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El Regreso De Nicole

El Regreso De Nicole

Status: Terminada
Genre:Reencarnación / Amor-odio / Reencuentro / Completas
Popularitas:2.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Marion Cecilia Coloma Aguirre

El destino trajo de vuelta a quien el corazón nunca había dejado de esperar.

NovelToon tiene autorización de Marion Cecilia Coloma Aguirre para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7 Canción para el alma

Esa tarde llovía sin detenerse.

El viento golpeaba suavemente las ventanas y el ambiente invitaba a quedarse dentro, abrigados y tranquilos.

Nicolás había vuelto más temprano de lo habitual, porque una obra debió suspenderse por el mal tiempo.

Se sentó en el sofá con unos planos sobre las rodillas, pero no lograba concentrarse del todo.

La niña estaba inquieta, andaba de un lado a otro sin saber qué hacer, hasta que se sentó en el rincón más oscuro de la sala y se quedó muy callada.

Me acerqué despacio y me arrodillé junto a ella.

—¿Te sientes sola? —

Le pregunté bajito.

Ella asintió sin levantar la cabeza.

—Sí.

A veces pasa esto.

Me acuerdo tanto…

y siento un vacío aquí.

Sin pensarlo, me senté a su lado, la recosté contra mi pecho y empecé a tararear muy bajito aquella canción que yo misma le cantaba cuando tenía apenas cuatro meses, antes de irme.

Era una melodía sencilla, que nadie más conocía, que inventé para ella y que nunca le conté a nadie.

Poco a poco la niña se fue relajando.

Sus ojos se abrieron muy grandes y levantó la vista hacia mí.

—Esa…

Esa canción.

¿De dónde la sabes?

—Me vino sola —le dije sonriendo suavemente—.

¿Te gusta?

—Sí —susurró ella abrazándome fuerte—.

Es como la que suena dentro de mí cuando mi mamá está cerca.

Nicolás había dejado el lápiz en la mano.

Se había girado despacio y nos miraba con el rostro pálido, los ojos muy abiertos:

—Esa canción…

—dijo con voz entrecortada—.

Nadie la conoce.

ni mis amigos, ni siquiera mis padres.

Solo ella la inventó.

Solo yo la escuché una vez, cuando la niña era recién nacida.

¿Cómo puedes tararearla tú?

Me quedé un instante sin saber qué responder, luego dije muy suavemente:

—No lo sé.

A veces las canciones andan sueltas por el aire y alguien las atrapa sin saber de dónde vienen.

—Es imposible —murmuró él sacudiendo la cabeza—.

No puede ser casualidad.

Y, sin embargo…

—se acercó un poco más, sin mostrar desconfianza, solo una inmensa sorpresa—

No me asusta.

Al contrario, me llena de una calma que no entiendo.

Se sentó cerca de nosotros, sin dejar de mirarme.

—Sigue, por favor.

Cántala otra vez. Hace tanto que no la escuchaba…

Lo hice.

Más fuerte, pero igual tierna.

La niña cerró los ojos y se quedó dormida enseguida, como si esa voz la hubiera llevado al lugar más seguro del mundo.

Nicolás tenía las lágrimas resbalando por sus mejillas, pero no preguntó más.

No intentó adivinar quién era yo.

Solo aceptó lo que estaba ocurriendo como un regalo extraño que no debía cuestionar.

Más tarde, cuando la llevamos a su cama y la tapé con la manta celeste que le gustaba, nos quedamos solos en la sala.

Él encendió la luz muy tenue y me miró con gratitud inmensa.

—No sé quién eres realmente, Valeria.

No sé por qué llegaste hasta nosotros, ni cómo sabes cosas que nadie más debería saber.

Pero desde que entraste a esta casa, pareces traer consigo pedazos de lo que perdimos.

No te lo reprocho, al contrario…

Siento que por fin nos dejan volver a respirar.

—Solo trato de darles lo que necesitan —respondí bajito.

—Y lo haces perfectamente —dijo él—.

Mi hija duerme como hacía mucho no lo hacía.

Yo siento menos frío.

No busco explicaciones difíciles.

Solo quiero que te quedes.

Mientras tú quieras estar aquí, serás bienvenida siempre.

Se fue a descansar dejándome tranquila.

No sospechó que tenía a su lado a la mujer que compuso esa canción.

No cruzó la idea imposible de que yo era quien la cantaba cada noche antes de irse.

Solo sintió que algo muy bueno, muy antiguo y muy querido había vuelto a su vida.

Yo me quedé un rato mirando la lluvia tras el cristal.

Sabía que esas cosas se iban diciendo solas, sin palabras, sin prisas.

Que un día esas piezas encajarían del todo, pero por ahora era suficiente verlos tranquilos, verlos sanar poco a poco.

Y que esa canción, nuestra canción, era el hilo invisible que nos unía más fuerte que nunca.

 

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Fedra Paublott
no entiendo el cumple 19 años me imaginé un hombre de mas edad osea ellos tuvieron a la niña muy jóvenes se que se puede
Lois fuentes coloma: cuando falleció ella tenía 15 años y su bb 4 meses
total 1 replies
yenifer perdomo
muy linda felicidades 🥰
Lois fuentes coloma: muchas gracias qué bueno que le gustó
total 1 replies
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