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Sol De La Bahía

Sol De La Bahía

Status: Terminada
Genre:Romance / Yaoi / Completas
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Skay P.

⚠️🔞✅️Miles Stone, un rígido contador de la ciudad, huye hacia el pueblo costero de Bahía Centinela tras una devastadora traición familiar. Destrozado y buscando aislamiento, llega al viejo Hostal Morrow, administrado por Ezra, un lugareño libre, magnético y un tanto excéntrico. Mientras Miles intenta ordenar el adorable caos financiero del negocio, Ezra lo desafía a mirar el mundo a través de su lente analógica, enseñándole a abrazar las imperfecciones de la vida. Bajo el cálido sol de agosto, una cercanía eléctrica e ineludible florece entre ambos, transformando un verano melancólico en el refugio de amor más puro de sus vidas.✅️🔞⚠️

NovelToon tiene autorización de Skay P. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Monstruo del dolor

El frío de septiembre se instaló de forma definitiva en Vancouver, tiñendo las copas de los pinos altos de un tono apagado y cubriendo los cristales de la habitación del hospital con una escarcha delgada. Dentro del cuarto blanco, ajeno al ruido de los monitores y al goteo constante de las agujas, Ezra Morrow dormía una siesta profunda. En su mente, sin embargo, el invierno de Canadá no existía.

Ezra soñaba con Bahía Centinela. En su sueño, el sol de agosto brillaba con una fuerza espectacular, pintando el océano Atlántico de un azul turquesa brillante y limpio. El hostal Morrow estaba abierto de par en par, con sus sábanas blancas sacudiéndose alegremente bajo la brisa cálida y el porche cubierto de flores trepadoras rebosantes de vida. No había frascos de plástico blanco sobre las mesas, ni olores a desinfectante, ni dolor.

En el sueño, Ezra caminaba por la orilla de la playa agarrado de la mano con el amor de su vida. Miles sonreía, con sus ojos claros brillando libres de cualquier rastro de ojeras o de la rigidez de la gran ciudad. Ezra se sentía radiante de felicidad, fuerte y completamente sano. Sus piernas respondían con agilidad a cada paso sobre la arena húmeda y su pecho se inflaba con aire salado sin que ninguna punzada agónica le cortara la respiración. Corrían hacia el extremo final del muelle viejo, riéndose a carcajadas, persiguiendo el vuelo de las gaviotas. En ese universo perfecto, el cáncer era una palabra que jamás habían escuchado; eran simplemente dos jóvenes enamorados disfrutando de un verano eterno, convencidos de que el tiempo les pertenecía por completo.

Un suspiro profundo escapó de los labios resecos de Ezra cuando abrió los ojos lentamente, rompiendo el espejismo.

La luz dorada de la playa se desvaneció en un segundo, reemplazada por el reflejo grisáceo que entraba por la ventana del hospital de Vancouver. Ezra parpadeó con tristeza, descubriendo que su mano derecha, la misma que en el sueño sostenía a Miles con tanta fuerza, permanecía conectada a una vía de suero delgada. Giró la cabeza hacia un costado y una suave sonrisa apareció en su rostro demacrado al ver a Miles sentado en la silla de plástico junto a la camilla. El contador sostenía un pequeño cuaderno donde anotaba minuciosamente los horarios de las dosis de los analgésicos continuos, manteniendo su mente ordenada al servicio del ser que amaba.

Pasaron las semanas de septiembre y la rutina del cuidado y la aceptación se instaló de forma definitiva entre ellos. Miles se convirtió en el apoyo absoluto e inquebrantable de Ezra. Había aprendido a leer cada pequeño gesto de su novio: sabía que una sutil contracción en las cejas de Ezra significaba que el monstruo del dolor estaba despertando, y de inmediato le acomodaba las almohadas o llamaba a la enfermera de turno de forma dulce.

A pesar del evidente deterioro físico —las mejillas de Ezra se hundían cada vez más y su silueta se volvía dolorosamente delgada bajo las batas azules—, el amor infinito entre ellos seguía siendo su único refugio seguro. Miles le preparaba caldos suaves en la cocina de la cabaña de Matt y se los llevaba en un termo térmico al hospital, dándole de comer en la boca con una delicadeza infinita, cucharada a cucharada. Las conversaciones dulces continuaban poblando las tardes grises; hablaban de las fotos que Miles seguía editando en su computadora y hacían promesas mudas bajo el sonido monótono de las máquinas.

—Hoy te ves muy guapo, mi cielo —susurraba Ezra tras recibir una caricia tierna en el cabello negro, que ya empezaba a perder su brillo natural por los tratamientos paliativos.

—Tú eres el único hermoso aquí, mi bebé —respondía Miles, inclinándose para darle un beso corto y pausado en los labios, saboreando la calidez febril que aún desprendía su piel—. Mañana le pediré permiso a la enfermera para llevarte en la silla de ruedas a la azotea. Quiero que veas el cielo, aunque esté nublado.

—Mientras vea tus ojos claros, mi vida, el cielo siempre estará limpio para mí —le contestaba Ezra, derritiéndole el corazón con una devoción que les partía el alma a ambos en medio de la penumbra.

Sin embargo, la burbuja protectora que Miles y Ezra habían construido dentro de esa habitación estaba a punto de recibir el golpe más devastador del otoño.

La tarde del último miércoles de septiembre, el médico especialista principal, un hombre de rostro severo y mirada compasiva, entró al cuarto. Tras revisar los gráficos del monitor y palpar suavemente el abdomen de Ezra, le pidió a Miles y a Matt que lo acompañaran un momento a su oficina privada en el pasillo central de la planta baja.

El trayecto hacia el consultorio se sintió como una caminata hacia el cadalso. Miles sentía que las manos le temblaban tanto que tuvo que meterlas en los bolsillos de su chaqueta gruesa para que Matt no notara su pánico absoluto. La oficina médica era fría, flanqueada por estanterías llenas de expedientes legales e historiales clínicos oscuros. El doctor se sentó detrás de su escritorio de madera y suspiró con pesadez, invitando a los dos jóvenes a sentarse frente a él.

—Señor Morrow, señor Stone —comenzó el médico, clavando su mirada en ellos con una honestidad cruda—. He estado revisando los últimos estudios de tomografía y los análisis de sangre que le hicimos a Ezra esta mañana. Lamentablemente, no tengo buenas noticias. La masa tumoral en el páncreas ha continuado expandiéndose de forma agresiva y los medicamentos paliativos ya no están logrando retrasar el avance de la enfermedad.

Miles sintió que un frío repentino le congelaba la sangre en las venas. Se aferró al borde de la silla metálica con tanta fuerza que sus nudillos se volvieron completamente blancos.

—¿Qué quiere decir con eso, doctor? —preguntó Miles con una voz que apenas parecía la suya, una voz quebrada y cargada de una angustia sorda—. ¿Podemos probar con otra dosis de radioterapia? ¿Hay algún medicamento nuevo en el extranjero? Yo tengo ahorros, puedo pagar el tratamiento que sea necesario... por favor, díganos qué más podemos hacer.

El médico bajó la vista por un segundo, confirmando la confrontación directa con la realidad médica más cruel. Negó con la cabeza de forma suave.

—No, señor Stone. El cuerpo de Ezra ya está demasiado debilitado para soportar más terapias agresivas. Su hígado y sus riñones están empezando a fallar debido al esfuerzo continuo. Hemos entrado de lleno en la fase final de la enfermedad. La medicina ya no puede ofrecer una cura; el tumor ha ganado la batalla celular.

A su lado, Matt emitió un sonido ahogado, un gemido de puro dolor físico y emocional que pareció desgarrarle la garganta. El hombre fuerte de los bosques forestales se tapó el rostro con sus enormes manos y comenzó a llorar con un llanto desconsolado, un llanto de niño pequeño que está a punto de perder a su único hermano.

—¿Cuánto... cuánto tiempo le queda, doctor? —consiguió preguntar Matt entre sollozos, con el cuerpo entero sacudiéndose bajo su pesada chaqueta de lana.

—Es difícil dar una fecha exacta en estos casos, pero estimamos que es cuestión de semanas —respondió el médico con una voz suave y compasiva—. Quizás dos o tres semanas antes de que el cuerpo se apague por completo. Mi recomendación es que suspendamos los estudios médicos molestos que tanto lo aterran y nos concentremos exclusivamente en mantenerlo sin dolor. Permítanle disfrutar de sus últimas horas rodeado de las personas que ama. Prepárense para la despedida.

Miles no emitió ningún sonido. Se quedó completamente congelado en la silla, mirando la pared blanca del consultorio mientras el mundo entero se desintegraba a su alrededor. Sintió como si lo hubieran arrojado desde lo alto del faro de Bahía Centinela directamente contra las rocas. La desesperación era un ácido helado que le recorría el pecho, asfixiándolo. Salió de la oficina del médico de forma automática, ignorando las llamadas de Matt, y caminó a paso rápido por el pasillo del hospital hasta llegar a las escaleras de emergencia.

Allí, en la soledad de los peldaños de cemento, Miles se derrumbó por completo. Se llevó las manos a la cara y rompió en un llanto ruidoso, incontrolable y desgarrador que resonó en el hueco de la escalera vacía. Lloraba por la injusticia de la vida, por el recuerdo del sueño feliz que Ezra le había contado, y por la inmensa angustia de saber que el otoño se estaba llevando al único hombre que le había enseñado el verdadero significado del amor verdadero.

—¿Por qué? ¡Por qué a él! —gritaba Miles entre lágrimas, golpeando suavemente la pared con el puño—. ¡No es justo, Dios mío, no es justo! Déjamelo un verano más... solo un verano más, por favor.

Pasaron casi veinte minutos antes de que Miles lograra contener el llanto. Sabía que no podía regresar a la habitación con el rostro bañado en lágrimas; Ezra necesitaba ver en él un pilar de fortaleza, no un espejo de su propia tragedia. Se limpió los ojos con el dorso de la mano, respiró hondo tres veces y subió de nuevo al piso de la estancia privada.

Cuando entró al cuarto, la penumbra de la tarde ya envolvía la camilla metálica. Ezra permanecía despierto, mirando hacia la ventana donde las hojas caídas de los árboles bailaban con el viento helado de Vancouver. Al ver entrar a Miles, sus ojos oscuros se clavaron en los del contador con una madurez e intuición que desarmaron a Miles por completo. Ezra no necesitaba que le dijeran lo que el médico había hablado en la oficina; él lo sabía perfectamente por el ritmo cansado de sus propios latidos.

Miles se acercó despacio, se subió a la camilla a escondidas del personal médico como lo hacía todas las noches y se deslizó debajo de las sábanas blancas. Rodó a Ezra con sus brazos fuertes, pegando su pecho contra la espalda de su novio, ocultando su rostro en su nuca para que Ezra no notara que sus ojos seguían húmedos.

Ezra se removió con cuidado y entrelazó sus dedos temblorosos con los de Miles sobre la cobija, apretando el agarre con una ternura infinita que derritió el alma del chico de la ciudad.

—Ya lo sabes todo, ¿verdad, mi cielo? —susurró Ezra en la oscuridad del cuarto, y una lágrima pesada resbaló por su mejilla, cayendo sobre la sábana del hospital.

—Sé que te amo, mi bebé —respondió Miles con una voz profunda, clara y cargada de un afecto inquebrantable, apretándolo con más fuerza contra su cuerpo—. Sé que eres mi vida entera y que no me voy a separar de ti ni un solo segundo. Nos quedan las semanas más hermosas del año y las vamos a pasar amándonos debajo de estas cobijas, tomando fotos y recordando nuestro muelle viejo. No tengas miedo, mi vida. Aquí estoy.

Ezra soltó un suspiro largo y se hundió en el abrazo protector de su novio, sintiendo que con el calor constante de Miles, el frío de la realidad médica perdía toda su fuerza. Seguían atrapados en la melodía agridulce, viviendo el tramo más doloroso de su verano de tristeza, conscientes de que las hojas seguían cayendo afuera del hospital, pero decididos a transformar cada latido que les quedaba en un monumento eterno a un amor tan puro y hermoso que ni la misma muerte lograría borrar jamás de sus almas rotas.

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Beisy Antunez
muy bueno gracias
Beisy Antunez
Gracias que amor tan lindo nacido del dolor de cada uno, llore mucho con esta historia 😭 pero fue hermosa
Skay P.: Gracias por la compañía, mi cielo.
Tenemos otras excelentes historias para alegrar el corazón. ¡Besitos!✨️🦋
total 1 replies
Smer
y justo escuchando la nave del olvido de José José 😭
Skay P.: ¡Uy! Disculpa, mi Chickis.
En mi perfil, encontrarás historias que sanan el corazón. Además, esta historia tiene un final alternativo muy bonito. 🫣🫰✨️
total 1 replies
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