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SOY MADRE DEL FUTURO HEROE

SOY MADRE DEL FUTURO HEROE

Status: En proceso
Genre:Romance / Fantasía / Timetravel / Aventura
Popularitas:13.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Cintya Flores

Soy Adalyn en este mundo, cuando llegue me dijeron que estaba embarazada y resulta que va a ser el futuro héroe que acabará con el emperador y su tiranía. El padre es el duque y mano derecha del emperador pero yo protegere a mi hijo.

NovelToon tiene autorización de Cintya Flores para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Tengo dinero

Semana ocho desde la boda.

Ren lo sabía con precisión porque llevaba un registro mental que actualizaba cada mañana al despertar, con la misma metodología con que en su otra vida había llevado el conteo de los días antes de los exámenes importantes. El tiempo era una herramienta como cualquier otra. Ignorarlo era lo mismo que ignorar el marcador en una competencia.

Ocho semanas.

Tres desde que había llegado a este cuerpo.

......................

La oficina que el Duque le había asignado era, tenía que admitirlo, considerablemente mejor que cualquier espacio de trabajo que hubiera tenido en su vida anterior. La mesa de madera era enorme y sólida, con cajones que cerraban con llave — cuyas copias Devan le había entregado el primer día con la eficiencia silenciosa que lo caracterizaba. Las estanterías tenían un orden que evidentemente había existido antes de ella y que Ren había respetado mientras aprendía qué contenía cada sección.

Llevaba cuatro días trabajando con Devan.

Cuatro días de documentos, registros, correspondencia acumulada que nadie había respondido en semanas porque nadie se había molestado en informar a la Duquesa que tenía correspondencia. Cuatro días de aprender el vocabulario específico de la administración de un ducado, que era considerable y que Devan le enseñaba con esa paciencia particular de quien ha decidido que si va a hacer algo lo va a hacer bien.

Era un buen maestro. No simplificaba. No repetía lo que ya había explicado. Y cuando Ren hacía una pregunta que iba más allá de lo que habían cubierto, respondía sin hacer notar que era una pregunta que muchos en su posición no habrían hecho.

Ren lo apreciaba más de lo que le decía.

Esta mañana Devan había llegado con un sobre sellado con el emblema del ducado y lo había depositado sobre la mesa con sus movimientos habituales de siempre.

—El presupuesto mensual de la Duquesa —dijo—. A partir de hoy se depositará en la cuenta a su nombre en el banco del ducado el primer día de cada mes. Este es el primero.

Ren tomó el sobre.

Lo abrió.

Leyó la cifra.

No cambió su expresión, pero internamente algo se asentó con una solidez que no había sentido en semanas. No era la cifra en sí — era lo que representaba. No dependía del Duque para comer. No dependía de nadie para nada básico. Tenía recursos propios.

Por primera vez en dos vidas, pensó, tengo dinero que es genuinamente mío.

En su vida anterior había tenido dinero — el que ganaba trabajando dobles turnos, el que calculaba al céntimo para que llegara al alquiler y la comida. Pero ese dinero siempre había tenido el sabor del esfuerzo desesperado, del si fallo esto no como.

Este era diferente.

Este tenía el sabor de una negociación ganada.

—Gracias, Devan.

Devan asintió con su eficiencia habitual y abrió el siguiente documento de la mañana.

Pero Ren notó — porque notaba estas cosas — que antes de bajar los ojos al papel, por un instante brevísimo, algo en su expresión se parecía a la satisfacción de quien hizo bien su trabajo.

Le importa, registró Ren. No lo admite. Pero le importa.

......................

La mañana avanzó con el ritmo que Ren había empezado a encontrar genuinamente útil — no agradable exactamente, porque los documentos del ducado eran áridos y la correspondencia pendiente era extensa, pero útil con esa utilidad específica de las cosas que construyen algo real.

Fue a mitad de la mañana cuando llegó la náusea.

No llegó con aviso. Llegó con la brutalidad casual de las náuseas del embarazo, que no consultan el horario ni consideran si estás en medio de algo importante. Ren dejó la pluma sobre el documento con cuidado extremo, respiró por la nariz contando hasta cuatro, y esperó.

Devan levantó los ojos.

—¿Se encuentra bien?

—Perfectamente —dijo Ren, con una concentración que requería más esfuerzo del que debería.

Devan la miró un momento con esos ojos verdes que procesaban siempre más de lo que mostraban. Luego, sin decir nada, se levantó, caminó hacia la pequeña mesita junto a la ventana donde había una jarra de agua, y dejó un vaso lleno junto al codo de Ren antes de volver a su silla.

No dijo nada.

Ren tomó el vaso. Bebió despacio.

La náusea cedió gradualmente, como siempre, dejando ese residuo de agotamiento que era peor que la náusea misma.

—Gracias —dijo.

—De nada —dijo Devan, sin levantar los ojos del documento.

Y eso fue todo.

Ren archivó ese momento en la categoría de las cosas pequeñas que significan más de lo que parecen.

......................

Dracon llegó esa tarde.

No a la oficina — a eso Ren no lo habría permitido todavía, no hasta entender mejor qué tan monitoreada estaba dentro de la mansión. Llegó al jardín interior, al que Ren había empezado a considerar el único espacio verdaderamente privado disponible, por una ruta que Sophia había coordinado con el portero del ala este con una eficiencia que Ren encontró impresionante y ligeramente preocupante a la vez.

Es más hábil de lo que parece, pensó sobre Sophia por décima vez.

Dracon entró al jardín con la informalidad de siempre, miró el cerezo, miró la mesa, y se sentó sin que nadie se lo dijera con el aspecto completamente despreocupado de alguien que visita un jardín amigo.

Sophia desapareció hacia el umbral de la puerta con esa habilidad suya de volverse parte del espacio sin irse del todo.

—Tiene buen gusto —dijo Dracon, mirando las flores que crecían entre las piedras.

—Cuéntame lo que traes —dijo Ren.

Una pausa breve.

—El sobre primero —dijo Dracon, sacando un sobre delgado de su ropa y depositándolo sobre la mesa.

Ren lo tomó. Lo abrió. Leyó.

Era un listado. Nombres, fechas, cantidades. Transacciones que no tenían descripción oficial pero que Dracon había rastreado hasta sus fuentes reales con la metodología que solo tenía alguien con años de práctica en leer lo que los números esconden.

El gasto de servicios de representación exterior del ducado.

Tres meses de pagos. Siempre la misma cantidad. Siempre los mismos días.

Y al final del listado, una sola línea que Dracon había anotado con su letra directa y sin adornos.

Destinatario: red de información del palacio imperial. Canal: mayordomo del Ducado Prevail.

Ren dejó el documento sobre la mesa.

Lo miró durante un momento sin tocarlo.

El mayordomo.

El hombre que le había dicho a Adalyn que el presupuesto no incluía gastos suntuarios. El hombre que había reducido a Adalyn a pedir permiso con dos días de anticipación para comer un pastelillo en su propio jardín.

Ese hombre le reportaba al Emperador.

Lo que significaba que el Emperador sabía todo. Cada salida. Cada conversación en el comedor. Cada negociación con el Duque. Cada movimiento que Ren había hecho desde el primer día.

—¿Desde hace cuánto? —dijo Ren. Su voz salió completamente tranquila. Eso requirió esfuerzo.

—Tres años —dijo Dracon—. Desde antes de que el Duque se casara. El mayordomo fue colocado ahí por el Emperador cuando el Ducado Prevail fue asignado a Kael. Es parte del control que el Emperador mantiene sobre él.

—¿Lo sabe el Duque?

—Lo sospecha. —Dracon juntó las manos sobre la mesa—. Pero no tiene pruebas suficientes para actuar sin que parezca que está eliminando a un empleado imperial, lo cual sería una declaración política que no está listo para hacer.

Ren procesó eso.

El Duque vive con un espía en su propia casa porque sacarlo sería declarar guerra al Emperador.

Y yo llevo tres semanas moviéndome como si nadie mirara.

—¿Cuánto sabe el Emperador de mis movimientos específicos?

—Todo lo que ocurre dentro de la mansión —dijo Dracon con esa honestidad directa que Ren había aprendido a apreciar porque no intentaba suavizar lo que era difícil—. Lo que ocurre fuera depende de si el mayordomo tiene otros ojos además de los suyos. Todavía no lo sé con certeza.

—¿Mis visitas al gremio?

—Probablemente sabe que saliste. Probablemente no sabe adónde fuiste ni con quién hablaste. —Una pausa—. Probablemente.

Ren miró el listado sobre la mesa.

Luego lo dobló con cuidado y lo guardó en el bolsillo interior de su vestido.

—Hay algo más —dijo Dracon.

Su tono había cambiado levemente. Solo un grado. Pero Ren lo notó porque había aprendido a escuchar los tonos de Dracon con la misma atención con que escuchaba los tonos de todo el mundo.

—Cuéntame.

—El baile del príncipe Julius es en doce días. —Dracon la miró directamente—. El Emperador ha extendido la lista de invitados de forma inusual. Ha incluido a casi toda la nobleza del imperio. —Hizo una pausa—. Lo que normalmente sería una celebración de mayoría de edad se está convirtiendo en algo más parecido a una convocatoria.

—¿Para qué?

—No lo sé todavía. —Y era visible en su expresión que no saberlo le incomodaba—. Pero cuando el Emperador convoca a toda la nobleza junta, históricamente hay dos razones. —Hizo una pausa—. O va a anunciar algo. O va a eliminar a alguien frente a testigos para que nadie pueda fingir que no lo vio.

El jardín estaba muy silencioso.

En algún lugar sobre el cerezo, un pájaro que Ren no había notado antes dejó de cantar.

—¿Tienes alguna hipótesis? —dijo Ren.

Dracon la miró durante un momento. Con esa calma que tenía, esa que no era indiferencia sino la versión entrenada de alguien que ha aprendido a no mostrar lo que piensa hasta que está listo para mostrarlo.

—Creo —dijo finalmente, con cuidado— que el Emperador quiere verte. En público. Rodeado de toda la nobleza del imperio como testigos. —Una pausa—. Y creo que tiene razones para preferir esa audiencia específica antes de tomar cualquier decisión sobre ti y sobre tu hijo.

Ren no dijo nada.

Dracon continuó.

—Si algo te ocurre en ese baile o después de ese baile, toda la nobleza del imperio habrá visto que el Emperador tuvo la oportunidad de evaluarte y decidió que eras un problema. —Sus ojos celestes no se apartaron de los de ella—. Lo cual convierte cualquier acción posterior en algo que nadie podrá cuestionar.

El silencio se extendió.

Ren miró sus propias manos sobre la mesa. Las manos de Adalyn. Más pequeñas que las suyas. Más jóvenes. Sin las marcas del shinai, sin los callos del judo, sin ninguna de las señales físicas de los años que Ren había pasado aprendiendo a defenderse.

Manos que nunca habían golpeado a nadie.

Manos que sostenían a un hijo que todavía no pesaba nada pero que ya tenía el peso del mundo encima.

—Doce días —dijo Ren.

—Doce días —confirmó Dracon.

Ren levantó los ojos.

—Entonces tenemos trabajo que hacer.

......................

Dracon se fue por la misma ruta por la que había llegado, sin ruido, con esa habilidad suya de disolverse en los espacios.

Sophia se acercó a la mesa. Recogió las tazas. Y luego se quedó de pie junto a la silla de Ren sin moverse, con esa forma particular que tenía de comunicar que quería decir algo y estaba esperando el momento correcto.

—Sophia.

—Señorita. —Una pausa—. ¿Tiene miedo?

Ren miró el cerezo.

Las flores que habían crecido entre las piedras. Las ramas que llegaban a todos los rincones del pequeño jardín como si intentaran cubrirlo todo.

¿Tiene miedo?

Pensó en Ren de veinticinco años caminando sola bajo la lluvia. En los tíos que la miraban como si fuera un mueble heredado. En los años de torneos y madrugadas y cuentas al centavo. En la fotografía de sus padres en la mesita de noche de un cuarto que olía a humedad.

Pensó en Adalyn de quince años escuchando a su padre decir aceptarás sin que nadie le preguntara qué quería ella.

Pensó en un hijo que todavía no era nada más que una posibilidad y una profecía y el peso de algo que Ren había decidido proteger sin que nadie se lo pidiera.

—Sí —dijo.

Lo dijo con la misma calma con que decía todo. Pero era verdad, y Sophia lo sabía porque Sophia siempre sabía cuando era verdad.

—Yo también —dijo Sophia en voz muy baja.

Se quedaron así un momento. Las dos mirando el jardín. El silencio entre ellas era del tipo que no necesita llenarse.

Luego Sophia recogió la última taza y dijo, con esa forma suya de volver a la practicidad como forma de cuidado:

—Entonces tenemos que prepararnos bien.

—Sí —dijo Ren.

Doce días.

1
Fabiruchisss
core p coreeeeeeee
AVE FÉNIX
espero no tarden en actualizar x k novelas como esta hay muchas y son excelentes pero es una lástima k jamás las vuelvan a actualizar y solo nos dejen con la intriga
Guillermo Mora
Excelente
Geraldine Diaz Torres
tu novela es excelente 👌, continualo vas a tener muchos seguidores /Drool//Drool//Drool//Drool/
Estrella Olguin Estrada
más capitulos para leer
Geraldine Diaz Torres
más capitulos
Sol Garcia
me encanta
buenisima historia
me encanta la protagonista..

más capítulos xfavor
Lourdes Chirinos Manrriques
lastima, tan buena novela y no la terminaron y la otra tambien uno se quedó picado con la lectura. felicidades escritora ojalá y las termines para disfrutar tus 2 historias
Marimar Ponce Ramos
Me fascina
Lesli Alonzo
más capítulos
Marimar Ponce Ramos
Me encanta espero que sigas está increíble
Yamilcadbr
Me da algo de risa Adalyn con la montaña de papeles a leer, me hace recordar a mi cuando estaba en la universidad.
Nely Andrade
más capitulo porfavor 🙏🙏🙏 más capitulo porfavor 🙏🙏🙏 más capitulo porfavor 🙏🙏🙏🙏 más capitulo porfavor
Yamilcadbr
súper enamorada de la novela 💗😍
Yamilcadbr
Me encanta Adalyn
Esther Rojas
para cuando hay otro capitulo?
Esther Rojas
me encanta, primera historia que encarna en una embarazada y e gusto es algo único hasta ahora
Nely Andrade
más capitulo porfavor 🙏🙏🙏 más capitulo porfavor 🙏🙏 más capitulo porfavor 🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏
Monse Moreno
mas porfavor
Eymi
xfa más capa plis 🙏🙏🙏🙏
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