un omega que es padre soltero, que se encuentra en una situación difícil ya que se quedo sin trabajo recientemente, se reencuentra con un excompañero de la escuela y le comenta que en la empresa que esta trabajando estan buscando personal que no descrimina a las personas por sus rasgos secundarios es ahi donde conocera a un alfa que le demuestrara lo que es el amor.
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una noticia inesperada
Pasaron tres días sin que nadie supiera nada de Tae-jun, y el ambiente volvió a ser tranquilo. Beom-seok empezaba a relajarse, pensando que el asunto había quedado zanjado, hasta que esa tarde llegó una notificación oficial a la oficina: una demanda por la custodia de Seo-yun.
El mundo se le detuvo un segundo en las manos. Tae-jun no había venido solo a amenazar: lo había planeado todo desde antes. Actuaba por puro egoísmo: se había enterado de que Beom-seok tenía un trabajo estable y que vivía bien ahora, y quería quitarle a la niña solo para sacar provecho, sin importarle nada más que su propio beneficio. Usaba el viejo y cruel argumento de que un omega soltero no tenía "las condiciones ideales" para criar a una niña, aprovechando prejuicios que todavía existían, sin importarle que él había abandonado a Seo-yun antes incluso de que naciera.
Beom-seok leyó los papeles una y otra vez, con la mandíbula apretada, pero sin derrumbarse. Sabía que tenía razón, sabía que era el único que la había cuidado, pero también sabía que esas leyes injustas solían poner las cosas difíciles para los omegas. No fue hasta que Kang-min entró a la oficina y lo vio en silencio, con los ojos brillantes pero la postura rígida, que se atrevió a hablar.
—Quiere usar su condición de alfa para ganarlo —dijo con voz serena, sin rastro de lamento—. Dice que yo no puedo darle lo que ella necesita. Como si no hubiera sido yo quien le dio de comer, quien la cuidó enferma, quien le dio todo lo que tenía durante años.
Kang-min tomó los documentos y los leyó con atención, y su mirada se endureció, pero no por desconfianza hacia él, sino por la rabia de ver hasta dónde llegaba la mentira de ese hombre. Se sentó junto a Beom-seok, sin ponerse por encima de él, y le habló con total claridad:
—Tienes toda la razón, y todo lo que has hecho habla por ti. Pero él cuenta con que te asustes, con que creas que no puedes enfrentar los papeles y las leyes solo. Yo conozco bien cómo funcionan estos trámites, tengo buenos abogados que saben defender la verdad y no se dejan llevar por prejuicios. Déjame ayudarte con eso: no para pelear tu batalla por ti, sino para que tú tengas todas las herramientas para demostrar que eres el mejor padre que Seo-yun podría tener.
Beom-seok lo miró, dudó un instante, pero asintió. Sabía que Kang-min no quería quitarle el control, sino darle apoyo donde él tenía menos experiencia.
—Está bien —dijo—. Pero voy a estar en todo. Voy a presentar cada comprobante, cada registro, cada cosa que demuestre que él no ha estado presente ni un solo día. No voy a dejar que nadie hable por mí.
—Así debe ser —respondió Kang-min de inmediato—. Yo solo me aseguraré de que nadie te oculte tus derechos, ni intente hacerte sentir menos de lo que eres.
En los días siguientes trabajaron juntos, cada uno aportando lo suyo. Beom-seok reunió pruebas impecables: facturas del hospital, registros de vacunas, notas de la escuela, decenas de fotos y testimonios de vecinos que lo habían visto luchar solo. Kang-min se encargó de que todo eso se presentara correctamente ante las autoridades, de contratar a los mejores profesionales y de estar ahí cuando las cosas se ponían tensas, sin dar órdenes, solo dándole la certeza de que no estaba solo.
Cuando llegó el día de la primera audiencia, Tae-jun intentó hablar con arrogancia, repitiendo sus mentiras una y otra vez. Pero cuando le tocó el turno a Beom-seok, habló con una firmeza y una dignidad que dejaron callados a todos: contó la verdad, sin rencor innecesario pero sin omitir nada, y demostró con hechos que el único interés del otro era el beneficio propio. Kang-min no intervino para responder por él; solo cuando Tae-jun intentó interrumpirlo para insultarlo, el alfa alzó la voz lo suficiente para imponer calma:
—Escúchenlo bien. Lo que dice es la verdad, y cualquier cosa que se salga de eso tendrá que responderla ante la ley. No se le falta al respeto.
Al salir, Tae-jun ya no tenía la cara de suficiencia de antes. Se dio cuenta de que no solo se enfrentaba a un omega que no se dejaba vencer, sino que ya no podía usar sus trucos sin que alguien lo detuviera.
—Va a intentar una última cosa —dijo Kang-min cuando se quedaron solos, con Seo-yun esperándolos en el coche—. Pero no tiene nada contra ti. Nada de lo que él diga puede borrar todo lo que has construido.
Beom-seok sonrió, con la tranquilidad de quien sabe que ha hecho lo correcto.
—Lo sé. Gracias por ser un apoyo para mi y para seo-yun . Por ayudarme a defender la, por siempre estar ahi cuando lo necesito y cuando no lo necesito siempre estás
—Nunca haría lo contrario —respondió Kang-min, mirándolo con orgullo—. Esta victoria sera tuya. Yo solo estoy aquí para ver cómo te la ganas.