En su vida pasada, Camila era una científica obsesionada con descubrir los secretos de la naturaleza. Ahora ha reencarnado como Xenia, una joven noble en un mundo lleno de magia… y para ella eso solo significa una cosa: nuevos experimentos.
Decidida a entender y dominar la magia como si fuera ciencia, convierte su vida en un laboratorio, creando pociones cada vez más imposibles y peligrosas.
Pero cuando el príncipe del reino empieza a aparecer constantemente en su laboratorio, Xenia descubre que, además de la magia, hay otro fenómeno que no logra explicar del todo: por qué el príncipe parece cada vez más interesado en ella… mientras ella solo piensa en su próximo experimento.
NovelToon tiene autorización de Juna C para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 22
Luego de avanzar durante un buen rato, el sonido constante del agua comenzó a escucharse cada vez más cerca. Primero fue un murmullo lejano, pero poco a poco se transformó en el rugido característico de una cascada.
Los ojos de Xenia brillaron.
—Debe ser ahí.
Clark también escuchó el sonido y asintió.
—Entonces estamos cerca.
No tardaron mucho más en llegar.
Cuando atravesaron la última línea de árboles, una enorme cascada apareció ante ellos.
El agua caía desde varios metros de altura, golpeando las rocas inferiores y levantando una fina neblina que flotaba sobre toda la zona. La vegetación era abundante, y el suelo estaba cubierto de musgos, flores silvestres y plantas que crecían gracias a la humedad constante.
Durante unos segundos incluso Xenia olvidó la investigación.
Era realmente hermoso.
Clark observó el paisaje con una pequeña sonrisa.
—Es una bonita vista, ¿no crees?
Xenia contempló la cascada unos instantes antes de asentir.
—Debo admitir que sí.
—Eso casi sonó como un cumplido.
—No te acostumbres.
Clark soltó una pequeña risa.
Mientras tanto, los guardias comenzaron a desplegarse por la zona.
—Revisen bien los alrededores —ordenó Clark—. Lady Xenia ya les mostró cómo luce la planta que estamos buscando.
Los hombres asintieron y comenzaron a separarse.
Algunos descendieron hacia la base de la cascada.
Otros inspeccionaron las zonas más elevadas.
Xenia y Clark permanecieron juntos revisando los alrededores.
La joven observaba cada rincón con atención.
Las hojas.
Las raíces.
Las flores.
Incluso recogió varias muestras de otras plantas desconocidas.
—¿Y esta para qué sirve? —preguntó Clark viendo cómo guardaba una hoja.
—No lo sé.
—¿Entonces para qué la guardas?
—Precisamente porque no lo sé.
Clark ya ni siquiera se sorprendía.
Continuaron avanzando entre la vegetación.
Pasó media hora.
Luego otra más.
Y seguían sin encontrar nada.
Xenia comenzaba a frustrarse.
—No tiene sentido.
—¿Qué ocurre?
—Las condiciones son perfectas.
—¿Y eso significa?
—Humedad elevada, sombra parcial, suelo rico en minerales...
Clark la observó.
—A veces olvido que hablas un idioma diferente al resto de nosotros.
—Estoy diciendo que esta planta debería crecer aquí.
—Ah.
—¿Ves? Ni siquiera estabas escuchando.
—Escuchaba perfectamente.
—Mentiroso.
Clark sonrió.
Siguieron avanzando entre los árboles.
Xenia revisó una roca cubierta de musgo.
Después otra.
Y otra más.
Nada.
Comenzó a sentir que aquel viaje había sido una pérdida de tiempo.
—Tal vez el anciano estaba equivocado.
—No lo creo.
—¿Y por qué estás tan seguro?
—Porque tú misma dijiste que las condiciones eran perfectas.
Xenia abrió la boca para responder.
Y la volvió a cerrar.
Porque tenía razón.
Eso solo aumentó su frustración.
Estaban tan concentrados hablando que ninguno notó la enorme figura que se movía entre los árboles.
El primer aviso fue un gruñido.
Profundo.
Amenazante.
Xenia se quedó inmóvil.
Clark también.
Lentamente ambos giraron la cabeza.
Y encontraron un enorme oso.
No era un animal común.
Era enorme.
Mucho más grande de lo que Xenia recordaba haber visto jamás.
El animal los observaba fijamente.
—Clark...
—Lo veo.
—Dime que tienes un plan.
—Corre.
—Ese no es un plan.
—Pues es el único que tengo.
El oso rugió.
Y salió disparado hacia ellos.
Xenia no necesitó más explicaciones.
Ambos comenzaron a correr.
Detrás de ellos el animal derribaba arbustos y pequeñas ramas como si fueran simples hojas secas.
—¡¿Por qué es tan rápido?! —gritó Xenia.
—¡Porque tiene cuatro patas!
—¡Eso no ayuda!
Mientras corrían, Xenia no pudo evitar recordar algo de su vida anterior.
—¡Los osos reaccionan al movimiento!
—¡Excelente dato para otro momento!
—¡Lo sé!
Uno de los guardias intentó distraer al animal.
Fue una pésima idea.
El oso apenas le prestó atención.
Clark agarró la mano de Xenia.
—Por aquí.
Los dos cambiaron de dirección.
El problema fue que, en medio de la persecución, ninguno vio lo cerca que estaban del borde.
Solo cuando escucharon el rugido de la cascada debajo comprendieron el problema.
Clark se detuvo en seco.
Xenia también.
Delante de ellos no había más tierra.
Solo vacío.
Y una caída enorme.
Detrás.
El oso.
Delante.
La cascada.
Xenia observó la altura.
—Voy a decir algo muy importante.
—¿Qué?
—Odio esto.
Clark soltó una carcajada incrédula.
—Justo ahora decides decirlo.
El oso rugió nuevamente.
Cada vez más cerca.
Clark miró la caída.
Luego a Xenia.
—Confías en mí.
—No.
—Qué respuesta tan cruel.
—¿Qué estás pensando?
—Que si nos quedamos aquí moriremos.
Xenia volvió a mirar el precipicio.
—Y si saltamos.
—Tal vez no.
—Odio cuando dices cosas tan poco tranquilizadoras.
Clark le tendió la mano.
—¿Lista?
Xenia observó su mano unos segundos.
Después suspiró.
—Cuando sobreviva pienso reclamarte esto.
—Lo esperaré con gusto.
El oso cargó hacia ellos.
Y sin más opción...
Saltaron.
•
•
•
•