
—¡Es un show, Aria! ¡La Dinastía del León y la Luna merece una entrada triunfal! —respondió Edans—. ¡Por cierto, Lorenzo está intentando huir por el helipuerto! ¡Vera, ahora sí puedes darle al botón!
—¿Qué botón? —preguntó Ethan con sospecha.
De pronto, una serie de drones iluminados con luces LED de color azul y dorado (los colores de la familia) despegaron desde el bosque, formando la imagen de un León y una Luna en el cielo nocturno, justo encima de la mansión.
—¡Dios mío! —exclamó Elara desde la retaguardia, mirando al cielo—. ¡Esos chicos son un espectáculo!
—¡Es marketing, mamá! —gritó Evans por el radio.
Ethan y Aria llegaron al helipuerto justo cuando Lorenzo Cavalli intentaba subir a su helicóptero privado. El ruido de las hélices era ensordecedor, pero no tanto como el rugido de Ethan.
—¡Lorenzo! —gritó Ethan, disparando a la turbina del helicóptero, dejándolo inservible.
Lorenzo se giró, pálido, viendo cómo el León, la Luna y un Killian Vane muy malhumorado lo rodeaban. Detrás de ellos, los drones seguían formando figuras en el cielo y la música de circo finalmente se detuvo, reemplazada por un silencio sepulcral.
—Se acabó el juego, Conde —dijo Aria, dando un paso al frente con su arma en alto—. Espero que te hayan gustado las flores que mis hermanos te prepararon en el cielo.
—Son unos monstruos... —balbuceó Lorenzo, mirando hacia atrás, donde Damián y Mijail aparecían entre las sombras.
—No, Lorenzo —dijo Ethan, acercándose y tomándolo por el cuello con una mano—. Somos la familia que nunca debiste tocar.
—¡Esperen! —gritó Evans por el comunicador—. ¡No lo maten todavía! He encontrado algo en su servidor principal... algo que Lorenzo estaba escondiendo de su propia familia.
Killian miró a Ethan. Por un breve segundo, el respeto mutuo superó la rivalidad. El asalto había sido un éxito ridículo, divertido y letal. Pero lo que Evans acababa de encontrar estaba a punto de cambiar las reglas del juego de nuevo.