Anna despierta en el cuerpo de Adalia Mordrith, una noble comprometida con el hermano menor del emperador tirano.
En la historia original, Adalia estaba destinada a morir traicionada y ejecutada por su propio esposo, manipulado por su ambiciosa concubina.
Decidida a cambiar su destino, Anna solo quiere una cosa: romper el compromiso y escapar antes de que la tragedia vuelva a alcanzarla.
Pero el imperio no es tan fácil de burlar.
El emperador Azrael Thorne es frío, implacable y temido por todos. Un hombre cuya sola mirada puede condenar a cualquiera. Exactamente el tipo de persona al que Adalia debería evitar.
Y, sin embargo, por una razón que nadie puede explicar… él puede escuchar sus pensamientos.
En un imperio donde una sola palabra del emperador decide la vida o la muerte,
él escucha lo que nadie más puede oír.
Cuando ella entra a su vida, no imagina que su mente es un libro abierto para el tirano más temido del imperio.
NovelToon tiene autorización de Juna C para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capítulo 14
Faltaban tres días para la luna llena.
Tres días.
Adalia caminaba de un lado a otro dentro de su habitación pensando en todo lo que había descubierto. La carta que había encontrado confirmaba sus sospechas.
Su tío estaba involucrado en algo muy peligroso.
Y si el mensaje era correcto…
La reunión ocurriría durante la próxima luna llena.
Adalia apretó los labios.
—Tengo que seguirlo… —murmuró.
Sea como fuera, debía descubrir dónde se reunirían y quién era realmente la persona detrás de la letra “G”.
Más tarde ese mismo día, Adalia se encontraba en la biblioteca de la mansión.
Era una habitación amplia, con estanterías altas llenas de libros antiguos. La luz de la tarde entraba por los ventanales iluminando las mesas de lectura.
Adalia estaba sentada junto a una de ellas, con varios libros abiertos frente a ella.
Había decidido investigar más sobre el reino.
Sobre sus territorios.
Sus minas.
Y los lugares donde podría hacerse una reunión secreta.
Estaba tan concentrada leyendo que no escuchó cuando la puerta de la biblioteca se abrió.
Ni cuando volvió a cerrarse.
Pasaron varios minutos.
Hasta que sintió una presencia demasiado cerca.
Adalia levantó la cabeza.
Y lo vio.
Casper.
Estaba de pie a su lado.
Adalia frunció ligeramente el ceño.
—¿Se te ofrece algo?
Casper sonrió con burla.
En su mano sostenía una botella de vino medio vacía.
—Me preguntaba qué hace una tonta como tú en la biblioteca.
Adalia cerró el libro lentamente.
—¿Y a ti qué te importa?
Lo miró de arriba abajo con desdén.
—Dudo mucho que alguien como tú venga aquí a leer.
Casper soltó una risa baja.
—Tal vez solo vine a beber tranquilo.
Se apoyó contra la mesa, tomando otro trago de la botella.
Adalia decidió ignorarlo.
Volvió a abrir su libro y continuó leyendo.
Pero Casper no se movió.
Seguía allí.
Observándola.
Su mirada recorría su cuerpo lentamente.
Desde su cuello…
Sus brazos…
Hasta detenerse descaradamente en su pecho.
Una sonrisa torcida apareció en su rostro.
Adalia seguía leyendo, pero algo en el ambiente la puso alerta.
Entonces sintió un tirón brusco.
—¡Ah!
Un quejido escapó de sus labios.
Casper le había jalado el cabello.
Adalia levantó la cabeza con rabia.
—¡Suéltame!
Casper la observó con una sonrisa desagradable.
—Ahora que te veo bien…
Sus ojos bajaron otra vez por su cuerpo.
—Tienes un buen cuerpo.
Adalia lo miró con furia.
—Te dije que me sueltes.
Casper soltó una risa burlona.
—Tal vez hoy debería quitarte lo mojigata.
Adalia lo empujó con fuerza.
Pero Casper volvió a jalarle el cabello con más violencia.
La obligó a inclinar la cabeza hacia atrás.
—¡Suéltame!
Casper acercó el rostro a su cuello.
Adalia sintió su respiración cerca y el asco le recorrió el cuerpo.
Empezó a forcejear.
—¡Déjame!
Casper comenzó a besarle el cuello y llevo una mano su cintura sin importarle los golpes que ella le daba.
Adalia lo empujaba, lo golpeaba con los puños, tratando de apartarlo.
Pero él no parecía detenerse.
Entonces su mano tocó algo sobre la mesa.
Un libro grueso.
Adalia lo agarró con fuerza.
Y sin pensarlo dos veces…
¡PUM!
Lo golpeó con toda su fuerza en la cabeza.
Casper soltó un gruñido.
Sus ojos se cerraron.
Y cayó al suelo de golpe.
Inconsciente.
Adalia se quedó quieta unos segundos.
Respiraba con rapidez.
El corazón le latía con fuerza en el pecho.
Miró a Casper tirado en el suelo.
—Desgraciado…
Su voz temblaba de rabia.
Se acomodó rápidamente el cabello y el vestido.
Lo miró una última vez con desprecio.
—Ojalá te hubiera golpeado más fuerte.
Luego se giró y salió rápidamente de la biblioteca.
Dejándolo tirado en el suelo.
Desmayado.
Adalia llegó a su habitación casi sin recordar cómo había recorrido los pasillos.
Cerró la puerta con fuerza detrás de ella.
Su respiración era rápida.
El corazón le latía con tanta fuerza que sentía los golpes en el pecho.
Apoyó las manos sobre la mesa intentando calmarse, pero estas le temblaban ligeramente.
La imagen de lo que acababa de pasar seguía fresca en su mente.
El tirón de su cabello.
Las manos de Casper.
Su respiración cerca de su cuello.
Adalia apretó los dientes.
—Ese maldito…
Sus manos se cerraron en puños.
Si ella no se hubiese defendido…
Si no hubiera tenido ese libro a la mano…
Adalia sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—Ese desgraciado…
Su voz salió baja, cargada de rabia.
Caminó unos pasos por la habitación intentando liberar la tensión, pero la furia seguía creciendo dentro de ella.
—¡Maldito sea!
Golpeó la mesa con la palma de la mano.
No fue un golpe fuerte, pero sí lleno de frustración.
—Si yo tuviera más fuerza…
Apretó los puños otra vez.
—Le habría dado un puñetazo que lo dejaría sin dientes.
Respiró profundo varias veces intentando calmarse.
Pero lo que realmente la enfurecía no era solo lo que había pasado.
Era algo más.
Algo que le revolvía el estómago.
Adalia se dejó caer lentamente en la silla.
Apoyó los codos sobre las rodillas y se llevó una mano a la frente.
—Cuántas mujeres… —murmuró.
Su mirada se perdió en el suelo.
—¿Cuántas habrán pasado por lo mismo?
Sabía perfectamente la respuesta.
Muchas.
Demasiadas.
Mujeres que no tenían oportunidad de defenderse.
Mujeres que no tenían un libro a la mano.
Mujeres que nadie escuchaba.
Adalia apretó la mandíbula.
—Qué asco…
La rabia volvió a arder en su pecho.
Pero esta vez era una rabia más fría.
Más peligrosa.
Se enderezó lentamente en la silla.
Sus ojos se endurecieron.
—No…
Respiró hondo.
—Ese bastardo no se saldrá con la suya.
Se levantó.
Caminó hasta el espejo de su tocador.
Se miró.
Su cabello estaba ligeramente desordenado por el tirón.
Adalia lo acomodó lentamente.
Sus ojos reflejaban determinación.
—Casper…
Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
Pero no era una sonrisa amable.
Era peligrosa.
—Te juro que te vas a arrepentir.
Se cruzó de brazos.
—Si crees que voy a quedarme callada después de lo que hiciste…
Negó lentamente con la cabeza.
—Entonces no sabes con quién te metiste.
La sonrisa en sus labios se volvió más marcada.
—Ese golpe en la cabeza fue solo el comienzo.
Caminó hacia la ventana de su habitación.
Desde allí podía verse parte de los jardines de la mansión.
El cielo empezaba a oscurecerse lentamente.
Adalia miró hacia arriba.
En tres días sería luna llena.
La misma luna llena mencionada en la carta.
Su tío planeaba algo.
Algo muy grande.
Pero ahora tenía dos cosas pendientes.
Descubrir la conspiración…
y ajustar cuentas con Casper.
Adalia apoyó un dedo en el vidrio de la ventana mientras pensaba.
—Bien…
Sus ojos brillaron con una chispa traviesa.
—Si quieres jugar sucio…
—Entonces juguemos.