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EL CONFÍN

EL CONFÍN

Status: Terminada
Genre:Aventura / Reencuentro / Posesivo / Completas
Popularitas:41
Nilai: 5
nombre de autor: Pablo Ezequiel

A los 30 años, Alejandro cumplió su mayor sueño: ser dueño del bar más popular de la zona. Atractivo, de cabello oscuro peinado hacia atrás, barba cuidada y ojos claros que llaman la atención, es un hombre carismático y seductor que disfruta de su soltería.

NovelToon tiene autorización de Pablo Ezequiel para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La verdad que nadie esperaba

La noche avanzaba con su ritmo habitual: risas, charlas, el sonido de las bolas de chocar, copas chocando y música suave que llenaba cada rincón. Alejandro estaba detrás del mostrador, atendiendo a los clientes con su calma y encanto de siempre, pero su mente seguía dando vueltas a la visita de Javier. Sabía que eso no había sido solo una inspección, que había sido una advertencia, un mensaje que no se podía ignorar.

Pero justo cuando estaba empezando a acostumbrarse a esa nueva tensión, algo ocurrió que hizo que todo lo demás desapareciera de su mente en un instante.

La puerta se abrió y entró ella. Pero esta vez, no era como las otras veces.

Elena cruzó el umbral con su elegancia habitual, con su cabello negro brillante cayendo sobre sus hombros y su figura esbelta marcada por un vestido oscuro que resaltaba su belleza. Pero algo era distinto. No traía esa mirada llena de deseo y provocación que siempre tenía cuando lo veía. Traía una expresión seria, casi grave, y cuando sus ojos se encontraron con los de Alejandro, no sonrió como siempre. Se quedó quieta en la entrada, como si dudara si avanzar o no, y luego caminó hacia él despacio, con pasos que parecían llevar un peso enorme.

Cuando estuvo frente a él, se detuvo y lo miró fijamente, sin bajar los ojos. Y entonces, habló. Y sus palabras cayeron como una bomba en el silencio que se había creado de repente a su alrededor.

—Alejandro... tengo que decirte algo. Algo que creí que no tenía que decirte, pero ya no puedo seguir ocultándolo —dijo ella, con una voz suave pero firme, tan seria que todos los que estaban cerca se dieron cuenta de que algo importante estaba pasando.

Alejandro la miró, con una expresión de sorpresa mezclada con preocupación. Había algo en su mirada que no le gustaba, algo que le decía que lo que venía no era bueno.

—¿Pasa algo, Elena? ¿Estás bien? —preguntó él, acercándose un poco más, con instinto de protección activado al instante.

Ella asintió lentamente, pasando una mano por su cabello como si necesitara fuerza para seguir hablando. Y entonces, dijo lo que nadie esperaba, lo que cambió todo lo que creían saber:

—Yo no vine aquí por casualidad. No soy solo una mujer que se cruzó en tu camino porque sí. Y lo que hemos compartido... ha sido real, lo sé, pero también ha sido parte de un plan. Un plan que yo misma ayudé a crear.

Las palabras flotaron en el aire, pesadas y claras. Alejandro sintió cómo su mente se quedaba en blanco por un instante. No podía creer lo que estaba escuchando. Se quedó mirándola, con los ojos claros abiertos de par en par, sin saber qué decir, sin poder entender lo que estaba pasando.

—¿Qué... qué estás diciendo? —logró preguntar él, con la voz un poco ronca, como si no le creyera lo que oía.

Ella suspiró, con una expresión triste y a la vez decidida. Sus ojos oscuros se llenaron de emoción, pero siguió hablando con total claridad:

—Yo trabajo para Javier.

El nombre sonó como un trueno. Alejandro sintió cómo todo su cuerpo se tensaba, cómo la calma que siempre lo caracterizaba parecía querer desaparecer. Miró a su alrededor, vio a los clientes que los miraban con curiosidad, vio a sus amigos que se habían acercado sin darse cuenta, pero no pudo concentrarse en nada más que en las palabras que acababa de escuchar.

—¿Trabajas para él? —repitió él, sin poder evitar que la sorpresa se notara en su voz—. Pero... ¿cómo? ¿Por qué?

—Porque él me envió aquí —explicó ella, bajando un poco la voz para que solo él la oyera—. Me dijo que te acercara, que me hiciera amiga tuya, que me ganara tu confianza. Que averiguara todo lo que pudiera sobre ti, sobre tu vida, sobre lo que eres, sobre lo que guardas en este bar y en tu pasado. Me dijo que eras alguien importante, alguien que tenía secretos que valían mucho la pena descubrir.

Alejandro se quedó paralizado. Todas las imágenes que había tenido de ella, todos los momentos que habían compartido, todo lo que había sentido... todo parecía derrumbarse en un instante. Recordó cómo lo había mirado, cómo se había acercado, cómo habían estado juntos, cómo le había dicho que lo deseaba, que le gustaba lo que él era. Y ahora todo tenía un sentido distinto, una intención distinta.

—¿Todo fue una mentira? —preguntó él, con una mezcla de dolor y rabia que no podía ocultar del todo.

Ella negó con la cabeza rápidamente, acercándose un poco más, extendiendo una mano como si quisiera tocarlo pero se detuvo a medio camino, como si supiera que ya no podía acercarse como antes.

—No... no todo fue mentira, Alejandro. Te lo juro —dijo ella, con la voz temblando—. Lo que sentí por ti... fue real. Desde el primer momento que te vi, supe que eras distinto a lo que me habían dicho, a lo que yo esperaba encontrar. Lo que hemos vivido... lo que hemos compartido... fue lo más real que he sentido en mi vida. Por eso estoy aquí, por eso te lo digo ahora: no puedo seguir mintiéndote. No puedo seguir engañándote, aunque me hayan dicho que lo hiciera.

Se hizo un silencio absoluto en todo el local. La gente había dejado de hablar, todos miraban hacia ellos, intentando entender lo que pasaba. Alejandro miró a Elena, viendo la verdad en sus ojos, viendo cómo ella sufría por tener que decirle todo esto. Pero aun así, las palabras que había dicho seguían ahí, pesadas, difíciles de aceptar.

—¿Y por qué me lo dices ahora? —preguntó él, con la voz más calmada, pero con una mirada que escudriñaba cada detalle de su rostro—. ¿Por qué no seguiste con el plan?

—Porque me di cuenta de que no podía hacerlo —respondió ella, con firmeza—. Porque me di cuenta de que lo que yo sentía por ti era mucho más fuerte que cualquier orden, que cualquier plan, que cualquier cosa que me hubieran dicho que hiciera. No quería seguir engañándote. No quería que me miraras y creyeras que todo era falso. Y también... también porque descubrí algo más. Algo que me hizo darme cuenta de que Javier no es lo que parece. De que lo que buscan no es solo información, ni dinero... buscan algo más grande, algo que tiene que ver contigo, con lo que fuiste antes de llegar aquí.

Alejandro se quedó mirándola, con el corazón latiéndole con fuerza. Todo lo que había pasado hasta ahora empezaba a encajar, pero al mismo tiempo, todo se volvía más confuso y más misterioso que nunca.

—¿Qué descubriste? —preguntó él, con una atención total, sabiendo que lo que ella iba a decir iba a cambiarlo todo.

Ella se acercó un poco más, hablando ahora casi al oído, con una urgencia que delataba que tenía prisa por decirlo antes de que fuera demasiado tarde:

—He averiguado que Javier y su grupo... tienen una misión. Y esa misión tiene que ver con el pasado que tú creías haber dejado atrás para siempre. Saben quién eras realmente. Saben cosas que nadie más debe saber. Y me dijo que, si lograba obtener lo que querían de ti, entonces te darían lo que te prometieron... o al menos, eso es lo que creía. Pero ahora sé que no es así. Ahora sé que su plan es mucho más peligroso. Y que yo... yo fui solo una pieza en ese juego. Pero yo no quiero serlo más. Por eso te lo digo todo. Porque te quiero, Alejandro. Porque te he llegado a querer de verdad, y no puedo quedarme callada viendo cómo te hacen daño.

Se hizo un silencio total en todo el lugar. Todos los ojos estaban puestos en ellos, en el dueño del bar tranquilo y seguro, y en la mujer que acababa de revelar que trabajaba para su peor enemigo, pero que ahora le estaba dando la única información que podía salvarlo.

Alejandro la miró, analizando cada palabra, cada gesto, cada mirada. Sabía que tenía que ser cuidadoso, sabía que nada era lo que parecía. Pero también sabía que ella le estaba diciendo la verdad, porque se lo leía en sus ojos, en la forma en que hablaba, en la forma en que lo miraba.

—¿Por qué me dices todo esto ahora? —preguntó él, con calma, pero con una intensidad que lo llenaba todo—. ¿Qué quieres que haga?

Ella tomó una respiración profunda, con una expresión de determinación que antes no había tenido.

—Quiero que sepas la verdad. Quiero que te protejas. Y quiero que sepas que, pase lo que pase... lo que sentí por ti fue real. Y que si tengo que elegir entre lo que ellos quieren y lo que yo siento... ya he elegido.

En ese momento, la puerta se abrió de golpe.

Todos giraron la cabeza hacia la entrada. Y allí estaba Javier. Pero esta vez, no venía acompañado de sus hombres con traje oscuro y miradas serias. Venía solo, con una sonrisa en los labios que no era amable, sino fría y triunfante. Y cuando vio a Alejandro y a Elena juntos, comprendió que algo había cambiado.

—Veo que han estado hablando —dijo él, con una voz que sonaba a amenaza—. Veo que ya se han dicho todo lo que tenían que decir. Qué lástima, Elena... habías hecho un trabajo tan bien hasta ahora.

Luego miró a Alejandro, y sus ojos se llenaron de una satisfacción que hizo que la piel de Alejandro se erizara.

—Pero no te preocupes, Alejandro. Ahora que ya lo sabes todo... todo será mucho más interesante. Porque ahora tú sabes quién soy, sabes lo que buscamos, sabes lo que eres. Y ahora... ya no hay vuelta atrás.

Se giró hacia la puerta, pero antes de salir, se giró una última vez y dijo algo que dejó a Alejandro sin aliento:

—Por cierto, Alejandro... te equivocas si crees que todo lo que te he dicho es verdad. Porque en este juego, todos tenemos nuestros secretos. Y el tuyo... es mucho más grande y mucho más oscuro de lo que te imaginas.

Salió del local, dejando tras de sí una tensión que era casi palpable. La gente se quedó en silencio, mirando a los dos, sin saber qué decir, sin saber qué creer.

Alejandro miró a Elena, luego miró hacia la puerta cerrada, y se dio cuenta de que nada volvería a ser igual. Lo que había creído saber sobre su vida, sobre su pasado, sobre las personas que lo rodeaban... todo era una mitad de la verdad, y la otra mitad seguía oculta, esperando ser descubierta.

Y lo más inquietante de todo: ¿quién decía la verdad? ¿Elena o Javier? ¿O tal vez... ninguno de los dos?

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